¿Y Mayo por qué?

Ahí va la Reina de la Milanesa rumbo a Chaco con la escarapelita que en su triste escuelita telenovelística le enseñaron que representaba la “argentinidad”. Y cantidades de gentes con un espíritu nacionalista billiquinezco, que nada tiene que ver con el golpe de Mayo, que no fue compartido por todos.

Buen momento para recordarles a casi toda la dirigencia argentina, política y no política, que representan lo opuesto a lo que se expresó en ese movimiento desordenado y hasta desorientado e inconsistente, pero con profundas consecuencias en la historia del país.

Gran parte de esa explicación puede encontrarse en la Representación de los Hacendados que Mariano Moreno dirige al Virrey Cisneros. Con argumentos fiscalistas que se entienden por el intento de interesar al Virrey en el restablecimiento del libre comercio que el mismo había habilitado y luego cancelado, Moreno de cualquier manera defiende no solo el derecho a exportar productos agropecuarios, cómo esos beneficios deben recaer en quienes los producen, sino también el beneficio del acceso a la abundancia por el derecho a importar.

Pero mejor que Moreno le hable a Moreno Guillermo y que todos los zanguangos que se llenan la boca con el bicentenario entiendan que no solo no son parte de esos acontecimientos sino que expresan todo lo contrario.

“Hay verdades tan evidentes, que se injuria a la razón con pretender demostrarlas. Tal es la proposición de que conviene al país la importación franca de efectos que no produce ni tiene, y la exportación de los frutos que abundan hasta perderse por falta de salida. En vano el interés individual opuesto muchas veces al bien común, clamará contra un sistema de que teme perjuicios; en vano disfrazará los motivos de su oposición, prestándose nombres contrarios a las intenciones que lo animan: la fuerza del convencimiento brillará contra todos los sofismas, y consultados los hombres que han reglado por la superioridad de sus luces el fruto de largas experiencias, responderán contestes que nada es más conveniente a la felicidad de un país, que facilitar la introducción de los efectos que no tiene y la exportación de los artefactos y frutos que produce.

Elevadas hoy día a un mismo grado las necesidades naturales y ficticias de los hombres, es un deber del gobierno proporcionarles por medios fáciles y ventajosos su satisfacción: ellos la buscarán a costa de otros sacrificios, y siendo igual al interés de su compra el de una venta que la escasez hace subir a precios exorbitantes, el pueblo que carece de aquellos precisos renglones sufrirá sacrificios intolerables por la pequeña parte que pueda conseguir. Solamente la libertad de las introducciones podrá redimirlo de esta continuada privación, pues asegurada entonces la abundancia, tiene proporción de elegir con arreglo a sus necesidades y recursos, sin exponerse a los sacrificios que impone el monopolio en tiempo de escaseces.

Los que creen la abundancia de efectos extranjeros como un mal para el país, ignoran seguramente los primeros principios de la economía de los estados. Nada es más ventajoso para una provincia que la suma abundancia de los efectos que ella no produce, pues envilecidos entonces bajan de precio, resultando una baratura útil al consumidor y que solamente puede perjudicar a los introductores. Que una excesiva introducción de paños ingleses hiciese abundar este renglón, a términos de no poderse consumir en mucho tiempo, ¿qué resultaría de aquí? El comercio buscaría el equilibrio de la circulación por otros ramos, envilecido el género no podría venderse sino a precios muy bajos, detenido el introductor lo sacrificaría para reparar con nuevas especulaciones el error de la primera, y el consumidor compraría entonces por tres pesos lo que ahora compra por ocho. Fijando los términos de la cuestión por el resultado que necesariamente debe tener, ¿podría nadie dudar que sea conveniente al país, que sus habitantes compren por tres pesos un paño que antes valía ocho, o que se hagan dos pares de calzones con el dinero que antes costaba un solo par?
A la conveniencia de introducir efectos extranjeros acompaña en igual grado la que recibirá el país por la exportación de sus frutos. Por fortuna, los que produce esta provincia son todos estimables, de segura extracción, y los más de ellos en el día de absoluta necesidad. ¡Con qué rapidez no se fomentaría nuestra agricultura, si abiertas las puertas a todos los frutos exportables, contase el labrador con la seguridad de una venta lucrativa! Los que ahora emprenden tímidamente una labranza por la incertidumbre de las ventas, trabajarán entonces con el tesón que inspira la certeza de la ganancia, y conservada siempre la estimación del fruto por el vacío que deja su exportación, se afirmarían sobre cálculos fundados labranzas costosas, que a un mismo tiempo produjesen la riqueza de los cultivadores y cuantiosos ingresos al real erario”

 

 

Preguntas de 25 de Mayo

Los hechos de Mayo de 1810 marcaron el rumbo político de los territorios del virreinato del Río de la Plata. El mito patriótico ubica ésta fecha 197 años atrás como el de una revolución que da inicio a través de la formación de un gobierno local al camino hacia la independencia de la Argentina.

¿Pero contra qué fue la Revolución de Mayo? ¿Contra Fernando VII bajo un lenguaje hipócrita? ¿Contra el sometimiento económico y las restricciones al comercio? ¿Contra el Supremo Consejo de Regencia que pretendía ejercer los derechos del monarca sobre las colonias? ¿Contra el virrey Cisneros? ¿Contra Napoleón Bonaparte o su hermano José?

Todas estas preguntas hacen a los sucesos de mayo mucho más interesantes que la historieta construida por el Ministerio Educación y que se va adaptando a medida que los vaivenes políticos requieren reinterpretaciones. Cualquiera fuera la causa o la combinación de causas que provocaron la revolución y el quebrantamiento del principio de legitimidad que ya había quedado herido con la invasión napoleónica a España, ¿está de verdad tan claro que la solución alcanzada de mantener a Cisneros al frente del nuevo órgano de gobierno que decidió el Cabildo el 24 (contra la cual se alzaron los rebeles el 25) no era la más inteligente? La necesidad de construir un mito fundante fue más fuerte que la curiosidad. Las circunstancias políticas, los enfrentamientos y la anarquía que siguieron serían suficiente motivo para mantener abierta la duda.

Durante las décadas siguientes el país se sumergió en interminables por quién gobierna. Y la libertad se concebía como diría Alberdi como un deseo de independencia que seis años después se reflejaría en la declaración de lo inevitable el 9 de Julio de 1816. Esto no significa restarle importancia a la fecha, sino reconocer que los acontecimientos sirven extraer enseñanzas al estudiarlos  tal cuales son y no para enseñar construyéndolos como un cuento de héroes.

Ese país que se fue gestando en aquellas batallas por definir quién gobierna no encontró paz y progreso hasta que comenzó a hacerse las preguntas más importantes: ¿Para qué está el gobierno? y ¿Hasta dónde debe llegar el gobierno? cuyas respuestas llegaron recién con la Constitución de 1853.  Respuestas que llevaron a los criollos a liberarse a la vez de Fernando, los Bonaparte, del virrey, de las restricciones económicas y algo más que pudieron aprender que era tanto o más peligroso por su cercanía que todas aquellas amenazas: los tiranos internos.

Pero este acierto duró poco. De nuevo en el siglo XX tomó protagonismo la pregunta sobre quién gobierna y hasta dónde podía llegar se convirtió en un asunto instrumental. Dirían los dirigentes políticos que se creen más modernos, en un asunto “ideológico” y no práctico. ASí es que ciento noventa y siete años seguimos necesitando aprender que el único problema político serio es hasta dónde debe llegar el gobierno.

Menéame