María camina por Avenida del Libertador y Ugarteche a plena luz del día. Una moto se sube a la vereda con dos ocupantes, uno de ellos le arrebata la cartera y de paso la arrastra un par de metros. Se levanta como puede mientras ve alejarse a los ladrones a toda velocidad y se dirige a la comisaría 53 de la calle Malabia (República Arabe Siria, lo que pasa es que me niego a cambiar de nombre a las calles) para hacer la denuncia.

Ahí la atiende un joven oficial que parece más un niño con uniforme. María no sabe si comprarle un helado o contarle lo que le ha pasado. Ya había hecho una larga cola de cuarenta minutos, porque el niño en cuestión atendía solo, mientras el resto del personal deambulaba, con algo que hacer, aunque no sabemos bien qué porque María no es capaz de decirme. En fin, deja el pensamiento del helado y cuenta el propósito de su visita. Eso es jurisdicción de la Comisaría 53 le dice el policía.

Hacia allí se encamina María pensando como en el primer mundo lo fácil que sería tomar las denuncias en cualquier comisaría y en su caso enviarlas a la que corresponda.

En fin, María sabe que mejor no ponerse a pensar. Llega a la Comisaría 53 y se encuentra con el mismo panorama. Una cola inmensa, un oficial que parece admirador de Piñón Fijo tomando las denuncias con el uso de dos dedos en una reliquia marca Remington y el resto haciendo algo, pero seguimos sin saber qué.

Llega el turno de María que le cuenta al nuevo niño su problema. “No”, le contesta el chico del uniforme, “eso es jurisdicción de la Comisaría 53” ¿Pero está seguro? Vengo de ahí y me dicen que esa es la zona de ustedes. Lo que pasa, contesta el oficial, “es que los edificios de la cuadra son nuestros, pero la vereda es de ellos”.

Los temas fronterizos siempre han sido complicados piensa María mientras se dirige otra vez, sin su cartera que extrañaba tanto, sin sus documentos, sin su tarjeta de crédito y el dinero del día, a la Comisaría responsable de la vereda. Tiene suerte, no la hacen hacer la cola otra vez, pero le vuelven a explicar que la jurisdicción es de la 53, con alguna otra interpretación sobre los límites según alguna norma. María no es un hueso fácil de roer, le responde que con gusto iría a explicarle la cuestión de límites a los de la otra comisaría, pero que quiere que le escriba su versión de la delimitación y ponga su nombre y firma en ella.

Está bien, la voy a atender le dice el oficial mirando su Remington ¿Qué le pasó señora? María no se detiene a señalarle el tiempo que le había hecho perder, está apurada. Cuenta cómo le habían arrancado la cartera, cómo la habían arrastrado y muestra los moretones en el brazo. Ah, le dice nuestro héroe, “necesitamos que vea al médico” en la calle no se cuanto antes de tomarle la denuncia. “El médico tiene que certificar que usted tiene moretones y además sacarle fotos, usted de viene con el certificado y las fotos y le tomamos la denuncia; si no ¿cómo sabemos que tiene moretones?”

María, mujer paciente, le pregunta entonces si no los ve. “Pero yo no soy médico señora, sólo soy policía”. “Va a tener que esperar bastante porque es el único lugar donde se atienden los casos de toda la Capital Federal. La otra opción que le queda es no hacer la denuncia, total no sirve para nada, la vamos a archivar” De mentalidad antigua María le dice que si va a sacar el documento nuevo le van a exigir la denuncia. No señora, le aclara el oficial, eso era antes, ahora le van a preguntar por qué saca otro documento, ahí usted dice que se lo robaron, lo dejan sentado y listo.

Así está la cosa María, a resignarse. El gobierno no quiere estadísticas molestas y en lugar de recibir denuncias debería ser denunciado. La policía tiene obligación de actuar ante cualquier denuncia aunque el denunciante no tenga prueba alguna (como la prueba de las excoriaciones que se perciben a simple vista aún cuatro días después), se trata de delitos de acción pública. La modalidad delictiva del estado kakista es burda, le piden exámenes médicos que le costarán un día de trabajo y la pasean de una comisaría a otra para denuncias que le señalan que no sirven para nada porque nadie investigará. Obligan a los policías a incumplir sus deberes como funcionarios, es decir a delinquir, a traicionar el mandato público bajo amparo político. El ministro del Interior no quiere malas noticias en la campaña. La culpa de los robos además, debe ser de Tabaré Vázquez.

María es una mujer inteligente y se da cuenta de todo el juego. Se dedica al servicio doméstico, pero piensa en la cantidad de casos como el de ella en que la gente no es capaz de entender como la manipulan ¿Para qué pagamos impuestos? Me pregunta. Justo a mi.

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6 Responses

  1. Estoy de acuerdo en muchas cosas, pero lo que me parece muy retorcido es creer que esto se debe al ¨´regimen kakista¨. Estas infamias ya pasaban (me pasó algo similar en la zona del Abasto y la insólita explicacion de fronteras entre la 6 y la 9 fue en mi caso) y tambien le ha pasado a algún familiar. A mi me pasó en tiempos del Turco y a un familiar en tiempos de De la Ruina. Por suerte no tuve el asunto este del médico pero mi familiar sí. Esto viene de mucho antes. Está bien estar contra K, pero tampoco creamos que quedamos fuera del Mundial por culpa de K, che…

  2. Scotta, esto en este gobierno es una política, la reacción al fenómeno Blumberg de la forma más miserable posible, no una consecuencia de ineficiencia. Esta es la novedad kakista.

  3. Lo que María puede hacer es decir que la cartera se la robaron y los moretones se los hicieron durante la última dictadura militar, en ese caso no le pedirán certificado médico alguno, dispondrá de algún abogado parricida al costo de nosotros los contribuyentes y encima conseguirá meter presos al policía y a Piñón Fijo. Así funciona.

  4. José, entiendo y comparto lo que decis. Pero decir que esto es kakista y no falta de ganas de laburar de la policía me parece traído de los pelos.

    La policía es de cuarta (por razones miles) y es responsabilidad propia.

    Que el estado es ineficiente tampoco es un logro K. Ni siquiera eso es obra del mas ineficiente e inutil de los gobiernos.

    Laburé en el hospital de la policía durante varios años y podría contarte historias de terror que pasaron durante distintos gobiernos.

    K=KK, pero la impericia policial le antecede.

  5. Por supuesto que la policía es ineficiente. De lo que trata el post es de una intensión oficial de manejar las estadísticas de criminalidad. El resto es rutina.

  6. No sé si viene al caso, pero dejo un chiste que circuló hace un tiempo:

    Tengo el sueño muy liviano, y una hace un par de noches noté que había
    alguien en el jardín de la casa. Me levanté silenciosamente y me quedé
    siguiendo los leves ruidos que venían de afuera, hasta ver una silueta
    pasando por la ventana del baño.

    Como mi casa es muy segura, con rejas en las ventanas, trancas
    internas en las puertas, no me preocupé demasiado, pero estaba claro
    que no iba a dejar al ladrón ahí, contemplándolo tranquilamente.

    Llamé a la policía e informé la situación y di mi dirección. Me
    preguntaron si el ladrón estaba armado; de que calibre era el arma; si
    estaba solo, etc. o si ya estaba dentro de la casa.

    Aclaré que no y que de las características del arma no sabía nada. Me
    dijeron que no había ningún patrullero disponible, pero que iban a
    mandar a alguien en el momento que fuera posible. Que volviera a
    llamar si pasaba algo.

    Un minuto después llamé nuevamente y dije con voz calmada:

    – Mire, hace un rato llamé porque había alguien en mi jardín. No hay
    necesidad de que se apuren. Salí con mi escopeta del 12, que tengo
    guardada para estas situaciones, y le pegué un tiro. Creo que en la
    cabeza, porque toda la entrada está cubierta de una sustancia blanca.

    Pasados menos de tres minutos, llegaron:

    – 5 patrulleros de la Policía Federal;
    – un helicóptero de la policía;
    – 1 autobomba;
    – dos ambulancias;
    – el defensor del pueblo;
    – 2 camionetas de Defensa Civil;
    – un equipo de movileros de televisión;
    – fotógrafos;
    – 1 diputado;
    – 2 concejales;
    – y un grupo de “derechos humanos” que no se iban a perder la escena
    por nada del mundo.

    La policía capturó al ladrón “in fraganti”, quien miraba todo con cara
    de asombro. Tal vez pensaba que era la casa del jefe de policía. En
    medio del tumulto, un cana se me acercó y me dijo:

    – ¿No había dicho que había matado al ladrón?

    Le contesté:

    – ¿No habían dicho que no había nadie disponible?

    Saludos

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