Las chicas superpoderosas

Las chicas del señor chief of gabinete, el Fernández que se llama Alberto no la están pasando bien. Doña Felisa porque tiene un hermano que le presta plata para que la guarde en el baño y la Picolotti que era la promesa del aire puro post noventista se convirtió en calabaza antes de que el propio De Vido pudiera hacerse del salero.

Skanska contra las bolsas de papel y las heroínas de papel. Los protagonistas interpretan así lo que les pasa, como una interna entre pinüinos por el botín, y en cierto sentido es cierto. Pero eso que para ellos es una mala noticia para nosotros es muy buena. La lealtad que nos interesa como víctimas del gobierno es con nosotros y con la constitución, la otra nos perjudica. El silencio que se prodigan entre ellos cuando se llevan bien es nuestro peor enemigo.

A este juego hay que verlo teniendo en cuenta eso, de otra manera no se entiende. La señora de la bolsa habla de conspiración contra ella. No nos interesa, porque se trata de una conspiración para denunciarla por lo que hizo en nuestra contra. Nos alegra. En los pasillos del señor De Vido dicen lo mismo del mega escándalo de Skanska. Se lo hizo público como una operación. Una operación para hacerle daño poniendo a su ministerio al descubierto en cuanto a un curro mayúsculo. Gracias conspiradores.

El señor K intenta desviar la atención cuando cada vez que se le descubre un renuncio habla de los que lo quieren dañar. Lo dañan haciéndonos saber lo que está haciendo. Qué mejor. Para que quede claro, en este blog lo queremos perjudicar hace rato.

Con esta perspectiva, mientras el gobierno piensa si entrega a la dama y ve como esta moda de hablar del afano en el que ocupan la mayor parte de su tiempo  los idealistas de los setenta se acerca a la corona, le salta otra farsa en la Secretaría de medio-ambiente.

Garré, Miceli, Picolotti son el trío papelón ¿Qué pasa en la Argentina que las mujeres están condenadas a terminar tan mal? Ni siquiera pueden zafar con la costumbre del gobierno de ratificar a gente que no sirve para ninguna cosa y va de escándalo en escándalo, inmune a los medios, a los chistes de los programas de televisión que se hacían lo valientes en otras épocas y hoy son un organismo público más.

Este problema no es ni siquiera exclusivo de este gobierno. Todas las mujeres de la política que llegan a las ligas mayores terminan igual. Desde las que las que fueron odiadas por los medios por razones ideológicas y en algún momento gozaron del favor público como María Julia Alsogaray y Adelina de Viola, hasta las que fueron un producto de ellos como Graciela Fernández Meijide. Otras protegidas como la Bonafini no entran al horno porque muchos le temen. Otras neutras para la corporación mediática como Matilde Menendez quedan marcadas de por vida. Ni siquiera es necesario que se las recuerde por algún escándalo específico como a Cecilia Felgueras. Carrió nunca dejó de ser una mujer en campaña, no entra en el análisis.

Todas las mujeres que rozan el estrellato político y llegan al poder terminan estrelladas. Por supuesto, corona este listado doña Isabel Martinez, la Chabela, la muy maja. 

Estoy tratando de recordar a alguna que haya zafado de este destino. Ni Marta Oyhanarte se salva, aunque tiene la suerte de que nadie se acuerda que su función era hacer una reforma política. El olvido o la indiferencia tal vez sean el mejor destino.

Y el cambio recién comienza.