Rosendo Fraga y la seguridad política

Rosendo Fraga comenta hoy en La Nación la pérdida de vigencia de la visión ongeísta e ingenua de lo que se llamó “consenso de Washington” respecto de las reglas bajo las cuales se atraen inversiones.

Relacionado con esto escribí hace tiempo la diferencia que existe entre “seguridad jurídica” y “seguridad política”. Esta última es la aspiración general de los empresarios argentinos, muchos de los cuales encabezaron las conspiraciones contra los “terribles noventa” y ahora se los ve tan felices con el kakismo.

Claro que hay y habrá inversiones en estas nuevas formas de socialismo copiadas de Hitler que olvidaron sus viejos prejuicios marxistas y se decidieron a hacer caja llenándose de cómplices. ¿Acaso le fue mal a Schindler?

Agregaría al artículo de Rosendo, que en muchas regiones del mundo como Asia y Latinoamérica estatismo y negocios están comulgando del mismo modo que en su momento lo hicieron gobiernos y bancos. El problema no es para “los países” sino para la gente que carece de poder, los privados, los que quieren pensar por si mismos y quedan afuera de cualquier beneficio y los que valoran su libertad.

Para un régimen totalitario como el chino o el cubano esta salida del sistema mediante la complicidad con empresarios es un avance. En cambio para países que se encaminaban hacia la libertad es una pérdida dramática. Pero estos últimos son también consecuencia de los errores del consenso de Washington. Para ellos la izquierda era parte de esa “institucionalidad”, inclusive era más parte todavía que la derecha liberal. Desde Washington se los fomentó como una forma de promover la democracia. Y es esa izquierda que en nombre de la igualdad recurrió al estado, democráticamente, para repartos de riqueza y terminó convirtiéndose en la dueña de las inversiones y con ello de las libertades de los individuos. ¿Y la democracia? Pues la democracia se convirtió en esta cáscara que legitima tiranos.