La estafa socialista

Hace mucho que combato la “culpa liberal” por su retroceso en el mundo en general. Como toda culpa “relatada”, es materia prima para los parásitos políticos. No solo políticos en lo formal, sino cualquier clase de manipulador que no tiene de verdad nada que aportar y se especializa en medrar sobre el esfuerzo ajeno. En mi libro “Hágase tu voluntad…” me ocupo de ese “cielo liberal” que es la huída de la culpa y se trata de otra trampa: El deseo de estar libre de culpa, creyéndosela en primer lugar.

Hace tanto que veo a la gente explorar inútilmente en busca del “mal que llevamos dentro”, que ya creo que es hora al menos de que empecemos a dudar de todos los que nos venden tratamientos sobre nosotros mismos, pases mágicos y palabras nuevas que nos librarán “de todo mal”. Basta de autofagia descubridores de réprobos.

En lugar de buscar el pecado bajo la forma de poca simpatía o caída en la tentación, deberíamos observar la pérdida del tiempo en marketing y el olvido de las ideas. En general esas más duras de las que el marketing huye, son el núcleo de resistencia del autoritarismo que es más importante enfrentar. La culpa nos lleva a buscar perdón, ese es precisamente el objetivo del que la inyecta; un poder del cual los inquisidores internos pretenden hacerse de una parte. Nos estamos perdiendo el panorama sobre hay que operar por mirarnos el ombligo, como nos proponen.

Esto viene a cuento en realidad del resto del planteo del libro. Estamos entrando en el año 2016, mucho después de que imagináramos gracias al optimismo capitalista que los autos volarían. No vuelan pero han pasado de cualquier manera cosas asombrosas. Hemos visto a la rémora del marxismo fracasar otra vez, pero ahora mintiendo desde el vamos. En el siglo XX mintieron después de fracasar, en el del XXI supieron siempre que el socialismo sólo existe en una fantasía que debe imponerse a costa de extorsión, compra de voluntades, amenazas y miedo en general. Esta vez el socialismo se empecinó en que la gente creyera lo que no veía, con fines muy concretos de beneficios para sus cúpulas. El marxismo se ha reducido en el siglo XXI a un modus operandi criminal.

Pero esa es la gente a la que la sociedad sigue pegada a la hora de pedir perdón. A ellos y a sus versiones light, a sus predicadores que difunden su moral y se desentienden de los resultados. Esos que dicen que la izquierda nunca gobernó sólo porque nunca consiguió nada de lo que prometió. De esa caterva de malvados e inútiles me dicen que tenemos que aprender comportamiento, que nos enseñarán a sonreír mejor. Toda su periferia llamada izquierda que prometió ya hace muchas décadas acabar con el “capitalismo salvaje” y darle un “rostro humano”. Tenemos toda la violencia llamada “política social”, justificada por la bondad repugnante de los manipuladores y a la vez la pobreza creciendo, como sabíamos perfectamente que ocurriría. La riqueza no se reparte, se produce. Si unos bandoleros vestidos de pastores en una entelequia llamada estado se ponen a repartirla, pues se ponen a empobrecer. Ya pobreza es un falso concepto, lo explico extensamente en el libro. Pero esa falta de lo que se requiere, no tiene una “causa”, salvo en este socialismo, generalizada en el hecho de que unos consiguen cosas por la violencia estatal disfrazada de amor, que pone a los que reciben a tirarse a los pies de los perversos repartidores. El fin justificaba los medios. El fin no esta, pedazos de estafadores. Solo están sus medios, haciendo el fin cada día más lejano.

Ya conoce el mundo a todo tipo de socialismo, bueno, malo, agresivo, papal, de ongs de figuretis. La caridad es un modo de relación, con efectos en el plano emocional y de muy corto alcance en lo referido a la obtención de bienes y servicios. Tiene un fin moral, la asignación de fines económicos no solo no responde a la realidad, a esta altura de los acontecimientos ya deberíamos saber que es una burda patraña. Ya tenemos todos los elementos para saber que los que venden el reparto como solución no tienen resultados, podríamos ya avivarnos, de que les importan tres carajos los resultados, lo que adoran son los medios. Al menos no los fines que enuncian, porque ellos obtienen poder.

Necesitamos descubrir modos de generar riqueza y hacer el esfuerzo necesario, también necesitamos, mucho más diría, que otros descubran el modo de generar riqueza, que siempre se hace en beneficio de otros que pagan o cobran. No necesitamos predicadores, no necesitamos repartidores, no necesitamos más mentirosos  y menos que menos los liberales convertirnos en policías internos de esa culpa corrosiva que diseminan todos los miserables.

Si el comunismo y todos los derivados de su perversión como la lucha de clases y la explotación, no le sirvieran a una minoría para obtener privilegios por la fuerza, a costa del empobrecimiento de la población en general, ya hubieran desaparecido. Es hora de decirlo con toda claridad, estamos a las puertas de 2016, hemos sostenido bastante toda esta estupidez como para seguir teniéndole paciencia o peder el tiempo peinándonos.

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