La inercia del miedo

La señora nombra a su nuera por decreto, se convierte en un comentario en algunos portales y el fenómeno que abona todos los abusos desde el año 2003 se repite: la oposición es espectadora. La más pasiva de las espectadoras porque los individuos en twitter y en los diarios reaccionan con indignación. Indignación quiere decir herida a la dignidad, algo que no está de moda, debe ser muy “neoliberal”.

En cualquier tema se nota una distancia sideral entre el enojo de la gente con la señora Kirchner y el cuidado mentiroso que en público tienen los que aspiran a ocupar su lugar, no solo respecto de actos de nepotismo vergonzoso como este. Dicho sea de paso, con tanto hotel de la exitosísima abogada ¿es necesario ser tan miserable como para sacarle más plata al estado para mantener a la nuera? Si la idea es que viva en Buenos Aires ¿No podría la familia exitosísima hacer una vaquita o vender un reloj para solventar sus gastos?

Lo peor no es este acto que la señora realiza sin ninguna vergüenza, sino el permiso de monarca que se le ha ido otorgando desde el momento de máximo temor al régimen kirchnerista en sus primeros años, cuando el país se dividió entre sus súbditos, sus cómplices y los asustados, como si un gritón que manejaba a Moyano y a la AFIP y tenía una afición por las cajas fuertes, hubiera sido un equivalente de Kim Jong Il.

De todo eso y del nacimiento de una “nueva política” consistente en no pelarse con nadie para poder tomar muchos cargos evitando problemas, quedó el tratamiento entre algodones del matrimonio déspota, disfrazado de “respeto a las instituciones”, lo que para ellos quiere decir “que hagan lo que quieran”.

Por eso la gravedad del episodio de la nuera, porque revela este fenómeno que solo se da en la Argentina, donde la titular del abuso es dejada de lado como centro de la crítica para ocuparse de sus débiles monigotes. Oposición y medios juegan a “ella no se da cuenta”. No pudo haber hecho más para demostrar su complicidad con el señor Boudou, pero todavía están los charlatanes como una abrumadora mayoría diciendo cosas como “la presidente debería darse cuenta del daño que hace la presencia del vice presidente”. O si no “Boudou le hace muy mal al gobierno”, como si estuviéramos ante un grupo de repúblicos con una manzana podrida.

Algo muy serio está pasando en la Argentina y es peor que el hecho de que se confunda la institucionalidad de una república con la de una monarquía absoluta. Es el crecimiento de esa práctica política del silencio, pensando en los negocios futuros o presentes, bajo el infame disfraz de la moderación.

No existe otro país, chavista o no chavista, salvo los totalitarismos donde no se mueve una mosca, en el que el titular del gobierno, el que maneja todos los hilos de la corrupción, el disparate y la mentira descarada, no es el centro de la crítica y si lo son sus bufones. Eso es lo que mantiene al kirchnerismo en pie, pese a ser el peor gobierno imaginable.

Una viva bárbara la Señora

La señora es táctica, como todo tramposo. Desarrolló una gran creatividad para engañar en el corto plazo, pero es por completo incapaz de ver todo el panorama. Su última avivada va a llevar al país a un completo desastre.

Ayer su cabecita loca le habrá dicho que es la más viva del barrio, cuando explicó que la Argentina pagó al mandar los fondos al banco en New York. Si el agente de pago después no le entrega el dinero a los bonistas que entraron al canje, dijo con ese tono pedante que la caracteriza, será problema de: 1) El banco, 2) El juez, 3) Los propios bonistas. Máximo habrá hecho una pausa en la Play Station y le habrá dicho: ¡Mami, que inteligente que sos!

Pero no, no es nada inteligente. Si puede engañar a los programas de radio que creen que con esto el gobierno armó una discusión para complicar las cosas. Aunque lo consiguiera, esta sería una victoria pírrica.

Resulta que: 1) El banco cuenta con una orden judicial que le dice que no realice los pagos a los bonistas 2) El juez fue ratificado en dos instancias posteriores y 3) A los bonistas no se les mueve un pelo y están a punto de ganar mucho dinero, porque el motivo por el que no les pago no les importa nada. Es un problema del que obtuvo la “rebaja” en un canje cancelar la nueva deuda.

Si contrato a un pintor y el pintor recibe una orden judicial de no llevar adelante su prestación, el contrato pierde sus efectos, se torna de cumplimiento imposible. Yo no podría demandar al pintor por las consecuencias de su incumplimiento, pero lo que si le podría reclamar es que me devuelva el dinero que le pagué. Si la señora consigue convencer a los bonistas reestructurados de que no puede pagar porque su dinero quedó en un pretendido limbo legal, pues entonces la reestructuración para ellos fracasó. Será un problema de la Argentina echarle la culpa a otro, tendrá que demandar a Griesa y Griesa tal vez muera por eso, pero de risa.

Dicho de otra forma, en caso de que la prestación contenida en el bono reestructurado no pueda cumplirse, sea porque la Argentina no quiere, porque el Juez Griesa lo impide pagado por Magnetto, porque la vida es injusta, lo que ocurriría sería que tendrá que hacerse cargo entonces del renacimiento de la situación anterior a la emisión del bono. Esto es, los bonistas recuperan sus acreencias originales por imposibilidad de cumplimiento de la nueva obligación que las reemplaza, aunque la Argentina no tenga responsabilidad alguna. Que la tiene, por supuesto, actúa con una mala fe que ya comenté antes que es propia de los abogados saca-presos.

Toda la discusión de qué cosa es o no default carece de sentido en mi opinión. El fallo de Griesa no es más que el recuerdo de que la Argentina nunca salió del defalut. Tanto es así que sigue pagando tasas de interés de país fallido. Es decir, todo este debate es semántico.

El asunto grande acá es que lo que esta delirante está a punto de conseguir es mucho más grave que la aplicación de la cláusula rufo, por la cual habría que pagarle a los re-estructurados cualquier mejora que voluntariamente se ofrezca a los holdouts, esto es volver a convertirse en deudora del cien por ciento como si el canje nunca hubiera existido.

La libertad es Israel

La soberanía es el imperio que un gobierno ejerce sobre un territorio. Un gobierno es un monopolio de la fuerza, no un comprador en el mercado. Quiero decir con esto que la soberanía no es derecho de propiedad. Es un ámbito en el que un aparato de fuerza recauda recursos de modo compulsivo y ejerce unos actos más o menos favorables a la existencia de los verdaderos derechos de propiedad que pertenecen a los individuos o a las asociaciones voluntarias de individuos.

La confusión entre estos dos conceptos (soberanía y propiedad) lleva a cosas como el mito de los “pueblos originarios fueron robados”. Fueron conquistados no robados, hubo una agresión, pero los gobiernos originarios no eran más dueños que los no originarios del territorio, simplemente se sucedieron en el ejercicio del poder, en la violación de los derechos de sus “súbditos”, sin un acuerdo. Como esa soberanía preexistente era de naturaleza colectivista, los derechos de propiedad de originarios o no originarios empezaron después de aquella conquista en algún momento y toda la teoría de la restitución no es más que un galimatías ingenioso para obtener privilegios abusando del estado “europeísta” y con sustento en criterios raciales, por definición colectivistas.

Pero esas teorías no son el tema de esta reflexión. Todo en materia de fronteras es una arbitrariedad que responde a una situación política no exenta de grandes injusticias y hasta mala fe. No hay un derecho internacional desarrollado como el derecho civil, porque las unidades del derecho internacional no son individuos pacíficos comerciando, sino órganos políticos dominantes, recaudadores y mistificadores. A lo único a lo que se puede aspirar con el derecho internacional es al mantenimiento de la paz.

Para alguien interesado en los derechos individuales, que no tienen nada que ver con los “derechos de los gobiernos a gobernar”, que un estado tenga un pedazo de territorio y otro se lo saque, por si mismo no significa nada relevante. Lo único importante es cómo está la población que está en ese territorio antes y después del hecho. Pero hay que agregar el costo del cambio. Los aliados no eran dueños de Alemania cuando entraron a liberar a Europa (en parte), aplastaron una soberanía, pero defendieron derechos en la parte occidental.

Noto que cuando se habla de la situación de Israel con sus vecinos se olvida esta cuestión. Israel es el país civilizado en esa región, el país que respeta a su población autóctona o inmigrante. Siempre es mejor para el derecho, si es lo que nos interesa, estar adentro que afuera de Israel en esa zona. Del mismo modo que se tienen más derechos en los estados “europeístas” de América que bajo el imperio Inca, se sea originario o importado.

¿Perfección? Hablamos de un gobierno, de un estado. No, no hay perfección. Cuando alguien la encuentre me avisa, quisiera conocerla. Hablo de alternativas.

A los efectos de que la gente en concreto sea libre, los derechos de los gobiernos no interesan en absoluto, sino solo cómo son esos gobiernos. Lo que postulo en base a esto es un relativismo total en materia de soberanía. No pasa por ahí el problema de la libertad. En particular esa región es en materia de “títulos” imposible de arreglar, lo único que se puede lograr es consolidar las situaciones de hecho y tornarlas estables mediante acuerdos.

La paz es importante, de manera que hay lugar a discusiones sobre “títulos” para evitar problemas innecesarios. Pero la paz puede ser dejada de lado por la libertad.

Ahora bien, quienes estén esperando que Israel represente la perfecta libertad y conducta intachable, cuando encima está rodeada de enemigos, caen en un infantilismo imperdonable. Lo único que se consigue adoptando esa actitud es que el defensor disponible de la libertad disponible, esté en una permanente desventaja respecto del enemigo declarado y total de la libertad. El infierno en la tierra es la única consecuencia que yo conozco de la búsqueda del paraíso en la tierra.

No entiendo por ejemplo por qué alguna gente puede darse cuenta de que no es importante de quién son las Malvinas, sino en función de los derechos de sus habitantes, pero lo trasladan a otro lugar del planeta y no siguen el mismo razonamiento. Porque si hablamos de títulos, los de Inglaterra no existen. No importan, pero no existen.

La otra cuestión indispensable de aclarar es el alcance del derecho de defensa. Si Israel tuviera un objetivo como conquistar un puerto y para eso disparara, eso estaría mal. Hay gente que agregaría “a inocentes”. Pero en un acto de esa naturaleza inocentes son todos, también los soldados del país atacado, porque no son agresores. Otros agregarían “a civiles”, pero el problema es el mismo. No se pueden atacar ni culpables ni inocentes, ni civiles, ni militares, si ellos no nos agreden.

“Inocente” en materia de guerra es un término demasiado impreciso. Por eso hablo de “no agresores”. Responderle a unos agresores está bien. Atacar a unos no agresores es una agresión, está mal. Mucha gente es todo lo que quiere saber. Listo, la vida parece fácil, ser bueno es simple. Le preguntamos al iPad si murió algún no agresor y entonces condenamos a quién le hubiera disparado. Pero no es tan sencilla la cosa y esta es la parte en la que los que no soportan no vivir en las nubes me acusarán de justificar la agresión ignorando los argumentos que voy a dar para determinadas circunstancias. Para los puros lo gris no tiene solución, ignoran los dilemas.

En la vida no nos encontramos sólo con lo que está bien y lo que está mal, es aplicable acá lo que decía del infantilismo de pedirle perfección a un gobierno en lugar de compararlo con sus alternativas.

La vida es el principio de todo conocimiento, de toda ética, de toda filosofía ¿La vida en un sentido colectivista? No la vida nuestra. Somos individuos que queremos vivir, el máximo valor es la propia vida y los únicos que podemos determinar en qué circunstancias vale la pena entregar la vida por otro, somos nosotros. De otro modo nuestra vida estaría supeditada al bien de otro o de otros y lo que sigue es el colectivismo. No tiene ninguna importancia si el otro o los otros son culpables o inocentes o de qué cosa sean culpables o inocentes si esta es la alternativa.

Ya lo expliqué antes pero quiero reforzarlo. Nadie está obligado a preservar la vida de otro si eso se opone con claridad y no con vaguedad, a la propia supervivencia. Esta afirmación subsiste mientras las condiciones sean esas, todos los agresores dicen defenderse.

Los simplistas dirían rápido “eso está mal”. Claro, que muera otro que no me está atacando está mal. Sólo que no está tan mal como que muera yo. El individuo no es sacrificable ni está obligado a sacrificarse por otros. A todos nos gusta el heroísmo. Pero el heroísmo no es exigible.

Alguno me ha dicho ¿pero acaso eso no es darle la razón a los socialistas en cuanto a que las necesidades crean derechos? No, los socialistas creen que las necesidades se procuran a los garrotazos. Acá hablo de un claro dilema en una situación de fuerza, no de la vida diaria que, a diferencia de lo que creen los socialistas, no pone a la vida de uno contra la otra sino en la clara necesidad de colaborar e intercambiar.

La hipótesis es la siguiente: un misil está dirigido a mi y la única forma que tengo de pararlo es disparándole, con lo cual tal vez el artefacto caiga sobre un edificio de departamentos y mate a quienes se llama “inocentes”, es decir, no agresores. Al disparar para interceptar el misil no estoy haciendo justicia, apenas pretendo subsistir (la justicia no está disponible) y nadie tiene derecho a exigirme que proceda de otra manera. Si el agresor encima provoca el dilema escudándose en civiles, menos responsable soy aún.

Eso no está bien, me han dicho los que quieren vivir entre nubes y angelitos. Obvio que no está bien. No está bien matar no agresores, pero les tengo una sorpresa, no está tampoco bien matar agresores. No está bien matar. El fin del uso de la fuerza  defensiva no es matar a nadie, sino evitar morir. Matar al agresor es un medio a veces inevitable para conseguirlo, nada más. La vida en la nube impide ver que de lo que se trata en ambos casos, matando agresores o no agresores es de un dilema en el que se debe elegir entre dos males. El condenar al mal menor implica habilitar al mal mayor, pero los puros ignorarán ese punto y se harán responsables morales de mi muerte.

Por supuesto los terceros están en su derecho de preferir la subsistencia de los otros no agresores a la mía, pero resulta que tengo otra opinión. A Israel se le pide un grado de altruismo y auto-sacrificio que ni siquiera las religiones exigen.

¿Pero que pasa si Israel dispara a cualquier lado sólo para asustar a los terroristas? Pues Israel se convierte en Hamas, lo que estoy diciendo se aplica a la idea del “daño colateral” en tanto implique la elección entre la vida propia y la de otros, no estoy diciendo ni remotamente que unos pueden disparar por ser en sí mismos buenos, que es lo que sostiene Hamas.

Hamas no responde a ningún principio, usa escudos humanos, es decir provoca el dilema en el que Israel se encuentra, pero no se le reprocha nada ¿Por qué? Porque los defensores del cielo en realidad tienen temor de ser acusados de estar justificando muertes “inocentes”, por los mismos que elaboran la estrategia de deslegitimación de la defensa mediante la victimización forzada, que después de terminar con Israel, irán por ellos. El derecho-humanismo los encierra en un dilema del que sólo saben salir cortando el hilo por lo más delgado y atacando a quién saben que no los dañará.

Si, el juicio político investiga delitos con independencia del Poder Judicial

En este momento la diputada Alonso defiende la facultad del Congreso de investigar al vicepresidente y hace la distinción entre una investigación judicial y otra del ámbito político. Hace hincapié en que la causal de mal desempeño permite el procedimiento parlamentario con independencia del penal.

Carrió mencionó este mismo asunto pero fue mucho más precisa, aunque no se extendió. Lo más importante a responderle al oficialismo es que, como dijo Carrió, el juicio político puede investigar delitos con independencia de la investigación judicial, no solo por mal desempeño. De hecho ese es el mandato constitucional. Lo que no puede hacer el Congreso es aplicar una pena, su único fin es destituir eventualmente o inhabilitar al imputado.

La otra gran diferencia entre una investigación penal y otra política de un delito, es que en la primera está en juego el patrimonio y la libertad del imputado, en la segunda está en juego como principal bien jurídico, la subsistencia de la institucionalidad republicana. El Código de Procedimientos Penal protege al imputado de la arbitrariedad. La Constitución se preserva a si misma. El cargo de vicepresidente no le pertenece a Boudou.

Esto no quiere decir que el sujeto en cuestión no pueda defenderse, debe poder hacerlo porque de nuevo la víctima de que la acusación careciera de fundamento no sería él, sino la Constitución. Político no quiere decir arbitrario, quiere decir que el fin es otro distinto al de la protección de un individuo que no juega nada propio en el proceso. El que se hizo a la Corte constitucional entre los años 2003 y 2005 fue una simulación sin derecho de defensa y con alta arbitrariedad, aplicando normas a unos que no se aplicaban a otros, produciendo un daño catastrófico a la Constitución.

De manera que, como dijo Carrió, se podría condenar a una persona en un juicio político por un delito incluso habiéndoselo sobreseído en sede penal. Porque las garantías, el fin y el alcance del proceso son por completo diferentes. Por supuesto, si mediara una condena penal eso haría al juicio político un trámite formal. Pero la condena en un juicio político ninguna influencia tiene sobre el proceso penal.

Dicho esto, de cualquier manera un sospechoso de varios crímenes es imposible que pueda desempeñarse correctamente en su cargo como expliqué en un artículo de hoy en Infobae. De manera que Boudou podría pedir licencia para evitar incurrir en mal desempeño automático, pero no eligió no hacerlo, a mi juicio más en beneficio de la señora Kirchner que de sí mismo.

Plan B: La democratización de Griesa.

La viveza criolla es un gran equívoco. Hay una suposición de que existe un ingenio que permite reemplazar al cumplimiento de las obligaciones y que tal cosa es gratis. Pero la viveza criolla es nada más que estupidez e ignorancia. Después de una larga tradición de “pioladas” esa actitud se ha vuelto cultural y en esta última etapa algunos quieren creer que es incluso una ética alternativa.

El triste gobierno de la señora Kirchner es en sí mismo un fútbol para todos y para todo y lo demuestra en el “i-reality” show que ha montado como reacción al fracaso judicial que su negativa a pagar a los holdouts ha tenido en los Estados Unidos.

En su propia composición de lugar la señora supone que siempre tiene razón en sus caprichos y que es cuestión de adaptar todo lo demás a eso. Primero emite unos bonos atrayendo a inversores con la posibilidad de manejarse en el terreno privado y en una jurisdicción lejos de los oyarbides. Cuando llega el momento de pagar, invoca sus privilegios políticos basados en la “real politik” que gobierna al derecho internacional público.

Se habrá reunido Kicillof con sus abogados geniales a pensar en todo lo que podían hacer para “democratizar a Griesa” y demostrarle que el poder manda sobre la justica con la bandera en la mano. Se les ocurrió leer la letra chica de los bonos reestructurados y hacer una solicitada para contarles a los argentinos que piolas que son en mandar el dinero al Banco de New York, para que después sea un problema de Griesa, el mismo banco, los holdouts, los que entraron en el canje, Obama, las naciones Unidas y la Fifa que no deja morder a los países pobres. Les cierra, les parece un plan perfecto. El sentido común no les dispara ninguna alarma.

Claro, pequeño detalle, hoy el pago en Nueva York se maneja por una norma individual que estos tipos presentan como la peor amenaza que tiene la Argentina hoy, pero eligen ignorar después. Como hacen con todos los problemas los locos, los tontos y los piolas.

Para que la estúpida solicitada argentina tuviera alguna eficacia el fallo de Griesa de 2012 tendría que no existir. Y si no existiera tampoco sacarían solicitadas, ni viajarían a Rusia o pondrían a Rial y a D’Elía a tuitear al unísono. La decisión del tribunal neoyorkino es la parte más específica de todo el conjunto de normas que gobiernan los pagos argentinos en aquella sede y me atrevo a decir que los tenedores de bonos reestructurados pueden demandar con más facilidad al gobierno argentino ahora, que si hubiera pagado a los holdouts amparado en el fallo. Hasta el Banco de New York tiene unos buenos motivos para reclamarle honorarios legales. Tema de ellos.

El problema principal no es la falta de pericia específica en la maniobra, sino siempre reaccionar con maniobras como si fuera la estrategia más inteligente. Esa viveza lamentable es propia de los abogados sacapresos o los que defienden inquilinos insolventes, que hacen cualquier cosa en un intento por confundir y ganar tiempo, porque el nombre de sus clientes no tiene valor alguno. Esto es lo otro que no incorporan los vivos al razonamiento, es que fuera del conflicto particular que tratan hay una vida y unos testigos que ven cómo se comporta el país y que eso significa encarecer todas sus transacciones futuras en el terreno contractual y hacer menos valiosas sus ofertas. Se paga por otras muchas ventanillas más caro que la deuda que se quiere bicicletear un rato. Estos abogados no están defendiendo a un ermitaño sino a un estado que se supone que tiene que salir a hacer todo tipo de tratos con la gente que lee los diarios y ve cómo se comporta. En concreto su cliente estaba buscando plata desesperado hasta la semana pasada y hoy publica solicitadas queriendo mostrar su habilidad para evadir obligaciones.

La deuda pública debería prohibirse. Por desgracia eso no ocurrirá y países como la Argentina volverán a tener crédito, porque hay todo un sistema de ladrones cobrando comisiones con la facilidad de tratar con recaudadores, en vez de productores. Pero aunque tal bendición llegara, sea por prohibición o por pérdida total de crédito, todo contrato se encarece para alguien en el mercado que se maneja con los parámetros de un pandillero.

Por eso es altamente irracional, irresponsable, demagógico y políticamente correcto el discurso opositor basado en consideraciones nacionalistas muy fuera de lugar, diciendo que en estas circunstancias hay que estar detrás del gobierno. Quienes fueron a hacer el papelón de viajar a Washington D.C. para respaldar al gobierno de la señora, se convirtieron en parte del problema y en su afán de sentirse defensores de las “reestructuraciones”, terminaron convenciendo más al mundo sobre la imposibilidad de confiar en el país.

Hay una ética de los negocios porque es mucho más barata que la trampa. Los que operan en el mercado no son kantianos, son utilitaristas puros. La ética es negocio. No es que los anglosajones no son tan vivos y nosotros somos los mejores mojando orejas. Ellos viven con menos esfuerzo y nosotros nos consolamos en una profunda estupidez auto-satisfactoria.

Pero no creamos que esto es un problema sólo del oficialismo o de los políticos. La confusión es generalizada. Los análisis que se leen o se escuchan, están por completo desprovistos de preocupación por el hecho de que la Argentina sea tramposa, apenas están esperando ver si le da resultado. No conocen el otro costo gigante que se pagará por esto. Es un país vacío de pensamiento, lleno de fútbol.