Aplauso fácil

Los diarios uruguayos reflejan la incómoda situación en la que la presidente del puño crispado puso a su par uruguayo el día de ayer. Ojalá entiendan los uruguayos que esta señora habló por si misma y por el Frente para la Victoria y nunca se enteró de que ser presidente de la nación incluye responsabilidades frente a toda la nación.

Un dato que muestra que el Congreso tampoco es el congreso nacional sino el Congreso para la Victoria es que los presentes aplaudieron con igual intensidad cuando la señora agradeció la presencia de Tabaré Vázquez en lo que parecía ser un gesto amistoso (que tomé por un instante como algo positivo a destacar) que cuando lo retó con tono de celadora de secundario acusando a Uruguay de haber violado el Tratado del Río Uruguay. Los diputados y senadores estaban igual de conformes con la conciliación y con el reto.

Lo curioso (o tal vez no lo sea con el kakismo que se jacta de todo lo que carece) es que segundos antes la señora entre sus retos había incluido a los legisladores que habían votado con igual entusiasmo “el ajuste y el default”.

Si lo que no le gustan son las contradicciones va a tener que hacer algo  para convencer a los diarios uruguayos de que se olviden de algunas cosas.

El negocio de hacerse el socialista

Se queja con razón Pablo Mieres en el Correo de Punta del Este de la izquierda del señor Tabaré Vázquez y el Frente Amplio que de repente se enteran de lo malo que es mantener servicios en el estado con carácter monopólico.

Mientras no estaban en el gobierno se oponían a la participación del sector privado en el área energética y a la eliminación del monopolio de ANTEL sobre la telefonía básica. Ahora descubren que todo eso es una estupidez.

Por supuesto que podemos ver esto como una evolución. Pero en realidad el problema es que la izquierda en latinoamérica se ha convertido de postura ideológica marxista en las décadas anteriores a esta especie de “negocios sólo se hacen conmigo” que es ahora con Tabaré, con Kirchner, Con Chavez, con Morales, con Lula y también con cualquier otra versión de neosocialismo farsante que esta región padece porque su población ha sido inyectada con el virus de la pelotudez desde el primero inferior.

El asunto es hasta cuando se permitirá este juego que posterga la solución de los problemas hasta que ellos puedan estar en la mordida. La pobreza de la región que para esta gente es negocio de especulación política y oportunidad para capturar negocios desde el poder no puede esperar a que se hagan los que aprendieron, cuando la realidad es que aprendieron cuando pudieron morder.

El próximo paso es que la población entienda que todas las transformaciones que el sector privado puede hacer deben ocurrir sin intervención de la política. Sin afano, sin peajes, sin gente que dice volverse pragmática y en realidad está decubriendo los placeres de la buena vida a partir de su llegada al gobierno, sin mentirosos que difundan que el estado tiene que controlar para proteger, cuando lo único que hace es arbitrar y favorecer a los amigos convertidos en socios.

Siempre digo que la corrupción mejora a los socialistas. Pero las sociedades mejoran cuando se dan cuenta de que el progreso no requiere “progresistas”.