¿Quién es el líder de la oposición?

Todavía calientes las urnas del 28 de octubre Lavagna y Carrió luchan por ser a partir de ahora los “líderes de de la oposición“. Hay una confusión entre “capital político” y “flujo político” como ya lo mencioné antes. Ni uno ni otro son “dueños de votos” y lo que es peor no representan un proyecto distinto al del gobierno aunque pretendan defender otra ética que está visto que al gran público le importa un rábano. Al kirchnerismo no lo va a reemplazar ni una nueva Alianza ni una quinta versión de antinoventismo.
Lo absurdo de esta pelea es que el oficialismo tiene mayoría en el Congreso, con lo cual sumar apresuradamente no sirve para constituir una oposición cuantitativa. La pelea que están desarrollando es falsa e inútil. El liderazgo de la oposición no se decidió en las elecciones sino que empezará a correr a partir de diciembre. Depende del desempeño de los partidos que no forman parte de la primera minoría y su capacidad para despertar confianza en que son capaces de construir un país normal.

Toda esta discusión es bastante absurda y encima prematura.

Largo camino al 2011

Me desperté de un sueño bastante extraño. Era testigo en un hotel de la reunión que un grupo de dirigentes habían tenido con Ricardo López Murphy para decirle que querían que se dedicara full time a trabajar desde hoy en una candidatura presidencial para el 2011 y que ellos recaudarían fondos para sostenerlo.

Solo en sueños puede darse una cosa semejante. Esta mañana Roberto Lavagna concedió una entrevista al diario La Nación. Dijo que seguiría trabajando en política y siempre desde el lugar de la nueva religión nacional llamada “progresismo”, que consiste en la repetición de una serie de pelotudeces en las que nadie cree pero que son prenda de unión del nuevo sentido patriótico (del que, al igual que me pasaba con el nacionalismo de antes, estoy fuera por supuesto). Cuando le preguntan qué le falló a su proyecto presidencial, responde que la falta de recursos.

Es interesante porque señala como problema algo que le va seguir ocurriendo. No como al López Murphy de mi sueño. Plata para la política sólo hay de fondos públicos. Los empresarios sostienen a los grupos gobernantes y están aprendiendo una disciplina dónde apostar a otras alternativas no existe, salvo que esas alternativas se alcen con el poder sin su ayuda, es decir por milagro y milagros no hay.

Creo que por suerte para la Argentina Roberto Lavagna fue, se terminó. Su soberbia puede pasar de irritar a dar lástima, porque la única razón de ser como irrupción en la historia era representar una continuidad bien educada de esta cosa particular que está ocurriendo ahora. Lavagna no pudo desalojar a Kirchner ¿para qué otra cosa servirá en el futuro?

Se habló en estos días de “capital político” consistente en el número de votos obtenidos. Es fácil ver cómo los votos en la Ciudad de Buenos Aires viraron de un lado al otro en pocos meses para constatar que esos votos son flujo y no stock. Nadie “los tiene” estuvieron ahí el domingo, ya no están para el 2011.

El único “capital político” en una Argentina sometida al estado es el territorio y la posición de gobierno. Los que alcanzaron una representación importante en el Congreso, cuentan con la posibilidad de demostrar su utilidad a quienes los votaron y ese es un trabajo que empieza el 10 de diciembre y poco tiene que ver con las campañas. En estos 4 años no se ha demostrado que nadie sepa utilizar ese capital, porque para ser oposición parlamentaria y presente hace falta revelarse contra la religión progre. Desde posturas “centro progresistas” a lo sumo se podrá hacer reproches estéticos al gobierno. Con fundamento por supuesto porque son un verdadero esperpento, pero ya se ha visto que el gusto de las mayores minorías argentinas no pesa mucho a la hora de votar o no existe.

Con realismo sólo se puede esperar que sobrevivan al 2011 los que alcanzaron o ya tenían una posición de poder. Fuera del poder sólo caras nuevas capaces de despertar nuevos entusiasmos que no requieran grandes cantidades de dinero tendrían oportunidad si acertaran a representar la insatisfacción de más de la mitad del país que quisiera otra cosa, sin tratar de sumar a esos votantes  como si fueran capital de los candidatos del domingo, ni mucho menos feligreses “progresistas”. Salvo que Carrió, Lavagna, López Murphy, Sobich se beneficien con algún milagro, de esos que todo el mundo espera en la Argentina que ocurran pero no se dan jamás.

Anemia opositora

Una oposición no se constituye con negociaciones para confeccionar listas dos meses antes de las elecciones. Sobre todo cuando pareciera que más que presentar una forma alternativa de poder lo que se muestra es vocación por conseguir laburo.

El gobierno ya ni está dispuesto a discutir el presupuesto, que con esta metodología debería llamarse “porsupuesto”. Es un dibujo absurdo que provee una inflación a medida de los berrinches del jefe y un crecimiento que les permita manejar muchos fondos como quieran. Ni si quiera importa porque si es necesario lo modifican por decreto o adaptan las partidas a los requerimientos del Frente para la Victoria. Y la oposición hace declaraciones a la prensa. Eso no es actuar ¿Sabrán lo que es actuar?

Decir “miren que malos que son los del gobierno” no sirve de nada. La gente recibe el mensaje de que ellos son impotentes ¿Por qué habrían de votarlos?

La Argentina tiene anemia. Nadie pone nunca nada por lo que cree. Y hay algo de optimismo en esta afirmación. Parte de la base de que creen en algo.

¿Se bancarían ustedes ser diputados y que les toquen el culo de semejante forma?

La noticia de la presentación del presupuesto no es la inconducta oficial sino el papel de opas que hacen los demás.

Lágrimas contra un incendio

Si los legisladores de la oposición conocieran la diferencia entre la responsabilidad que tienen y ser cronistas protestones tal vez no estarían paralizados en una actitud de lamento porque el Poder Ejecutivo se haya convertido en omnímodo.

Se reconoce el carácter autocrático e ilegal  del llamado “estilo presidencial” (eufemismo utilizado para referir a su autoritarismo) pero nadie presenta iniciativas en el Congreso para ponerlo en su lugar o juzgarlo por sus actos. Entonces no se entiende qué es lo que consideran tan grave.

En lo que respecta al manejo presupuestario el gobierno se ha liberado del delito de malversación de fondos públicos. Lo que antes era considerado un crimen contra la administración pública hoy es un “superpoder“.

Art. 260 del Código Penal: “Será reprimido con inhabilitación especial de un mes a tres años, el funcionario público que diere a los caudales o efectos que administrare una aplicación diferente de aquélla a que estuvieren destinados. Si de ello resultare daño o entorpecimiento del servicio a que estuvieren destinados, se impondrá además al culpable, multa del veinte al cincuenta por ciento de la cantidad distraída”.

Lo peor es que quienes pretenden reemplazar al oficialismo anuncian que terminarán con estas prácticas presupuestarias cuando lleguen a la presidencia. Lo plantean como una “renuncia” (de esas que después se olvidan) en lugar de darse cuenta de que el equilibrio republicano se recupera arrancándole al Poder Ejecutivo las facultades que no debería tener con todas las acciones y presiones que les permite su actual posición política. Claro, eso requiere laburar y no tanta preocupación por la imagen y las cámaras.

La respuesta de Michetti

En respuesta a aquella frase dicha un domingo en La Clave y a los comenarios que se hicieron a partir de ahí, Gabriela Michetti, candidata a “vicejefe” (perdón por el entre comillado pero más allá del narcisismo de los “constitucionalistas” de la ciudad, la palabra correcta es subjefe) de gobierno, acaba de responder lo siguiente.

“El día que dije eso en el programa de Grondona fue en el marco de una discusión que, desde mi humilde punto de vista, no es buena para dar en el contexto de las elecciones de la ciudad. Me refería a nuestra relación con el gobierno nacional en caso de ser nosotros gobierno local. Creo que caer en la trampa de nacionalizar una vez más la elección de autoridades para la Ciudad de Buenos Aires es desperdiciar la oportunidad de poner el foco en los problemas que tenemos como porteños, viviendo todos los días una ciudad en la que la calidad de vida se ha deteriorado mucho en los últimos años. Hace mucho tiempo que gobiernos, supuestamente progresistas, han dilapidado los recursos disponibles (que son muchos) y no han resuelto ninguno de los problemas que Buenos Aires tiene, haciendo clientelismo, estructurando situaciones de pobreza e indignidad y ocupándose sólo de mantenerse en las sillas que consiguieron. Soy conciente de muchas de mis imperfecciones y mis defectos (y seguramente con los años conoceré muchos más), pero les aseguro que cuando leí todos estos comentarios no pude dejar de pensar en la cantidad de horas dedicadas a trabajar con mucha vocación y esfuerzo para tratar de aportar lo mejor de mi misma y de toda la gente que forma parte de nuestro equipo, intentando transfomar la realidad con la esperanza de que de a poco va a ser posible. Me costó mucho involucrarme en la actividad política por el temor a perder prestigio y credibilidad y que dijeran cosas malas de mí sin que fueran ciertas. Finalmente, sucede. Indefectiblemente, sucede. La convicción que tengo hoy, (a pesar de que mi calidad de vida ha empeorado considerablemente), de que la única manera de empezar a transformar para bien nuestra vida como comunidad, no la individual, es a través de mejorar las prácticas de la política. me sigue empujando a comprometerme totalmente con esta actividad. No sé si ayudaré en algo, pero trato de ponerle “garra” al proceso sin estar demasiado pendiente de los resultados, porque sino la tentación de bajar los brazos es demasiado fuerte. Creo que en la manera de hacer el camino está la base fundamental de lo que uno verá al final. Pido disculpas por mi reacción emocional, pero les aseguro que no es fácil guardarse las sensaciones que estos comentarios producen, a pesar de todo el respeto que me merecen cada uno de ellos y a pesar también de lo mucho que me gustan las diferencias que se ponen sobre la mesa con la intención de enriquecer y enriquecerse.
Gabriela”

Y a su vez mi respuesta es la siguiente: Licenciada Michetti, gracias por responder a los comentarios hechos en el blog.  Demuestra interés por lo que piensan los ciudadanos y eso me parece muy saludable. Es por supuesto bienvenida rebatir nuestros puntos de vista cuando lo considere oportuno.

En lo que a mi respecta no tengo por qué dudar de sus intenciones ni de su esfuerzo. Si puedo en cambio juzgar sus resultados desde alguna perspectiva que me parezca significativa y evaluar su desempeño junto con la calidad de la oferta que realiza el PRO. Pero no hay nada de personal, creo que usted es una buena persona y lo demuestra al reaccionar de esta manera.

Se el contexto en el que fue dicha esa frase porque fui testigo de ese debate. Está a propósito extraída del contexto pero justamente para darle significación, no para tergiversarla. No hubiera merecido comentarios si de alguna manera los lectores no vieran por si mismos lo que vi al citarla sin que hiciera falta que agregara nada más. Y eso es porque expresa algo que está pasando con el PRO mucho más allá de esta campaña municipal.

Dice que la política nacional no puede meterse en la Ciudad y yo puedo estar de acuerdo con eso. El problema es justamente el contexto, pero no el contexto de su frase, sino el que padecemos los argentinos a quienes ustedes aspiran a representar. No hay problema en que intensifiquen las propuestas de soluciones de la ciudad y tampoco hubiera objetado que dijera “nosotros representamos un proyecto opuesto al del presidente, pero acá estamos hablando de la Ciudad y no quiero hablar de otra cosa”. Y si a eso le hubieran seguido novedades en cuanto a la administración municipal, propuestas de reducciones de impuestos, obras a realizar, definiciones en cuanto a las intrusiones y tomas de fábricas, algo un tanto más jugado en cuanto a qué harán con los cartoneros. O al menos que digan si van a prohibir de una vez los cortes de calles en esta ciudad tomada por la izquierda tonta y el bandolerismo sindical vestido de progre. Ahí me parece que también hace falta que presenten una visión alternativa a la oficial.

Para mi y para muchos de los lectores del blog el conflicto político más importante y el que divide las aguas es que se encuentra roto lo que simplificando podríamos llamar el “contrato social”. Y en la Ciudad también está presente eso, no todas son veredas rotas. El gobierno nacional defiende sus intereses y negocios, terminó con el clima de pluralismo que había imperado en los años que lleva la democracia, quebrantó la independencia de los poderes, eliminó los controles administrativos  y, algo que ustedes saben bien, borocotizó la política y las instituciones. Y lo que observo todo el tiempo de parte del PRO es una evasión de los conflictos que no son suyos sino nuestros, en favor de un marketing a la norteamericana que solo consigue transmitir indolencia en ese, nuestro, contexto. Algo así como si nos estuvieran atacando los indios y se nos hablara del color del que van a pintar las paredes.

Fíjese que todos percibimos el caos de los manifestantes que toman la ciudad en desmedro de las personas que necesitan circular. Ese es un crimen mayúsculo del gobierno contra nosotros. Entre los que se ven atascados todos los días hay gente que debe trabajar el día para cobrar, otros que necesitan llegar a un hospital o visitar a un familiar que a lo mejor no esté mañana. ¿Se puede aceptar semejante desprecio con la vida de los individuos  y permanecer impasible o especulando con que este señor del que hablamos goza de popularidad en las encuestas? Nadie que le haya rendido un servicio real a la Argentina ha leído una encuesta antes de hacer lo que debe hacer.

El problema sufrido en Neuquén y del que el PRO tomó distancia, no fue extraño para nosotros, no es un asunto en el que no había que meterse porque como porteños no nos incumba.

El PRO es un partido nacional y para muchos existía la expectativa de que representaran la vuelta a la república. Hacen falta definiciones mucho más claras sobre el particular. Es por eso que su frase después de haber apoyado su agrupación la exclusión de un diputado de la provincia de Buenos Aires como el señor Patti para congraciarse con quienes reivindican haber intentado hacerse del poder ensangrentando al país, suena mal. ¿Fue ese acto  el deseo de ocuparse de otros temas, comunión con las ideas totalitarias y antidemocráticas que inspiraron esa decisión o simplemente que nadie se anima a polemizar de verdad con el señor Bonasso? Porque si no se animan a ponerse frente a quienes son amenazantes para nuestras libertades de poco nos servirían.

Han pasado cuatro años de tropelías y corrupción desde el poder sin que el PRO ocupara el lugar que la Constitución de 1853, no yo, no los lectores del blog, le asignan de acuerdo a la responsabilidad que la ciudadanía les dio de defender los derechos individuales y el estado de derecho. Es después de eso que la frase pesa.

La idea de presentar a PRO como algo positivo es correcta. ¿Pero desde cuando lo positivo no incluye impedir que el país se siga convirtiendo en el coto de caza de un grupo de truhanes sin escrúpulos? Quiero decir con esto que a mi al menos no me pueden representar si no se oponen a un gobierno que está por completo fuera de la ley.

Su frase no debió decirse, se lo digo con todo respeto, en ningún contexto. Pero una mala frase no sería problema, con decir que en realidad quiso decir otra cosa bastaría para corregirla. Pero el problema me parece que es otro, por eso usted interpreta que lo que dijeron los lectores del blog es duro, casi parece tomarlo como un ataque personal. Pero lo que ve como enojo es un modo de entender la relación entre el poder y el ciudadano, algo que desde la falta de compromiso se descalifica como “ideología” y que en realidad se trata de entender la política como un asunto ético. Y no hablo de la ética menor, casi frívola, de no meter la mano en la lata. Tal cosa no llega a la categoría de elemental. El problema ético en la política es que se está imponiendo reglas a personas y no a piezas de ajedrez y que la imposición solo se admite para defender derechos. Esa es esta “ideología” que nos importa y que, dicho sea de paso, le importó a Juan Bautista Alberdi y a los constitucionalistas de 1853 que hicieron un país mucho más PRO que cualquiera que se nos esté ofreciendo por el momento.

En todo este contexto, mi sensación es que el PRO realmente no es contrario ni aliado del gobierno y eso no tiene nada que ver con esta campaña municipal. Para muchos de nosotros ese es un problema serio. Oímos discursos que perfectamente pueden encajar en la plataforma de cualquiera de los otros candidatos.

Puedo estar equivocado, pero no soy el único que piensa que por ahora el PRO se está quedando en una propuesta al estilo “sonríe, Dios te ama”. A mi no me alcanza.

Espero que esto no lo tome de nuevo como un ataque. Es sólo sinceridad optimista porque usted se mostró receptiva, cosa que le vuelvo a agradecer. Es más, no es algo que tenga que ver con usted en particular sino con el desempeño general de su partido en cuanto a la defensa de la Constitución.Puede decirme: no aspiramos a representar eso. No tendría nada que objetar al respecto. Entre los lectores del blog hay muchos que los votarán, otros que no lo harán y todo es legítimo. Verá que hay una pestaña arriba que dice “tengo un sobre vacío”. Mi indefinición que continúa hasta el día de hoy no tiene que ver con desinterés por la política por cierto, pero creo que es la de muchos. Si logramos transmitirle ese problema, sería bueno para todos.

Teleceguera

Si en Venezuela el dictador decide no renovar la licencia de Radio Caracas Televisión (RCTV) es por la sencilla razón de que la emisora no le responde. En la Argentina “esto no pasa” pero está lejos de ser una buena noticia. No tenemos un solo canal de televisión que a nuestro propio mandamás le produzca algún inconveniente y entonces las licencias se renuevan para todos. Será por eso que allá hay tanta gente dispuesta a protestar por la injusticia mientras que acá salvo que contraten a la hinchada de Chacarita y a los participantes de Matándose por un sueño, los canales no tendrían defensores.

En cable en cambio hay islas. Ayer vi el programa de Grondona en Canal 26 y volví a comprobar que en este nuevo programa se tratan los temas que deben tratarse como antes del 2001. Empezando por el caso Skanska. Los invitados por desgracia no están a la altura del espacio que se les da. Esteban Bullrich, diputado PRO hizo un esfuerzo muy obvio por no nombrar al señor K ¿Pacto, temor o sangre de pato? Por el sólo hecho de las acciones del ministro del interior (según Bullrich Kirchner no merece tener a este ministro del interior, mira tu) contra el juez López Biscayart la responsabilidad del asunto está en la cúspide del poder, y no en los monos ¿Nadie está enterado de cómo funciona el cajismo en la Argentina? El señor K le debe explicaciones al país por cientos de millones de dólares de Santa Cruz que nadie tiene idea de dónde están, pero en esa mesa “opositora” se lo reconoció como un presidente “transparente” Tibio, tibio. Un escándalo de tibio.

Después hubo una mesa de legisladores con el señor Kravetz, promotor de las tomas de fábricas. El hacía de acusador, no contestaba los reprochecitos livianitos cual dánica dorada que le hacían sus “oponentes” que ni siquiera le hicieron sentir el tercer puesto cómodo que ocupa su candidato en la contienda en Capital Federal. Un señor, no se su nombre porque no lo ponían, que era defensor de Mauricio Macri dijo algo así como que libertad sin “inclusión social” era fascismo. Vaya hombre ¿habrá sacado esa definición de la revista Patoruzito?

Seamos optimistas, con tan poco gas, es el mejor momento para estar en el horno.

¿Gerez y el Indec de Yrigoyen no son suficientes?

Los escándalos mayúsculos del gobierno de Verbitsky no parecen producir efectos políticos porque el gobierno se encuentra con muchos improvisados en frente, el peronismo demostró que más que una fuerza política temible es una bolsa de trabajo y la dirigencia argentina, empresarios incluidos, son lo más parecido al denostado señor de la Rúa que puede haber.

En enero solamente tuvimos los bochornos de Gerez y el Indec. Imaginen a un zapato como Zapatero haciendo alguna de estas dos cosas o un Lula, o un Tony Blair. Sin embargo todos siguen acá a la defensiva con el gobierno.

El fenómeno que estamos viviendo es de verdad curioso. Me gustaría escuchar a los “estrategas” de campaña, a los publicistas políticos de los candidatos. Sospecho que todos tienen ideas de marketing y no están viendo a los elefantes pasar. Son los protagonistas. La política se ha convertido en una actividad consistente fundamentalmente en ganar elecciones. Elecciones que no se ganan. El país es peronista, pero también es radical.

El kirchnerismo debe servirnos para enterarnos del nivel del pensamiento y comportamiento de una población educada mal, muy mal, como la nuestra.