El fin de los derechos humanos como mascarada

Al quitar de su lista de monitoreo a Cuba el Consejo de Derechos Humanos de la ONU descorre el velo bajo el que se escondió el totalitarismo de izquierda en las últimas décadas. Los derechos humanos han sido para ese sector una forma de atacar a sus enemigos pero nunca una una forma de liberar al hombre de sus opresores. Eso son ellos y no están dispuestos a cambiar. Esa izquierda quiere acabar con los derechos humanos a la vez que obliga a otros a distraerse todo el tiempo con el propio ombligo. Y ha tenido un enorme éxito.

De algo hay que percatarse con urgencia. El derecho no puede ser el producto de acuerdos y enjuagues. La libertad individual no es algo que pueda defenderse con tratados ni pueda ser sometido a la voluntad de una asamblea, porque está visto, lo vimos ahora, que estos tratados pueden ser arbitrario y consagrar la zona liberada para el totalitarismo.

El problema es que se les ha otorgado legitimidad a regímenes criminales para que “voten” a quién investigar y a quién no. Hay algo de muy irracional en la política de occidente que dio lugar a que esto terminara de esta manera. No hay desilusión sin ilusión previa.