Más desayunos: Guy Sorman y arte

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Otro desayuno esta mañana (no quiero ver una medialuna más por los próximos meses). Guy Sorman presentó su nuevo libro sobre China en ESEADE. Está claro que existe una distancia muy grande entre las expectativas sobre “la nueva China” que existen en occidente y la realidad de un sistema chino totalitario en el que la mayoría de la población es mantenida alejada de los cambios.Muy interesantes los detalles que desarrolla en su libro sobre cuáles siguen siendo las reglas de juego, los privilegios de los extranjeros y el peso que sigue teniendo el recuerdo de la revolución cultural en la memoria de los chinos para sentirse bendecidos con la apertura, para nosotros ínfima, de la que están gozando. Lo grabé pero no consigo editar el archivo.

Falta me parece que alguien escriba sobre la informalidad china y hasta qué punto la trampa al sistema es más efectiva que los intentos de control. Ese es el libro que en realidad me gustaría escribir a mi sobre china. En cuanto consiga los mantos en todos los kioskos.

Despés me tocó participar en un debate sobre un proyecto de la diputada Norma Morandini sobre el denominado Droit de Suit, un llamado “derecho irrenunciable e inalienable” (es decir, una obligación) de los autores de obras artísticas de participar con un porcentaje de las sucesivas ventas de sus obras. La idea (francesa, como no podía ser de otro modo) es que cuando un pintor vende un cuadro y luego el comprador lo revende, sobre ésta operación el pintor tendría u porcentaje. Esta obligación absurda llamado derecho disminuye el valor de esa primera venta, por supuesto, y es una forma de cartelización de los pintores consagrados que tendrá como aditamento la necesidad de un organismo lleno de asesores y presupuesto para funcionar en el control.

Morandini es una mujer que a pesar de tener unas ideas muy distintas a las mías es muy abierta a la discusión y muy tolerante así que la pasé muy bien. Entre las curiosidades a mencionar, la dificultad de aceptar que cuando se está hablando de un porcentaje no se habla de pintura sino de un negocio. Tuve que aclarar que no sabría como pintar un tres por ciento ni cómo lo colocaría en una composición.

Me di cuenta de que el sistema político y los ciudadanos en general tienen una relación con los derechos individuales parecida a la que los católicos tienen con la castidad fuera del matrimonio. La regla está ahí para ser violada y nadie espera que se cumpla. Casi que invocarla parece un acto de ingenuidad. Por supuesto, a mi la castidad no me importa un pito, pero la libertad si.