La libertad es Israel

La soberanía es el imperio que un gobierno ejerce sobre un territorio. Un gobierno es un monopolio de la fuerza, no un comprador en el mercado. Quiero decir con esto que la soberanía no es derecho de propiedad. Es un ámbito en el que un aparato de fuerza recauda recursos de modo compulsivo y ejerce unos actos más o menos favorables a la existencia de los verdaderos derechos de propiedad que pertenecen a los individuos o a las asociaciones voluntarias de individuos.

La confusión entre estos dos conceptos (soberanía y propiedad) lleva a cosas como el mito de los “pueblos originarios fueron robados”. Fueron conquistados no robados, hubo una agresión, pero los gobiernos originarios no eran más dueños que los no originarios del territorio, simplemente se sucedieron en el ejercicio del poder, en la violación de los derechos de sus “súbditos”, sin un acuerdo. Como esa soberanía preexistente era de naturaleza colectivista, los derechos de propiedad de originarios o no originarios empezaron después de aquella conquista en algún momento y toda la teoría de la restitución no es más que un galimatías ingenioso para obtener privilegios abusando del estado “europeísta” y con sustento en criterios raciales, por definición colectivistas.

Pero esas teorías no son el tema de esta reflexión. Todo en materia de fronteras es una arbitrariedad que responde a una situación política no exenta de grandes injusticias y hasta mala fe. No hay un derecho internacional desarrollado como el derecho civil, porque las unidades del derecho internacional no son individuos pacíficos comerciando, sino órganos políticos dominantes, recaudadores y mistificadores. A lo único a lo que se puede aspirar con el derecho internacional es al mantenimiento de la paz.

Para alguien interesado en los derechos individuales, que no tienen nada que ver con los “derechos de los gobiernos a gobernar”, que un estado tenga un pedazo de territorio y otro se lo saque, por si mismo no significa nada relevante. Lo único importante es cómo está la población que está en ese territorio antes y después del hecho. Pero hay que agregar el costo del cambio. Los aliados no eran dueños de Alemania cuando entraron a liberar a Europa (en parte), aplastaron una soberanía, pero defendieron derechos en la parte occidental.

Noto que cuando se habla de la situación de Israel con sus vecinos se olvida esta cuestión. Israel es el país civilizado en esa región, el país que respeta a su población autóctona o inmigrante. Siempre es mejor para el derecho, si es lo que nos interesa, estar adentro que afuera de Israel en esa zona. Del mismo modo que se tienen más derechos en los estados “europeístas” de América que bajo el imperio Inca, se sea originario o importado.

¿Perfección? Hablamos de un gobierno, de un estado. No, no hay perfección. Cuando alguien la encuentre me avisa, quisiera conocerla. Hablo de alternativas.

A los efectos de que la gente en concreto sea libre, los derechos de los gobiernos no interesan en absoluto, sino solo cómo son esos gobiernos. Lo que postulo en base a esto es un relativismo total en materia de soberanía. No pasa por ahí el problema de la libertad. En particular esa región es en materia de “títulos” imposible de arreglar, lo único que se puede lograr es consolidar las situaciones de hecho y tornarlas estables mediante acuerdos.

La paz es importante, de manera que hay lugar a discusiones sobre “títulos” para evitar problemas innecesarios. Pero la paz puede ser dejada de lado por la libertad.

Ahora bien, quienes estén esperando que Israel represente la perfecta libertad y conducta intachable, cuando encima está rodeada de enemigos, caen en un infantilismo imperdonable. Lo único que se consigue adoptando esa actitud es que el defensor disponible de la libertad disponible, esté en una permanente desventaja respecto del enemigo declarado y total de la libertad. El infierno en la tierra es la única consecuencia que yo conozco de la búsqueda del paraíso en la tierra.

No entiendo por ejemplo por qué alguna gente puede darse cuenta de que no es importante de quién son las Malvinas, sino en función de los derechos de sus habitantes, pero lo trasladan a otro lugar del planeta y no siguen el mismo razonamiento. Porque si hablamos de títulos, los de Inglaterra no existen. No importan, pero no existen.

La otra cuestión indispensable de aclarar es el alcance del derecho de defensa. Si Israel tuviera un objetivo como conquistar un puerto y para eso disparara, eso estaría mal. Hay gente que agregaría “a inocentes”. Pero en un acto de esa naturaleza inocentes son todos, también los soldados del país atacado, porque no son agresores. Otros agregarían “a civiles”, pero el problema es el mismo. No se pueden atacar ni culpables ni inocentes, ni civiles, ni militares, si ellos no nos agreden.

“Inocente” en materia de guerra es un término demasiado impreciso. Por eso hablo de “no agresores”. Responderle a unos agresores está bien. Atacar a unos no agresores es una agresión, está mal. Mucha gente es todo lo que quiere saber. Listo, la vida parece fácil, ser bueno es simple. Le preguntamos al iPad si murió algún no agresor y entonces condenamos a quién le hubiera disparado. Pero no es tan sencilla la cosa y esta es la parte en la que los que no soportan no vivir en las nubes me acusarán de justificar la agresión ignorando los argumentos que voy a dar para determinadas circunstancias. Para los puros lo gris no tiene solución, ignoran los dilemas.

En la vida no nos encontramos sólo con lo que está bien y lo que está mal, es aplicable acá lo que decía del infantilismo de pedirle perfección a un gobierno en lugar de compararlo con sus alternativas.

La vida es el principio de todo conocimiento, de toda ética, de toda filosofía ¿La vida en un sentido colectivista? No la vida nuestra. Somos individuos que queremos vivir, el máximo valor es la propia vida y los únicos que podemos determinar en qué circunstancias vale la pena entregar la vida por otro, somos nosotros. De otro modo nuestra vida estaría supeditada al bien de otro o de otros y lo que sigue es el colectivismo. No tiene ninguna importancia si el otro o los otros son culpables o inocentes o de qué cosa sean culpables o inocentes si esta es la alternativa.

Ya lo expliqué antes pero quiero reforzarlo. Nadie está obligado a preservar la vida de otro si eso se opone con claridad y no con vaguedad, a la propia supervivencia. Esta afirmación subsiste mientras las condiciones sean esas, todos los agresores dicen defenderse.

Los simplistas dirían rápido “eso está mal”. Claro, que muera otro que no me está atacando está mal. Sólo que no está tan mal como que muera yo. El individuo no es sacrificable ni está obligado a sacrificarse por otros. A todos nos gusta el heroísmo. Pero el heroísmo no es exigible.

Alguno me ha dicho ¿pero acaso eso no es darle la razón a los socialistas en cuanto a que las necesidades crean derechos? No, los socialistas creen que las necesidades se procuran a los garrotazos. Acá hablo de un claro dilema en una situación de fuerza, no de la vida diaria que, a diferencia de lo que creen los socialistas, no pone a la vida de uno contra la otra sino en la clara necesidad de colaborar e intercambiar.

La hipótesis es la siguiente: un misil está dirigido a mi y la única forma que tengo de pararlo es disparándole, con lo cual tal vez el artefacto caiga sobre un edificio de departamentos y mate a quienes se llama “inocentes”, es decir, no agresores. Al disparar para interceptar el misil no estoy haciendo justicia, apenas pretendo subsistir (la justicia no está disponible) y nadie tiene derecho a exigirme que proceda de otra manera. Si el agresor encima provoca el dilema escudándose en civiles, menos responsable soy aún.

Eso no está bien, me han dicho los que quieren vivir entre nubes y angelitos. Obvio que no está bien. No está bien matar no agresores, pero les tengo una sorpresa, no está tampoco bien matar agresores. No está bien matar. El fin del uso de la fuerza  defensiva no es matar a nadie, sino evitar morir. Matar al agresor es un medio a veces inevitable para conseguirlo, nada más. La vida en la nube impide ver que de lo que se trata en ambos casos, matando agresores o no agresores es de un dilema en el que se debe elegir entre dos males. El condenar al mal menor implica habilitar al mal mayor, pero los puros ignorarán ese punto y se harán responsables morales de mi muerte.

Por supuesto los terceros están en su derecho de preferir la subsistencia de los otros no agresores a la mía, pero resulta que tengo otra opinión. A Israel se le pide un grado de altruismo y auto-sacrificio que ni siquiera las religiones exigen.

¿Pero que pasa si Israel dispara a cualquier lado sólo para asustar a los terroristas? Pues Israel se convierte en Hamas, lo que estoy diciendo se aplica a la idea del “daño colateral” en tanto implique la elección entre la vida propia y la de otros, no estoy diciendo ni remotamente que unos pueden disparar por ser en sí mismos buenos, que es lo que sostiene Hamas.

Hamas no responde a ningún principio, usa escudos humanos, es decir provoca el dilema en el que Israel se encuentra, pero no se le reprocha nada ¿Por qué? Porque los defensores del cielo en realidad tienen temor de ser acusados de estar justificando muertes “inocentes”, por los mismos que elaboran la estrategia de deslegitimación de la defensa mediante la victimización forzada, que después de terminar con Israel, irán por ellos. El derecho-humanismo los encierra en un dilema del que sólo saben salir cortando el hilo por lo más delgado y atacando a quién saben que no los dañará.

Si, el juicio político investiga delitos con independencia del Poder Judicial

En este momento la diputada Alonso defiende la facultad del Congreso de investigar al vicepresidente y hace la distinción entre una investigación judicial y otra del ámbito político. Hace hincapié en que la causal de mal desempeño permite el procedimiento parlamentario con independencia del penal.

Carrió mencionó este mismo asunto pero fue mucho más precisa, aunque no se extendió. Lo más importante a responderle al oficialismo es que, como dijo Carrió, el juicio político puede investigar delitos con independencia de la investigación judicial, no solo por mal desempeño. De hecho ese es el mandato constitucional. Lo que no puede hacer el Congreso es aplicar una pena, su único fin es destituir eventualmente o inhabilitar al imputado.

La otra gran diferencia entre una investigación penal y otra política de un delito, es que en la primera está en juego el patrimonio y la libertad del imputado, en la segunda está en juego como principal bien jurídico, la subsistencia de la institucionalidad republicana. El Código de Procedimientos Penal protege al imputado de la arbitrariedad. La Constitución se preserva a si misma. El cargo de vicepresidente no le pertenece a Boudou.

Esto no quiere decir que el sujeto en cuestión no pueda defenderse, debe poder hacerlo porque de nuevo la víctima de que la acusación careciera de fundamento no sería él, sino la Constitución. Político no quiere decir arbitrario, quiere decir que el fin es otro distinto al de la protección de un individuo que no juega nada propio en el proceso. El que se hizo a la Corte constitucional entre los años 2003 y 2005 fue una simulación sin derecho de defensa y con alta arbitrariedad, aplicando normas a unos que no se aplicaban a otros, produciendo un daño catastrófico a la Constitución.

De manera que, como dijo Carrió, se podría condenar a una persona en un juicio político por un delito incluso habiéndoselo sobreseído en sede penal. Porque las garantías, el fin y el alcance del proceso son por completo diferentes. Por supuesto, si mediara una condena penal eso haría al juicio político un trámite formal. Pero la condena en un juicio político ninguna influencia tiene sobre el proceso penal.

Dicho esto, de cualquier manera un sospechoso de varios crímenes es imposible que pueda desempeñarse correctamente en su cargo como expliqué en un artículo de hoy en Infobae. De manera que Boudou podría pedir licencia para evitar incurrir en mal desempeño automático, pero no eligió no hacerlo, a mi juicio más en beneficio de la señora Kirchner que de sí mismo.

Plan B: La democratización de Griesa.

La viveza criolla es un gran equívoco. Hay una suposición de que existe un ingenio que permite reemplazar al cumplimiento de las obligaciones y que tal cosa es gratis. Pero la viveza criolla es nada más que estupidez e ignorancia. Después de una larga tradición de “pioladas” esa actitud se ha vuelto cultural y en esta última etapa algunos quieren creer que es incluso una ética alternativa.

El triste gobierno de la señora Kirchner es en sí mismo un fútbol para todos y para todo y lo demuestra en el “i-reality” show que ha montado como reacción al fracaso judicial que su negativa a pagar a los holdouts ha tenido en los Estados Unidos.

En su propia composición de lugar la señora supone que siempre tiene razón en sus caprichos y que es cuestión de adaptar todo lo demás a eso. Primero emite unos bonos atrayendo a inversores con la posibilidad de manejarse en el terreno privado y en una jurisdicción lejos de los oyarbides. Cuando llega el momento de pagar, invoca sus privilegios políticos basados en la “real politik” que gobierna al derecho internacional público.

Se habrá reunido Kicillof con sus abogados geniales a pensar en todo lo que podían hacer para “democratizar a Griesa” y demostrarle que el poder manda sobre la justica con la bandera en la mano. Se les ocurrió leer la letra chica de los bonos reestructurados y hacer una solicitada para contarles a los argentinos que piolas que son en mandar el dinero al Banco de New York, para que después sea un problema de Griesa, el mismo banco, los holdouts, los que entraron en el canje, Obama, las naciones Unidas y la Fifa que no deja morder a los países pobres. Les cierra, les parece un plan perfecto. El sentido común no les dispara ninguna alarma.

Claro, pequeño detalle, hoy el pago en Nueva York se maneja por una norma individual que estos tipos presentan como la peor amenaza que tiene la Argentina hoy, pero eligen ignorar después. Como hacen con todos los problemas los locos, los tontos y los piolas.

Para que la estúpida solicitada argentina tuviera alguna eficacia el fallo de Griesa de 2012 tendría que no existir. Y si no existiera tampoco sacarían solicitadas, ni viajarían a Rusia o pondrían a Rial y a D’Elía a tuitear al unísono. La decisión del tribunal neoyorkino es la parte más específica de todo el conjunto de normas que gobiernan los pagos argentinos en aquella sede y me atrevo a decir que los tenedores de bonos reestructurados pueden demandar con más facilidad al gobierno argentino ahora, que si hubiera pagado a los holdouts amparado en el fallo. Hasta el Banco de New York tiene unos buenos motivos para reclamarle honorarios legales. Tema de ellos.

El problema principal no es la falta de pericia específica en la maniobra, sino siempre reaccionar con maniobras como si fuera la estrategia más inteligente. Esa viveza lamentable es propia de los abogados sacapresos o los que defienden inquilinos insolventes, que hacen cualquier cosa en un intento por confundir y ganar tiempo, porque el nombre de sus clientes no tiene valor alguno. Esto es lo otro que no incorporan los vivos al razonamiento, es que fuera del conflicto particular que tratan hay una vida y unos testigos que ven cómo se comporta el país y que eso significa encarecer todas sus transacciones futuras en el terreno contractual y hacer menos valiosas sus ofertas. Se paga por otras muchas ventanillas más caro que la deuda que se quiere bicicletear un rato. Estos abogados no están defendiendo a un ermitaño sino a un estado que se supone que tiene que salir a hacer todo tipo de tratos con la gente que lee los diarios y ve cómo se comporta. En concreto su cliente estaba buscando plata desesperado hasta la semana pasada y hoy publica solicitadas queriendo mostrar su habilidad para evadir obligaciones.

La deuda pública debería prohibirse. Por desgracia eso no ocurrirá y países como la Argentina volverán a tener crédito, porque hay todo un sistema de ladrones cobrando comisiones con la facilidad de tratar con recaudadores, en vez de productores. Pero aunque tal bendición llegara, sea por prohibición o por pérdida total de crédito, todo contrato se encarece para alguien en el mercado que se maneja con los parámetros de un pandillero.

Por eso es altamente irracional, irresponsable, demagógico y políticamente correcto el discurso opositor basado en consideraciones nacionalistas muy fuera de lugar, diciendo que en estas circunstancias hay que estar detrás del gobierno. Quienes fueron a hacer el papelón de viajar a Washington D.C. para respaldar al gobierno de la señora, se convirtieron en parte del problema y en su afán de sentirse defensores de las “reestructuraciones”, terminaron convenciendo más al mundo sobre la imposibilidad de confiar en el país.

Hay una ética de los negocios porque es mucho más barata que la trampa. Los que operan en el mercado no son kantianos, son utilitaristas puros. La ética es negocio. No es que los anglosajones no son tan vivos y nosotros somos los mejores mojando orejas. Ellos viven con menos esfuerzo y nosotros nos consolamos en una profunda estupidez auto-satisfactoria.

Pero no creamos que esto es un problema sólo del oficialismo o de los políticos. La confusión es generalizada. Los análisis que se leen o se escuchan, están por completo desprovistos de preocupación por el hecho de que la Argentina sea tramposa, apenas están esperando ver si le da resultado. No conocen el otro costo gigante que se pagará por esto. Es un país vacío de pensamiento, lleno de fútbol.

#AlasOcho será #MásDos

Un programa financiado con aportes voluntarios.

Convertite en productor


 

A Las Ocho llega al fin de su ciclo este 30 de Junio, y queremos aprovechar para mandarles nuestro más sincero agradecimiento a todos los Productores Ciudadanos que lo hicieron posible y, por supuesto, a nuestra fiel audiencia que está todos los días firme, al pié del cañon participando del programa y difundiéndolo.

Pero A Las Ocho no se termina. Evoluciona.

Como los artistas, los analistas políticos también se deben a su público. Es por eso que con la experiencia lograda en estos tres meses, queremos comenzar una nueva etapa, con un programa llamado Más Dos (+2) con una temporada de 6 meses, desde Julio hasta Diciembre.

Más Dos será un programa semanal de 40 minutos, que se transmitirá todos los Martes a las diez de la noche (22 hs) por www.alasocho.tv. Esto permitirá un mejor trabajo de la producción, para condensar todos los temas de la semana y presentar un panorama más global de lo que pasa en esta Argentina tan cambiante y qué acciones pueden tomar los ciudadanos.

Además, el cambio de horario al “Prime Time” de Internet va a posibilitar una mejor comunicación con la audiencia y, por qué no, armar un poco de revuelo en las redes sociales. Como siempre, seguirán presentes los mejores invitados.

Más Dos también se financiará a través de Productores Ciudadanos (toda persona interesada en que el programa exista) pero, a diferencia de A Las Ocho, no será una campaña por tiempo determinado, sino que permanecerá abierta mientras dure el ciclo.

El objetivo es cubrir los costos mensuales de producción del programa (U$S 1.000) por los seis meses de duración de la temporada, o sea un total de U$S 6.000.

Como en el ciclo anterior, los aportantes se convertirán inmediatamente en colaboradores y productores de www.alasocho.tv y Más Dos. Se podrán realizar los aportes con Tarjeta de Crédito (via Paypal), Paypal o Bitcoins a través de los botones del costado. (Por otras formas de realizar aportes, enviar un mail a alasochotv@gmail.com).

Muchas gracias por hacer posible esta iniciativa, por participar, por pensar, por jugarse y por no rendirse en la difusión de las ideas de la Libertad.

Roberto y José.

Mis diferencias morales con el Papa Francisco

El Papa relacionó la “adoración al dinero y la guerra” con manifestaciones de un sistema económico que “ya no aguanta”. En el centro de todo, sentenció el pontífice, tiene que estar el hombre y, como un signo de estos tiempos en los que pareciera que nos hubiéramos estado refiriendo solo al varón con esa palabra, agregó “la mujer”. También mencionó a los jóvenes que en su interpretación son “excluidos por la desocupación”. Según él esto es pura maldad de la “economía”, en particular del culto al dinero.

Hay dos clases de creyentes. Están los creyentes en el catolicismo que aceptarán o no este diagnóstico, lo criticarán, reflexionarán o le darán algún crédito pero estarán dispuestos a revisarlo. Pero también están los que hacen ídolos, que adoran a las personas y entienden la religión como la suplantación del propio cerebro por la consigna de un líder. En este caso el Papa. Estos segundos crecen de modo exponencial, sobre todo en la Argentina. Gente que ofende y agrede ante la crítica al Papa. Mi recomendación es que los de éste grupo no sigan leyendo. Supongo que si se tientan a continuar tendrían que confesarse o flagelarse, de manera que no me parece negocio.

Ahora si, voy a la cuestión que me interesa. Mis diferencias con el Papa Francisco no son económicas, son morales. No lo descalifico como persona, conozco su tipología porque he soportado muchos sermones en esta misma línea que en realidad si hace un culto del dinero pero al revés. Rechaza la producción y adora lo que el fruto de esa producción puede hacer por los que no producen. El Papa, y tantos curas idénticos que he conocido en mi pasada vida religiosa, por más que lo verbalicen, no siguen a Francisco de Asis, sino a una versión populista de su figura. Tal cosa responde a una formación política, no religiosa, de la que América Latina en general es víctima.

Francisco de Asis descubrió el camino del desprendimiento como una forma de liberación interior. Renunció a los llamados bienes materiales. No estaba haciendo ninguna reforma económica porque buscaba la pobreza, no la rechazaba. Si en cambio rechazaba al poder, ni siquiera aceptaba que sus seguidores fueran designados cardenales de la Iglesia. Es una idea que siempre me parecido interesante y coherente. En algún momento, en algún aspecto todos practicamos algo de ese desprendimiento. Nos sentimos demasiado atrapados por algo que queremos y le ponemos un freno. Para el Francisco original, eso debía hacerse todo el tiempo y él lo practicó porque era inmensamente honesto. Nunca hubiera aceptado ser Papa y jamás se codeó con ningún poderoso.

¿Es la doctrina franciscana compatible con el capitalismo? Por supuesto, los bienes están definidos por la subjetividad, no hay ninguna diferencia entre que unos busquen la felicidad cambiando el auto y otros regalándolo. Lo importante es que cada uno pueda seguir su plan de vida, como le parezca, con sus valores. Es muy valioso para todos que los otros lleven a cabo otros proyectos y poder observarlos, aprender y debatir sobre cómo es mejor vivir.

Pero la versión populista de aquella idea es por completo diferente. Ahí se trata de encontrar el pecado en el que produce, no de desprenderse de nada. Al contrario, la idea es quedarse con esa producción. Está siempre asociado al autoritarismo, esto es al estado que no es otra cosa que autoridad. Francisco de Asis con el estado no tenía ninguna relación. El falso franciscanismo es en cambio una forma de manipulación desde el no tener para condenar a los que tienen y proclamar que el fruto supuestamente mal habido del “culto al dinero” sea repartido, en lugar de quemado en una hoguera. Te culpo por lo que hiciste y me quedo con los frutos.

El franciscanismo populista es política económica basada en condenas morales. Existe la misma diferencia entre ambas versiones que la que hay entre un nutricionista que nos aconseja bajar las calorías y el cocinero de una cárcel que nos sirve una sopa insulsa.

El adorado sistema educativo produce con mucho gasto candidatos a empleados. El proyecto del estado argentino y de la mayoría es que la gente esté preparada para tener buenos sueldos. Es decir, opera como un subsidio al empresario y esto es una gran distorsión, de la cual es autora la política, no la economía. Tampoco a la guerra la hacen los empresarios sino los gobiernos. Un empresario que cuenta con un ejército, no es un empresario, es un gobierno. En todo caso los contratistas del estado o empresas asociadas al estado podrían estar interesadas en una guerra ¿Por qué no se apunta esta crítica moral a la política?

El Papa casi no ha dicho nada condenando a la política. Y no lo ha hecho porque en su pensamiento moral el problema es el lucro como si fuera un pecado. El entiende que a esa “mala tendencia” hay que controlarla con el estado. En consecuencia es su pensamiento moral el que fomenta la guerra endiosando al monopolio de la fuerza como si tuviera funciones de vigilancia de la concupiscencia. Esa visión es la que fortalece a los contratistas del estado y crea los intereses que conducen a que la fuerza se use para poder proveer insumos.

Advertí a los católicos del segundo grupo que no siguieran leyendo para que ahora no me digan que han encontrado una cosita que les serviría para negar la realidad del Papa más antiliberal de los últimos tiempos. Pero la realidad es esta: si, el Papa es estatista y negarlo es evadir la realidad. No es mi intención poner a la realidad en discusión sino el pensamiento moral del Papa sobre la economía. Me podrán decir que la realidad bla bla bla. En tanto en este punto tal cosa es evasión pura del problema, los abandono en sus juegos y sigo adelante. Supongamos que contrariamente a lo que digo el Papa suscribiría lo anterior. Pues entonces no pierdan el tiempo enojándose conmigo, festejen. No debería molestarles que diga lo mismo que interpretan que el Papa aceptaría, a mi juicio contra toda evidencia.

Sigo con la cuestión del sistema educativo y su relación con este tema. El Papa también piensa que el ideal es que el sistema económico provea buenos sueldos. Aquí está la gran contradicción. Buenos sueldos es buen dinero. Ah, pero podría ser sólo el dinero suficiente para subsistir ¿En qué parte de la Biblia dice que unos deben aportar a la supervivencia de otros? Me la perdí, si es que existe. Lo cierto es que somos dotados (por la casualidad o la providencia) de los medios de subsistencia. El sistema educativo (controlado) nos convence de que alguien nos pagará bien si pasamos varios años escuchando un “programa” cuyo fin es que el mundo se divida entre empresarios y empleados y nosotros seamos en general de la segunda categoría, para estar quejándonos de la maldad de los de la primera con ayuda de todos los sermones.

Pero lo cierto es que para que haya buenos sueldos (o simplemente sueldos) debe haber gente que haga “el culto al dinero”, al menos mucho más que nosotros. Aclaro, esto del culto al dinero es nada más que una etiqueta estigmatizante. La gente que se ocupa mucho más que nosotros por conseguir dinero no es muy diferente que la que se ocupa mucho más que nosotros de jugar al tenis y gana campeonatos. La diferencia es que los primeros nos son absolutamente indispensables, son una verdadera bendición de la vida. Con su iniciativa y riesgo la economía todavía subsiste a pesar del sistema educativo, a pesar de este parasitismo moral que intenta poner a los mejores de nosotros (si, los empresarios son los mejores de nosotros; no los que tratan con el estado, esos son lobbistas) en estado de culpa permanente, para ser parasitados. Ese parasitismo moral impide entre otras cosas, que haya mejores sueldos.

¿Puede existir como problema moral la obsesión por el dinero? Claro, como por el tenis. Toda obsesión es mala, pero eso no agrega mucho. Ponerle a una ocupación el carácter de obsesión depende del punto de vista del observador. Desde afuera nadie puede afirmar que otro está obsesionado por algo, en cambio él si. Es una elección personal el punto en que el sujeto entiende que está atrapado en un círculo perjudicial. Colgarle a otro esa etiqueta es una forma de manipulación. No se busca el bien del “diagnosticado” como “obsesionado”, sino servirse de él. Y si esto se menciona como un “sistema económico”, entonces se está condenando a la función y se está convirtiendo en pecadores a todos juntos.

Seamos coherentes. Si creemos que estamos condenados por el culto al dinero de los empresarios, reclamemos que la gente renuncie a sus empleos, se están contaminando compartiendo el fruto del pecado. Nadie debiera aceptar sueldos de los herejes dinerarios.

El Papa no escucharía esto, no le interesaría adentrarse en los mecanismos que condena para ver hasta que punto está equivocado y está provocando un enorme daño moral y económico y ayuda a perpetrar enormes injusticias. Porque el vicio más común del moralista es encontrar una visión de cómo se divide el mundo entre buenos y malos que asegure la propia permanencia entre los primeros. Eso es lo que se defiende y la prueba es cómo se despreocupan los condenadores del lucro de los frutos que se obtienen siguiendo su pensamiento. De eso hay suficiente literatura como para no tener que detallarlo.

Tengo cero intención de ofender ni a los católicos pensantes ni a los católicos obedientes; tampoco al Papa por supuesto. Se que él ofende sin querer a gente que no lo merece. El remedio a eso es responder, no callarse. Creo que la justicia es más importante que el Papa y que de las cosas más necesarias a debatir están las falsas éticas que nos condenan a la insatisfacción, la división innecesaria y al autoritarismo.