El fin del comienzo y el principio de una gran oportunidad

El fin del comienzo y el principio de una gran oportunidad

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La oportunidad que dan los resultados de las elecciones en la Argentina y en Venezuela, con la derrota de dos regímenes criminales, incluso habiendo usado y abusado del poder y del estado para condicionar a la población, someterla y transformar a la ciudadanía en un mar de ovejas, es enorme. También lo son las dificultades porque el problema del autoritarismo socialista de este comienzo de siglo no terminó.

Hay dos grandes cuestiones que se abren a partir de aquí. Una poner en caja al sistema criminal en sí, haciéndose de los resortes tomados por la facción gobernante en el caso de Macri y normalizando las reglas de juego en el caso de la Asamblea en Venezuela, que hasta que no caiga el dictador ni siquiera tiene el manejo del poder. Todavía Maduro y las fuerzas armadas tienen en sus manos lo que hace falta para imponer su voluntad, solo han perdido uno de sus resortes. Lo más importante es que haya una revocación del mandato, que sabemos que además es fraudulento.

Pero dije dos. El principal problema que no se está viendo en ambos casos es que hay un sistema de ideas que hizo aflorar a estos regímenes y que está más relacionado con la sociedad “bienpensante” que con los miembros de las bandas en sí. Hasta aquí nos ocupamos de denunciar al populismo, ahora tenemos que aclarar por qué llega y en qué consiste, qué es lo que hay en un país capaz de volcarse en procesos de vicio generalizado e irracionalidad hasta extremos mágicos. Por qué ocurre el bananerismo matón, cuál es su raíz. Algo tenemos que entender acerca de por qué en estas conductas de seguir y aceptar cualquier cosa, pueden caer personas que en tiempos normales también son normales, incluso inteligentes.

Mi tesis sobre la inoculación fundamenta esa cuestión en las ideas falsas que la sociedad prohíja y que son el caldo de cultivo del autoritarismo recurrente. La socialdemocracia que ahora viene a suceder a estos sistemas contiene en sí misma el germen del populismo y es hora de darnos cuenta de que tenemos que cambiar de raíz un sistema de creencias que nos lleva cíclicamente al mismo punto una y otra vez. La socialdemocracia genera un estado grande para hacer “cosas buenas”, que los bandidos después utilizan para hacer cosas “malas”. La socialdemocracia fracasa porque el autoritarismo no es la respuesta a las necesidades humanas sino la colaboración y el comercio, el acuerdo, el ingenio, el riesgo. Todo lo que la socialdemocracia quiere evitar con bandos, creando las condiciones para que otros aprovechen ese poder en su favor una vez que el autoritarismo bueno hace colapsar el sistema productivo. La sociedad se explica a sí misma que si el autoritarismo es benevolente, cuando las cosas salen mal lo que se necesita es tener autoritarismos más decididos, a los que se les permitirá todo.

Ya expuse esto en mi libro “10 Ideas Falsas que favorecen al Despotismo. Las dictaduras del siglo xxi en las mentes de sus víctimas”. Voy a insistir mucho en los años que vienen en que una vez desmontado el aparato criminal, es necesario revisar las ideas criminales en si, entendidas como salvadoras.

También está la versión en inglés.

Sin fe, sin esperanza, puro sacrificio

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Hay una manía de explicar al poder, absolviéndolo, porque la Argentina se transformó en un país a los pies del gobierno después de varias generaciones de estatismo. Scioli era en la imaginación de esta genuflexión básica, un “tiempista”. “Está esperando su oportunidad” decían; el momento en el que se consagrará como el campeón del aguante y de el batacazo.

En ese cuento justificatorio hacía falta esperar al momento en el que el kirchnerismo tuviera que ponerlo como candidato para que conociéramos al “verdadero Scioli” que nunca había sido K de verdad.

De acuerdo a este relato el ya ex representante de la buena onda no adhería en el fondo al “proyecto”, apenas había decidido agachar la cabeza cuando al principio del mandato K se había presentado en Estados Unidos como la “esperanza blanca” y había manifestado que era necesario actualizar las tarifas de las empresas de llamados “servicios públicos”, queriendo marcar la cancha. Néstor Kirchner le pegó cuatro gritos, le echó a sus pichones de la secretaría de Turismo y el rebelde Scioli se diluyó como un helado en el Sahara.

Desde ese momento, 12 años atrás, conocimos al Scioli humillado, incapaz de contestar preguntas o de afirmar otra cosa que “con fe, con esperanza, con sacrificio”, lo que era interpretado como una metodología política genial, pero era nada más que esclavitud intelectual y moral. Se comió todas las eses y las transformó en “eshes” como su amo, de tanto esfuerzo por esconder. En un país agachado esas características son rápidamente confundidas con “sacrificio” o “aguante”. Scioli fue imaginado entonces como un mártir, que ofrecía su martirio para llegar sin confrontar al momento consagratorio en que disolvería al kirchnerismo sin sangre. Pero no, estaba cuidando su cargo.

Tanta locura representaban los maléficos K que Scioli se convirtió de esperanza blanca en esperanza gris, porque algo había que tener si ni había prensa ni mucho menos una oposición que pusiera un freno. Como no se pensaba hacer nada para terminar con un gobierno criminal como lo hicieron en Guatemala o se hace en Brasil por muchísimo menos, lo único que quedaba era imaginar unicornios azules.

Pasaron los años y mientras obtenía el Felpudo de Oro, el establishment prefería interpretar cada agachada como un gran manejo de los “tiempos”.

La realidad era que Scioli fue sumado a la fórmula pingüina en el 2003 para darle air a un candidato inexistente como Kirchner, con un personaje identificado con Menem. Esa cuota de menemismo hizo posible que el desagradable K arañara el segundo puesto y convocara a su alrededor a todo el antimenemismo, de modo tal que Menem se bajó de la contienda. Scioli sin embargo se encargó de aclarar: “Menem sabe que nunca lo voy a abandonar”.

A los pocos meses se quiso hacer el vivo y el proyecto de quintacolumnista se transformó en un osito cariñoso justificando todo.

El apoyo de Scioli fue fundamental en cada elección del kirchnerismo dado que el Felpudo atraía un voto muy diferente al voto del nuevo fanatismo construido por los K con plata y extorsión. Si saltaba el “modelo” moría, todos lo sabían pero nunca lo hizo. Entonces venía la frase repetida: “está esperando”. Scioli tuvo siempre los recursos políticos para apartarse, pero nunca se animó. La última vez fue en el 2013, cuando tenía hasta listas acordadas con Massa y a último momento se entregó a sus amos.

De manera que la idea de que Scioli era otra cosa puede ser tan cierta en el como en el resto de los K. Todos son otra cosa, en definitiva se trata de una banda de mentirosos. Los de la Cámpora son otra cosa, pero han vivido como reyes diciendo que la señora era una genia, Los estafadores en general son otra cosa. Se olvida, para dejarse atraer por la irresponsabilidad cómoda del mito, que se puede decidir qué ser, sobre todo para conservar cargos políticos. No es novedad. Lo que es Scioli en si, no juega en él papel alguno en lo que hace como no lo juega en la vida de ninguna persona deshonesta. En la Argentina degradada esa deshonestidad era interpretada en favor del poderoso como ese martirio.

Para no extender esto demasiado, la última oportunidad para el “verdadero Scioli”, se presentaba después de que quedó como el único candidato del Frente para la Victoira. Quedaba liberado para abandonar a sus supuestos jefes de conveniencia sin siquiera un portazo y salir a conquistar votos independientes prometiendo la renovación desde adentro, en contraste con la renovación desde afuera de Massa o la oposición no confrontativa de Macri. No lo hizo, no supo, no quiso o no pudo, pero el señor seguía manejando una cantidad importante de pauta publicitaria y era un potencial suministrador futuro de recursos, de modo que eso también ayudaba a continuar con la interpretación benevolente: Scioli ahora en vez de esperar a que los K se jugaran a ponerlo de capitán del barco, colocando de subcapitan a Jack el Destripador y llenándolo de leyes para que el estado sea manejado desde la pingüinera, tenía que esperar a la primera vuelta donde se rebelaría definitivamente. Esos eran sus nuevos “tiempos”. Mientras tanto tenía que gritar su fanatismo por YPF y la fertilización asistida, la fe, la esperanza y el sacrificio.

Salió mal toda la historia porque no solo no ganó en primera vuelta sino que empezó perdiéndola. De tanto ratificar su adhesión K, el amianto se quemó. Al final se impuso por un margen ajustado. Ya no era ni cuestión de tiempos ni de ninguna cosa, los K en su hundimiento lo estaban arrastrando. Despegarse de ellos en ese momento no tenía costo alguno, se trataba de una cuestión incluso de vida o muerte. En vez de eso mató al payaso buena onda en la escena final, activó una Rabolini versión Diana Conti y se consagró como un nuevo Luis D’Elía, fanático de lo peor del kirchnerismo, gritando slogans fascistas para desmentir cualquier esperanza de que fuera a rebelarse, incapaz siquiera de dibujar una sonrisa falsa que durara más de un segundo.

Este suicidio en casa de sus amos que lo llevó a descargar toda su represión de años, la cárcel que se construyó, hacia afuera y no hacia sus carceleros, lo consagra como un esclavo de alma que decide incendiarse junto al cadáver de sus torturadores. El tiempo del tiempista ya pasó. Quedan sus intérpretes cambiando de interpretación por un relato más conveniente a lo que vendrá.

 

Un fraude gigante con 30 mil testigos y una nulidad “imposible”

Pasan a los tucumanos por arriba y no se les mueve un pelo. El presidente de la Junta Electoral, que además preside la corte provincial, dice que es imposible que se anulen las elecciones. Lo que es imposible es descartar sin considerar un pedido de nulidad, eso equivale a decir que ese acto está fuera de su jurisdicción, lo que es insostenible. Podría decir que no tiene elementos para disponer una nulidad, pero al decirlo de esta manera se puede resumir su afirmación así: pelito para la vieja y jódanse.

Claro, dijo, si hay alguna duda en las urnas basados en las las actas, la abriremos ¿En qué consiste la concesión? Ese es el trabajo normal del escrutinio definitivo. Ni más, ni menos. Nunca explicó por qué debieron suspender el escrutinio provisorio con el 81% de las mesas escrutadas ¿Dudas? Cualquiera diría que si hay dudas llegando al 81%, eso no se compadece con la afirmación de que es imposible anular las elecciones. Pareciera ser muy digno de ser considerado.

En Tucumán se denunciaron tres cosas: quema de 40 urnas, falsificaciones de actas y telegramas y fraude físico en las urnas. La quema de urnas que quieren minimizar en el porcentaje que representan del total, es un dato fundamental para entender la irregularidad general del comicio. No es un hecho aislado, sino un cúmulo de acontecimientos, dentro de los cuales está que los que se comportan como dueños de la provincia, son capaces de hacer semejante cosa. La falsificación de actas y telegramas podría salvarse en el escrutinio definitivo.

¿Pero por qué estaba la gente ayer y hoy en la plaza? Bastaba oírlos, recorrer los testimonios. Ellos no hablaban de actas ni de urnas quemadas, sino de experiencias personales que implican que no puede confiarse en el contenido de las urnas tampoco. Nadie estaba ahí, entre todos los testimonios que pude oír, por que los sitios de noticias contaran los hechos más conocidos. Es lo que ellos vivieron. Gente que encontró boletas falsas, fiscales encerrados y amenazados, actos de violencia y atropellos a los electores varios y de todo tipo ¿En qué elección en la historia se pueden encontrar 20 mil o 30 mil testigos de fraude y además algo que se llama tribunal, diciendo que no lo hubo?

Entonces tenemos el mundo mágico del presidente de la Junta Electoral, Alperovich y buena parte de la oposición que pedía “calma” a los que estaban calmos pero reclamando y habían recibido los balazos de goma oficiales. El otro mundo es el representado en estas marchas, que no se soluciona por ninguna apertura de urnas, porque lo que indican es que también dentro de las urnas hay basura. Eso es lo que les resulta imposible de revisar, porque van todos en cana, incluida la Junta Electoral.

Por desgracia los tucumanos y los argentinos en general, tendrán que buscar otros métodos para liberarse del estado criminal que formaron los K y sus cómplices, aunque sus orígenes son muy anteriores. Ellos son la etapa pornográfica y descarada de la trampa. No cuentan ni con el sistema institucional que enarbola la palabra “imposible” para tapar la revisión de los mayores actos de fraude. No cuentan por supuesto con los lombrosianos personajes oficialistas, pero lo peor, es que no cuentan con una oposición que se conforma con los puestos que les van a tocar a ellos, como parte que son del sistema, esperando para reemplazar a sus dueños actuales. La gente tiene problemas con los que los representan, tanto como por los que no los representan.

Por eso en el fondo me encanta lo que les hace Victor Hugo Morales con las imbecilidades que les dice acusándolos. Porque no hacen más que esfuerzos para congraciarse con ellos, fuerzan situaciones para no hacer nunca nada para que no los cuestionen los delincuentes y aún así sus amanuenses los responsabilizan de todo. Son los que más merecen a Victor Hugo.