Yoani Sanchez en libertad

En el primer comentario desde su salida de Cuba el domingo en el blog Generación Y, Yoani Sanchez dijo disfrutar de una “sensación mental y física de descomprensión. Como si hubiera estado sumergida demasiado tiempo sin poder respirar y lograra tomar ahora una bocanada de aire”. En esa frase se explica una vida y la naturaleza de un sistema.

Nos ocupamos de las implicancias filosóficas y éticas de esa aberración stalinista que es la Cuba actual, transportada hasta el siglo XXI en un debate que está agotado. Lo saben sus protagonistas, es inimaginable que los hermanos Castro y todo el aparato totalitario, así como sus apologistas cómodos de afuera que no los padecen no sean unos completos sínicos. Manteniendo su infierno en la tierra en nombre de un paraíso que siempre fue una gran estupidez y ahora nada más que una burda mentira. El comunismo es hoy solo un negocio político que no promete nada, incapaz de ser otra cosa que una abrumadora catarata de falsedades acompañadas por la amenaza al que no las acepta. Pero creyentes ya no puede haber.

Es una ex religión, qué más se puede decir.

Pero Yoani Sanchez saliendo de esa isla geográfica y conceptual, es más que eso, el correlato individual, el verdadero costo humano de la maldad humana. Que tenga que sentir por primera vez la liberación de un peso como un viajero del espacio que deja de soportar la gravedad es lamentable al infinito. Eso que queda del comunismo que es el estatismo, la amenaza, el golpe, la cárcel por primera vez en su vida no está cargado a su espalda.

Multipliquemos esto por cada cubano que no es cómplice del aparato, tal vez hasta podríamos incluirlos a los que son parte y que fuera de ahí habrían tenido la oportunidad de ser personas normales en lugar de perversos. Esa es la cuantificación del horror al lado de la naturaleza de todos los que hacen romanticismo con el sufrimiento ajeno.

El individuo es más que la masa. El objetivo de que se libere Cuba es menor a la libertad de Yoani, porque sin libertad de Yoani no hay libertad de Cuba.

Por eso que es mucho más que el acto político de esta disidente que consigue cruzar la frontera después de mucho esfuerzo y si eso habla bien o mal del comunismo. Fuera del colectivismo, fuera de la visión totalizadora y agobiante no hay una gran causa liberalizadora con himnos para los libros de historia, hay innumerables individuos buscando su felicidad. Y eso es sólo metafóricamente una gran causa.

Es una dimensión en la que nuestra alegría va mucho más lejos que la realización de nuestros ideales hasta el punto en el que cobran sentido como tales porque nos proyecta como personas. Si no nos gustara, tendríamos un problema.