Capricho

Sin entrar en razones el gobierno Kirchner quiere que si o si El Vaticano bendiga a su propuesto embajador Alberto Iribarne. Morales Solá pone en boca de algún acólito oficial la frase ““No habrá otro embajador. O es Iribarne o no es nadie”

Todo el mundo interpretó que cuando la señora presidente se refería a que iba a ocuparse de las relaciones exteriores quería decir que mejoraría la relación de la Argentina con el mundo. Error. La idea es ocuparse de cualquier cuestión que permita medir su autoestima que no es muy alta, al modo kirchner. Toda relación se plantea como la alternativa de humillar o ser humillado. En consecuencia si alguien aplica una norma conocida por cualquier neófito en asuntos vaticanos será tomado como una cuestión personal, como un modo de dísciplinar al proponente. Entonces salta el Luis D’Elía que todos estos tipos tienen dentro por más que se pongan traje o se pongan miles de dólares encima. Doña porota enojada no entra en razones. El freno que no puede ponerle a su propio marido, se lo quiere poner al Papa, aunque el resutado improbable de que triunfe en su obstinación sólo conduciría a que la Argentina tuviera un embajador al que nadie le diera pelota en país de destino.

El Vaticano aclara que se deben pagar impuestos cuando son justos

“¿Por qué cuándo voy a misa, este tema no se toca en las homilías y sin embargo, creo que tiene un fuerte valor ético?”, se preguntaba Prodi en esa ocasión.

MinutoUno · Al César… El Vaticano insta a pagar impuestos si hay leyes “justas”

¿De dónde nace la obligación de pagar impuestos? La situación que se produjo entre la Iglesia y el estado italiano es muy instructiva al respecto. Lo que le quita algo de autoridad al Vaticano es el aporte de dinero recaudado por los estados, salvo eso la Iglesia podría ser un buen ejemplo de una organización colectiva que se sostiene con aportes “justos”, voluntarios, que jamás podrían ser llamados “impuestos”.

La “imposición de pagos” a una organización sin causa real es por definición injusta pues despoja de lo que es suyo a los “contribuyentes”. El estado no pide ni pacta. Redacta su presupuesto y reparte la carga en la población para financiarlo. Nadie se compromete a un pago y a nadie se le ofrece a cambio algo que pudiera rechazar y que haya decidido aceptar ¿Dónde está la justicia?

La pregunta que queda al final siempre es ¿Y cómo se financia al estado? Ahí es donde llega el reconocimiento de que el impuesto jamás es justo, pero a juicio de quienes tienen este temor “es indispensable”.

Separemos las aguas de la justicia de las de la “necesidad”. No es a la Iglesia a quién debe recurrir el señor Prodi. Pagar impuestos no es una “obligación moral” sino un “deber político”, una necesidad que parte del deseo de evitar un castigo sin otra causa que el poder de quién lo impondrá. Hay que pagar impuestos para que la organización política no te despoje del mismo modo y en el mismo plano moral en el que hay que entregar la billetera para que el ladrón no te dispare.

Habrá quienes intenten justificar los impuestos en la democracia. Sin embargo ni por vía de ficción alguien delega el derecho de propiedad. Si cada uno de nosotros hubiera decidido aportar un porcentaje de los depósitos en cuentas al gobierno, eso no sería un impuesto sino un pago

¿Habría algo que no tuviéramos obligación moral de entregar siguiendo el razonamiento democrático si se votara? El Vaticano responde a esto que hay un límite que es el de la “justicia”. Mi diferencia al respecto es que mientras la Iglesia coloca el límite en el casillero 3 para mi se encuentra desde el vamos.

El sentido de las cosas se encuentra tan alterado de acuerdo a estas confusiones entre moral y política que un personero del oficialismo ayer dijo en el programa de Grondona que el titular de la Rural Luciano Miguens se quejaba porque quería que las ganancias extraordinarias del campo quedaran en manos de los grandes terratenientes. Este es el fruto de esa inversión de valores y confusiones creadas para justificar a la organziación política. El campo lo que quiere es que las ganancias, extraordinarias, ordinarias o casuales queden en manos de quienes las produjeron y no de quienes las robaron bajo el sencillo expediente de denominarlas “impuestos”.

Blogged with Flock

Tags: , ,