El daño terrorista

El terrorismo es la estrategia sucia del débil y es completamente racional. Lo irracional es, en general, la reacción buscada en la sociedad atacada.

A Jorge Lanata se le ocurrió relacionar lo obvio, pero prohibido: el atentado en París contra la revista Charlie Hebdo con la actividad del ERP y Montoneros en la Argentina. De inmediato ese efecto buscado en la víctima del terrorismo, se despertó. Con una apreciable incomodidad la mesa de su programa intentó balbucear una respuesta, encontrar una diferencia o derivar la conversación hacia la pontificación de una moralina en la que todos pudieran convenir, para diluir el conflicto. En la Argentina, el terrorismo ha sido muy exitoso y sigue produciendo efectos hasta el día de hoy.

El terrorismo desordena y desbarata a una sociedad culposa, incapaz de reafirmar una ética consistente de la paz y el derecho, porque resulta que vive en una constante tensión entre lo que desea y lo que considera “bien”. Hasta que llega el acto violento para ponerla entre dos espadas: la de su moralina y el modo en que quiere vivir. A lo que llaman “ideales”, luego de elegir a la violencia para expiar lo que en principio es estupidez, luego culpa y al final culpa de los otros, estará definido por la versión adaptativa de una moral de ocasión que disminuya la disonancia. La violencia obliga de modo violento, valga la redundancia, a elegir un lado: lo sucio del deseo o lo limpio del sacrificio. El sacrificio es la ética que todas las formas de opresión le venden a las ovejas. La ambición de las ovejas, que las hace no ovejas, es la principal amenaza para el déspota.

El terrorismo ocupa el mismo lugar que ocupa el populismo latinoamericano, no por casualidad heredero de aquella moralina violenta y estúpida, que es el de mostrarse como el grupo dispuesto a llevar a cabo la falsa culpa social hasta las últimas consecuencias. Por eso representa un “principismo” pese a ser el fin de toda ética. Lo logra llevando la culpa social al punto en el que mucha gente es capaz de preguntarse si la bomba o la violencia verbal populista, no son de alguna forma merecidas. Esa es la gran victoria terrorista y populista también. La nueva versión de ser “bueno” es darle la razón al violento aún hablando contra la violencia. Ese premio alimenta al próximo atentado.

La sociedad es culposa porque hay un paso que no se termina de dar entre el orden teocrático y fundamentalista y el fenómeno asombroso de la vida privada y pacífica que ha florecido en los últimos trescientos años. De modo despectivo se le llama a ese fenómeno “capitalismo”, sin entender que la palabra “capital” hace referencia a un pilar ético fundamental de una sociedad tolerante y en paz*. Implica el respeto a la acumulación de recursos que permite producir bienes que no tiene valor por sí mismos sino porque permiten producir otros bienes que se consumirán. Una máquina por ejemplo, que es posible de tener porque la acumulación está permitida, su creador no es robado ni despojado en función de ningún objetivo de otros o de todos los otros o de los dioses. El premio a ese respeto es una productividad que beneficia a todos, el rescate de las masas de la hambruna y el principio del progreso. La otra implicancia del concepto de “capital” es más abstracta, es la comprensión de que es falso que el bien del otro me perjudique; al contrario, me beneficia. Tal es el abismo moral entre el capitalismo y el anticapitalismo.

En este sector del mundo que se llama “occidente”, se supone que vivimos en ese “capitalismo”, pero resulta que cualquier cosa mala que pasa es atribuida a él, como si fuera un espectro viviente. Nada muy diferente de reaccionar a los problemas buscando el mal adentro que termina con los sacrificios humanos en las sociedades primitivas.

El acto violento terrorista despierta justo eso, que es lo que se busca. La víctima tiende a preguntarse qué hizo de malo para merecer el ataque. En la fuente inagotable de culpabilización del capitalismo que viene de todo tipo de usinas (universidades, púlpitos, periódicos) se encuentran motivos de sobra. La propaganda terrorista potencia esa tendencia para que la víctima se condene a sí misma, como acaba de hacer la secuaz del oficialismo que dirige la llamada facultad de periodismo de la Universidad de la Plata. El tonto útil colabora con el comentario típico de que “vivimos en una sociedad egoísta” cuando hemos sido agredidos. Es la autocondena que el terrorista invita a hacer.

Pero no se cae en la autocondena tampoco por “altruismo”. Se trata de encontrar el mal para pasárselo a otro, que es parte de la sociedad, pero como no abjura del pecado y cree que es legítimo vivir como vive, es perfecto para colgarle el sayo que el acto violento trató de ponernos a nosotros. En Argentina, la “derecha”, pongamosle. Pero el proceso de pase de culpas está ocurriendo antes de la agresión, que sólo la acelera.

Las sociedades que son así dañadas por el terrorismo, son inmorales, pero no por su egoísmo, que es la palabra siempre usada por miserables (egoístas de un modo estúpido) para explicar la libertad del otro. Alguien definió al egoísmo como la actitud de aquel que trabaja para sí mismo, en lugar de hacerlo para mi.

Una sociedad que vive en el capitalismo pero lo considera menor en lo moral, es perfecta para autoinfectarse no bien un elemento extraño la golpea. El edificio ético es tan endeble que se autofagocitará.

Por eso hay que entender que muchos defensores del terrorismo o que son tibios con el terrorismo, el actual o el del pasado, no sienten en realidad simpatía sino temor. No al terrorista sino al juicio del terrorista, lo que e el sumum de un final perverso.

La culpa social de las sociedades victimizadas no está en las ambiciones legítimas y florecientes de sus ciudadanos, sino en la envidia, la condena a lo mejor que tiene y la diferencia del salvajismo y todo el proceso de fagocitación moral oscurantista. Su culpa consiste en darle la razón al terrorista como la única forma de explicarse a su enemigo. Que no quiere explicar nada, sino destruir lo que no puede lograr.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, el llamado mundo occidental se atribuyó el rol de preservar a la “humanidad”, en lugar de a su propia libertad, convertida en causa facciosa por ese giro. Se embarcó de modo ya entusiasta en una socialdemocracia que implica convertir en derecho el falso dogma de que el capitalismo es injusto por desigual. No voy a adentrarme en si en esa falsedad, sino en el efecto que tiene de caldo de cultivo de la culpabilidad. Después se preguntan por qué tantos jóvenes son llevados a la violencia islamista, mientras les han estado diciendo que la sociedad pacífica en la que viven es sucia, sus propios instructores. Un dogma que fracasa es bastante normal que sea reemplazado por otro dogma más violento, en la suposición de que al primero le faltó decisión.

Por eso los estúpidos que fueron llevados a la violencia por los curas tercermundistas en décadas pasadas en Latinoamérica, no se diferencian de los que adhieren a la nueva violencia teocrática.

* Una explicación extensa del fenómeno de la expiación anticapitalista, la hago en mi libro “Seamos Libres”, Unión Editorial 2013

Echen a sus asesores

Hay un mercado de los políticos de la última era, posterior a la crisis del 2001, que se acostumbraron a estar ausentes de todos los problemas. La política quedó reducida para ellos a “lindas propuestas” y el “no te metás” que tanto batía Neustadt se hizo ética, algo ya del último escalón de nuestra involución.

Argentina no es una isla como Cuba, pero está en el fin del mundo. El aislamiento del país tiene su explicación geográfica y además la supervivencia del estatismo parasitario requiere cierta cuota de ensimismamiento. Por eso la conversación política es tan irracional, tan llena de slogans y demagogia impune. Hay pocas referencias y eso facilita la vida de los mediocres.

Nuestros políticos acostumbrados a mirar desde afuera (o desde adentro de su oficina pública, mate en mano) creen que no tienen que cambiar, porque nadie cambia y quién se pelea mucho (en su vocabulario, el que se pelea un poco) con el gobierno, es mal visto por el aparato de control moral de los estúpidos que con gran eficacia ha formado el oficialismo bajo el formato de opinión publicada “moderada” y “seria”.

Es así que el kirchnerismo ha tiranizado un jardín de infantes y ese mercado de políticos está abastecido por una serie de “asesores” que incluso siendo importados se dedican a recaudar en pala mientras le dicen a estas luminarias que parecen vendedores de pasta de dientes lo que quieren oír: no hagas nada, no te metas en nada, decí cosas lindas, ponete una orquesta para tocar en la cubierta del Titanic, porque eso es lo que “la gente” quiere ¿Cuál es el problema del país según esta gente? Pues que los K son muy irritantes y “la gente” pide paz, amor, globos.

Les encanta oír eso porque ellos mismos quieren paz, amor y globos en vez de kirchnerismo, lo cual hace muy feliz al kirchnerismo, pero eso es algo que sin mediar aquella decadencia un político no aceptaría jamás.

Los otros días Lanata llamó “bosta” a la oposición, asombrado por su nula actividad mientras un gobierno al borde del abismo sigue produciendo daño en proporciones mayores incluso de lo que lo hacía cuando estaba en su apogeo. Las reformas a los códigos hecha por unos tramposos, es una herida muy grande a la convivencia futura y a la economía.

Carrió ayer a la mañana quiso discutírselo, sintiéndose con justo derecho porque es la que más ha peleado, pero creo que el periodista aclaró bien su punto. Hay una no actividad política, solo queja frente al gobierno. Queja en el mejor de los casos, casi siempre se hacen los distraídos teniendo el peor el oficialismo que un opositor pueda imaginar para criticar; uno que no ha dejado desastre por hacer y que nunca en ningún momento se interesó por solucionar ningún problema, sino nada más por favorecerse. Todo lo que le pasara a la población, en la medida en que era informado, se interpretaba como una conspiración, pero de arreglarlo no se interesaron ni en la sombra. Ese gobierno que ante una oposición tan estúpida, está pidiéndoles que expliquen lo que van a hacer si llegan a gobernar ni amaga con explicar algo de su incendio neroniano. Los contrincantes en cambio rinden cuentas de sus acciones futuras y del gobierno que los corre todavía no saben ni a quiénes les expropiaron Ciccone. Sin embargo sus asesores los congratulan porque sus sonrisas son cada vez más cercanas a sus orejas.

Esa es la oposición que no sale a la calle sino tímidamente siguiendo a la gente harta que se manifiesta sola. Que no hace declaraciones ni repudios y jamás le contesta una sola de sus ridiculeces a la señora a cargo y se entretiene demonizando a sus lacayos. Ha sido un complemento perfecto de este sistema. Tanto que uno podría sospechar que sus “brillantes asesores políticos” los desactivaron por encargo oficial.

Se pasaron un par de años llorando por Moreno. Se fue Moreno y todo está peor, porque el problema nunca fue el mono sino el dueño del circo. Ahora se concentran en la corrupción de Boudou, un cadete. O de Lázaro Baez, un chofer.

A Carrió hay que reconocerle que en su soledad y a pesar de que a veces cae en esto de dejar a salvo a la señora (que es el único poder político oficial, por lo tanto el único objetivo para una oposición), no ha tenido la misma actitud de animadores de fiestas de sus colegas, exponiendo lo que los demás callaron. Imposible que tenga éxito, porque esa política del régimen kirchnerista de apaciguamiento, necesariamente la hace ver fuera de lugar en la medida en que sus colegas la compran.

Lo mismo ocurre en el ambiente periodístico, tan corrupto como la política, en el que una serie de señores siempre están recordando al rebaño que ser “antiK” no es de buen periodista o inclusive se lo dicen a un ciudadano indefenso irritado por la opresión y el mal trato. Enseñan buenos modales en un chiquero. Entonces ante la explosión de información sobre el dinero de la familia imperial su versión de buen periodismo es no nombrar el tema y dejar que lo mencionen los “desaforados”.

Un buen periodista para estos “correctos”, verdadera retaguardia del relato, es el que pregunta en un campo de concentración si aumentó la ración de pan, para ver si puede reconocerle algo a los carceleros y demostrar con eso su “espíritu científico”. Los políticos “opositores” “asesorados” se llevan mejor con estos voceros del sometimiento que con cualquiera que les pregunte por su indolencia. De alguna manera se sienten legitimados por ellos, lo que no saben es que los legitiman como ovejas.

También ayer Lanata habló con Sergio Massa. Le mencionó palabras de la señora que padece el país en la presidencia según quién el que dijera que en el próximo gobierno se solucionaría la inseguridad mentía. ¿Qué responde el gran candidato del temible peronismo ex – kirchnerista? Pues que “están” (en plural, no vayan a pensar que hablaba de ella) tratando de meter miedo. Los “asesores políticos” les pasan sus grandes facturas pero parece que no pueden preparar al candidato para ponerse en posición de competidor ante una rival tan fácil, tan vencida, con tantos costados flojos y ridículos, con absolutamente todos los aspectos de su gobierno haciendo agua. Ni se le ocurre responder algo tan sencillo como que fue la señora la que no lo resolvió porque nunca le importó o que de lo que puede estar segura la población es de que él no tendría criminales propios en una agrupación oficialista, ni nombraría a los jueces y fiscales que canalizan su propia violencia de marxismo de Billiken en la delincuencia, tildándose a si mismos de “garantistas”. Podría haber dicho que todo eso se acabaría, que era el grueso del problema, no las camaritas en la vía pública sino la falta de voluntad, el oportunismo y la simpatía oficial hacia el delito.

Lo nombro a Massa como representativo de la actitud “opositora” de las últimas semanas de dar explicaciones al gobierno, en lugar de exigírselas. A lo que deben temer los argentinos es a que este gobierno no va a solucionar ni se va a ocupar de la seguridad en todo un año que les queda.

Pero entiendo igual que un asesor así sería echado por los políticos de esta generación en Argentina. En el mundo, ese lugar ignorado que queda al norte de Formosa, al este de Buenos Aires y al oeste de Mendoza, a eso se dedican los asesores y también los políticos. Y si los asesores le dijeran a los candidatos que se conviertan en el abuelito de Heidi frente al lobo feroz, serían inmediatamente despedidos.

Ahí tengo que coincidir con el apelativo de Lanata. Tienen el arco libre, el arquero preso por chorro, condiciones meteorológicas inmejorables, están a dos metros del arco y desinflan la pelota por miedo al gol. Dan lástima.

No tienen tampoco costo social por este comportamiento. Una sociedad muy degradada está chupándoles las medias porque tal vez eso sirva para conseguir algún cargo o subsidio en el futuro. Hoy la “élite” argentina es una runfla formada por una patética farándula envejecida y prostituida que hace fiestas con políticos. Un “jet-set” del infra subdesarrollo, también fomentado este fenómeno circense por la despolitización de los medios masivos ideada desde el vamos por el señor Kirchner. Toda cosa de valor está vedada en el ámbito público. Porque si hay cosas de valor, la agachada se nota mucho más. Es como una conspiración imaginada por Ayn Rand de todo lo peor de una sociedad para ahogar todo mérito.

Va de onda, dono los millones que me corresponden por lo que les voy a sugerir a los investigadores que usa el grupo de Paul Singer para descubrir los manejos del dinero sucio oficial para que continúen trabajando después de que este gobierno salde la deuda para no ser delatado.

Este es mi asesoramiento: Es ella. La señora Kirchner es el único kirchnerismo que existe, es el rival, es a quién hay que vencer, es a quién hay que pasarle la factura por el daño hecho al país en lo político, económico, institucional, internacional y moral. El resto serían todos mozos de bar si este matrimonio no los hubiera puesto a hacer sus barbaridades.

Segundo. El momento de doblegarla es ahora. Es por su inactividad política que esta señora cercada conserva una mayoría en el Congreso que maneja como si fueran colimbas. A ustedes no solo debería preocuparles cómo maneja al país, sino incluso cómo sigue manejando al oficialismo, eso es un fracaso de ustedes que están entretenidos dando explicaciones a un descerebrado que los provoca.

Dejen de mirarse al ombligo, de cepillar el traje con el que piensan asumir. Es enorme el daño que están haciendo mientras preparan la campaña electoral, este gobierno debe ser detenido porque quienes pagarán las consecuencias son ustedes. Además el país, pero ni se los digo porque no veo que eso les caliente la sangre. Si llegaran a revivir por culpa de su inactividad ustedes serán el hazmereír de la historia. Este no es el momento para que descansen y piensen en su marketing porque se está diciendo qué va a pasar con ustedes después de la ceremonia de juramento, si es que les interesa algo más que verse bien el discurso inaugural.

Tercero, tal vez me contesten lo bien que les ha ido hasta acá. Bien, de eso no los voy a poder convencer tan fácil porque la mediocridad es tan calentita que sería como despertarlos de una siesta. Vean la tiranización del país, no cómo les va en las encuestas. Esa es la medida de su fracaso, que 11 años de destrucción y sigan gritándoles y el indicio de cuánto deberían darle las encuestas si la población se sintiera protegida por ustedes. Las encuestas no miden cuánto deberían tener, sino cuan resignada está la población a elegir entre los chicos malos y unos tibios que en tiempos normales no despertarían ninguna expectativa. Quiero decir, sus votos no son suyos, también son de los K. Son votos que los K les regalan de gente que no fue comprada ni sometida psicológicamente y ha sufrido el castigo que ustedes evadieron.

Este año que queda es para su eventual futuro gobierno más importante que el período de cuatro años que les toque, si lo cumplen. Ahora es su pelea, lo que los condiciona a futuro. Repito, hay un solo objetivo político que se llama Cristina Fernández de Kirhner y si no pueden enfrentarla no son dignos competidores. Los que teman que los apaciguadores del relato los cuestionen como “destituyentes” ni entienden la Constitución, ni la democracia, ni el juego que les están haciendo desde el primer día para convertirlos en eso que Lanata calificó por mi.

La ley, los dólares y el asalto estatal

En un estado de derecho lo “legal” no es el capricho que decide el Congreso, porque éste está subordinado al orden jurídico más general que es la Constitución. La Constitución escrita por si misma tampoco es en sí el marco jurídico general que es aquello que puede considerarse jurídico sin ser estrictamente político, es decir las reglas de justicia basadas en la propiedad y la libertad individual.
¿Cómo? ¿No hay justicia socialista? Por supuesto que no, el socialismo ni se plantea el problema de la justicia, sino que persigue una injusticia que dé un resultado igualitario. No se preocupa por el modo en que se obtuvieron los bienes, supone que si hay intercambios libres los que tienen menos han sido despojados por los que tienen más. Por lo tanto utilizan el término injusto como sinónimo de “desigual” y en definitiva la palabra justicia en su vocabulario no tiene significado propio.
¿Quieren hacer una justicia socialista? Mejor que traten de hacer volar a una vaca, ni pierdo el tiempo en semejante delirio aunque sea tan extendido que para la mayor parte de las personas lo que estoy escribiendo sea el delirio.
La Constitución habla de un mecanismo de creación legislativa. Eso no quiere decir que lo que saque el Congreso por ese mecanismo sea una ley, aunque formalmente se la llame así. Para mayor resguardo la misma Constitución establece derechos como libertades y aclara que ellas no pueden ser alteradas por las leyes que reglamenten su ejercicio. Es decir, estas leyes así sancionadas están para facilitar el ejercicio de los derechos.
Esa es la doctrina liberal de la Constitución y la única clase de juridicidad que no es mera amenaza política, que tiene valor por si misma para todos, con independencia de sus creencias o valores.
Es decir que cuando la Constitución señala cuáles son los mecanismos para crear una ley, no está diciendo que por ese procedimiento se puedan canalizar órdenes políticas no justas, es decir no protectoras de las libertades individuales y de la propiedad. Una norma que dice que se debe aportar dinero para la propaganda del gobierno, no es una ley, es un asalto redactado con palabrerío de abogado. Pero lo que es más importante, si fuera una ley, hay que violar la ley ¿Dije violar la ley? Si, dije violarla y recontra violarla y entenderse enemigo de sus creadores.
Hecha esa aclaración, el gobierno sostiene que comprar dólares es como comprar cocaína. Ambas prohibiciones son ilegales en el sentido que expuse antes, el estado no tiene autoridad para determinar qué cosa es justa. Los jueces hacen eso como una misión específica, pero ellos están subordinados a la justicia. Deben descubrir qué cosa es justa, no inventar la justicia en reemplazo de los legisladores.
Pero, acá viene la aclaración que quería hacer antes de irme por las ramas, la cocaína está prohibida por orden abusiva del estado, ese tipo de amenaza “legalizada” por los órganos estatales sublevados contra el estado de derecho y el principio de igualdad ante la ley (valor opuesto al paternalismo).
Los dólares, en cambio, no están prohibidos. Es más, hay algo que la casta estatal llama “mercado oficial”, mal podría sostenerse que esa mercancía está prohibida si se comercializa “oficialmente”.
Lo que ocurre es que el gobierno veda de hecho el acceso a esa mercancía, es decir sin apoyatura jurídica ni siquiera simulada bajo al forma de una orden del Congreso. Lo que hace es mostrar una voluntad no formal pero si explícita, de que la población no pueda escapar de la emisión monetaria. Todo de facto.
En tanto el país no es un ejército, hacemos muy bien en pasarnos por las partes aquellas los deseos del gobierno. Es una buena actitud, casi la única que nos queda del pasado de dignidad.
Ahora bien, los cómicos del gobierno invocan la ley penal cambiaria, cuya sanción merecería enjuiciar a quienes la apoyaron por el artículo 29 de la Constitución. Todo esto puede parecer exagerado porque se ha concedido tanto y por tantos años que nos hemos acostumbrado a que lo normal es la tolerancia a lo intolerable. Antes propuse ser ilegales, ahora propongo ser anormales. Es la única salvación.
Pero resulta que la ley penal cambiara habla de cómo se deben comprar dólares, no de que no se pueden comprar dólares. En la medida en que el gobierno restringe de facto ese mercado, la situación de hecho en la que el tipo penal funcionaría no existe, no es parte de la realidad. No hay un mercado de instituciones regulares que vendan los dólares que protegen a la población contra la violación del derecho de propiedad y el saqueo del impuesto inflacionario, que tampoco pasa por el Congreso. No se puede violar la obligación de comprar dólares en una casa de cambio oficial, si la compra de dólares en una casa de cambio oficial ha sido impedida de facto por la misma autoridad que dice qué cosa es una casa de cambio oficial. Y si fuera prohibida la compra de dólares en si con una “ley”, entonces el tipo penal que veda comprar dólares fuera de las casas de cambio, estaría siendo derogado formalmente por una norma que la contradice, al decir que no se pueden comprar dólares en las casas de cambio. En nuestra situación “jurídica” actual, comprar dólares está permitido explícitamente, al prohibirse hacerlo fuera de las casas de cambio. Y como las casas de cambio están en los hechos inoperantes para el comprador, pues tampoco hay forma de aplicarle a alguien la ley penal tributaria por comprar en una cueva o a un arbolito.
No hay que ser muy “garantista” para darse cuenta que si una “ley” dice que a Mar del Plata sólo se puede ir por la ruta 2 y el estado dinamita la ruta 2, la prohibición de ir por otro camino desaparece y en términos de derecho penal no hay manera alguna que ningún juez con dos dedos de frente interprete que tal acción pueda ser penalizada (si, ya se que soy un iluso).
Ahora el gobierno planifica modificar la ley penal tributaria, seguramente dirá que el que compra dólares marcha preso. Por eso hice la aclaración del principio, será completamente ilegal hacerlo y habrá que encontrar, en nombre del derecho, todas las formas de evitar que esta arbitrariedad se consume. Mientras tanto, toda la actividad del estado persiguiendo la compra informal de dólares, carece por completo de respaldo leguleyo, por no usar mal la palabra legal otra vez.
(Ante cualquier duda consulte a su experto en obedecer, llamado incorrectamente abogado)

Narcokirchnerismo: Consumo libre, comercialización de los amigos.

Para un gobierno que quiere asociarse con el narcotráfico la combinación ideal es consumo libre, producción y comercialización prohibidas. El consumidor es el mercado y la prohibición le asegura al gobierno corrupto decidir quién entra y quién no y ser el guardián del negocio. Liberar las drogas, como han sido en general libres durante toda la historia a excepción del último siglo, sería perder la capacidad de autorizar de hecho a los narcos. Mantener restringido el consumo sería limitar los ingresos del negocio.
Hay unos secretos más para asegurar la impunidad. Invocar la simbología de la izquierda pobrista es una, crear un ambiente sin normas objetivas pero con mucha autoridad (lo que el señor Randazzo y los nazis coincidirían en llamar “la ley”) es otra.
La gente que puede reaccionar frente al saqueo tiene que ser mantenida en estado de permanente temor, físico mediante la inseguridad y la legitimación del asaltante y jurídico con regulaciones, persecución fiscal, vigilancia y estado de sospecha permanente.
La presencia de una voluntad del poder imposible de cumplir es fundamental. El que se queje está siempre a mano del castigo. El más asustado dirá de si mismo que no es un cobarde sino un cumplidor de la “ley” que además quiere que los demás cumplan así que estará señalando a sus vecinos por no obedecer. Quienes tienen sangre en las venas habrán de sentirse tan cuestionados que perderán toda voluntad de resistir.
No hay nada que el gobierno de Cristina Kirchner y su séquito no sean capaces de hacer, ni nada que pueda ser definido como el límite de tolerancia de la oposición.
Nadie puede asombrarse del felpudismo que la señora decidió demostrar a la figura del Papa Francisco. Todo suma a la impunidad, que es el único fin.
Se puede ser cura, regenteador de buenismo de ONG, cantante frustrado o actor asustado, el poder corruptor K arrastró todo y no hay atajos para extirparlo. Los kirchneristas hasta han corrompido a los ladrones de la calle que ahora nos juzgan a los demás.
El problema es justamente “la ley”, cuando se interpreta como voluntad del poder, como despotismo santificado. Con el narcotráfico en particular, admitir la autoridad estatal en materia de ingestión de cualquier cosa es un puñal en el corazón del sistema republicano y una oportunidad para las mafias y los gobiernos saqueadores.
Por mucho menos que todo esto en el siglo XIX se cortó de raíz el poder colonial con mucha gente dispuesta a dar su vida para no vivir vidas miserables. Hace falta una generación sin vocación de ovejas, porque la decadencia no enseña, no cambia sistemas políticos ni saca a los criminales del trono para ponerlos entre rejas.

Cuidado con la loca

No quiero perder mucho tiempo con la semántica. Si, lo más probable es que pueda ser definida como loca en el sentido de ausencia de contacto con la realidad. Vive en su mundo y sobre todo en su ego herido. Es una persona en la que no se puede confiar, a la que no se le puede dar ninguna responsabilidad y mucho menos tener como presidente.

Pero el problema es otro, porque otros locos han hecho desastres. Quiero decir con esto que importa poco su cura, en lo personal la salud de Cristina Kirchner me importa un comino, como en general no me preocupa el bienestar de ningún delincuente ni déspota. Menos cuando son ambas cosas.

Insisto con que veo que una parte de la oposición quiere pensar que sólo tiene que esperar a que se terminen de ir porque electoralmente están terminados tanto por falta de oportunidades dada la no reelección, como por imposibilidad de recuperar el apoyo de los irresponsables que la votaron en su momento. Otra oposición, representada por el PRO, está feliz pactando cosas con el gobierno y comunican a la población que no pasa nada, que hay que sonreír, hablar de conciertos y de Messi, como hace el señor Rodríguez Larreta que vendría a ser un militante furibundo de esa actitud. El del PRO es tal vez el caso más perdido, los otros creo que son víctimas de una mentalidad culposa de pseudogolpismo, por el cual le perdonan a la delirante en jefe todo y se lo asignan a sus colaboradores, sin entender que la única manera en la cual su plan de esperar a heredar el abuso estatal podría funcionar, es si mantienen a esta señora y sus cómplices contra las cuerdas hasta el último día, sin darle respiro ni oportunidad de recuperarse alguna.

Pero como no lo hacen, quién aplica esa estrategia es el propio gobierno criminal de Cristina Kirchner, el que no da cuartel para anunciar barbaridades, decir estupideces o hacer negaciones de la realidad que tienen como primer efecto poner a sus seguidores en posición de llegar a defender y hacer cualquier cosa. La locura es también entrenamiento para lo que vendrá.

Es hora de suponer la no locura, sino el propósito deliberado. No es excluyente una cosa de la otra, Hitler estaba loco y tenía un plan perfectamente ejecutado que sabemos hasta dónde lo llevó. Los psicópatas con poder suelen ser tildados de locos, pero eso no quiere decir que no persigan una racionalidad o que simplemente haya que llamarles una ambulancia para que se los lleve con el chaleco de fuerza.

Si dejamos el asombro de lado (ellos quieren que permanezcamos impávidos), se puede pensar en el problema. En primer lugar, los planes políticos de las dictaduras latinoamericanas se dictan en La Habana. Son mucho más sofisticados que la guerra de guerrillas en la que no tuvieron éxito. La Venezuela chavista fue diseñada y llevada a cabo desde Cuba, el gran enemigo de la libertad latinoamericana, a la que algún gobierno serio y responsable tendrá que devolver favores algún día, en defensa de su población.El fracaso no las debilita, lo usan en su favor para legitimarse como víctimas del mal.

Creo que al único que le oí hablar de la posibilidad de que esto termine muy mal es a de la Sota. Fontevecchia se mandó un comentario editorial hace unos días presentando como una conspiración que se estuviera elaborando un supuesto plan B. Ser “democrático” se ha convertido por éxito de la propaganda K, elaborada por el señor Verbisky, creador del pecado fundamentalista de ser “destituyente”, en sinónimo de estar dispuesto al suicidio con tal de que el gobierno despótico pueda salirse con la suya hasta el último día. Ser democrático entonces parce ser una forma de imbecilidad sin remedio. En consecuencia mejor sería no serlo.

Me ocupé de semejante despropósito conceptual en mi último libro “10 Ideas falsas que favorecen al despotismo”, no me quiero extender sobre eso ahora porque ahora hay que pensar directamente sobre lo que puede pasar de aquí a diciembre de 2015.

Una vez que dejamos la locura para entender qué se traen entre manos, lo que se ve es una pertinaz apuesta a agravar todos los problemas económicos, de seguridad y ni hablar de la política exterior. Se busca un caos que a su vez es explicado como conspiraciones. Si algo no se puede solucionar sin comprometer el esquema de poder basado en la mitología, hay que reforzar la mitología agravando las cosas. A la vez se aumentan facultades del estado y los sistemas de vigilancia. Algo me parece que indica que se fabrica una hecatombe y la manera de, en el medio del caos, evitar las próximas elecciones o condicionarlas al máximo.

Siempre uso este ejemplo. Si sos rehén en un banco y de repente el asaltante se saca la máscara, empezá a preocuparte. Parece no temer que lo puedas denunciar una vez que termine el episodio, ergo es tu vida la que está en peligro.

Sería caer en la trampa no prepararse para la destitución, por miedo a ser tildado de destituyente. Porque destituyente es precisamente lo que hay que ser ante un gobierno criminal. El problema sería en realidad no ser capaces de construir como en 1853 una institucionalidad después de esta dictadura que los espíritus tibios y cómplices no se animan a aceptar que lo es. Por lo tanto hay procedimientos a seguir. Pero todo empieza por no ser oveja y cambiar la falsa composición de lugar que se están haciendo casi todos los que participan del juego o lo comentan. Dudo que aquí lo que haya que hacer sea armarse de paciencia para aguantar a unos loquitos desorientados.