Embajador del kirchnerismo no puede disfrutar los canapés

Dificil la tarea del embajador del kirchnerismo en Washington don Héctor Timerman en estos días. Tiene que explicar el comportamiento de su facción ahora que en Estados Unidos se enteraron la naturaleza del gobierno argentino como consecuencia de la rebelión del campo.

En Estados Unidos están sorprendidos. Se ve que la embajada que tienen ellos acá mucho no informa. Si Ambito Financiero en sus charlas de Quincho mencionaba que en un encuentro de liberales en Rosario con asistencia de figuras internacionales se evitó criticar al gobierno mientras los lúmpenes oficiales actuaban y en cambio se evadía la cuestión refiriéndose a todo tipo de populismos en la región, cómo vamos a pretender que los asesores de los candidatos norteamericanos no se sorprendan al enterarse de que el kirchnerismo tiene fuerzas de choque y grupos parapoliciales que lo colocan en las tipologías definidas de terrorismo de estado.

Lo más difícil que le toca a don Timerman es utilizar la técnica de justificar cualquier cosa que es propia de su facción y entonces decirles que D’Elía actuó de manera correcta. Lo peor es que algo que deberían entender por ahí es que no es el piquetero el problema. En Estados Unidos está lleno de patoteros. Bandas urbanas que amedrentan a los indefensos son moneda corriente. Lo que pasa ahí es que no hay gobiernos que las usen y den cargos a sus miembros para que hagan lo mismo al servicio del poder. Un argumento le regalo a nuestro embajador “muchachos, no jodan más con D’Elía, el problema somos tipos como yo”.

Timerman “el arrepentido”

Los más jóvenes creen, porque se los han contado, que las Fuerzas Armadas tomaron el poder en el 76 solas y sojuzgaron al país entero que las padeció hasta que pudo deshacerse de ellas siete años más tarde. Lindo cuento para que lo cuente Pigna pero es tan real como la inflación del Indec. El ladero de la nueva presidente don Héctor, cónsul de privilegio, Timerman ha sido ahora puesto al descubierto en Perfil con un pasado de director de un medio últra felpudo, por llamarlo de algún modo, de ese gobierno, puesto ahí por su padre.

Y no es que Timerman fuera menos progre que ahora, es que el de él era el comportamiento normal de todo el mundo en esa época. Así como ahora pueden ser Kirchneristas, antes fueron de la Alianza y también de Menem, en esa época todo era oficialismo procesista. A esa altura, salvo los que estaban en combate o huyendo del país todos querían estar con los ganadores. Es decir, la Argentina de ahora sólo que treinta años antes.

Lo que va a ocurrir con Timerman a partir de esta revelación va a probar el punto. No va a ocurrir nada. De hecho los antecedentes del consul de privilegio ya se conocían. Porque Timerman colabora con el esquema de poder actual y el pasado es sólo un instrumento de persecución a los que están en la vereda de enfrente no un motivo de división moral real de la sociedad.

Va a ser interesante ver cómo los Verbitsky, Bonafini y el gobierno continuarán su plan de entretenimiento setentista con los civiles que colaboraron con los militares una vez que la cantera uniformada se agote y en el medio de todo eso tengan que encontrar la teoría ad hoc que deje al propio Timerman, que fue parte de ese grupo de civiles, fuera de la hoguera que él mismo pidió.

El caso Timerman es ideal para conocer a la Argentina y su sistema de premios y castigos borocotistas y felpudos. Hace muy poco el consul de privilegio le estaba contando las costillas a otros por algo que él mismo había hecho.

Seguro engrosará la lista de otros llamados “arrepentidos” que es gente que se da vuelta cuando le conviene sin padecer consecuencias ni auoflajelarse sino esperando con ello recibir perdones y recompensas. Algo que antes recibía otro tipo de calificativos.