La ley, los dólares y el asalto estatal

En un estado de derecho lo “legal” no es el capricho que decide el Congreso, porque éste está subordinado al orden jurídico más general que es la Constitución. La Constitución escrita por si misma tampoco es en sí el marco jurídico general que es aquello que puede considerarse jurídico sin ser estrictamente político, es decir las reglas de justicia basadas en la propiedad y la libertad individual.
¿Cómo? ¿No hay justicia socialista? Por supuesto que no, el socialismo ni se plantea el problema de la justicia, sino que persigue una injusticia que dé un resultado igualitario. No se preocupa por el modo en que se obtuvieron los bienes, supone que si hay intercambios libres los que tienen menos han sido despojados por los que tienen más. Por lo tanto utilizan el término injusto como sinónimo de “desigual” y en definitiva la palabra justicia en su vocabulario no tiene significado propio.
¿Quieren hacer una justicia socialista? Mejor que traten de hacer volar a una vaca, ni pierdo el tiempo en semejante delirio aunque sea tan extendido que para la mayor parte de las personas lo que estoy escribiendo sea el delirio.
La Constitución habla de un mecanismo de creación legislativa. Eso no quiere decir que lo que saque el Congreso por ese mecanismo sea una ley, aunque formalmente se la llame así. Para mayor resguardo la misma Constitución establece derechos como libertades y aclara que ellas no pueden ser alteradas por las leyes que reglamenten su ejercicio. Es decir, estas leyes así sancionadas están para facilitar el ejercicio de los derechos.
Esa es la doctrina liberal de la Constitución y la única clase de juridicidad que no es mera amenaza política, que tiene valor por si misma para todos, con independencia de sus creencias o valores.
Es decir que cuando la Constitución señala cuáles son los mecanismos para crear una ley, no está diciendo que por ese procedimiento se puedan canalizar órdenes políticas no justas, es decir no protectoras de las libertades individuales y de la propiedad. Una norma que dice que se debe aportar dinero para la propaganda del gobierno, no es una ley, es un asalto redactado con palabrerío de abogado. Pero lo que es más importante, si fuera una ley, hay que violar la ley ¿Dije violar la ley? Si, dije violarla y recontra violarla y entenderse enemigo de sus creadores.
Hecha esa aclaración, el gobierno sostiene que comprar dólares es como comprar cocaína. Ambas prohibiciones son ilegales en el sentido que expuse antes, el estado no tiene autoridad para determinar qué cosa es justa. Los jueces hacen eso como una misión específica, pero ellos están subordinados a la justicia. Deben descubrir qué cosa es justa, no inventar la justicia en reemplazo de los legisladores.
Pero, acá viene la aclaración que quería hacer antes de irme por las ramas, la cocaína está prohibida por orden abusiva del estado, ese tipo de amenaza “legalizada” por los órganos estatales sublevados contra el estado de derecho y el principio de igualdad ante la ley (valor opuesto al paternalismo).
Los dólares, en cambio, no están prohibidos. Es más, hay algo que la casta estatal llama “mercado oficial”, mal podría sostenerse que esa mercancía está prohibida si se comercializa “oficialmente”.
Lo que ocurre es que el gobierno veda de hecho el acceso a esa mercancía, es decir sin apoyatura jurídica ni siquiera simulada bajo al forma de una orden del Congreso. Lo que hace es mostrar una voluntad no formal pero si explícita, de que la población no pueda escapar de la emisión monetaria. Todo de facto.
En tanto el país no es un ejército, hacemos muy bien en pasarnos por las partes aquellas los deseos del gobierno. Es una buena actitud, casi la única que nos queda del pasado de dignidad.
Ahora bien, los cómicos del gobierno invocan la ley penal cambiaria, cuya sanción merecería enjuiciar a quienes la apoyaron por el artículo 29 de la Constitución. Todo esto puede parecer exagerado porque se ha concedido tanto y por tantos años que nos hemos acostumbrado a que lo normal es la tolerancia a lo intolerable. Antes propuse ser ilegales, ahora propongo ser anormales. Es la única salvación.
Pero resulta que la ley penal cambiara habla de cómo se deben comprar dólares, no de que no se pueden comprar dólares. En la medida en que el gobierno restringe de facto ese mercado, la situación de hecho en la que el tipo penal funcionaría no existe, no es parte de la realidad. No hay un mercado de instituciones regulares que vendan los dólares que protegen a la población contra la violación del derecho de propiedad y el saqueo del impuesto inflacionario, que tampoco pasa por el Congreso. No se puede violar la obligación de comprar dólares en una casa de cambio oficial, si la compra de dólares en una casa de cambio oficial ha sido impedida de facto por la misma autoridad que dice qué cosa es una casa de cambio oficial. Y si fuera prohibida la compra de dólares en si con una “ley”, entonces el tipo penal que veda comprar dólares fuera de las casas de cambio, estaría siendo derogado formalmente por una norma que la contradice, al decir que no se pueden comprar dólares en las casas de cambio. En nuestra situación “jurídica” actual, comprar dólares está permitido explícitamente, al prohibirse hacerlo fuera de las casas de cambio. Y como las casas de cambio están en los hechos inoperantes para el comprador, pues tampoco hay forma de aplicarle a alguien la ley penal tributaria por comprar en una cueva o a un arbolito.
No hay que ser muy “garantista” para darse cuenta que si una “ley” dice que a Mar del Plata sólo se puede ir por la ruta 2 y el estado dinamita la ruta 2, la prohibición de ir por otro camino desaparece y en términos de derecho penal no hay manera alguna que ningún juez con dos dedos de frente interprete que tal acción pueda ser penalizada (si, ya se que soy un iluso).
Ahora el gobierno planifica modificar la ley penal tributaria, seguramente dirá que el que compra dólares marcha preso. Por eso hice la aclaración del principio, será completamente ilegal hacerlo y habrá que encontrar, en nombre del derecho, todas las formas de evitar que esta arbitrariedad se consume. Mientras tanto, toda la actividad del estado persiguiendo la compra informal de dólares, carece por completo de respaldo leguleyo, por no usar mal la palabra legal otra vez.
(Ante cualquier duda consulte a su experto en obedecer, llamado incorrectamente abogado)

Narcokirchnerismo: Consumo libre, comercialización de los amigos.

Para un gobierno que quiere asociarse con el narcotráfico la combinación ideal es consumo libre, producción y comercialización prohibidas. El consumidor es el mercado y la prohibición le asegura al gobierno corrupto decidir quién entra y quién no y ser el guardián del negocio. Liberar las drogas, como han sido en general libres durante toda la historia a excepción del último siglo, sería perder la capacidad de autorizar de hecho a los narcos. Mantener restringido el consumo sería limitar los ingresos del negocio.
Hay unos secretos más para asegurar la impunidad. Invocar la simbología de la izquierda pobrista es una, crear un ambiente sin normas objetivas pero con mucha autoridad (lo que el señor Randazzo y los nazis coincidirían en llamar “la ley”) es otra.
La gente que puede reaccionar frente al saqueo tiene que ser mantenida en estado de permanente temor, físico mediante la inseguridad y la legitimación del asaltante y jurídico con regulaciones, persecución fiscal, vigilancia y estado de sospecha permanente.
La presencia de una voluntad del poder imposible de cumplir es fundamental. El que se queje está siempre a mano del castigo. El más asustado dirá de si mismo que no es un cobarde sino un cumplidor de la “ley” que además quiere que los demás cumplan así que estará señalando a sus vecinos por no obedecer. Quienes tienen sangre en las venas habrán de sentirse tan cuestionados que perderán toda voluntad de resistir.
No hay nada que el gobierno de Cristina Kirchner y su séquito no sean capaces de hacer, ni nada que pueda ser definido como el límite de tolerancia de la oposición.
Nadie puede asombrarse del felpudismo que la señora decidió demostrar a la figura del Papa Francisco. Todo suma a la impunidad, que es el único fin.
Se puede ser cura, regenteador de buenismo de ONG, cantante frustrado o actor asustado, el poder corruptor K arrastró todo y no hay atajos para extirparlo. Los kirchneristas hasta han corrompido a los ladrones de la calle que ahora nos juzgan a los demás.
El problema es justamente “la ley”, cuando se interpreta como voluntad del poder, como despotismo santificado. Con el narcotráfico en particular, admitir la autoridad estatal en materia de ingestión de cualquier cosa es un puñal en el corazón del sistema republicano y una oportunidad para las mafias y los gobiernos saqueadores.
Por mucho menos que todo esto en el siglo XIX se cortó de raíz el poder colonial con mucha gente dispuesta a dar su vida para no vivir vidas miserables. Hace falta una generación sin vocación de ovejas, porque la decadencia no enseña, no cambia sistemas políticos ni saca a los criminales del trono para ponerlos entre rejas.

Cuidado con la loca

No quiero perder mucho tiempo con la semántica. Si, lo más probable es que pueda ser definida como loca en el sentido de ausencia de contacto con la realidad. Vive en su mundo y sobre todo en su ego herido. Es una persona en la que no se puede confiar, a la que no se le puede dar ninguna responsabilidad y mucho menos tener como presidente.

Pero el problema es otro, porque otros locos han hecho desastres. Quiero decir con esto que importa poco su cura, en lo personal la salud de Cristina Kirchner me importa un comino, como en general no me preocupa el bienestar de ningún delincuente ni déspota. Menos cuando son ambas cosas.

Insisto con que veo que una parte de la oposición quiere pensar que sólo tiene que esperar a que se terminen de ir porque electoralmente están terminados tanto por falta de oportunidades dada la no reelección, como por imposibilidad de recuperar el apoyo de los irresponsables que la votaron en su momento. Otra oposición, representada por el PRO, está feliz pactando cosas con el gobierno y comunican a la población que no pasa nada, que hay que sonreír, hablar de conciertos y de Messi, como hace el señor Rodríguez Larreta que vendría a ser un militante furibundo de esa actitud. El del PRO es tal vez el caso más perdido, los otros creo que son víctimas de una mentalidad culposa de pseudogolpismo, por el cual le perdonan a la delirante en jefe todo y se lo asignan a sus colaboradores, sin entender que la única manera en la cual su plan de esperar a heredar el abuso estatal podría funcionar, es si mantienen a esta señora y sus cómplices contra las cuerdas hasta el último día, sin darle respiro ni oportunidad de recuperarse alguna.

Pero como no lo hacen, quién aplica esa estrategia es el propio gobierno criminal de Cristina Kirchner, el que no da cuartel para anunciar barbaridades, decir estupideces o hacer negaciones de la realidad que tienen como primer efecto poner a sus seguidores en posición de llegar a defender y hacer cualquier cosa. La locura es también entrenamiento para lo que vendrá.

Es hora de suponer la no locura, sino el propósito deliberado. No es excluyente una cosa de la otra, Hitler estaba loco y tenía un plan perfectamente ejecutado que sabemos hasta dónde lo llevó. Los psicópatas con poder suelen ser tildados de locos, pero eso no quiere decir que no persigan una racionalidad o que simplemente haya que llamarles una ambulancia para que se los lleve con el chaleco de fuerza.

Si dejamos el asombro de lado (ellos quieren que permanezcamos impávidos), se puede pensar en el problema. En primer lugar, los planes políticos de las dictaduras latinoamericanas se dictan en La Habana. Son mucho más sofisticados que la guerra de guerrillas en la que no tuvieron éxito. La Venezuela chavista fue diseñada y llevada a cabo desde Cuba, el gran enemigo de la libertad latinoamericana, a la que algún gobierno serio y responsable tendrá que devolver favores algún día, en defensa de su población.El fracaso no las debilita, lo usan en su favor para legitimarse como víctimas del mal.

Creo que al único que le oí hablar de la posibilidad de que esto termine muy mal es a de la Sota. Fontevecchia se mandó un comentario editorial hace unos días presentando como una conspiración que se estuviera elaborando un supuesto plan B. Ser “democrático” se ha convertido por éxito de la propaganda K, elaborada por el señor Verbisky, creador del pecado fundamentalista de ser “destituyente”, en sinónimo de estar dispuesto al suicidio con tal de que el gobierno despótico pueda salirse con la suya hasta el último día. Ser democrático entonces parce ser una forma de imbecilidad sin remedio. En consecuencia mejor sería no serlo.

Me ocupé de semejante despropósito conceptual en mi último libro “10 Ideas falsas que favorecen al despotismo”, no me quiero extender sobre eso ahora porque ahora hay que pensar directamente sobre lo que puede pasar de aquí a diciembre de 2015.

Una vez que dejamos la locura para entender qué se traen entre manos, lo que se ve es una pertinaz apuesta a agravar todos los problemas económicos, de seguridad y ni hablar de la política exterior. Se busca un caos que a su vez es explicado como conspiraciones. Si algo no se puede solucionar sin comprometer el esquema de poder basado en la mitología, hay que reforzar la mitología agravando las cosas. A la vez se aumentan facultades del estado y los sistemas de vigilancia. Algo me parece que indica que se fabrica una hecatombe y la manera de, en el medio del caos, evitar las próximas elecciones o condicionarlas al máximo.

Siempre uso este ejemplo. Si sos rehén en un banco y de repente el asaltante se saca la máscara, empezá a preocuparte. Parece no temer que lo puedas denunciar una vez que termine el episodio, ergo es tu vida la que está en peligro.

Sería caer en la trampa no prepararse para la destitución, por miedo a ser tildado de destituyente. Porque destituyente es precisamente lo que hay que ser ante un gobierno criminal. El problema sería en realidad no ser capaces de construir como en 1853 una institucionalidad después de esta dictadura que los espíritus tibios y cómplices no se animan a aceptar que lo es. Por lo tanto hay procedimientos a seguir. Pero todo empieza por no ser oveja y cambiar la falsa composición de lugar que se están haciendo casi todos los que participan del juego o lo comentan. Dudo que aquí lo que haya que hacer sea armarse de paciencia para aguantar a unos loquitos desorientados.