La libertad está ahí, afuera

Si hay una trampa en la que se puede caer fácil cuando se sostiene una idea en un ámbito que le es hostil es la de un puritanismo plátónico autoflajelante que actúe como compensación psicológica al fracaso. Buscar la forma de nunca salir hacia afuera en la construcción de un mundo ideal hacia el que se avanza sólo en ese plano psicológico, mientras el aislamiento aumenta y con él el propósito, a la vez que aumenta la seguridad como sentimiento con la sensación superficial, en el fondo muy inquietante, de que el peligro se aleja.

Esto no tiene relación alguna con la consistencia conceptual que pasa por otro carril y nunca es motivo de separación entre “buenos” y “malos” o entre “puros” e “impuros”. Es en cambio un mecanismo esclavizante que conduce derecho a la autofagia de los que se ven frustrados o directamente abandonan la meta de salir a “conquistar al mundo”. Comer hacia adentro, deshacerse de los impuros es una manera de achicar el universo al pequeño ámbito para verse más grande de lo que se es y construirse, a costa de los demás y con formas más o menos explícitas de violencia, un falso edén vampirizando a los más cercanos para esconder la impotencia para actuar frente a ese mundo hostil.

Subrayé la ausencia de relación con la cuestión de la consistencia conceptual, tratando de hacer consistentes los conceptos, porque los “buenos puros” lo son a costa de encontrar “malos impuros” sin lograr cambio de ninguna clase, atentando inclusive contra los cambios que abran la puerta y devuelvan el contacto con la amenazante realidad. El autoengaño consiste en centrar en alguna real o inventada inconsistencia del otro (la capacidad de encontrarla, inventarla o malinterpretarla es infinita) la razón del conflicto. Pero tal cosa es solo la superficialidad de un proceso que en realidad conduce a la exaltación de los trazos gruesos y por lo tanto a la pobreza intelectual.

El punto es que la filosofía más incompatible con ese juego es la de la libertad individual. Pero no somos sólo seres racionales y también actuamos por impulsos más primitivos. Así como se ha hecho tanto puritanismo con una doctrina de base antipuritana como es el cristianismo, le pasa al liberalismo que se ve paralizado encontrando “herejes” o huyendo de la hoguera, como si fuera otra cosa que lo que es.

La libertad no es una idea platónica. Es algo a ser ejercido, que ocurre fuera de la cueva. Encerrarse en un sótano para hablar de la libertad es como meterse en un frasco en defensa de la respiración.