La libertad ganará

La libertad ganará

La libertad va a ganar, es cuestión de tiempo. Si en este momento hay una ola furiosa para destruirla, llegando al punto de negar todo fin individual, como lo hizo el rock star pope Francisco, o rechazar a la austeridad como un parámetro para el gobierno, como hizo el nuevo líder del laborismo británico Jeremy Corbyn, o proliferan los líderes confiados que compiten por decir insensateces como Pablo Iglesias, la paciente psiquiátrica Kirchner, el personaje de comedia Morales o los dictadores a lo Woody Allen Maduro y Correa; si las universidades cooptadas a los codazos por esa izqueirda, tienen que defender anticonceptos, promover el control del pensamiento y los noticieros de la misma fe tienen que hacer de cada tormenta una factura para la gente que actúa para progresar, es porque esa ensalada de delirio contra el sentido común, es todo lo que tienen. Esta es la ola desesperada de los que piensan que no tienen ningún rol que cumplir si se excluye el uso de la fuerza para sus cruzadas morales, que son inmorales.

Ellos parecen ser conscientes de que si no destruyen todo, cosa que no podrán, la gente será libre. Nuestro trabajo es contestar tonterías.

Eso que llaman peronismo

Eso que llaman peronismo

Ya escribí antes sobre por qué la invocación al “problema peronista”, es una desviación de la cuestión que este concreto kirchnerismo, asociado a proyectos criminales similares en la región y no a la historia política argentina. Mi simpatía por el peronismo es nula, como lo es por el resto de los partidos políticos, que son peronistas sin presupuesto. El problema no está ahí, nos estamos quedando en un nivel que no resuelve nada, ni la emergencia de ser gobernados por una banda, ni la decadencia argentina que asombra al mundo.

El estereotipo “peronista”, que comparten individos de todos los partidos, está constituído hoy por aquellos políticos que se han dado cuenta de que el estatismo sólo sirve para robar. El problema lo tenemos con los demás, que están convencidos de que sirve para hacer cosas lindas, cuyo mayor representante del momento es el propio “santo” padre. Por eso es paradójico que la crítica moral al kirchnerismo, se sostenga en una confusión moral de proporciones siderales. El socialismo como moral corrompió a los “peronistas” (va entre comillas para que no se lo identifique con los que específicamente están en el peronismo) y estos están en un estadio cínico del problema; por eso caen peor que los “correctos”.

El socialismo bueno es como ISIS cortando cabezas por Dios. Cuando el papa le habla al Capitolio en los Estados Unidos, a los protoperonistas, esos peronistas en potencia que no han desarrollado su degradación pero creen estar en una cruzada moral, les resulta un dato irrelevante que está dando consejos morales al monopolio de la fuerza. La corrupción consiste en no percibir diferencia alguna entre ese “bien” hecho con las armas y la generosidad hecha con recursos propios. Primero tienen que tener sentido de lo propio, si no no hay justicia además de generosidad.

El peronismo mal que mal tiene remedio. Ellos ya saben que están robando. Los que roban con “honestidad”, son un caso perdido. La mentalidad radical está haciendo estragos en la oposición. Esto no se arregla con civismo, más bien se tiende a taparlo y a confundir a la gente.

Yo, Francisco; el rey.

Captura de pantalla 2015-09-26 a las 8.57.06 AMEl fervor por la figura del papa Francisco alcanzó su punto máximo durante la gira por los Estados Unidos, país que no había querido conocer antes por lo que representa políticamente. Se notó esa opinión en la selección de las figuras que propuso rescatar del país. Dos de ellas que recuerdan lo peor de su pasado, el racismo y la esclavitud, y dos asociadas a la victimización frente al mercado y las ideas socialistas. No parece un recorte precisamente positivo, pero a nadie le importó que dejara afuera a todos los notables individuos que hicieron de los Estados Unidos el país de la libertad desde su nacimiento. Pareciera haber dicho: Ustedes han hecho cosas horribles y lo que tienen para celebrar como resultado, los hace culpables frente a los socialistas representantes del sufrimiento. Pero la imagen ganó al mensaje o fue el vehículo para que simplemente se tuviera que aceptar.

Abrió su discurso ante el Capitolio invitando a los miembros del Congreso a legislar como Moises, para la unidad y en representación de Dios. No se hicieron críticas a esa asociación teocrática; no parece haber resistencias para algo así. Como un nuevo constituyente, un “re-founding father” sentenció que “La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo”. Es decir, el poder, el recaudador, el policía y el legislador (el que dice cómo se hacen las cosas), en síntesis, el que manda, tiene una misión de provisión; el monopolio de la fuerza es un hospital de campaña. La fuerza es servicio. No le habló a los norteamericanos pidiéndoles generosidad, lo hizo a sus políticos.

Ante la Asamblea de las Naciones Unidas fue mucho más explícito en su mensaje neo-constituyente: Los bienes son para ser usados para los demás, nunca para uno. Los derechos individuales son falsos derechos, los verdaderos derechos tienen que ver con repartir. Para aportar un poco a la confusión remitió a la definición clásica de justicia en tanto “dar a cada uno lo suyo”, pero siempre declarando al sufrimiento como acreedor, nunca al esfuerzo y jamás al propio disfrute de la vida. Volvió muchas veces sobre su visión sobre el mercado como un aparato de exclusión, dogma que no abandonará y si es necesario sostendrá ignorando la pobreza y la verdadera exclusión en Cuba y sin pensar que, cuando reclama por los inmigrantes en Estados Unidos, pareciera que esos aspirantes a habitar libremente en el suelo americano lo desean porque el mercado los recibe y el estado no. Los organismos internacionales de crédito son malos, pero no en tanto recaudan por la fuerza y prestan a los gobiernos irresponsables, sino en cuanto pretenden cobrar a los países en dificultades; que lo están porque el mundo se divide entre los que están bien que son malos y los que están mal que son buenos. Reservándose una última categoría para su propio estado, que es la de los que tienen por destino señalarlo. Esos organismos financieros, dijo, “están des-gobernados”, es decir “gobiérnenlos”. En general señores, gobiernen más, que están gobernando poco.

Si uno toma distancia del episodio y la explosión de emocionalidad (aunque ésta última es clave, ya voy a mencionar por qué) se percibe la anormalidad de este viaje y estos mensajes. Hay una aceptación de unos gestos y unas acciones que implican no solo la adhesión del jefe de la iglesia al credo socialista, sino su intención de que sea ejercido en nombre de la religión católica y por encima de todos los gobiernos de occidente. Del retiro de la Iglesia de la política en los últimos siglos, a este aprovechamiento sin pudor alguno de cierto grado de confusión reinante para cambiar el orden de las cosas. El estado ahora tiene un patriarca, algo inaceptable medio siglo atrás dada la terrible experiencia del pasado. No nos quedemos sólo con las expresiones de fe socialistas, útiles para inyectar culpa; sus movimientos y posturas no se compadecen con el orden constitucional tal como venía barajado. Todo tapado por un sentido abrumador del espectáculo político emocional, aprendido en un país que está muriendo bajo esa expresión artística. Es tan fuerte que cualquier disidencia o crítica, resulta políticamente incorrecta. Es el paso firme de la irracionalidad, la sacudida emotiva que permitirá justificar cualquier cosa y obliga a muchos a olvidar los contenidos y las tendencias. Como todo siempre va acompañado de alguna cosa elíptica que hay que descifrar, los negadores siempre tendrán pasto para no ver lo evidente.

No hubo mensaje religioso alguno de parte del papa, salvo el contenido en el rito litúrgico. Todo fue política y mensaje a los políticos. Ninguna nutrición espiritual, todo reclamo de desprendimiento. El problema es que ya ni se distingue entre bondad gratuita y religión.

Algunos periodistas del ala conservadora destacaron la poca o nula mención a Cristo en sus discursos. Aludió a los papas anteriores en las Naciones Unidas, pero siempre en referencia a cuestiones políticas. No mucha gente lo advierte porque todo es “bondad” en sus palabras, hasta tono y pose de bondad. Se mueve como pez en el agua en el acercamiento a las personas con efecto visual; una mano aquí, una sonrisa allá. A su vez no recibe a los disidentes en Cuba ni a las víctimas de los abusos sexuales a menores de parte de representantes de la Iglesia. Reúne a los obispos y los señala a ellos como las víctimas de esos escándalos, refiriéndose a cuánto habrán sufrido, sin mostrar interés alguno por las personas verdaderamente dañadas que expresaron su asombro. Pero el efecto y la pulsión políticamente correcta es tal, que los diarios coincidieron en titular el evento destacando que había dicho que la pedofilia estaba muy mal y que esperaba que no volviera a ocurrir. La palabra crimen no fue mencionada y el público fue des-informado por todas las crónicas(*).

El papa hizo una gira sin dudas histórica. Ha cambiado todo en mi opinión, empezando por la posición de la Iglesia como estado. La ha dado el lugar que sus antecesores modernos han querido evitar, como miembro pleno de la comunidad internacional. Un estado hecho y derecho, pero guía moral de todos los gobiernos. Con un gran despliegue populista y un manto abrumador de una bondad que borra todos los límites entre la espiritualidad y la política. Un signo de los tiempos que vivimos y los que vienen. A quienes nos interesa la libertad, nos toca ahora la tarea de cuestionar esa versión de bondad y esa versión de política. Como estado pleno, al Vaticano también se le podría reclamar la solución de todos los problemas y se le podrá atribuir a su falta de acción política (es decir de uso de la fuerza “legítima”) cualquier desgracia. Pero eso no ocurrirá porque el sitial ganado es del de señalar.

¿Es malo el papa? Esa es la pregunta que presumo me harían los encantados que no quisieran directamente insultarme, para preservación de la bondad, que de eso se trata este partido. No estoy interesado en ese juicio. Creo que quiera o no está haciendo mucho daño, pero no es su responsabilidad. Francisco con su formación y su posición existencial con la que ve a la vida como una desgracia general que debe administrarse con espíritu espartano y amor a la pobreza, encontró al mundo como está. No lo hizo el. Llega cuando el espíritu socialdemócrata es la idea casi única, porque en gran parte se ha huido del debate con ellos en el punto en el que para discutirlos hay que estar dispuesto a ser llamado malo y egoísta. Los socialdemócratas saben eso mejor que los directamente comunistas; mientras pongan de frente la culpa del otro lado encontrarán poca resistencia. De modo que este es un occidente lleno de culpas por sus éxitos y pocas por sus fracasos, acosado por una supuesta invasión bárbara que viene con su fundamentalismo. Ese cocktail parece perfecto para la irrupción de un papa que abandonara el pudor por la política y cambiara por completo su rol, sin que sea notado; un fundamentalismo alternativo, nuestro, sin turbantes. Porque sabe que así como ya no se ve diferencia entre bondad y poder, hay un pasito para borrar todo vestigio de resistencia a la teocracia.

Francisco hizo la gran gira de la culpa, incluso incorporó definitivamente una que no le pertenecía a la Iglesia para nada, la medio ambiental. Ahora, las administra todas. El es el gran legislador.

(*) El papa dijo dos días después que se había reunido en la mañana con víctimas de abuso infantil por parte curas estadounidenses. Según informó el Vaticano, fueron 3 mujeres y dos hombres, con los que estuvo durante 30 minutos. Sus nombres no se conocieron, no hay fotos del acontecimiento. El papa, que había evitado encontrarse con los representantes organizados de esas víctimas en New York y en su lugar había consolado a los obispos por lo mal que la habían pasado por esas noticias, comentó públicamente la realización de aquella entrevista privada después de que ocurriera, razón por la cuál no hubo cobertura de la prensa.  En el último día de su visita a USA, con profusa cobertura de los medios, el pontífice visitó la prisión más grande de Filadelfia. Recordemos que en Cuba omitió realizar esa actividad. En ese evento se dejó fotografiar abrazado a los presos. No hizo ninguna alusión a la necesidad de arrepentimiento. El dato más relevante, conectado con lo anterior, es que el obispo William Lynn, condenado por abuso sexual de menores, era uno de los internos de esa cárcel. Días antes de la visita papal, fue trasladado a otra prisión en el noreste de de Pensilvania.

El ideal social del papa Francisco, a la luz de su viaje a Cuba

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Fuera de Cuba, la pobreza es culpa del capitalismo. Dentro de Cuba, la pobreza es “como una madre” y hay que agradecérsela a Dios.

Fuera de Cuba visitó a los presos. Dentro de Cuba, visitó a los carceleros.

Fuera de Cuba le pidió a los jóvenes que hagan lío. Dentro de Cuba les pidió a los jóvenes concordia. “Si nos dejan”, gritaban algunos osados respondiéndole.

Fue asombroso ver su “no ver”, respecto a los disidentes. La respuesta que da en la conferencia de prensa en vuelo de Santiago de Cuba a Washington DC sobre la cuestión es la negación más completa: No se, no me enteré de nada ¿Si quisiera recibirlos? ¡Eso es un “futurible!”; ¡Yo quiero hablar con todos! Es decir, no me interesa particularmente.

Creo que si se le pregunta a un niño cuál es el gran problema moral en Cuba, contestaría que la libertad. Ni una palabra papal hubo sobre la cuestión, propuso amar a la pobreza, que en Cuba es sometimiento, no fracaso.

Hay otra afirmación que es un indicio que ayudaría a desentrañar dónde está parado el papa Francisco. Sugirió no dejarse llevar por las “ideologías” y abrazarse a Dios.

El capitalismo, pese a que se lo quiera ver de esa manera, no es una ideología. No pretende ser una cosmovisión, es el reemplazo de las cosmovisiones por las “microvisiones” de los individuos que así como producen bienes, producen ética. El orden del capitalismo es resultante, no previo ni establecido por un libro sagrado. Lo único establecido es la base institucional de la libertad: la ausencia de agresión y el respeto al otro, para que a partir de ahí las personas se ordenen de modo contractual sobre la base de sus intereses. Marx nunca entendió esto, por eso describe al capitalismo como la consecuencia de posiciones de clase, que a su vez deriva de su teoría de la explotación, derivada a su vez de otra teoría, de Smith, sobre el valor trabajo. Según él, la ideología capitalista está constituida por todas esas limitaciones mentales que los explotadores inyectan a los explotados según un proyecto de dominio. Tal es una visión completamente infundada, sostenida en la atribución de intenciones y no en el capitalismo tal cual es: ausencia de agresión e independencia del individuo para seguir su propio plan de vida, liberado de una épica colectiva. No hay ninguna explotación en el trabajo, sino comercio, de ambas partes.

Sin embargo el uso habitual de la palabra ideología es otro, se refiere a las distintas ideas racionales sobre la organización de la sociedad y los principios morales que las sostienen. Aquí es donde el papa invita a relativizarlas, pero para reemplazarlas por Dios. “nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas”.

Podría hacer una interpretación liberal de estas palabras. Unas ideas que impliquen sometimiento, impuestas sobre otras desde el estado, son incompatibles con el bien de las personas. Unas ideas que valen más que las personas, necesariamente serían unas ideas que prescinden de su voluntad. Pero el papa no tiene más que palabras de reproche contra símbolos de libertad, como el dinero o el desarrollo, al que encuentra pecaminoso y contaminador. Todos los males parecen estar explicados por la ambición humana libre, en oposición a la moral restrictiva de origen divino. Sus ideas, pienso, no sirven al hombre libre que sigue sus aspiraciones, sino al hombre según su ideal. Ese hombre ideal amado no somos nosotros que deseamos vacaciones y aire acondicionado, es un hombre según ideas previas, mal que le pese a Francisco; ideas previas alejadas de la realidad de lo que somos. Servir al hombre ideal no es servir al hombre, sino a un estereotipo “ideológico”.

El marxismo si parece ser una ideología en el sentido marxista del término. Se trata de una cosmovisión sobre la base tradicional del pensamiento moral trascendentalista. El individuo es malo cuando se separa del grupo, el bien coniste en el bien del grupo. El individuo tiende a perjudicar al otro y no es suficiente eliminar la estafa y el robo, porque el mal no consiste en el crimen, sino en querer vivir para sí mismo; en lo que se quiere, no en lo que se hace para conseguirlo. Está mal “querer aparte”, está mal ser libre. Todo esto se afirma sin sostenerlo en un Dios, desde el ateísmo. El marxismo ingresa a la era de la razón suplantando a la religión manteniendo su estructura, para someterse a una razón en tanto diosa, como su revolución madre, la francesa. Se deshacen de Dios, pero sólo imaginan estar gobernados por un sistema mundano alternativo, que se le parece bastante, como una pirámide, pero que es comandado por un grupo en la tierra que no reconoce límites ni en el más allá. Dios, ahora, son los gobernantes marxistas.

El capitalismo como la simple vigencia de las razones individuales, no está preocupado por sustituir a la religión por otra cosmovisión que le compita, sino en retirarla de la política y también a cualquier otra cosmovisión; dejar que el poder terrenal se reduzca a una función defensiva y permitir que los individuos elijan incluso si van a tener una ética trascendente, ya no obligatoria, u otra que prefieran. La religión deja de ser un orden político, para convertise en una elección individual. Separar a la religión del estado, en principio un pilar del cristianismo largamente ignorado por los cristianos de Roma, no persigue un fin ni administrativo ni religioso, sino de libertad del individuo. Quiere la no imposición del “bien” con los garrotes; dejar el garrote relegado al ejercicio de la justicia, es decir, a un fin defensivo. En el uso común, sin embargo, ambas son “ideologías”, tanto el marxismo como el capitalismo y ese será el sentido utilizado por el papa. Lo que es cierto es que ambos sistemas de ideas no pertenecen a la religión porque tratan asuntos de la tierra y dirimen cuestiones de poder. Eso es algo adquirido como valor general, dado que la unión estado-religión, llevó a la humanidad al desastre. Occidente ya guió sus asuntos mediante la religión; estuvo gobernado por la Iglesia a la caída del imperio romano, durante la edad media, bien llamada oscurantismo. Todavía hay muchos resabios de eso como el control del matrimonio y la legislación familiar en general.

Hay que vincular la contradicción papal sobre el tema de la pobreza que mencioné al principio justamente con esa cuestión ¿Qué es lo que hace ver al papa a la pobreza como un mal del capitalismo, dado que no entiende una palabra de economía y, a su vez, dentro de la  isla sometida a los Castro a la misma pobreza como un regalo divino? La respuesta está en qué es lo que le reprocha al capitalismo y qué es lo que le reprocha al comunismo.

Somoza es “nuestro dictador” decía Franklin Roosevelt. La pobreza medieval era “nuestra pobreza”, podría decir Bergoglio; la de Cuba también la interpreta como propia, dado que ocurre por llevar adelante el plan moral como obligación del altruismo sin individuo, pero olvida a Dios. Incluso lo ha prohibido en el pasado, eso es algo que a la Iglesia si le interesa revertir.

No importa si esto es consciente, como pasaba con Roosevelt, nos sirve para interpretar el pensamiento que inspira al papa sobre la sociedad y cuál es su ideal e integrar sus contradicciones.

En cambio el reproche del papa al capitalismo es moral, atribuyéndole todos los males, incluidos los problemas ambientales y cualquier cosa que no logre, porque (al igual que el marxismo ve a al capitalismo), entiende que para reemplazar al paraíso divino (o al marxismo) el capitalismo debería querer ser un paraíso alternativo. De ahí que hable de “endiosamiento del dinero”, cuando el dinero en el capitalismo es instrumental, no es la competencia de un cáliz.

El presupuesto de orden moral dictado desde arriba y el pensar que si eso no existe lo que hay es pecado y degradación, lo une al marxismo de alguna forma. Por eso se reúne con Fidel Castro para hablar de medio ambiente. El desastre ambiental que es la propia Cuba comunista no le importa, es “nuestro desastre ambiental”, el problema está en el mundo capitalista. Tampoco importan los presos del régimen cubano, son “nuestros presos”, como los de la inquisición, presos en nombre del “bien”. Por eso el plan para los jóvenes en Río es el lío y a los cubanos aplastados por el estado les ofrece sumisión amorosa. Y esperanza, es decir; esperen.

Sea o no consciente o planificado, el ideal papal es una gris edad oscura llena de valores categóricos, sin ninguna comodidad o aspiración humana realista, con plenos poderes de la Iglesia para gobernar a la sociedad civil y privar al hombre de la modernidad que lo aleja de su iglesia y de su idea de bien. Por eso no le interesará oír los argumentos económicos ni dejarse impresionar por las evidencias respecto a cómo el capitalismo saca a las masas de la pobreza. No quiere ese resultado, sino una pobreza con mucha misa, pero no la religión atea que proponen los Castro, que le es ajena.

Si miramos el panorama un poco más alejados se ve más claro lo que está ocurriendo. En los propios países occidentales el altruismo socialdemócrata del reparto político ha dominado el pensamiento social. Lo que llaman capitalismo es el remanente de independencia individual, descontados grandes impuestos para hacer “el bien”. Este es, entre todos los intentos de paraíso en la tierra, el que pretende ser menos violento porque deja que la gente opine. De cualquier manera los ámbitos de opinión se van reduciendo, en nombre de la “bondad”. Esto pasa en las universidades que la restringen apelando a la anti-discriinación y al combate al “discurso de odio”; en fin, un intento de eliminar el pensamiento libre en nombre de la preservación del bien, sin rebatir las ideas incómodas con unos argumentos mejores, sino descalificándolas como “peligrosas”. Hay casos de universidades que rechazan la apertura de centros de estudios sobre la economía de mercado financiados por empresas, porque esa sería una visión “interesada”. Lo importante son las visiones “desinteresadas”. La corrección o incorrección de los razonamientos no importa, sino su base “moral”. Interesadas o no las ideas (todas parecen serlo), el lugar para rebatirlas debería ser la universidad. El pensamiento se aplaza por razones extra racionales.

En ese contexto la amenaza que viene de medio oriente se ve cada vez más como religiosa o cultural y no militar e institucional. Si nos gana la irracionalidad, nuestros enemigos también lo serán en su irracionalidad en si y no en sus acciones.

El populismo, sobre todo el latinoamericano, reconoce como una de sus fuentes al marxismo, pero van mucho más allá porque el marxismo no les permitiría subsistir y ha sido completamente refutado en el campo racional. Ni la teoría de la explotación se sostiene, porque el valor no está dado por el trabajo, ni los proletarios se comportaron nunca como Marx pretendía; más que rechazar a su “explotador”, no hacen más que tratar de relacionarse con él en búsqueda de una vida mejor. Por lo tanto ahora el populismo se declarará a si mismo como un cínico aprovechador de todos los resentimientos y debilidades sin el más mínimo análisis acerca de si se justifican. Vendrían a ser los populistas los teóricos últimos de la práctica nacional socialista de Hitler, un gran explotador de todos los resentimientos para convertirlos en poder político omnímodo, dividiendo a la sociedad. Pero esos populistas no lo hacen en búsqueda de un orden mejor que se sostenga en una teoría como la de la explotación, sino sólo para establecer un vínculo de poder ilimitado y tribal entre un líder y los resentidos, contra todos los demás.

El papa va en la misma línea y, aún a riesgo de que su posición pueda ser considerada panteísta, incorpora los prejuicios más izquierdistas sobre el ecología y se une a Fidel Castro en los reclamos, sin que importe para nada que Cuba sea un lugar espantoso como medio ambiente humano. Su mensaje es “dejen las ideas”, únanse a un líder pero no a uno de este mundo, sino más arriba, uno que yo mismo represento. Sin pensar, sólo por amor. Pero no lo dice en términos espirituales, sino operando directo sobre el sistema político, mientras está en juego la libertad y el poder, pretende cambiar el eje hacia el amor, ese amor, universal, a la humanidad o al hombre en abstracto, que permite, o incluso invita, a olvidar al hombre disidente en concreto que se le quiere acercar para encontrar consuelo ante la persecución de los buenos ateos.

La conclusión es que el capitalismo como racionalidad individual, productora, con fines abiertos, no pudo ser respondido en el plano racional. Asistimos a la alianza de todas las irracionalidades y el simple reemplazo de la libertad por un orden benigno, tan benigno como lo fue la Inquisición. Sabemos como termina esto, el que no quiera ser bueno, se verá en problemas.

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Artículo de Crónicas Inconexas, número 11

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El peso político del papa no viene del Vaticano

La particular impronta política que el papa Francisco le ha dado a su pontificado, obliga a preguntarse sobre la confusión entre el rol estrictamente religioso y su actividad como jefe de estado. Algunos de sus movimientos, como los siete encuentros con Cristina Kirchner, usadas por el oficialismo argentino sin ningún pudor, su intervención para descongelar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, con el riesgo de legitimar a un régimen totalitario que tiene sometida a la isla desde hace casi sesenta años, o ciertas omisiones respecto de las violaciones a los derechos humanos en Venezuela, están en la lista de sucesos que dividen las opiniones. El recurso para explicarlos es resaltar  que el papa además de ser el jefe de la Iglesia Universal, es un jefe de estado.

Es util por lo tanto recordar de dónde viene el particular status jurídico del estado Vaticano. A partir de la unificación italiana en 1870, el papado pierde su dominio sobre los estados pontificios, territorio el que ejercía un poder temporal absoluto. El Vaticano surge como una forma de otorgar independencia a la Iglesia respecto del estado italiano, reconociéndole a un sector de Roma el carácter de estado independiente y sujeto de derecho internacional. Fue acordado en los Pactos de Letrán entre Benito Mussolini y Pío XI. Se trata de una rémora de aquellos estados pontificios en los que los papas reinaban. Pero el Vaticano no es así nomás un estado como los demás, de otro modo habría que exigirle su adaptación a los parámetros actuales de los estados modernos, antes de aceptar su lugar como un país normal. Lo cual, en el caso de la Iglesia, sería absurdo.

Por lo tanto el papel político del papa como un jefe de estado, es de una legitimidad bastante relativa. Lo cierto es que su papel adquiere importancia en la medida en que el jefe de ese estado representa a una de las religiones con más seguidores en el mundo. Quiere decir que su peso político no está dado por su insignificante territorio, población y peso económico, mucho menos por la legalidad de sus instituciones propias de la Edad Media, ni su condición de par de los demás miembros de la comunidad internacional, sino de su posición y representatividad religiosa. Por lo tanto, separar el rol espiritual del político en el caso del papa, es imposible. Si el papa fuera tratado olvidando esa condición, no tendría más relevancia que el príncipe de Andorra.

Dado lo anterior, sus movimientos a favor de determinadas tendencias políticas y contra otras, comprometen a los católicos quieran o no y a la iglesia como organización universal.

Por supuesto que los papas pese a cualquier purismo, tienen un peso político que utilizan. Pero los antecesores de Francisco tal vez han sido más conscientes de sus limitaciones, sin ejercer su poder de un modo tan abierto. Querrían evitar provocar una situación como la que llevó a Stalin en 1935 a preguntar cuántas divisiones tenía el papa, cuando el canciller francés le pidió que aflojara la presión sobre los católicos rusos.

Con más cuidado otros papas han intervenido en cuestiones que no puedan ser interpretadas más allá de su autoridad moral como guía de los católicos. Juan Pablo II medió en el conflicto entre Argentina y Chile en el año 1978 por medio del Cardenal Samoré, pero no se dirimían ahí más que límites fronterizos. No parece ser del mismo tenor pedirle concordia a los cubanos poniendo en un plano de igualdad a un gobierno totalitario y a la población indefensa. La necesidad de ser diplomático en la visita a la isla, implica de por sí un dilema moral de difícil solución. Con la detención ayer, en el día de su llegada, de Martha Beatriz Roque Cabello y otras disidentes cuando se dirigían a la nunciatura en La Habana en respuesta a una invitación para tomar contacto con Francisco, esa dificultad se hace palpable.

Es esto lo que quieren

dinero-y-libertad-financieraLo que quieren los buenos, es esto, que tienen los malos. Los buenos le piensan dar un destino mucho más generoso al dinero que el que piensan darle los que lo hicieron, los malos. Lo que define a los malos como malos es no haberles dado todavía sus beneficios a los buenos. No todos los malos discuten esto, por pereza buscan formas de comprar a los buenos entregándoles una parte de lo que quieren, pero no saben cuánto alimentan de ese modo la bondad de sus oponentes, por lo tanto su avidez de recursos para hacer el bien. Los malos son deudores por definición de los buenos y si comparten esa moral, hay que dejarlos felices con su esclavitud.

Hay otros malos que dicen que en realidad son bastante buenos porque ellos hacen el dinero y lo reparten, como harían los buenos y hasta se sacan fotos para demostrarlo. Pero eso también es una maldad contra los buenos, que se ven privados ya no de los recursos, sino de la bondad misma que es su método fundamental de supervivencia. Ni siquiera es de bueno ser bueno cuando se quiere.

Es curioso que haya tanta literatura favorable al a bondad cuando hay dinero de por medio, pero tan poca cuando no lo hay. Pero claro, cómo cobrás tu parte si te ocupás de una generosidad donde no haya guita.

¡Es feo! dicen los buenos, tenés que rechazarlo, no quererlo, sentirte mal por tenerlo ¿Qué hago, lo quemo? pregunta un malo ¡No, faltaba más! le van a responder. La idea es que se los des a ellos para que lo santifiquen. De repente entonces se convierte de malo en bueno ¿No es increíble el poder redentor que tienen?

Esto va a seguir ocurriendo hasta que alguien diga: si hacer dinero para mi y no para vos es ser malo, soy malo.

Libre importación de políticos.

¿Qué se opondría a la eliminación de todo requisito de nacionalidad para ser electo a los cargos públicos? Sería una forma de mejorar la calidad de la oferta, que es bastante pobre. Capaz incluso me atrevería a prohibir que los argentinos sean electos por un período de 20 años, como una medida transitoria para eliminar toda camarilla. Sospecho que los candidatos importados generarían mayor confianza.

No creo que exista algo como un “derecho a gobernar”, por lo tanto tampoco existe su derivado, que sería el derecho ser elegido para hacerlo, más que como una convención más dado que se acepta la idea de gobierno antes de discutir para qué y hasta dónde somos gobernados. En ese tren parece ser preferible que haya gobierno, aunque sea totalitario, a que no lo haya. Se asume que entre nosotros nos haríamos mayor daño que el que han hecho los constructores de Gulags.

Siguiendo a Bastiat, hay derecho a defenderse y a organizarse colectivamente para hacerlo. Pero eso es algo muy distinto a un “gobierno”, que implica una jerarquía y que tal jerarquía es indispensable para la sociedad humana. Yo no lo creo, la idea de igualdad ante la ley inherente a una organización política que pretenda ser civilizada, ausente en el panorama mundial por el momento, implica que la organización política no gobierne, sino que defienda. Defender y gobernar no solo no son la misma cosa, sino que se trata de acciones con un sentido antagónico.

La organización política que se forme, la que se ocupe de determinados problemas de defensa que tenemos con algunos no interesados en convivir, necesita de recursos que, para que el aparato siga siendo pacífico, tienen que obtenerse con aportes voluntarios. Si alguien va a ser empleado, no tiene por qué ser “nacional”, ese proteccionismo, igual que todos los demás, carece de sentido.

Pero bueno, no vayamos tan lejos como pretender que no somos inferiores a unos tipos como los kirchneristas y por lo tanto no tenemos por qué ser gobernados por ellos ni pagarles nada bajo amenaza. Propongo algo menos ambicioso por el momento, que es aumentar la oferta y que se pueda elegir a Ron Paul, si nos gusta o a Woody Allen ¿Por qué no?