Los Quilmes atacan de nuevo

Hace tres o cuatro años visité las ruinas del asentamiento de los indios Quilmes en la provincia de Tucumán, en plenos valles Calchaquíes. El estado de Tucumán a través de un programa que enriqueció a un montón de amigos del poder, construyó un hotel en el lugar siguiendo un estilo arquitectónico armónico con la geografía y también con el tipo de construcción de piedras de las ruinas. Vacío el hotel, por supuesto. Cuando se construye con guita de todos no hace falta mirar detalles como si alguien tendrá interés en parar ahí.

Los Quilmes eran tipos bravos, le costó a los conquistadores dominarlos y cuando lo consiguieron en el siglo 17, optaron por trasladarlos a la zona que lleva el nombre de ellos al sur de la Ciudad de Buenos Aires. Desastres de los que se hacían en esa época en todas partes.

El guía que nos atendió en el verdadero sitio de los Quilmes allá arriba en los Valles Calchaquíes decía ser uno de ellos. Parecía raro, porque nos acababa de contar que se los había trasladado, pero por el bien del espectáculo ni se me ocurrió cuestionarlo. Una pareja con sus hijos, todos vestidos con jogging, acotó que ellos eran de Quilmes y a toda la concurrencia el comentario le pareció muy atinado.

Nuestro amigo guía contó también que en aquellos años del siglo XVII la zona era de bosques, un verdadero vergel, hasta que llegó el hombre blanco y taló todo. Indignados los turistas, sobre todo la familia de Quilmes. Hice un esfuerzo grande para no largar una carcajada, en ese lugar no se había visto un árbol en por lo menos algunos miles de años y no se sabe de ninguna industria maderera española por ahí. De nuevo el show debe seguir, no hay forma de contar estas historias si no se parece en algo a alguna película de Disney. La gente no lo disfrutaría.

¿A cuento de qué viene esto? Bien, no se si mi guía o algunos amigos de él, de tanto leer en los diarios que la “leyenda negra” de la conquista española es el mito fundante de la nueva izuierda latinoamericana y la historia oficial de la gente buena y sensible (no nosotros que somos malos, odiamos a los animales, a las plantas y no nos ocupamos de  la victoria de Zapatero) y que además eso puede significar algo tan concreto como apoderarse de algún recurso, han decidido tomar las ruinas. En las crónicas no hay ni un amago de constatación de estos “derechos”. Sabemos la historia triste de los Quilmes que es cierta, pero a nadie se le ha ocurrido verificar si quienes reclaman al menos pueden invocar ser descendientes de ellos como para empezar con las consideraciones que habría que hacer para ser justos en esta cuestión, porque el color de la piel ya genera entre gente como al familia del jogging una sensación de estar en presencia de aquellos indios que, además porque así lo vieron en los dibujitos animados, para ellos eran ecologistas. Como dije al principio, los Quilmes eran bravos. Tal vez ahora se le asignen sus ruinas a descendientes de algunos de sus enemigos y la historia se hará un poco más triste aún.