Entierren al viejo rápido.

Entierren al viejo rápido.

Al final se murió y, como era de prever, se sucedieron las manifestaciones de corrección política, al lado de los que lo elogian como “ganador”, porque eso parece que los hace sentir protagonistas de House of Cards. Se dirán suficientes cosas sobre él como para que haya poco que agregar. La muerte relevante para mi, la que duele de verdad, es la de la justicia. Cada vez que la biología se lleva a uno de estos tipos siento que la humanidad fracasa. No toda la humanidad, la parte que sostiene los valores de la paz, el respeto y amor encarnado.  No pudimos hacer justicia a sus víctimas. Conozco muchas. Tienen nombres, caras, ojos, historia. No son un “pueblo”, una masa, es gente.

No puedo entender como hay tantos que parecen conmoverse por una película o leyendo una novela que expone las cuestiones permanentes de la condición humana y permanecen impertérritos ante los crímenes del comunismo. Se que lo que pasa es que todavía en un nivel de la Matrix no han recibido el permiso, que tienen sus valores a cuidado en un pequeño mundo, pero bajo los tabúes de su época, pero me cuesta entender que se pueda vivir así sin revelarse. Hay una forma obediente de ser rebeldes y ellos la conocen con todo detalle.

Para mí desapareció la posibilidad de recuperar ese tipo de orden que sostiene la vida que quiero vivir, porque los que fueron arrancados de su tierra, vieron sus familias divididas, sus amigos muertos y torturados y sus hijos perdidos en la programación totalitaria tendrán sólo la paz del olvido. Castro no pagó, aunque se lleve al infierno apenas sus cenizas allá no tendrá privilegios.

Pienso también en qué clase de sistemas políticos hemos hecho en América. Ese sujeto mató a nuestra gente, llenó de cínicos, inescrupulosos y ladrones a todo el continente. Todavía están haciendo daño. Pero no tenemos y casi no hemos tenido políticos que nos defiendan. Escribimos unas constituciones que hablan de la defensa común, fuerzas armadas, banderas y todo tipo de declamadores, pero nunca han tenido una réplica como merecían, por la fuerza. Se admite sin más que se los haya incorporado al sistema americano aunque sigan con sus presos y su control total de las conciencias y opiniones frente a todos. Manadas de inútiles con mando irán a desfilar para sacarse una foto en el evento que tiene cualquier valor, pero es evento. Es todo lo que necesitan saber. Si, claro que la izquierda es deshonesta y que sus dictadores les parecen estrellas de rock. Pero del otro lado no vimos nada, menos en esta época mediocre. Así que no nos fue nada bien si Castro hizo lo que hizo todo el tiempo que lo hizo, alterando la vida de tantos millones de personas que tienen una sola vida para vivir y ni siquiera da vergüenza defenderlo. Al revés, habrá quienes piensen que soy yo el que debería avergonzarme por escribir esto.

Ahora no se que vamos a hacer, porque Fidel Castro ya no está y no tenemos cómo honrar a sus víctimas con un acto de justicia. Entierrenlo rápido, que me da vergüenza.

Colombia: el riesgo de la paz que queda.

Colombia: el riesgo de la paz que queda.

La gran amenaza para la libertad es la izquierda radicalizada, reemplazando la legitimidad del derecho por victimizaciones móviles, premios internacionales, galardones académicos y apelaciones al sentimiento de las masas, totalmente despojado de principios. Es una izquierda criminal, sumamente agresiva, que se ensaña especialmente con las personas de sus contrincantes, con cualquiera que se les ponga enfrente. El papa juega un rol importante en la legitimación paralela, la que busca destruir los principios de derecho y todo reemplazarlo por el poder bienhechor, protector, que no requiere límites. Bienhechor nominalmente, ellos lo saben, lo saben todos. No hay disimulo.

Cuando el señor Santos copula públicamente con las FARC, la victoria de la guerrilla no consiste en el mal contenido de ese acuerdo solamente, sino en que se considere sus acciones criminales como una idea política que no estaba siendo suficientemente escuchada por un estado colombiano que resistía por no creer en la paz. Pero la paz es lo primero que se pierde cuando la ausencia de respeto al individuo es aceptada como opción en el proceso político. Los mediocres presidentes americanos vestidos de blanco para prestarse al circo de la igualación, en el que solo pierde su lugar el estado colombiano como sistema legal, son el mayor triunfo moral que el fundamentalismo de occidente ha conseguido jamás.

La paz es la libertad del individuo. Desde las dos grandes guerras el llamado mundo libre perdió su rumbo luchando por la “humanidad”. La libertad es una parte de la humanidad, si igualamos a los Pol Pot con nosotros porque todos somos “humanos” ¿las reglas de quiénes creemos que se imponen? La alegre conversión de los guerrilleros en políticos es eso. Se consagra la aberración de la que la izquierda ha estado comiendo en los últimos 15 años: todo lo lava el voto. Díganme si lo que hay en Venezuela, en Ecuador, en Nicaragua, en Bolivia, es paz.

¿Cuándo votamos fusilarlos? No, eso no se puede. El único desequilibrio admitido es el que tira para el lado de esos criminales.

Lo que más lamento es ver en esta época de oscuridad, a quienes piensan en la libertad en serio, tan distraídos, tan hablando de la nada. Si al bandolero se le opone la nada, el resultado es la ley del bandolero.

Paz quiere decir que nos respetamos, no nos agredimos, intercambiamos y no imponemos nada a nadie. La izquierda es la imposición de todo todo el tiempo; al que no le gusta bala, persecución, desprestigio. Si cesaran en esa actitud terminarían todos los conflictos. Hay dos formas de no tener paz: una es resistiendo su agresión y la otra es dándoles lo que quieren.

Entiéndase bien, los que votaron rechazando el acuerdo, lo que temen es perder la paz que les queda.

Yo, Francisco; el rey.

Captura de pantalla 2015-09-26 a las 8.57.06 AMEl fervor por la figura del papa Francisco alcanzó su punto máximo durante la gira por los Estados Unidos, país que no había querido conocer antes por lo que representa políticamente. Se notó esa opinión en la selección de las figuras que propuso rescatar del país. Dos de ellas que recuerdan lo peor de su pasado, el racismo y la esclavitud, y dos asociadas a la victimización frente al mercado y las ideas socialistas. No parece un recorte precisamente positivo, pero a nadie le importó que dejara afuera a todos los notables individuos que hicieron de los Estados Unidos el país de la libertad desde su nacimiento. Pareciera haber dicho: Ustedes han hecho cosas horribles y lo que tienen para celebrar como resultado, los hace culpables frente a los socialistas representantes del sufrimiento. Pero la imagen ganó al mensaje o fue el vehículo para que simplemente se tuviera que aceptar.

Abrió su discurso ante el Capitolio invitando a los miembros del Congreso a legislar como Moises, para la unidad y en representación de Dios. No se hicieron críticas a esa asociación teocrática; no parece haber resistencias para algo así. Como un nuevo constituyente, un “re-founding father” sentenció que “La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo”. Es decir, el poder, el recaudador, el policía y el legislador (el que dice cómo se hacen las cosas), en síntesis, el que manda, tiene una misión de provisión; el monopolio de la fuerza es un hospital de campaña. La fuerza es servicio. No le habló a los norteamericanos pidiéndoles generosidad, lo hizo a sus políticos.

Ante la Asamblea de las Naciones Unidas fue mucho más explícito en su mensaje neo-constituyente: Los bienes son para ser usados para los demás, nunca para uno. Los derechos individuales son falsos derechos, los verdaderos derechos tienen que ver con repartir. Para aportar un poco a la confusión remitió a la definición clásica de justicia en tanto “dar a cada uno lo suyo”, pero siempre declarando al sufrimiento como acreedor, nunca al esfuerzo y jamás al propio disfrute de la vida. Volvió muchas veces sobre su visión sobre el mercado como un aparato de exclusión, dogma que no abandonará y si es necesario sostendrá ignorando la pobreza y la verdadera exclusión en Cuba y sin pensar que, cuando reclama por los inmigrantes en Estados Unidos, pareciera que esos aspirantes a habitar libremente en el suelo americano lo desean porque el mercado los recibe y el estado no. Los organismos internacionales de crédito son malos, pero no en tanto recaudan por la fuerza y prestan a los gobiernos irresponsables, sino en cuanto pretenden cobrar a los países en dificultades; que lo están porque el mundo se divide entre los que están bien que son malos y los que están mal que son buenos. Reservándose una última categoría para su propio estado, que es la de los que tienen por destino señalarlo. Esos organismos financieros, dijo, “están des-gobernados”, es decir “gobiérnenlos”. En general señores, gobiernen más, que están gobernando poco.

Si uno toma distancia del episodio y la explosión de emocionalidad (aunque ésta última es clave, ya voy a mencionar por qué) se percibe la anormalidad de este viaje y estos mensajes. Hay una aceptación de unos gestos y unas acciones que implican no solo la adhesión del jefe de la iglesia al credo socialista, sino su intención de que sea ejercido en nombre de la religión católica y por encima de todos los gobiernos de occidente. Del retiro de la Iglesia de la política en los últimos siglos, a este aprovechamiento sin pudor alguno de cierto grado de confusión reinante para cambiar el orden de las cosas. El estado ahora tiene un patriarca, algo inaceptable medio siglo atrás dada la terrible experiencia del pasado. No nos quedemos sólo con las expresiones de fe socialistas, útiles para inyectar culpa; sus movimientos y posturas no se compadecen con el orden constitucional tal como venía barajado. Todo tapado por un sentido abrumador del espectáculo político emocional, aprendido en un país que está muriendo bajo esa expresión artística. Es tan fuerte que cualquier disidencia o crítica, resulta políticamente incorrecta. Es el paso firme de la irracionalidad, la sacudida emotiva que permitirá justificar cualquier cosa y obliga a muchos a olvidar los contenidos y las tendencias. Como todo siempre va acompañado de alguna cosa elíptica que hay que descifrar, los negadores siempre tendrán pasto para no ver lo evidente.

No hubo mensaje religioso alguno de parte del papa, salvo el contenido en el rito litúrgico. Todo fue política y mensaje a los políticos. Ninguna nutrición espiritual, todo reclamo de desprendimiento. El problema es que ya ni se distingue entre bondad gratuita y religión.

Algunos periodistas del ala conservadora destacaron la poca o nula mención a Cristo en sus discursos. Aludió a los papas anteriores en las Naciones Unidas, pero siempre en referencia a cuestiones políticas. No mucha gente lo advierte porque todo es “bondad” en sus palabras, hasta tono y pose de bondad. Se mueve como pez en el agua en el acercamiento a las personas con efecto visual; una mano aquí, una sonrisa allá. A su vez no recibe a los disidentes en Cuba ni a las víctimas de los abusos sexuales a menores de parte de representantes de la Iglesia. Reúne a los obispos y los señala a ellos como las víctimas de esos escándalos, refiriéndose a cuánto habrán sufrido, sin mostrar interés alguno por las personas verdaderamente dañadas que expresaron su asombro. Pero el efecto y la pulsión políticamente correcta es tal, que los diarios coincidieron en titular el evento destacando que había dicho que la pedofilia estaba muy mal y que esperaba que no volviera a ocurrir. La palabra crimen no fue mencionada y el público fue des-informado por todas las crónicas(*).

El papa hizo una gira sin dudas histórica. Ha cambiado todo en mi opinión, empezando por la posición de la Iglesia como estado. La ha dado el lugar que sus antecesores modernos han querido evitar, como miembro pleno de la comunidad internacional. Un estado hecho y derecho, pero guía moral de todos los gobiernos. Con un gran despliegue populista y un manto abrumador de una bondad que borra todos los límites entre la espiritualidad y la política. Un signo de los tiempos que vivimos y los que vienen. A quienes nos interesa la libertad, nos toca ahora la tarea de cuestionar esa versión de bondad y esa versión de política. Como estado pleno, al Vaticano también se le podría reclamar la solución de todos los problemas y se le podrá atribuir a su falta de acción política (es decir de uso de la fuerza “legítima”) cualquier desgracia. Pero eso no ocurrirá porque el sitial ganado es del de señalar.

¿Es malo el papa? Esa es la pregunta que presumo me harían los encantados que no quisieran directamente insultarme, para preservación de la bondad, que de eso se trata este partido. No estoy interesado en ese juicio. Creo que quiera o no está haciendo mucho daño, pero no es su responsabilidad. Francisco con su formación y su posición existencial con la que ve a la vida como una desgracia general que debe administrarse con espíritu espartano y amor a la pobreza, encontró al mundo como está. No lo hizo el. Llega cuando el espíritu socialdemócrata es la idea casi única, porque en gran parte se ha huido del debate con ellos en el punto en el que para discutirlos hay que estar dispuesto a ser llamado malo y egoísta. Los socialdemócratas saben eso mejor que los directamente comunistas; mientras pongan de frente la culpa del otro lado encontrarán poca resistencia. De modo que este es un occidente lleno de culpas por sus éxitos y pocas por sus fracasos, acosado por una supuesta invasión bárbara que viene con su fundamentalismo. Ese cocktail parece perfecto para la irrupción de un papa que abandonara el pudor por la política y cambiara por completo su rol, sin que sea notado; un fundamentalismo alternativo, nuestro, sin turbantes. Porque sabe que así como ya no se ve diferencia entre bondad y poder, hay un pasito para borrar todo vestigio de resistencia a la teocracia.

Francisco hizo la gran gira de la culpa, incluso incorporó definitivamente una que no le pertenecía a la Iglesia para nada, la medio ambiental. Ahora, las administra todas. El es el gran legislador.

(*) El papa dijo dos días después que se había reunido en la mañana con víctimas de abuso infantil por parte curas estadounidenses. Según informó el Vaticano, fueron 3 mujeres y dos hombres, con los que estuvo durante 30 minutos. Sus nombres no se conocieron, no hay fotos del acontecimiento. El papa, que había evitado encontrarse con los representantes organizados de esas víctimas en New York y en su lugar había consolado a los obispos por lo mal que la habían pasado por esas noticias, comentó públicamente la realización de aquella entrevista privada después de que ocurriera, razón por la cuál no hubo cobertura de la prensa.  En el último día de su visita a USA, con profusa cobertura de los medios, el pontífice visitó la prisión más grande de Filadelfia. Recordemos que en Cuba omitió realizar esa actividad. En ese evento se dejó fotografiar abrazado a los presos. No hizo ninguna alusión a la necesidad de arrepentimiento. El dato más relevante, conectado con lo anterior, es que el obispo William Lynn, condenado por abuso sexual de menores, era uno de los internos de esa cárcel. Días antes de la visita papal, fue trasladado a otra prisión en el noreste de de Pensilvania.

El ideal social del papa Francisco, a la luz de su viaje a Cuba

Captura de pantalla 2015-09-23 a las 4.43.50 PM

Fuera de Cuba, la pobreza es culpa del capitalismo. Dentro de Cuba, la pobreza es “como una madre” y hay que agradecérsela a Dios.

Fuera de Cuba visitó a los presos. Dentro de Cuba, visitó a los carceleros.

Fuera de Cuba le pidió a los jóvenes que hagan lío. Dentro de Cuba les pidió a los jóvenes concordia. “Si nos dejan”, gritaban algunos osados respondiéndole.

Fue asombroso ver su “no ver”, respecto a los disidentes. La respuesta que da en la conferencia de prensa en vuelo de Santiago de Cuba a Washington DC sobre la cuestión es la negación más completa: No se, no me enteré de nada ¿Si quisiera recibirlos? ¡Eso es un “futurible!”; ¡Yo quiero hablar con todos! Es decir, no me interesa particularmente.

Creo que si se le pregunta a un niño cuál es el gran problema moral en Cuba, contestaría que la libertad. Ni una palabra papal hubo sobre la cuestión, propuso amar a la pobreza, que en Cuba es sometimiento, no fracaso.

Hay otra afirmación que es un indicio que ayudaría a desentrañar dónde está parado el papa Francisco. Sugirió no dejarse llevar por las “ideologías” y abrazarse a Dios.

El capitalismo, pese a que se lo quiera ver de esa manera, no es una ideología. No pretende ser una cosmovisión, es el reemplazo de las cosmovisiones por las “microvisiones” de los individuos que así como producen bienes, producen ética. El orden del capitalismo es resultante, no previo ni establecido por un libro sagrado. Lo único establecido es la base institucional de la libertad: la ausencia de agresión y el respeto al otro, para que a partir de ahí las personas se ordenen de modo contractual sobre la base de sus intereses. Marx nunca entendió esto, por eso describe al capitalismo como la consecuencia de posiciones de clase, que a su vez deriva de su teoría de la explotación, derivada a su vez de otra teoría, de Smith, sobre el valor trabajo. Según él, la ideología capitalista está constituida por todas esas limitaciones mentales que los explotadores inyectan a los explotados según un proyecto de dominio. Tal es una visión completamente infundada, sostenida en la atribución de intenciones y no en el capitalismo tal cual es: ausencia de agresión e independencia del individuo para seguir su propio plan de vida, liberado de una épica colectiva. No hay ninguna explotación en el trabajo, sino comercio, de ambas partes.

Sin embargo el uso habitual de la palabra ideología es otro, se refiere a las distintas ideas racionales sobre la organización de la sociedad y los principios morales que las sostienen. Aquí es donde el papa invita a relativizarlas, pero para reemplazarlas por Dios. “nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas”.

Podría hacer una interpretación liberal de estas palabras. Unas ideas que impliquen sometimiento, impuestas sobre otras desde el estado, son incompatibles con el bien de las personas. Unas ideas que valen más que las personas, necesariamente serían unas ideas que prescinden de su voluntad. Pero el papa no tiene más que palabras de reproche contra símbolos de libertad, como el dinero o el desarrollo, al que encuentra pecaminoso y contaminador. Todos los males parecen estar explicados por la ambición humana libre, en oposición a la moral restrictiva de origen divino. Sus ideas, pienso, no sirven al hombre libre que sigue sus aspiraciones, sino al hombre según su ideal. Ese hombre ideal amado no somos nosotros que deseamos vacaciones y aire acondicionado, es un hombre según ideas previas, mal que le pese a Francisco; ideas previas alejadas de la realidad de lo que somos. Servir al hombre ideal no es servir al hombre, sino a un estereotipo “ideológico”.

El marxismo si parece ser una ideología en el sentido marxista del término. Se trata de una cosmovisión sobre la base tradicional del pensamiento moral trascendentalista. El individuo es malo cuando se separa del grupo, el bien coniste en el bien del grupo. El individuo tiende a perjudicar al otro y no es suficiente eliminar la estafa y el robo, porque el mal no consiste en el crimen, sino en querer vivir para sí mismo; en lo que se quiere, no en lo que se hace para conseguirlo. Está mal “querer aparte”, está mal ser libre. Todo esto se afirma sin sostenerlo en un Dios, desde el ateísmo. El marxismo ingresa a la era de la razón suplantando a la religión manteniendo su estructura, para someterse a una razón en tanto diosa, como su revolución madre, la francesa. Se deshacen de Dios, pero sólo imaginan estar gobernados por un sistema mundano alternativo, que se le parece bastante, como una pirámide, pero que es comandado por un grupo en la tierra que no reconoce límites ni en el más allá. Dios, ahora, son los gobernantes marxistas.

El capitalismo como la simple vigencia de las razones individuales, no está preocupado por sustituir a la religión por otra cosmovisión que le compita, sino en retirarla de la política y también a cualquier otra cosmovisión; dejar que el poder terrenal se reduzca a una función defensiva y permitir que los individuos elijan incluso si van a tener una ética trascendente, ya no obligatoria, u otra que prefieran. La religión deja de ser un orden político, para convertise en una elección individual. Separar a la religión del estado, en principio un pilar del cristianismo largamente ignorado por los cristianos de Roma, no persigue un fin ni administrativo ni religioso, sino de libertad del individuo. Quiere la no imposición del “bien” con los garrotes; dejar el garrote relegado al ejercicio de la justicia, es decir, a un fin defensivo. En el uso común, sin embargo, ambas son “ideologías”, tanto el marxismo como el capitalismo y ese será el sentido utilizado por el papa. Lo que es cierto es que ambos sistemas de ideas no pertenecen a la religión porque tratan asuntos de la tierra y dirimen cuestiones de poder. Eso es algo adquirido como valor general, dado que la unión estado-religión, llevó a la humanidad al desastre. Occidente ya guió sus asuntos mediante la religión; estuvo gobernado por la Iglesia a la caída del imperio romano, durante la edad media, bien llamada oscurantismo. Todavía hay muchos resabios de eso como el control del matrimonio y la legislación familiar en general.

Hay que vincular la contradicción papal sobre el tema de la pobreza que mencioné al principio justamente con esa cuestión ¿Qué es lo que hace ver al papa a la pobreza como un mal del capitalismo, dado que no entiende una palabra de economía y, a su vez, dentro de la  isla sometida a los Castro a la misma pobreza como un regalo divino? La respuesta está en qué es lo que le reprocha al capitalismo y qué es lo que le reprocha al comunismo.

Somoza es “nuestro dictador” decía Franklin Roosevelt. La pobreza medieval era “nuestra pobreza”, podría decir Bergoglio; la de Cuba también la interpreta como propia, dado que ocurre por llevar adelante el plan moral como obligación del altruismo sin individuo, pero olvida a Dios. Incluso lo ha prohibido en el pasado, eso es algo que a la Iglesia si le interesa revertir.

No importa si esto es consciente, como pasaba con Roosevelt, nos sirve para interpretar el pensamiento que inspira al papa sobre la sociedad y cuál es su ideal e integrar sus contradicciones.

En cambio el reproche del papa al capitalismo es moral, atribuyéndole todos los males, incluidos los problemas ambientales y cualquier cosa que no logre, porque (al igual que el marxismo ve a al capitalismo), entiende que para reemplazar al paraíso divino (o al marxismo) el capitalismo debería querer ser un paraíso alternativo. De ahí que hable de “endiosamiento del dinero”, cuando el dinero en el capitalismo es instrumental, no es la competencia de un cáliz.

El presupuesto de orden moral dictado desde arriba y el pensar que si eso no existe lo que hay es pecado y degradación, lo une al marxismo de alguna forma. Por eso se reúne con Fidel Castro para hablar de medio ambiente. El desastre ambiental que es la propia Cuba comunista no le importa, es “nuestro desastre ambiental”, el problema está en el mundo capitalista. Tampoco importan los presos del régimen cubano, son “nuestros presos”, como los de la inquisición, presos en nombre del “bien”. Por eso el plan para los jóvenes en Río es el lío y a los cubanos aplastados por el estado les ofrece sumisión amorosa. Y esperanza, es decir; esperen.

Sea o no consciente o planificado, el ideal papal es una gris edad oscura llena de valores categóricos, sin ninguna comodidad o aspiración humana realista, con plenos poderes de la Iglesia para gobernar a la sociedad civil y privar al hombre de la modernidad que lo aleja de su iglesia y de su idea de bien. Por eso no le interesará oír los argumentos económicos ni dejarse impresionar por las evidencias respecto a cómo el capitalismo saca a las masas de la pobreza. No quiere ese resultado, sino una pobreza con mucha misa, pero no la religión atea que proponen los Castro, que le es ajena.

Si miramos el panorama un poco más alejados se ve más claro lo que está ocurriendo. En los propios países occidentales el altruismo socialdemócrata del reparto político ha dominado el pensamiento social. Lo que llaman capitalismo es el remanente de independencia individual, descontados grandes impuestos para hacer “el bien”. Este es, entre todos los intentos de paraíso en la tierra, el que pretende ser menos violento porque deja que la gente opine. De cualquier manera los ámbitos de opinión se van reduciendo, en nombre de la “bondad”. Esto pasa en las universidades que la restringen apelando a la anti-discriinación y al combate al “discurso de odio”; en fin, un intento de eliminar el pensamiento libre en nombre de la preservación del bien, sin rebatir las ideas incómodas con unos argumentos mejores, sino descalificándolas como “peligrosas”. Hay casos de universidades que rechazan la apertura de centros de estudios sobre la economía de mercado financiados por empresas, porque esa sería una visión “interesada”. Lo importante son las visiones “desinteresadas”. La corrección o incorrección de los razonamientos no importa, sino su base “moral”. Interesadas o no las ideas (todas parecen serlo), el lugar para rebatirlas debería ser la universidad. El pensamiento se aplaza por razones extra racionales.

En ese contexto la amenaza que viene de medio oriente se ve cada vez más como religiosa o cultural y no militar e institucional. Si nos gana la irracionalidad, nuestros enemigos también lo serán en su irracionalidad en si y no en sus acciones.

El populismo, sobre todo el latinoamericano, reconoce como una de sus fuentes al marxismo, pero van mucho más allá porque el marxismo no les permitiría subsistir y ha sido completamente refutado en el campo racional. Ni la teoría de la explotación se sostiene, porque el valor no está dado por el trabajo, ni los proletarios se comportaron nunca como Marx pretendía; más que rechazar a su “explotador”, no hacen más que tratar de relacionarse con él en búsqueda de una vida mejor. Por lo tanto ahora el populismo se declarará a si mismo como un cínico aprovechador de todos los resentimientos y debilidades sin el más mínimo análisis acerca de si se justifican. Vendrían a ser los populistas los teóricos últimos de la práctica nacional socialista de Hitler, un gran explotador de todos los resentimientos para convertirlos en poder político omnímodo, dividiendo a la sociedad. Pero esos populistas no lo hacen en búsqueda de un orden mejor que se sostenga en una teoría como la de la explotación, sino sólo para establecer un vínculo de poder ilimitado y tribal entre un líder y los resentidos, contra todos los demás.

El papa va en la misma línea y, aún a riesgo de que su posición pueda ser considerada panteísta, incorpora los prejuicios más izquierdistas sobre el ecología y se une a Fidel Castro en los reclamos, sin que importe para nada que Cuba sea un lugar espantoso como medio ambiente humano. Su mensaje es “dejen las ideas”, únanse a un líder pero no a uno de este mundo, sino más arriba, uno que yo mismo represento. Sin pensar, sólo por amor. Pero no lo dice en términos espirituales, sino operando directo sobre el sistema político, mientras está en juego la libertad y el poder, pretende cambiar el eje hacia el amor, ese amor, universal, a la humanidad o al hombre en abstracto, que permite, o incluso invita, a olvidar al hombre disidente en concreto que se le quiere acercar para encontrar consuelo ante la persecución de los buenos ateos.

La conclusión es que el capitalismo como racionalidad individual, productora, con fines abiertos, no pudo ser respondido en el plano racional. Asistimos a la alianza de todas las irracionalidades y el simple reemplazo de la libertad por un orden benigno, tan benigno como lo fue la Inquisición. Sabemos como termina esto, el que no quiera ser bueno, se verá en problemas.

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Artículo de Crónicas Inconexas, número 11

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Yoani Sanchez en libertad

En el primer comentario desde su salida de Cuba el domingo en el blog Generación Y, Yoani Sanchez dijo disfrutar de una “sensación mental y física de descomprensión. Como si hubiera estado sumergida demasiado tiempo sin poder respirar y lograra tomar ahora una bocanada de aire”. En esa frase se explica una vida y la naturaleza de un sistema.

Nos ocupamos de las implicancias filosóficas y éticas de esa aberración stalinista que es la Cuba actual, transportada hasta el siglo XXI en un debate que está agotado. Lo saben sus protagonistas, es inimaginable que los hermanos Castro y todo el aparato totalitario, así como sus apologistas cómodos de afuera que no los padecen no sean unos completos sínicos. Manteniendo su infierno en la tierra en nombre de un paraíso que siempre fue una gran estupidez y ahora nada más que una burda mentira. El comunismo es hoy solo un negocio político que no promete nada, incapaz de ser otra cosa que una abrumadora catarata de falsedades acompañadas por la amenaza al que no las acepta. Pero creyentes ya no puede haber.

Es una ex religión, qué más se puede decir.

Pero Yoani Sanchez saliendo de esa isla geográfica y conceptual, es más que eso, el correlato individual, el verdadero costo humano de la maldad humana. Que tenga que sentir por primera vez la liberación de un peso como un viajero del espacio que deja de soportar la gravedad es lamentable al infinito. Eso que queda del comunismo que es el estatismo, la amenaza, el golpe, la cárcel por primera vez en su vida no está cargado a su espalda.

Multipliquemos esto por cada cubano que no es cómplice del aparato, tal vez hasta podríamos incluirlos a los que son parte y que fuera de ahí habrían tenido la oportunidad de ser personas normales en lugar de perversos. Esa es la cuantificación del horror al lado de la naturaleza de todos los que hacen romanticismo con el sufrimiento ajeno.

El individuo es más que la masa. El objetivo de que se libere Cuba es menor a la libertad de Yoani, porque sin libertad de Yoani no hay libertad de Cuba.

Por eso que es mucho más que el acto político de esta disidente que consigue cruzar la frontera después de mucho esfuerzo y si eso habla bien o mal del comunismo. Fuera del colectivismo, fuera de la visión totalizadora y agobiante no hay una gran causa liberalizadora con himnos para los libros de historia, hay innumerables individuos buscando su felicidad. Y eso es sólo metafóricamente una gran causa.

Es una dimensión en la que nuestra alegría va mucho más lejos que la realización de nuestros ideales hasta el punto en el que cobran sentido como tales porque nos proyecta como personas. Si no nos gustara, tendríamos un problema.