Los rusos desempolvan las máquinas de escribir. Vuelve Maxwell Smart

Como parte de las derivaciones absurdas de tratar a Snowden como un traidor por revelar las acciones de la NSA sobre la población norteamericana, se conoció que los rusos han vuelto a las viejas máquinas de escribir para sortear la vigilancia digital.

Pero Snowden no es un espía, sino un denunciante de espionaje. Y los espiados no son los rusos, menos los soviéticos que ni existen, sino los ciudadanos norteamericanos.

Si Hollywood quisiera hacer cine de espías con este material como en la década del 50, la industria cinematográfica de los Estados Unidos terminaría necesitando subsidios del INCAA. Aburriría por falta de conflicto entre valores reales y por la artificialidad de los contendientes.

El desmanejo de esta crisis es tan brutal que se alimenta el negocio paranoide de los gobiernos más enemigos de su propia población con el recurso de entorpecer el viaje del presidente boliviano para asombro del mundo, sólo para que otros potenciales arrepentidos empleados del gobierno del señor Obama no vayan a tener la idea de hacerse los héroes libertarios contando las malas acciones que se llevan a cabo en nombre de la seguridad. Extrañamos las épocas en que se quería asustar a los fabricantes de misiles, ahora los enemigos son los Nerds.

Se quiere explicar entonces que hurgar en las redes sociales y en los llamados telefónicos es lógico, útil y legal. Lo que no es legal es que se cuente que se está haciendo algo lógico, útil y legal. No tiene malas intenciones, se asegura. Aunque la mala intención está en el medio, no en el fin declamado.

Va una predicción y no porque sea adivino, pero la izquierda y derecha de los Estados Unidos se están pareciendo en algo a la Argentina en su larga caída. Ambos comparten que la constitución, las viejas reglas, la cuarta enmienda por ejemplo que protege contra la investigación injustificada, son estorbos para momentos de crisis y que la crisis es permanente y sin vencimiento. En consecuencia se justificarán en lo económico violaciones masivas a los derechos de propiedad con los “estímulos keynesianos”, con una emisión monetaria de proporciones terroríficas por la emergencia. Y del mismo modo se hará la vista gorda al hecho de que con la Patriotic Act, parece que la Constitución estuviera de adorno, como en la Argentina.

Por eso mi predicción es la siguiente. Los servicios de inteligencia volverán al papel, tal vez a las palomas mensajeras, pero ninguna amenaza real va a colarse a través de una ventana de chat en Facebook. Pero el presupuesto ya estará afectado a esa tarea de vigilancia y habrá muchos empleados públicos intentando que no se los borre del mapa en el próximo ejercicio. Por lo tanto encontrarán resultados o se los forzará, a costa de las garantías, libertades y tranquilidad de la población supuestamente protegida. Esa burocracia infernal justificará de mil modos la ampliación de sus acciones hasta convertirse en un enorme problema y que se nos pidan explicaciones por las cosas más absurdas. Tal vez sea tarde cuando se percaten del problema, tal como lo advirtió Snowden.

Basta ver a la etapa de regulación infernal en materia bancaria comercial a la que el mundo entero está sometida solo para continuar peleando una guerra sin ningún fin imaginable como la del narcotráfico.

¿Qué sigue ahora? ¿La prohibición de las máquinas de escribir? ¿Se impondrán sanciones comerciales a los países que las fabriquen?¿Será delito la portación de papel carbónico? ¿O solo en cantidades no compatibles con el consumo personal? ¿Se dará por clausurado el correo regular? ¿Se considerará en desuso la garantía de la inviolabilidad de la correspondencia o tal vez se nos obligue a comunicarnos solo por teléfono celular incluso dentro de nuestra casa?

El gobierno confiesa V

Hace unos meses señalé que el hecho de que el Ministro del Interior intentara una ofensiva ridícula contra el Juez López Biscayart involucraba al gobierno en el caso Skanska sin que hiciera falta mayor investigación. Se trata de actitudes autoincriminatorias en las que el oficialismo en su locura e impunidad cae a diario.

El domingo entrevisté al diputado Federico Pinedo, quién había hecho un pedido de explicaciones en la comisión que controla a la SIDE (ridículamente presidida por una kirchnerista) al haberse descubierto en una investigación por amenazas a Santiago Montoya que el organismo de inteligencia tenía 4000 teléfonos de dirigentes políticos pinchados.

Le pregunté si consideraba que el presidente de la nación estaba involucrado, dado que en el kirchnerismo nada se hace sin instrucciones del jefe y recordando el caso Watergate en el que la responsabilidad presidencial fue el primer interrogante a contestar. Con el avance de la investigación Nixon debió renunciar para evitar ser destituído.

Pinedo fue excesivamente prudente desde mi perspectiva con una óptica institucional presidencialista tal vez, contraria a la mía, más acentuada en la legalidad del poder y no en sus atributos. Sin embargo el gobierno se ocupa siempre de despejar esas dudas. El llamarse a silencio y contestar que la denuncia es parte de la campaña electoral (cuando el hecho está comprobado) en lugar de meterse el presidente y hacer lo que debe para terminar con estos delitos e intervenir en la SIDE que depende de él, habla de que la culpabilidad está en la cúspide del poder y no en ningún perejil convencido o felpudo.