Las provincias deben independizarse

El primero de Mayo de 1853 y después de cuarenta años de divisiones e incoherencias políticas, la Argentina logró la unión nacional sancionando una constitución. No se trata solo de la piedra fundamental del sistema jurídico y político del país, sino también de un pacto federal por el que las provincias históricas dieron origen al estado nacional bajo sus condiciones.

Un siglo y medio después mucha agua ha corrido bajo el puente. De la primitiva autonomía provincial queda poco. Al costado del sistema constitucional se erigió una realidad política que lo sobrepasa, unitaria, despótica, con gobernadores que sirven al partido oficial y una presidencia omnímoda que de acuerdo al pensamiento que predomina carece de responsabilidad. La facción que gobierna lo hace a través de una caja con la que somete a los gobernadores y mantiene a sus partidarios a los incentiva a hostilizar a los ajenos.

Peor es la situación del fundamento liberal de aquél pacto de unión, no solo ha desaparecido sino que coinciden todas las ofertas partidarias más relevantes en rechazar los principios que además de dar origen a la Argentina como país en aquella constitución, motivaron el inicio de su proceso de independencia.

La Argentina de 1853 no existe más y por lo tanto tampoco el compromiso de las provincias que ni siquiera cuentan con la posibilidad de contar con sus propios recursos. El estado nacional a su vez no presta servicio útil alguno al ciudadano, es un enorme barril sin fondo del que distintas bandas se quieren apoderar invocando cualquier doctrina justificatoria a mano. Se trata de un negocio que no tiene vestigios de orden legal, cuyo fin es servir a los objetivos de una banda a cargo con la anuencia explícita o la indiferencia de otras bandas en competencia.

Los recursos de muchos municipios alcanzarían para financiar todo tipo servicios públicos locales por mucho menos de lo que el estado nacional les extrae.

Todo esto lleva a una conclusión que ya es obvia. El estado nacional no sirva para nada y las condiciones que obligaban a las provincias a mantenerse unidas a la nación han desaparecido para siempre.

El debate sobre la independencia de las provincias debe comenzar.

Levante la mano el que necesite al gobierno nacional

La rebelión del campo pone al desnudo la inutilidad de un aparato de pillaje general llamado gobierno nacional. Es la derivación de un diseño constitucional pensado para resolver la anarquía del siglo 19 que terminó en esta concentración de poder cooptado por distintos grupos, todos robando en definitiva al campo que con todas las políticas truchas de sustitución de importaciones, industrialismo, asistencialismo y demás, sigue siendo el único sector productivo.

La Argentina no necesita gobierno nacional más que para manejar algunas embajadas y mantener un ejército. Mantenerlo de verdad quiero decir y no maltratarlo para entretenimiento de la familia presidencial.

Esta cuestión es la que está creciendo con cada día que pasa de esta rebelión. Lo que hace falta es que los que protestan sepan cómo sigue esta historia y el problema es que han estado alejados de la política para ser meras víctimas de ella por mucho tiempo.

Pero el título del post contiene una pregunta. Sabemos que la mayoría de los impuestos y retenciones van al gobierno nacional. Además del kirchnerismo, la “mafia” de la provincia de Buenos Aires, la Unión Industrial y los “empresarios K” testaferros del poder ¿Quién necesita al gobierno nacional?

Chaco confunde o aclara

La sorpresa del domingo es que Recrear hizo ganar a Capitanich en el Chaco. Los 8000 votos que le sumó fueron decisivos al lograr imponerse sobre Rozas (¿se acuerdan cuando era una estrella rutilante del nuevo radicalismo?) por apenas 2000.

Capitanich tiene historial duhaldista y ahora es un fiel seguidor del pingüino mayor. La primera conclusión que uno podría sacar es ¿los de Recrear chaco se volvieron locos?

Esa respuesta no la tengo pero si observo dos cosas. Una el hartazgo con Angel Rozas. A veces la gente quiere cambiar de mal gobierno aunque sea para romper el tedio. La otra es que el acuerdo es local y los dirigentes locales destacaron valores personales de Capitanich. Cuando hablo de valores hablo de valores como político, no en un sentido lilista. La prioridad se puso en las necesidades provinciales.

Un dato poco conocido de Jorge Capitanich es que es egresado de ESEADE, el centro académico más liberal de la Argentina. Siempre me pareció un signo de poca efectividad de ESEADE, pero tal vez no se puede dar por sentado tan fácil que por sus ubicaciones políticas Capitanich no haya sacado conclusiones útiles para su visión del poder.

Si repasamos lo que ha estado ocurriendo en las últimas elecciones provinciales los kirchneristas triunfantes son un grupo de oportunistas, gracias a Dios. En la Rioja se trata de menemismo reciclado, en Córdoba de la Sota es tan kirchnerista como hippie. En Chubut Mario das Neves puede parecer el hijo de K pero resulta que no hizo campaña con las fotos típicas con el matrimonio reinante y ya está apostando al proyecto Scioli 20011. Ni hablar del propio Scioli. Estos son los kakistas.

La visión autónoma crece en las provincias oficialistas y opositoras. El kirchnerismo es la demostración final de los malos incentivos implícitos en un gobierno federal fuerte, casi único como el que tenemos. Dirigentes que pueden tener un comportamiento razonable hacia adentro han sido capaces de servir a los deseos de un par de desequilibrados resentidos que están arruinando uno de los períodos de mayores oportunidades para el país. Quitándonos de encima las visiones puristas o la ilusión del Socialismo del 21 %, lo que nos queda es la pregunta: ¿para qué sirve el gobierno nacional?

La caja madre no le brinda a los ciudadanos servicio útil alguno, es sólo un botín del que todos quieren apoderarse para reinar sin límites como ha hecho el kakismo en su falta absoluta de escrúpulos. Lo voy a repetir hasta que alguien me de pelota: la Argentina después de esta experiencia debería retomar la idea de ser una confederación.

Después de esto

Macri salió de escena, en la que en realidad nunca estuvo. Nada más había dejado crecer el rumor ante la falta de una oferta electoral distinta al kirchnerismo.

Como nadie representa una  alternativa de fondo al kirchnerismo ninguno de los otros candidatos es capaz de polarizar una elección de modo que se reproduzcan las circunstancias del 2003 donde el rechazo a Menem daba enormes oportunidades al segundo. Esta vez sería sin trampas claro, pero es bueno recordar esa fecha porque los tejes y manejes hechos por Eduardo Duhalde para favorecer a su candidato fueron uno de los quebrantos institucionales que dieron a Kirchner la oportunidad de asumir un poder sin ningún límite. Antes de destruir los partidos políticos, que no volvieron a existir, Duhalde ya había instalado un sistema de persecuciones, el control de la prensa por el miedo y la publicidad oficial y la utilización de la justicia con fines políticos en un grado aún mayor al que se venía dando desde el año 83. Por eso que pensar que desde ese costado nacería una alternativa era un poco ilusorio. Kirchner es el perfecto producto creado por Duhalde cooptado por Verbitsky. Por supuesto que no es lo que Duhalde querría porque él fue el primero expulsado del bote. Nada más que por eso.

El asunto es que no hay quién sea otra cosa. No hay quién ofrezca una base ética distinta para el poder. Los hitos religiosos de este poder son indiscutidos, incluida la incoherente, arbitraria y cansadora “política de derechos humanos”. Todos temen parecer “menemistas” si defienden la privatización de las privatizaciones, o insensibles si hablan de liberar los precios, o militaristas si defienden terminar con la cacería montonera o gatillos fáciles si quieren ponerle fin a las balas de lo asaltantes, o represores si tienen una posición firme frente a los agresores. No es con número que se construye una oposición, sino con alma. No es con algunas cosas no conflictivas, sino con los grandes conflictos con los que se lidera un cambio. Y tampoco es el trabajo de un par de meses con lo cual tal vez sea tarde.

Los K están felices con ganar por abandono con gente que está con ellos sin compartir nada con ellos como es el caso de Scioli. Este panorama delirante es también coletazo del quebranto económico constitucional del 2001. No hemos vuelto a la normalidad, ni a la anterior, ni a otra que la reemplace.

Lo que la señora denomina “calidad institucional” sería marchar rápido siguiendo el ejemplo venezolano y ese será tal vez el impulso que le otorgue a su eventual gobierno con marketing de Bachelet.

Con un baño de realismo se puede observar que Macri ni siquiera hubiera tenido plata para encarar una campaña porque los empresarios, los supuestos representantes del capitalismo salvaje, están interesadas mucho más en obtener protecciones políticas y privilegios de este sistema nazi que en alguien que venga a decirles otra vez que se dediquen a trabajar. La lengua tímida está en un lado  los negocios en otro. Lo único que quiere la mayoría de ellos que es que haya alguien, aunque sea un mono, que tenga el poder y lo pueda manejar como quiera para saber con quién negociar. Ellos dan por sentadas las condiciones africanas de nuestras reglas de juego al igual que los cocoliches en el poder. Reitero, esas son las condiciones que dejó el señor Duhalde que encima se cree ahora un personaje.

Lo que tiene de complicado el panorama es que las circunstancias tan extrañas nos mantienen dentro del mega sistema que está intacto. El poder se justifica en el voto, se abusa hasta las últimas consecuencias, el disparate gana terreno y se redobla la apuesta cada vez. Los políticos y los dirigentes en general aprenden que obtener una tajada requiere una porción cada vez mayor de estupidez hasta que los militares (antes) o la realidad por si sola ajustan. En esta especie de ritual todo volvía a empezar.

Esto quiere decir que la realidad le puede ganar más tarde o más temprano al kirchnerismo. La pregunta sería cual es el orden que va a resultar después de eso. Es difícil de saber. Imagino que vale la pena trabajar en un nuevo orden constitucional. Hace mucho que pienso que no existe solución sin disolver el poder nacional que es sólo útil para quienes se apoderan de él. Hasta ahora prediqué en el desierto, porque lo dije en cada foro, en cada fundación, en cada reunión de gente interesada en vivir de otra manera y no prendió. Ya madurará la cosa.

Para que no se piense que esta ocurrencia de miércoles a la mañana es una visión pesimista. Es nada más que un toque de realismo porque el espectáculo de circo ridículo que da el gobierno todos los días nos puede hacer pensar que con eso desaparecen. Pero no estamos en el reino de la lógica sino en la Argentina. Nuestra oportunidad es sentarnos como Alberdi a pensar qué se puede construir después de esto.

A lo mejor la conclusión es que ni hay una oposición al kirchnerismo ni es lo que se necesita. Que Kirchner no es el problema y su frívola mujer tampoco lo hemos dicho muchas veces. Hace falta un nuevo pacto constitucional a partir del agotamiento de esto que estamos viendo y que tal vez con un poco de suerte sea la última orgía del estatismo.

Seminario sobre coparticipación federal

Ayer estuve en el seminario sobre coparticipación federal organizado por la Fundación Atlas, la Fundación Bicentenario y la Asociación de Defensa Ciudadana. Participaron Francisco de Narvaez, Margarita Stolbizer, Carlos Raimundi y Rircardo López Murphy.

Estaban anunciados Juan Carlos Blumberg y Daniel Scioli pero no concurrieron. El primero no quería sentarse con de Narvaez porque en América TV habían hecho ese tipo de encuestas panfletarias típicas del periodismo alineado. La pregunta era si el encuestado estaba de acuerdo con que Juan Carlos Blumberg utilizara la muerte de su hijo para hacer política. Deleznable realmente lo de América TV. Y bien Blumberg por no sentarse con alguien que es responsable de que eso ocurra.

Scioli en cambio tenía otros motivos para no concurrir. El sabe que el precio para ser gobernador que tendrá que pagar es el de traicionar a la provincia de Buenos Aires que siendo la que más aporta es la que recibe en promedio la cifra más baja de coparticipación. Pero así se sostiene la caja nacional. No puede haber kakismo sin que la provincia de Buenos Aires pague la fiesta y por lo tanto debe ser sometida más que las otras.

El actual superávit fiscal está basado en el quiebre de todas las reglas federales. Es un dato para entender como razonan los economistas que dicen que una característica importante de esta década dosmilista es el haber incorporado ese logro, olvidando ese pequeño detalle y es el cómo se consigue. Estos son los aspectos de principios que nunca podrán discutirse desde posturas PRO. Es como hablar de sexología y no tener en cuenta si la actividad se realiza voluntariamente o por la fuerza por considerarlo un punto de vista demasiado ideológico. O lo que es lo mismo, que cuando una facción postula la violación como forma progre de obtener mayor satisfacción a la libido de la población, la respuesta del otro lado sea que no se discute “ideología”.

Humberto Toledo que estaba entre el público me contó una entrevista entre Menem y el Rey de Suecia. El monarca le comentó a Menem que su país estaba muy mal, sus finanzas quebradas y no sabían cómo iban a resolver la situación. A continuación agregó que en cambio su población estaba rica y disfrutando de un buen nivel de vida, que era en realidad lo único que importaba. ¿Cómo explicarle a nuestros políticos que el punto de vista filosófico político es lo fundamental?

Francisco de Narvaez no entendería nunca esto y lo demostró en el seminario. Su diagnóstico fue que era muy complejo el sistema de coparticipación y que debía simplificarselo haciendo una gran bolsa común, que luego fuera repartida con criterios de equidad ¿Por qué no organizar entonces al país de manera unitaria? Y siguió diciendo que Buenos Aires no estaba mal porque el reparto de impuestos fuera perjudicial para la provincia sino por defectos de recaudación. Según su punto de vista el tema se solucionaba recaudando un cincuenta por ciento más que es lo que calcula que se “evade” (al no pago le llaman evasión porque ni conocen la diferencia). Si llega a gobernador el problema de la coparticipación de Narvaez se lo hará pagar a los contribuyentes.

Margarita Stolbizer consideró que la coparticipación federal no era ni buena ni mala sino un instrumento. No ve si quiera el problema de la ausencia de autonomía fiscal para que exista el país tal cual fue pensado en la Constitución, con los contrapesos que implica el federalismo para limitar al poder. Ni siquiera conoce el problema del límite al poder. Otro asunto “ideológico”.

Raimundi dio las cifras de impuestos per cápita recibidas por coparticipación en cada provincia. Unos dos mil pesos por habitante en la provincia de Buenos Aires y unos nueve mil en Santa Cruz, donde ni siquiera blanquean a los docentes.

El único que abordó la cuestión desde el fondo diciendo que no cabía emparchar el sistema sino modificarlo desde el vamos porque no se compadecía con la Constitución fue Ricardo López Murphy que habló de correspondencia fiscal, de la necesidad de que haya representación detrás de la imposición,  de que quién gasta es quién debe recaudar y de la relación entre una organización de tipo federal y estas cuestiones.

Lo más acertado del seminario fue plantearle el problema que es grave y nadie discute porque los fundamentos de nuestra organización política fueron olvidados hace tiempo. Y lo que prima en todos los discursos sobre cómo se reparten recursos impositivos es la idea de “equidad” y “bienestar social”. Cosas que ni siquiera se logran pero de cualquier modo nadie quiere  dejar de invocar. El estado es concebido como un aparato que actuará contra los incentivos del mercado, contra lo que la gente elige y una vez aceptado eso parece aceptable terminar con los límites al poder, relativizar el federalismo fiscal que ya no se basa en derechos sino en necesidades y ni hablar de tener todo el tiempo presente que lo que se recauda fue extraído por la fuerza. Ni hablar de darse cuenta (de Narvaez se retiraría de la política) de que en una república de verdad el único superávit que importa es el de la población y que la organización política debe arreglarse con lo que tiene. Al revés de como lo ven nuestros políticos. Pero en fin, estas cosas son poco PRO.

Supongamos que no queremos discutir esta vocación repartidora sin resultado alguno (la prioridad es ser bueno, no hacer el bien) lo que todos deberían entender es que cuando hablan de división de poderes, de federalismo, de instituciones republicanas, de libertad de prensa etc. etc. están hablando de formas de organización que tienen que ver con otro paradigma que es el de la libertad. No pueden seguir invocando ideales de otra forma de concebir la política y la relación entre los individuos y el estado, mientras creen que el estado es proveedor posible de cualquier cosa que necesitemos. Porque entonces vivimos en este travesti jurídico político en el que estamos inmersos que no es ni chicha ni limonada y del que la única conclusión que se saca es que no nos conforma.

Nuestro sistema institucional político está construido sobre la base de que los ciudadanos se proveen felicidad a si mismos cuando el poder se los permite. Deberían pensar otra forma de organización y entonces no se quejarían tanto de Kirchner que en definitiva es una versión un tanto cruda de lo que siempre quisieron lograr. No hay otra cosa que peronismo crudo, clientelismo y autoritarismo para organizar a un estado “generoso”.

Lo que frena una intervención en la Argentina

Maza se rindió y el nuevo gobernador Beder Herrera lanzo sus alabanzas al déspota dejando claro qué queda del federalismo en la Argentina. Si se acepta rendir culto al mandamás se puede ejercer el poder.

“Kirchner es un hombre a quien le ha costado muchísimo la democracia, le duele la democracia, es un hombre de tierra adentro, de federalismo profundo” dijo el reemplazante del ultra kakista, ex ultra menemista, siempre ultra oportunista Angel (si, se llama Angel, no es joda) Maza. Que le duele la democracia lo sabemos, que le cuesta mantenerla también. Tenemos inclusive algunas hipótesis de en cuales profunidades se ha metido el señor K al federalismo.

Está claro sin embargo que el nuevo gobernador no tiene demasiadas opciones. Fontevecchia lo puso claro como nadie.