Emulando a Africa

Alguien definió que lo que nos estaba ocurriendo desde el 2001 era una africanización. Tapada por la explosión China. Pensemos por un momento lo que sería de nosotros con los mismos gobiernos y decisiones con los precios de los commodities donde estaban antes de estallar la crisis.

Pero qué tienen Africa (algunos países de Africa en realidad) que no tengamos nosotros ¿No será que esos países se argentinizan? Miremos lo que está pasando en Zimbawe. Hiperinflación, responsabilidad del gobierno, controles de precios, respuestas retóricas y amenazantes hacia los empresarios, afirmación del gobierno del señor Mugabe de que es víctima de algo parecido a un “golpe de mercado” (Alfonsín, cuanto daño le has hecho al mundo). El gobierno ordena un aumento de salarios y los precios manejados por “las serpientes” que son los empresarios se duplican. Mugabe interpreta que les falta sentimientos a los empresarios, como a nuestro recordado ministro Pugliese cuando les hablaba al corazón. Si hay desabastecimiento las empresas tienen la culpa y se las amenaza con nacionalizaciones. Toda mala noticia, como acá, es una conspiración. Les hemos enseñado todo.

¿De quién es la culpa del desastre económico de Zimbawe? De los británicos por supuesto.

El manejo místico de la economía no hizo nada por las tribus en la historia antigua ni tampoco lo hará ahora. No les sirve a ellos, ni nos servirá a nosotros. La diferencia es que la Argentina ya pasó por esto varias veces y que aquí quienes son partidarios de la macumba económica  se identifican a si mismos como “los que piensan”, “los cultos” y “los intelectuales” y que toda información es pasada por el tamiz de personas así de piolas. Esa es la gente que es capaz de sostener que el frío es culpable de la crisis (que no existe y también lo han creído) energética. Hay un problema de roles y de permisos muy grande si los tarados han ocupado así de fácil el sitial de los inteligentes ¿Por qué están estos últimos escondidos bajo el colchon? Eso en Africa no pasa.

Fuente: Cato Institute