Capricho

Sin entrar en razones el gobierno Kirchner quiere que si o si El Vaticano bendiga a su propuesto embajador Alberto Iribarne. Morales Solá pone en boca de algún acólito oficial la frase ““No habrá otro embajador. O es Iribarne o no es nadie”

Todo el mundo interpretó que cuando la señora presidente se refería a que iba a ocuparse de las relaciones exteriores quería decir que mejoraría la relación de la Argentina con el mundo. Error. La idea es ocuparse de cualquier cuestión que permita medir su autoestima que no es muy alta, al modo kirchner. Toda relación se plantea como la alternativa de humillar o ser humillado. En consecuencia si alguien aplica una norma conocida por cualquier neófito en asuntos vaticanos será tomado como una cuestión personal, como un modo de dísciplinar al proponente. Entonces salta el Luis D’Elía que todos estos tipos tienen dentro por más que se pongan traje o se pongan miles de dólares encima. Doña porota enojada no entra en razones. El freno que no puede ponerle a su propio marido, se lo quiere poner al Papa, aunque el resutado improbable de que triunfe en su obstinación sólo conduciría a que la Argentina tuviera un embajador al que nadie le diera pelota en país de destino.

Kunkel usá la cabeza

No puedo sacarme esa costumbre de pedir demasiado. Don Carlos Kunkel es el lenguaraz elegido para convertir en noticia que el señor Iribarne sea resistido en el Vaticano como embajador argentino por ser divorciado.

Hay que crear un conflicto entre el país y la Santa Sede para tapar la situación del gobierno argentino involucrado en un escándalo de tráfico de dinero negro con Venezuela y otros grandes elefantes tapados con estupideces. Pero más allá de eso, ya que inventan problemas al menos podrían hacer el favor de afinar la puntería. Si al gobierno argentino los preceptos religiosos de la Iglesia, entre los cuales figura la indisolubilidad del matrimonio son un lastre vetusto, un anacronismo y una forma de discriminación ¿para qué quiere tener relaciones con ella?

Para empeorar un poco el nivel intelectual de nuestros temas, don Kunkel estimó que el divorcio de Iribarne es un “asunto interno” de nuestro país. Si es cierto quiero votar para que Iribarne vuelva con su mujer. No por católico, sino porque se lo merece por formar parte de éste gobierno de Kaos.