Es la corona II o El gobierno confiesa II, III y IV

La vieja “marroquinería política” como diría Jorge Asis, adquirió con el kirchnerismo dimensiones guarangas. El socialismo del Siglo XXI más los “idealistas” de la década del 70, más sus satélites y cómplices “derecho-humanistas”, son quienes son como diría el ex presidente Battle, una manga de chorros del primero último y venían proyectando en la década del noventa y en el “neoliberalismo” a nivel regional lo que ellos son.

Lo primero que uno piensa en la sucesión de bochornos delictivos del oficialismo en los últimos meses más todos los otros episodios anteriores que no llegaban a los diarios o desaparecían como si fueran “corrupción entre privados” es que, como dijo Tortita Negra en un comentario, estamos en presencia de una guerra interna en el reino Kakal. Hasta Miceli misma dio a entender que su propio papelón era producto de una operación. Pero era verdad, ese es el detalle que se le escapó a Miceli. Las operaciones consisten en dejar que salgan a la luz los actos de rapiña diarios en los que este sistema de parásitos que es el neomontonerismo

Acá no hay juegos, ni chistes que creen un mito como el de la década del noventa, sino hechos, uno atrás del otro. Sin ninguna tapa catástrofe de Clarín que les de inicio, sino la inercia espontánea de los acontecimientos. Absurdos todos, propios de chorros de octavo nivel. Ese ridículo no es otra cosa que la expresión de la impunidad de la que gozan cuando no se están peleando y todo se tapa. Veamos los noticieros, los canales de noticias y veremos como todo está manejado de forma tal que hasta la nieta de doña Rosa se da cuenta de que la filósofa Cristina es una novela. Los únicos que permanecen impasibles en sus temas son los opositores. El “mundo mejor” hegeliano es esta joda loca que estamos viendo.

Aníbal Fernández, pobre Aníbal Fernández. Se pasea por los medios oficialistas explicando las cosas más ridículas. Pero el oficialismo no puede evitar confesar con sus actos como ya lo hizo con el caso Skanska cuando trató de echar al juez López Biscayart. Al votar los diputados del oficialismo por orden del jefe de todas las valijas en contra de los pedidos de informes está dejando claro que éste es un escándalo del oficialismo, aunque trate de explicar que fue otro error. Y cuando el señor De Vido y el propio Kirchner le cortan la cabeza a un propio como Uberti, no hacen otra cosa que volver a confesar. ¿Por qué hacer responsable del “error” a Uberti si el responsable de la contratación del avión era el presidente de ENARSA Exequiel Espinosa presente en el viajecito? La decisión muestra nada más y nada menos dónde están las responsabilidades.

La corrupción montonera explota por todos los costados aunque manejen y compren a todo el mundo. Una dictadura necesita ser dictadura a fondo o de lo contrario es nada más que este espectáculo de payasos ladrones de cuarta que estamos viendo. Y cuidado que las dos posibilidades están abiertas y que si no avanzan no es por escrúpulos.

Para ponerle un broche de oro al asunto, la empresa estatal kakista ENARSA contrata un avión para trasladar dinero en negro de los negocios turbios del kakismo con la revolución bolivariana. Un buen caso para los defensores del estatismo.

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K esconde la mano y copia a Bignone

El señor K esconde la mano, esa es su especialidad. La única defensa que conoce cuando hace tropelías y alguien se las señala es negarlas como niega un alcoholico haber tomado aún cuando su aliento por sí solo emborracha.

Así es él y así es nuestro sistema político en el que un personaje no preparado para manejar un quiosko llega a presidente y goza de un enerme apoyo y de un aún más grande silencio en su favor.

Tonto sin embargo no es. Tampoco Idi Amín era tonto, de hecho los millones que se llevó el fueron más inclusive que los que se llevó Kirchner de Santa Cruz sin que sepamos su destino. Ha conseguido que su nuevo embate contra el sistema judicial quede tapado bajo la sábana de las reivindicaciones montoneras, cuando los fines que persigue son más pedestres: el control del tribunal en el que podrían ser juzgados en el futuro.

Como el general Bignone cuando las negociaciones con los partidos políticos lo llevaron a dictar una autoamnistía (que no sirvió de mucho como sabemos), Kirchner intenta asegurar para su facción un futuro fuera de la carcel. Sabe que su impunidad está sustentada nada más que en su manejo sin escrúpulos de la caja y que tal posición es efímera, al menos más efímera que varios plazos de prescripción.

Las causas que le preocupan al kakismo no tienen que ver con ningún perseguidor de idealistas hippies de los setenta, más bien están relacionadas con la preocupación por no poder disfrutar de su fortuna personal mucho más allá de su abandono del cargo.