JBT, Episodio 19 BREXIT, Mercado y Nacionalismo

José Benegas Talks. Episodio 19. Invitado: Nicolás Cachanosky desde Denver, Colorado. Gran Bretaña votó por el Brexit, sorprendiendo a propios y extraños y el debate comenzó, también en el sector liberal. ¿Es esto un avance de la libertad o un retroceso? ¿Es una ruptura nacionalista o liberal? ¿Habrá mayor o menor libertad de comercio? ¿Qué papel juega la xenofobia? Tratamos todos estos interrogantes.

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juan bautista alberdi

Por qué la supranacionalización no puede seguir este camino

Algunas de las objeciones que hace años hago en soledad sobre la tendencia a diluir estados nacionales para formar organizaciones supranacionales empiezan aparecer en las agendas académicas y de comentarístas con mayor influencia y me alegra mucho. A este artículo de Anthony Coughlan, aparecido en EU observer que descubrí gracias a Desde el exilio y me tomé el trabajo de traducir (por favor, mejores traductores hagan sus correcciones), habría que universalizarlo un tanto y titularlo “Por qué las organizaciones supranacionales no pueden seguir así” para aplicárselo a otras pretensiones de internacionalizar el derecho y la justicia, a crear instituciones supranacionales alejadas del principio de legitimidad del poder vigente y la trampa en general de la transnacionalización del poder y las normas constitucionales.

El magnífico artículo del que hablo es el siguiente: 

Por qué la Unión Europea no puede seguir así

por Anthony Coughlan*

Refiriendose a esto, el ex presidente de Alemania Roman Herzog escribió en Welt Am Sonntag el 14 de enero la gran mayoría de las leyes actuales en Alemania son acordadas por el Consejo de Ministros y no por el parlamento alemán… por lo tanto la pregunta que tiene que hacerse es si Alemania puede todavía llamarse a si misma, sin reservas, una democracia parlamentaria.

Mientras que la proporción de leyes domésticas y europeas va a variar de un país a otro, puede decirse con seguridad que en cada estado miembro de la UE muy por encima de la mitad de las leyes provienen cada año de Bruselas. Sólo una minoría se originan a nivel doméstico. La pregunta del dr. Herzog entonces debería hacerse también ellos: ¿Pueden ellos sin reservas seguir llamándose a sí mismos democracias parlamentarias?

Esto lleva a otras preguntas: ¿por qué los parlamentos nacionales han estado tan dispuestos a privarse ellos mismos de tanto poder de crear leyes? ¿por qué los gobiernos y los ministros de los gobiernos y los aspirantes a ministros en las bancas de la oposición, marcharon tan fácilmente por décadas con semejante transferencia de poder desde el nivel nacional al europeo, cuando ha dejado a los parlamentos nacionales como cáscaras de lo que fueron? Sugiero que la única explicación plausible es algo alrededor de estas líneas:

En el nivel nacional cuando un ministro quiere conseguir que se haga algo, él o ella debe tener el apoyo del primer ministro, debe tener el acuerdo del ministro de finanzas si implica erogaciones de dinero, y sobre todo debe contar con la ayuda de la mayoría en el parlamento nacional, y de manera implícita entre los votantes del país.

Cambiar el ámbito político en cuestión al supranacional de Bruselas sin embargo, donde las leyes son creadas fundamentalmente por el Consejo de Ministros de 27 miembros, y el ministro en cuestión se hace parte de una oligarquía, un comité de legisladores, el más poderoso de la historia, estableciendo leyes para 500 millones de europeos, e inamovible como grupo sin importar lo que haga.

Los parlamentos nacionales y los ciudadanos pierden poder con cada tratado de la UE, ellos no tienen más la última palabra en las áreas políticas referidas. Los ministros individualmente por otra parte obtienen un tóxico aumento de poder personal, en tanto se transforman de miembros del brazo ejecutivo del gobierno en el nivel nacional, subordinados a la legislatura nacional, en legisladores omnímodos en el supranacional.

Para los ministros nacionales operar en el plano de la UE, mantenerse cerca de sus compañeros legisladores de la UE del exclusivo “club” del Consejo de Ministros, tiende a convertirse gradualmente en más importante personalmente para ellos que ser torpes en la defensa de los intereses de su propia gente.

El disenso respecto del consenso predominante en el Consejo, lleva implícito el riesgo de ser tildado como problemático. Los ministros tienden a identificarse incluso más con el proyecto de construir un estado europeo. Se ven a si mismos como arquitectos políticos de una superpotencia en ciernes.

Cada vez más conciben como su función principal vis-a-vis con sus compañeros del Consejo Europeo la de mandar a sus electorados nacionales en apoyo de mayor integración europea. Es una perspectiva especialmente atractiva para ministros de los países más pequeños.
Al mismo tiempo que los ministros nacionales se convierten en legisladores supranacionales, el traspaso de los ámbitos de decisión política del nivel nacional al europeo, libera a los empleados públicos nacionales que se ocupan de esos asuntos del escrutinio de sus acciones por parlamentarios nacionales electos.

Esto aumenta su poder burocrático mientras interactúan con sus números opuestos en la comisión de Bruselas en proyectar y a menudo decidir la legislación de la UE. La gran mayoría de las leyes de la UE no son nunca debatidas en el nivel del consejo de ministros, pero son formalmente adoptadas si el acuerdo fue conseguido entre los empleados públicos de los 300 sub-comités del consejo de algo así como 3000 comités adjuntos a la comisión.

La integración de la UE por lo tanto se ha convertido no sólo en un proceso que priva a los pueblos europeos de su democracia nacional e independencia. Dentro de cada Estado miembro representa un avance gradual de parte los ejecutivos del gobierno contra las legislaturas, y de los políticos contra los ciudadanos que los eligen.

Esto vacía al estado nacional, absorbiendo la realidad del poder desde sus tradicionales instituciones de gobierno, mientras las deja formalmente intactas.

Mantienen sus viejos nombres – parlamento, gobierno, corte suprema – de manera que sus ciudadanos no se alarmen, pero sus funciones clásicas fueron transformadas.

Su propósito principal ahora es ser transmisores de las leyes de la UE, sus decretos ejecutivos y sentencias judiciales, mientras el intento de subsumir los estados nacionales de Europa en un altamente centralizada federación supranacional europea avanza implacablemente en su camino.

Esta es la razón por la cual la gente sensata por todas partes seguramente replicarán las palabras del ex presidente alemán en su artículo: “La mayoría de la gente tiene una actitud fundamentalmente positiva hacia la integración europea. Pero al mismo tiempo, tienen un sentimiento creciente de que algo está andando mal, que una no transparente, compleja, intrincada, gigantezca institución se ha desarrollado, divorciada de los problemas efectivos y de las tradiciones nacionales, tomando competencias y porciones de poder cada vez mayores; de que los mecanismos de control democráticos están fallando: en resumen: que esto no puede seguir así”.

* El autor es conferenciante emérito senior en política social en el Trinity College, Dublin, y secretario de la National Plarform EU Reasearch and Information Centre, Irlanda. (Traducción: José Benegas, con las disculpas del caso)