La señora dijo algo

Se abandonaron ya las racionalizaciones. El estado kakal es una fuente al servicio de quienes lo ocupan. Su función es hacer felices al matrimonio kakal y a una serie de bandoleros que los rodean. Pero no es nada nuevo sino la evolución peronista (de todos los partidos) que ha tenido la política argentina.

Con esa realidad a cuestas los candidatos se encuentran en las campañas electorales con la necesidad de proponer algo. Eso está en el punto uno del manual del vendedor de ilusiones. No pueden decir que quieren llegar al poder para entrar en la joda o mantenerse en el para no perder sus privilegios. Los más nuevitos se engañan un poco más y los viejos lobos de mar se ríen de todo. En general forman algún equipo al que le piden que escriban algo mientras ellos se maquillan para la TV.

No digo para nada que los políticos son peores que el resto de nosotros, lo que es peor es el “estado banquete”, ese enorme que promete todo, nunca ha conseguido nada pero sigue despertando ilusiones y que es una especie de gran fuente de manjares para gente con ambiciones en un país fracasado. El político serio que quiere terminar con el banquete no tiene éxito y entre la corporación política misma es tratado como un outsider.

La máxima expresión del banquete es el estado kakal. Lo que le agrega la señora es que mientras reparte electrodomésticos para comprar votos quiere entrar en la corte del chanterío y el palabrerío de los copetines políticos, mientras que su marido prefiere las tortas fritas.

Vuelvo al principio. Estos políticos que no confiesan para qué quieren el poder se encuentran en plena campaña con que la pregunta más habitual es “qué va a hacer”. Imaginen a la pobre señora, a pesar de que hacerle preguntas a ella que tiene pretensiones de reina no es fácil, si se le ocurriera decir la verdad. Contestaría, “voy a hacer lo que quiera porque para eso voy a ser “presidenta”. Y no tengo por qué andar explicándole a nadie lo que voy a hacer con mi gobierno. Tengo el poder porque nací con el puño crispado y se acabó”.

Sabe que no puede hacerlo como otros que quisieran decir que quieren los cargos para sentirse importantes tampoco pueden confesar así. Entonces se ven obligados a contestar una pregunta que no hubieran imaginado: “qué va a hacer”. Y contestan lo único que pueden contestar dada su ubicación en el planeta: pelotudeces.

Estamos tan acostumbrados a este juego que no se multiplican los editoriales diciendo “aflojemos con la pelotudez” porque nadie espera otra cosa que este tipo de anuncios. No digo que no haya gente que crea estas cosas, pero supongo que son una minoría. El que no se avivó de la naturaleza de estas “propuestas” para imprimir en panfletos está fuera de toda categoría de análisis.

Es el primer anuncio de la señora pero ya nos comunica el nivel que tendrán los demás. Si es “presidenta” impulsará “la ley de salud”.

Señora ¿no está lleno de leyes de salud? Usted es senadora por la provincia de Buenos Aires ¿por qué posterga el impulso de semejante genialidad hasta que llegue a la presidencia? Y además co-gobierna con su marido, el señor que se llevó la plata de Santa Cruz y se la ha pasado imponiendo al congreso cualquier cosa. En todo este tiempo señora ¿no le importo nuestra salud?

Además para qué se necesita algo más en materia de salud si el estado nos ha dado todo por partida triple. Tenemos hospitales públicos a pesar de la opinión de esos insensibles que no piensan en los que no pueden pagar a un médico. Gracias a esos hospitales públicos y gratuitos todos tienen salud ¿o no? Eso dicen las leyes que los crearon. Su ley, señora, ¿va a “re-articular” esas intenciones?

También por leyes impuestas sobre la voluntad de esos que no creen en la equidad social, tenemos un sistema de obras sociales. En el paraíso del bienestar argentino todo trabajador, así lo dicen las leyes, tiene derecho a un sistema de salud que lo libere y lo respalde ante cualquier contingencia en su salud o la de su familia. ¿Eso no nos da un doble respaldo señora? ¿No tenemos que agradecer acaso que haya tan pocos neoliberales y que la gente tenga no una salud perfecta sino dos?

Sin embargo hay gente a la que le encanta gastar guita al pedo. Tiene dos sistemas de bienestar provistos por gente buena que ha pensado leyes como la señora y así y todo se pagan a sus propios proveedores de salud privada. Con tantos recursos absorbidos por dos sistemas públicos geniales encima les salen carísimos. Pero la gente, loca ella, los paga igual. Por supuesto que el estado no se iba a mantener tranquilo con estas malas costumbres y hace más de una década que viene regulando, con leyes, y encareciendo este tercer sistema, de manera que podemos decir que tenemos tres redes de salud llenas de leyes a su alrededor.

Pero la señora en la peluquería imaginó otra ley más. Total ¿quién se va a dar cuenta no?