¿Piensan?

Miguel mencionó en el post anterior que Jorge Avila había posteado algunos párrafos sobre la expicación de Nozick de la mentalidad anticapitalista de los intelectuales. Es un tema imposible de agotar en un post, pero hice un comentario en el blog de Jorge al respecto que es el siguiente:

Hola Jorge. Que buen tema, a mi particularmente me da vueltas mucho en la cabeza. Me gusta el punto de vista, pero creo que Nozick no tiene en cuenta algunas cosas. La primera es que los intelectuales del número han producido tanto anticapitalismo como los de la palabra. De hecho con mayor influencia, desde Keynes a cualquier intervencionista que mide lo que ocurre en una sociedad compleja y después lo quiere moldear como un ingeniero, lo que ha dado los resultados más horrorosos. Es amplio el campo en ese sentido y sería largo de comentar.

Dijo alguien más arriba algo que me pareció importantísimo que es que fuera de la escuela los intelectuales pro capitalistas debieron vencer y hasta contar con todos los recursos con los que los cuatreros deseosos de reinvindicarse les pudieron haber provisto. Y acá hay otro asunto que creo que Nozick deja de lado: Los revoltosos ahora exitosos empresarios tal vez piensen igual que los intelectuales de izquierda y los admiren. Ni siquiera ven el link, como aquellos, entre una filosofía de base opuesta a aquella que sostienen y su propia forma de vida.

No digo que la observación de Nozick sea errada, pero no creo que sea “la” explicación del problema.

Tiendo a pensar en cuanto al sistema educativo que la sola idea de que “hay una educación”, “hay un conocimiento” es una resabio de religiosidad. La concentración de la educación, en lugar de la dispersión genera ideas equivocadas para explicar al mundo y cuando salen a la calle quienes mejor las han aprendido están en mayores problemas. La industria educa y lo decía Alberdi discutiendo con Sarmiento. Alberdi fue un precursor en casi todo lo que deberíamos entender.

Los que se han quedado con los conocimientos menos amplios y de mayor utilidad inmediata en su “ignorancia” están tal vez en mejores condiciones de actuar aún contra sus creencias de base sin percibir contradicción.

Tenemos una educación tribal. Con héroes y naciones. Algunos aprenden mejor lo que está mal, otros lo aprenden menos, otros consiguen pensar a pesar de haber sido educados y no serán valorados ni por los intelectuales de izquierda ni por los ex revoltosos.

Los incentivos de la vida actual creo que son más importantes que los recuerdos de la infancia. Hay dinero del estado y del sector privado para pensar mal. No lo hay para decir “tenemos derecho a trabajar para ser felices nosotros mismos”. Esto está en contra de las creencias de los intelectuales de izquierda y contra la culpa de los empresarios de derecha.

Es terrible lo que voy a decir. Pero no conocí muchos empresarios capitalistas en mi vida. Claro, producen para el consumidor olvidando su pensamiento social, traicionándose por suerte. Lo mismo hacen los intelectuales cuando eligen las medialunas que quieren y deciden dejar de comprar algo por su precio. Traicionan lo que piensan ambos, de otro modo el mundo hubiera desaparecido.

Para ser un buen proveedor del mercado basta con estar atento a los incentivos, aunque no se entienda nada porque no hace falta. Los precios enseñan lo que no se aprendió en la escuela.

Por último, también se mencionó a Ayn Rand. Ella decía algo parecido pero muy diferente a lo de Nozick. Hay dos tendencias en el pensamiento. Una la de la supremacía de la conciencia (mística) y otra la de la supremacía de la existencia (racional). En esto se ha dirimido el pensamiento y la política en toda la historia humana. El campo del pensamiento de la palabra, como diría Nozick es más arduo y con menos posibilidades de ser demostrado. Lo que puede ocurrir, decía Rand, es que aquellos proclives (desde el vamos) a aceptar la supremacía de la existencia se vuelquen a las ciencias duras tratando de huir de la posibilidad de la charlatanería y entonces ocurre que la charlatanería queda sola para hacer su agosto en un campo que tiene una enorme influencia en la vida de los que quieren vivir apegados a la realidad.