Dólar, la palangana pinchada.

Hay un déficit serio en explicar las cuestiones económicas porque falta convicción. No se tienen, no es una imputación sino un hecho. Eso pasó con la liberación (sucia) del precio del dólar que no es devaluación, solo es notificación sobre su valor real. El “precio” de 9,70 no es un precio para ser considerado, pero no porque fuera consecuencia de la intervención estatal. Directamente estaba restringido, no se vendía. 9,70 era un número al cual la oferta de dólares no aparecía y la demanda era abrumadora. Si la felicidad del público dependía de tener acceso al dólar como sostienen los criminales que fueron responsables de esa política, la felicidad en sí estaba prohibida. Y sobre todo estaba prohibida para la gente con menores recursos porque la policía fiscal controlaba que solo la gente con ingresos suficientes los pudiera comprar.
 
Hay algo más que tampoco se dice. La pista la dio el señor Marangoni en la campaña electoral intentando defender el cepo. Dijo con claridad que cuando no se podía manejar el precio se ajustaban las cantidades. Es lo que pasa en todo control de precios, en tanto las remuneraciones no satisfacen a los proveedores, las mercaderías desaparecen. Salvo que se le mande la gendarmería a toda la cadena de valor y se reemplace el trabajo voluntario por esclavitud, no hay forma de que una red voluntaria de producción y distribución, es decir, un sistema de precios, pueda ser “un poco” manejado a los golpes. 
 
Aquí viene la parte que cínicamente Marangoni esgrimía para justificar el cepo. Este era la restricción de cantidades producto de un precio manejado políticamente que no se podía cumplir. El cepo era el desabastecimiento decretado como consecuencia del fracaso del precio decretado. En este caso el gobierno era a su vez el que manejaba el precio político y el “desabastecedor”, lo que llamarían el “agiotista” o “especulador” los controladores de precios.  Cinismo en estado puro. 
 
Esto a su vez quiere decir otra cosa y viene a cuento de los que estuvieron diciendo que la “devaluación” igual pegaba en los salarios de mucha gente y en el precio de los alimentos. Vi desfilar economistas sosteniendo esto sin que se les caiga la cara. La restricción de las cantidades cada vez en grado mayor muestra la gran falacia detrás de todo esto. Ese “beneficio” parcial necesariamente ocurría para menor cantidad de gente. Había también una restricción a la importación de facto, con lo cual el supuesto beneficio de acceder a un dólar barato sin el dólar es igual a cero y como esa capacidad de regalar dólares era cada vez menor, tendía a la desaparición. Lo mismo la oferta, dado que la producción de alimentos disminuía, lo que ya vimos con la carne. Las cantidades se ajustan en cuanto a la oferta y por lo tanto también en cuanto a la gente que accede. Para los demás es mirar desde la vidriera en un número cada vez mayor. A esos les vendieron miedo, a los que no tienen nada que perder.
 
Básico: todo estaba desapareciendo mientras estaba afectada de modo mortal la oferta de dólares. Era una palangana pinchada con un policía vigilándola y distribuyendo el agua, negándole el pago a los que pudieran proveerla.
 
Se miente mucho, mucho, mucho. Y se evade mucho más.

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