Hablemos en serio de cambio institucional.

Si, se necesita un cambio institucional como repiten varios postulantes o comentaristas. Lo que no está muy claro es que se entienda de qué se trata lo institucional y la diferencia enorme que que existe con la muy arraigada concepción platónica del rey sabio, bueno o idóneo. Esto que voy a decir es válido para la Argentina pero también para los otros ladronismos, es decir el chavismo, el correísmo, el evismo y varios colaboradores.
Es tan grande el cambio institucional que debe haber como el que ocurrió con la sanción de la Constitución de 1853, pero parece que existe un temor muy irracional a lo que eso significa, el sistema político entero (incluyo todos los partidos y todos los votantes, salvo un pequeño número) están embarcados o en la moralina platónica buscando un salvador sabio y honesto o en el cinismo populista. Populistas son los que ya saben que todo el palabrerío de los primeros tiene como única utilidad crear una oligarquía y parasitar a la sociedad. Unos quieren usar la disciplina social y la extracción de recursos para el bien y los otros para el mal. Los primeros son los más equivocados.
La Argentina funciona como una sociedad que alimenta el miedo para inventar manosantas y estúpidos líricos. Ya no se sabe qué es peor. Pero de una cosa estoy bastante seguro (contra la opinión de muchos) y es de que el populismo ladrón es hijo de los soñadores socialdemócratas, no de los comunistas marxistas cuya franquicia está agotada. Y ambos, populismo y pulcrismo social demócrata, descienden del mismo miedo a la existencia como es y el viejo recurso humano de la fantasía, sea magia, sea religión, sea gobierno protector, sea estado de bienestar. Todos representan seguros de primas siderales para evadir la incertidumbre en un sistema que fracasa e incrementa el temor en un círculo vicioso.
Quiero hablar de las primas de esos seguros, porque los vendedores de seguros nos dicen que a lo que le tenemos que temer es a los infinitos peligros, pero me parece importante que la gente se entere de cuánto paga por liberarse del temor, que le devuelve más temor y le quita su dinero.
El domingo pasado en el programa de Mirtha Legrand había un nutricionista que hablaba de “políticas de estado contra el hambre”. Todo el mundo quedó encantado, porque el mensaje es que un poder puede terminar con el hambre cuando en realidad el poder sólo puede provocar hambre. Lo que termina con el hambre es la producción de alimentos ¿Dónde están los alimentos que vamos a comer en unos meses? No están. Debemos movernos y coordinarnos, si sabemos hacer otra cosa y no plantar tomates la haremos para intercambiarla por los tomates. Así se come en este mundo, en otro que no conozco tal vez haya unas “políticas de estado contra el hambre”. Acá tuvimos incluso un programa sobre “el hambre más urgente” patrocinado por el señor Rodriguez Larreta, Majul, el diario La Nación y sigue la lista. Todavía está por ahí el organismo. Y al lado del organismo, sigue estando el hambre. Ahí está la prima, en cada villa miseria, en cada aviso de la quiebra de cada empresa, en el cuentapropismo en negro. Resulta que los beneficiarios son los primeros en huir del seguro.
Gente que no toca al estado salvo cuando tiene que pagar impuestos (que no pueden invertir en lo que hacen), es la que combate el hambre. Ninguna “política de estado” sobre el hambre es posible sin que “ideas y riesgos de privados” no le hayan antecedido. Sobra con enterarse de las hambrunas en la Unión Soviética o en la Corea del norte gobernada por un “super hombre de estado”. Para qué ir tan lejos si se puede salir a la calle en Buenos Aires y ver cartoneros y mendigos que se multiplican de modo exponencial. En cualquier ciudad del interior pasa lo mismo. Vean el presupuesto, ahí se van a enterar de la parte de la prima de seguro que se paga en dinero, pero en la calle está el costo en especie.
Nuestro amigo médico nutricionista era muy agradable. Lo que digo acá puede en cambio sonar muy desagradable, eso es lo que le ha tocado a la racionalidad en la historia, en general, la hoguera. Aunque sean los tipos que nos dieran de comer, para el hombre la amenaza que significa no saber qué comerá mañana se identifica con el que hace, no con el que no hace. Los sacerdotes de todo estilo que “condenan el hambre”, que es como condenar la lluvia, son depositarios de todas las simpatías.
Este es el dilema. En todas las sociedades el miedo trajo la socialdemocracia y en algunas la cosa se hizo más peligrosa con el populismo, los comunismos marxistas o fascistas. En nosotros es esta caterva de vendedores de seguros falsos, pero en el fondo todo el mundo sabe que la realidad, el mercado, es lo que nos saca de 80 años de mentalidad mágica, retrógrada y mentirosa. El problema es que nadie confía en que el vecino también apoyará un cambio de esa naturaleza y el país se ha puesto a castigar el último tímido pero interesante momento de despertar, asignándole todos los problemas del mantenimiento de los seguros a la libertad de contratar, al derecho de propiedad, a la posibilidad de comerciar y al acceso al mercado mundial. Todo lo que nos pasó nos dicen que fue culpa de la libertad, con más kúnkeles nos hubiéramos ahorrado todos los problemas. La energía que se pone en repetirlo no hace más que mostrar la falta de convicción que en el fondo existe y la apelación al temor. Los comentarios que puede despertar en internet un artículo como éste que tal vez no firmarían más de doscientas personas en el país, también demuestran ese pánico a la realidad.
Pero no quiero convencer. Es problema del que lee aceptar la realidad, porque si estoy equivocado, respiren, serán felices. Pero si estoy acertado no es problema mío, es de todos.
Cambio institucional, lo que más me interesa aclarar, no quiere decir un conjunto de comisarios buenos, quiere decir que gobiernan las reglas y no los comisarios ni los fantasmas. Discurso nacionalista e institucionalidad es como un chorizo con dulce de leche. Que se bajen los de la “soberanía nacional” y se pongan a hacer algo útil, como plantar los tomates que dicen que llegan a precios altos a las góndolas porque los que los hacen son malos y ellos buenos que los denuncian. Déjense de denunciar y tráiganos los tomates que como consumidores en seguida los elegiremos.
¿Pino Solanas podrá cultivar tomates?
Institucionalidad no es que el club de los políticos se mueva con reglas cómodas. Es que Juan de los palotes que tiene la desgracia de mantenerlos, sea protegido por reglas no por “buenos” omnipotentes. Es todo eso que quieren destruir en función de sus falsos seguros del proteccionismo, el inexistente bienestar, la educación que convertirá a Cabandié en Einstein y todas las sandeces que la Argentina se empeña en perpetuar.
Si todo les parece un disparate porque la magia es mucho más confiable, olvídenlo. Tienen como diez generaciones más si quieren para hacer funcionar lo que nunca funcionó y no aceptar la realidad que siempre funcionó. No hay nada más seguro que un auto que no funciona, es casi imposible que choque. Digo casi, porque últimamente tipos como Kicillof me hacen dudar de ciertos milagros al revés.

 

 
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La señora de paja

La falacia del hombre de paja es la preferida de la señora que se está despidiendo, con ese afán que tiene de humillar, que vaya uno a saber de dónde vendrá. Consiste en llevar la posición de sus oponentes a términos absurdos que le permitan refutarla y además despreciarla.
En ese ejercicio ratifica en su cabecita que es una “genia”, pero por supuesto necesita rodearse de un público alquilado que le festeje sus estupideces. El espectáculo es sombrío, pero está tan habilitado por la consideración pública y el silencio que corre pocos riesgos de enterarse de hasta que punto hace el ridículo.
Antes de ayer inauguró unos vagones, con los que trata de seguir en línea con el delirio de un país con tren bala, cuando su sistema económico consiste en la descapitalización de la infraestructura establecida en los noventa que tanto odia y su resultado son personas muertas que ella desprecia. En ese acto contó que fue a buscar la tapa de Clarín del día en que los ferrocarriles cerraban, a ver qué les encontraba. Su argumento es los trenes estaban mal por el mercado, cuando llegó el estado fueron una maravilla. Lo que prueba lo primero es que Menem era malo, lo que no tiene que demostrar a su vez porque sus interlocutores lo asumen. Lo segundo se comprueba con esos vagones comprados, de los que no informó el precio, que van a circular por las mismas vías obsoletas en las que descarrilan todos los días ¿Los muertos de Once? Pues ni figuran en su relato.
Pero la falacia del hombre de paja vino con la “demostración” de que los que hablan de inseguridad hablan pavadas, según ella. En Clarín encontró que se había abatido a un criminal que había matado a un guardia cárcel. Entonces llegó a su conclusión: ¿vieron que los hechos criminales no empezaron hace dos años?
Es decir, la gente que se está quejando porque la matan para quitarle al auto o la cartera en realidad esta sosteniendo que la inseguridad empezó hace dos años (ellos están hace once) y ella es tan piola que encontró la prueba de que no es así, hurgando en la tapa de Clarín. Como ella todos los concurrentes festejaron el hallazgo que demostraba la idiotez de todos menos ellos.
La misma falacia utiliza cuando habla, siguiendo al zaffaronismo penal, de una supuesta argumentación que usan los que se quejan que no es tal. Es más, es una argumentación del propio oficialismo. Esto es que los delincuentes son los pobres. Nos dicen que la inseguridad es la venganza por la pobreza, la venganza privada que ellos habilitan mientras se quejan de linchamientos. Pero la señora utiliza una argumentación tonta que le pertenece a ella, para ponerla en boca de quienes no quieren ser asesinados, les atribuye odiar a los pobres y entonces sale ella su millonario collar a espetarles un clasismo que los demás nunca han esgrimido. Lo mismo hacen los supuestos eruditos académicos que pasearon por la televisión en tiempos de linchamientos. Según ellos todo el que quiera parar a los criminales, odia a los jóvenes pobres y para esa tontería tienen la respuesta.
Entre tanta paja, el espectáculo de la locura sin refutación es el peor de lo síntomas a futuro.

Hay vida fuera del cochecito

El gobierno de la señora Kirchner ha entrado en la etapa de la intrascendencia. No se puede hablar de debilidad porque el kirchnerismo logró que la ilegalidad en la que se maneja sea tomada como normalidad. Una década medieval digamos, con elementos de culto al jefe de la banda sorprendentes, que se ha naturalizado.
Por lo tanto las señora no pierde el poder hasta los últimos días dado que éste sistema político que más que encuadrar en el marco constitucional está descripto en el Código Penal (antes de la reforma), sigue fluyendo en recursos. Todavía hay un año para mandar farándula jubilada con contratos a defender a tontas y locas la inflación, la inseguridad, la mentira, el latrocinio y la frase tonta del día. Hay más de un año para hacer rendir el negocio de TV farandulera lobbista de tratar la política con formato de Polémica en el Fútbol y legitimar la canchereada asaltante.
Pero la intrascendencia tiene que ver con la imposibilidad de armar negocios de largo plazo. Algunos amiguitos buscan convertirse en simples empresarios del juego en la Florida, otros fantasean con venderle sus activos a los chinos y algunos han hecho tanta que en realidad planean su jubilación prematura con fotos en la revista Caras. Todos cuentan con que un país que toleró a los kirchner estará dispuesto a reciclarlos por un poco de cercanía a la torta, alguna invitación o contacto. El sueño argentino de convertirse en un gran chorro. Y si no de tener una selfie con alguno.
A la vez en el orden político Capitanich habla para sí mismo. Sólo por costumbre los diarios siguen destacando sus falacias diarias como si fueran noticia, pero las novedades del corazón son ya más atractivas que su mala imitación de Aníbal Fernández.
Lo que digan, lo que hagan, empieza a no importar y no porque no puedan hacer todavía mucho daño. Lo están haciendo, pero todos sabemos que la oposición está barrenando y mandando a confeccionar la ropa con la que piensa asumir sus futuros cargos, así que por qué ocuparse de algo de lo que no se ocuparon en los últimos diez años, salvo excepciones, en los que ellos y sus empleados cobraron sueldos exorbitantes para no molestar.
Pero acá viene la falla del plan. Existe una cosa que se llama realidad. El plan Kirchner es extender el naufragio hasta el 2015, con endeudamiento, con la soja o con la bendición vaticana. Les da igual, mientras puedan llegar. Arreglar no piensan arreglar nada. La señora dejará un país con un gasto público atroz, en recesión con inflación, el nivel de impuestos más alto de la región, con la declaración de su Corte de que gran parte de los recursos que ya se gastaron eran inconstitucionales, esto es las retenciones, así que habrá que devolverlas en juicios cuyas sentencias vendrán en los años del próximo gobierno y tampoco se contará con esos recursos. Lo cual no deja de ser una buena noticia.
La realidad no lee a Durán Barba, así es que plantea una de estas posibilidades que no negocia:
1. Reducir el gasto público drásticamente.
2. Aumentar la inflación y/o los impuestos
3. Bicicletear la situación con refinanciamiento.
4. Ignorar el problema.
De la Rúa se encontró con una encrucijada similar, pero el país estaba en calma y no tomado por el robo tolerado. No estaban los resortes económicos, el poder judicial y muchas empresas cooptadas desde la facción oficial, al menos en un nivel comparable al actual. Recibió un pase complicado y su naturaleza radical lo llevó a optar por una combinación de las salidas 2, 3 y 4. Sabemos cómo le fue ¿no?
Los políticos en general son así, se preguntan qué cosa puedo hacer para no enfrentar el problema. Cualquier cosa que les digan la agarran, pero los nuestros exageran. En el mundo ponen el freno varias cuadras antes del iceberg, no aceleran.
Hay algo que podríamos aprender: después de un gobierno que despilfarra, eso fue al final el gobierno de Menem, no puede venir una Alianza explicando que se ha despilfarrado poco o con un criterio no demasiado sensible.
Para encarar la solución número uno, la adulta, la que nos salva de verdad, se necesita una batalla cultural contra el espíritu adolescente y parasitario con el que los K convirtieron a la Argentina en un rebaño. El desafío es enorme, pero los políticos de la oposición no dan señales de enterarse de la cuestión.
Es tan infantil la Argentina que para muchos la esperanza es que todos mientan, que hagan “la gran Menem”, esto es decir una cosa para la tribuna (ellos) pero hacer otra. Después que él se haga cargo de los costos y si el plan falla se puede retomar la droga moral del llamado progresismo, mandando al titiritero al matadero.
Pero esa vía también está agotada. Es decir o el país se enfrenta a su problema de 70 años de mentalidad parasitaria peronista, que incluye a radicales, socialistas, militares y todas las nuevas variantes de la política o sencillamente desaparece ¿Será mucho decir desaparece? Ya no lo creo.
El cambio cultural no consiste en convencer a la gente de que debe sufrir. Esa es la visión adolescente de hacerse adulto. Lo que el país debe entender es que hay una felicidad en aceptar la realidad, en madurar, que se debe dejar de sufrir por la estupidez porque la vida sin costo no existe. El problema siempre es que el beneficio sea mayor que el costo, no que no haya costos como quieren los niños malcriados y los “progresistas”, aunque esto tal vez sea una redundancia.
¿Queremos salir de la pobreza y la declinación económica? Se necesita todo eso que la progresía enseña a la gente a odiar: empresas, empresarios, afán de lucro, comercio, apertura. También deshacerse de todo lo que ellos aman: subsidios, regalos, protecciones, consuelos.
Si el nefasto sistema educativo que todos veneran prepara masas de profesionales para ser empleados (cosa que es un gran error), es una locura que el sistema mismo emita su credo anticapitalista del modo cerrado y obstinado en que lo hace. Pero la coherencia hay que encontrarla en la manipulación. Nuestro sistema así como lo dejan los K es una gigantesca maquinaria de frustración que provee ovejas para el sacrificio. Sacrificios que aumentan la frustración, pero a su vez el protagonismo de la visión negra de la vida, de la visión impotente en la que la izquierda puede administrar la depresión general con más resentimiento.
A otra cosa mariposa. El cambio político, la solución económica y la campaña electoral de una opción electoral que no quiera terminar como de la Rúa, deben alinearse en un único sentido. Nunca ha habido una facilidad tan grande para diferenciarse de todo el resto, el problema es que la progresía también inyectó su maquinaria de frustración entre los políticos opositores.
Lo que dicen que no se puede hacer, se puede hacer, es lo único que vale la pena hacer y nadie lo ha probado. Por más que los encuestados contesten que hay que tirarse al río, sabemos que no hay que hacerlo (¿lo sabemos?). Mientras se prueban el traje tantos futuros presidentes a lo mejor alguien les quita el guante, porque eso que está implícito en nuestra constitución histórica hace felices a los países, hace feliz a la gente. La Argentina ya lo probó. Hay vida fuera del cochecito.

NO ME PARECE, los últimos días de furia (el libro) y Democray Papers 10

Salieron las versiones para Kindle de estas dos obras: NO ME PARECE. Los últimos meses de furia. Una recopilación de los principales post de este blog del 2013 y lo que va del 2014.

Edición impresa

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Edición para kindle

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Sociedades Mayoritarias o Sociedades por Consenso. Democracy Papers 10. Resume los trabajos presentados ante el Congreso de LASA (Latin American Studies Asociation) por Fernando Iglesias, Alejandra Salinas, Pablo da Silveria y yo, con la presentación de Guillermo Lousteau en Washington DC en Junio de 2013.

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La benevolente figura del lavado para la corrupción K

El asunto en el caso Kirchner – Lazaro Baez – Fariña no es ni el lavado de dinero ni la evasión impositiva, es el asalto durante una década a las arcas del estado a la vista de todos. Los Kirchner jamás han escondido sus delitos, lo que hicieron fue llegar hasta el 2008 con una complicidad tan generalizada que quedará en la historia de la vergüenza nacional.

Al Capone fue apresado por evasión impositiva y siempre se señala eso como una genialidad, pero en realidad era pura impotencia, porque el mafioso más célebre de la prohibición no era un asaltante sino que hacía negocios en áreas que el gobierno había decidido prohibir, sin que hubiera víctimas. Era un delincuente porque su actividad iba acompañada de todo tipo de crímenes, pero no del robo. Vendía alcohol a quién quisiera comprarlo. El estado al prohibirlo dejó ese mercado sólo para a los delincuentes.

Con las drogas el problema aumentó porque los flujos de dinero se hicieron exorbitantes Esa prohibición a diferencia de la del alcohol, se hizo mundial.

Tampoco el dinero del narcotráfico es robado, pero ¿cómo perseguir a los narcos internacionales por evasión impositiva?

No creo siquiera que exista acción por evasión por actividades sin víctimas que se encuentran prohibidas, porque no hay forma de pagar impuestos por algo que el estado decide que no se puede hacer, sin someterse al castigo establecido. Es decir, se transforma en la elección entre dos castigos, pagar impuestos se vuelve una confesión y una entrega, por lo tanto si en los tribunales se pudiera discutir todavía de cosas serias que definen al sistema político (cosa imposible), creo que las acciones por evasión contra un Al Capone no podrían prosperar con seriedad. Si yo fuera juez al menos, porque o la actividad está prohibida o se recuadan impuestos por ella, pero las dos cosas juntas no cierran desde el punto de vista lógico. Ni siquiera entro en la cuestión de que la evasión tampoco debería ser delito.

El invento del delito del lavado de dinero es más incoherente todavía. Resulta que se transforma en crimen no sólo una actividad sin víctimas sino un movimiento (del negro al blanco) que permite al estado cobrar impuestos, que antes estaban siendo “evadidos”. Al Capone preso por evadir, y un señor X del narcotráfico por lavar, es decir por hacer algo para dejar de evadir. Gataflorismo penal del estado prohibicionista.

Lo único coherente (no digo justificado) por lo que se podría perseguir a Al Capone y a los narcos es por desobediencia. Esos son todos los delitos sin víctimas. Pero el estado no quiere asumir su autoritarismo.

Igual que los mafiosos los funcionarios ladrones hacen una exhibición orgullosa de cómo pagan impuestos, como si eso fuera un indicio de que la plata por la que pagan se la ganaron.

Acá viene la diferencia entre los narcos, Al Capone y ellos. Los primeros no robaron nada, se les debió inventar figuras o forzar otras. En cambio los lavadores de dinero robado al estado tiene como víctimas a todos los “contribuyentes” y al estado en lo inmediato. Lo que tienen no les pertenece.

Para los corruptos que se les diga que no pueden justificar el origen de sus fondos es una buena noticia, porque es un tema menor frente al hecho de que no es su dinero y si logran pagar impuestos son los tipos más felices del mundo. Total nada del monto imponible es de ellos.

Por eso, atención. Que el caso Fariña esté en el casillero de la evasión, es un síntoma más de la impunidad con la que los K se llevaron todo.

El proyecto de poder del autodenominado “garantismo”.

Según la doctrina autodenominada “garantista” cuyo representante visible es el señor Zaffaroni pero que es asumida como propia por el gobierno, la inseguridad callejera es una forma de expresión de la lucha de clases y quienes se quejan por ella son unos fanáticos, reaccionarios que odian a los jóvenes pobres. La causa de la preocupación por la seguridad está dada por la agitación que realizan los medios.
La solución podría ser entonces derogar las leyes penales y cerrar los medios, pero no la proponen. Necesitan el conflicto y que no haya ninguna solución, que la población no tenga nunca frente al poder y al uso de la fuerza posición legítima posible.
Algunos momentos de discusiones televisivas como las de un señor Gutierrez y Carlos Maslatón, dejaron al descubierto hasta qué punto la posición es dogmática en el sentido de que quejarse del delito es odiar a los jóvenes pobres.
Quiero aclarar que el abolicionismo sería infinitamente mejor que esto, que yo calificaría de punitivismo al revés. O punitivismo punitivinizado, algo bastante raro. Si la población supiera que no hay castigo al delito, no solo de hecho sino formalmente reconocido, en vez de linchamientos impulsivos y salvajes, se impondría a la larga la organización y la prevención. La gente se armaría, se entrenaría, tal vez tendría una policía voluntaria del mismo modo en que existen los bomberos. Seguro que la inseguridad sería menor. Pero entonces tendrían que devolvernos una cantidad de impuestos importante. No es la idea.
Cualquiera puede pensar que ese experimento sería muy arriesgado, pero convengamos en que estamos muy lejos de eso. No solo hay policías, tribunales penales, cárceles, sino que el jefe del “garantismo” está en cabeza de el poder punitivista formal. Zaffaroni es miembro de la Corte Suprema de Justicia, no de la Comisión Nacional de Sacapresos.
¿Qué es esto? Pura perversión. El verdadero punitivismo pone a la población a pedir punitivismo y la castiga, persigue, estigmatiza por hacerlo.
El punitivismo adopta la ideología abolicionista pero no para llevarla a cabo, sino para ejercer el poder sobre la gente asustada y culpabilizada. En el medio de semejante presión, las reacciones emocionales son tomadas como locura y las acciones que obviamente seguirán al proceso de deslegitimación del derecho de defensa, esto es lo que se han llamado linchamientos, son abordadas con el tipo de punitivismo que la misma gente está reclamando que se use con los delincuentes. A estos últimos se los trata con comprensión, por parte de los mismos que los meten presos mientras dicen que no deberían estar presos.
El último punto de la perversión está dado por el tratamiento al “pobre”. Pobre es una categoría de gente que justifica que unos ricos privilegiados tiranicen a la gente en general. Pobre es el insumo principal del despotismo y a su vez su costo más evidente. Alto gasto público implica que para subsistir hay que tener una gran rentabilidad que permita estar en el circuito formal, el resto será ese insumo moral y político llamado “el pobre”.
Los autodenominados garantistas esgrimen estadísticas como esta: el 57% de los presos son menores de 35 años y pobres (en el país que lleva una década de irracionalidad K). Y repiten algunos mantras como “la cárcel no sirve”.
¿Qué hace un señor como Zaffaroni a la cabeza del sistema que manda a la gente a la cárcel a pesar de eso? Que lo explique él.
Las conclusiones que podrían sacarse de la estadística mencionada son muchas, incluso opuestas a las que quieren sacar los autodenominados garantistas. La más razonable será que con menos de 35 años se tienen más aptitudes físicas para delinquir en la calle y salir ileso. No nos cuenta nada acerca de cuál es la edad promedio del delincuente callejero, tal vez sea coincidente y por lo tanto no puedan fundar ninguna supuesta predilección del sistema penal por castigar a jóvenes. Lo que es seguro es que el robo en la calle es más probable que lo realicen los más pobres, los otros tienen ministerios a su disposición. Esto no tienen nada que ver con que sea una preferencia del sistema penal obtener este resultado.
Lo que no entienden, o no quieren entender porque en mi opinión esto no es más que un sistema de poder, es que la pobreza es la motivación para el trabajo mucho más que para el delito. Que la pobreza no es causada por falta de socialismo sino por sobra de socialismo. Pero esto tampoco lo discuten, el centro dogmático del zaffaronismo es bien reducido como para que lo pueda repetir un panelista de un programa de chimentos.
En cualquier caso no tienen ninguna evidencia más allá de su prejuicio de que la gente no quiera que la maten para robarle el reloj, o que la amenacen, o que simplemente la sometan al abuso personal y traumático de sacarle el reloj, sólo si el autor del acto es pobre y joven. Salvo gente muy anormal de la que se rodearán los autodenominados garantistas, asumo que a los demás nos daría lo mismo si fueran ricos y viejos.
La afirmación “la cárcel no sirve” también puede conducir a justificar los linchamientos. La cárcel es lo que el sistema civilizado ha encontrado hasta ahora para lidiar con determinado tipo de injusticias extremas y evita la venganza privada. Si no sirve habrá que tener una alternativa o resignarse a los linchamientos. Porque me parece que les va a costar convencer a las personas de que si “sirve” dejarse matar o robar, sentir la sensación de los hijos o cónyuges amenazados por un arma que les apunta. Todo eso que está fuera de la “sensibilidad” de los autodenominados garantistas.
El aspecto más punitivista de los autodenominados garantistas está puesto en la gente pacífica que es víctima del delito y que en su impotencia (dado que no sabe defenderse y les han dicho que está mal que lo hagan) sobre-reacciona. También en los militares que son la base de su mito fundante. Nunca se les ha oído decir en ese caso que la cárcel no funcione, de hecho el mismo grupo ideológico que promueve la parálisis represiva del delito y maneja el aparato represivo estatal, desconce todo tipo de garantías o reglas del debido proceso cuando se trata de militares o de otros enemigos políticos del sistema a los que llaman “de derecha”. Apoyan la violenta represión de la dictadura venezolana contra protestas pacíficas y son capaces de firmar solicitadas en apoyo de regímenes totalitarios como hizo Zaffaroni con la Alemania Oriental poco tiempo antes de la caída del Muro de Berlín, por considerarla “acosada”.
No hay que interpretar estas cosas como contradicciones. Son métodos de dominación y parálisis. En muchos casos ni siquiera conscientes pero el ver cómo ninguna idea se lleva hasta las últimas consecuencias sino que se usan solo mientras le sirvan al emisor y no le sirvan al que reciba el mensaje, es la prueba palpable de la manipulación.
La estigmatización de los pobres jóvenes la realizan los autodenominados garantistas. Forman parte de la corriente de creación especulativa de pobrecitos que les permita ponerse en el lugar de protectores, por lo tanto dominantes de la situación. Es el clasismo como método de sojuzgamiento. El pobre es sometido al protector. Se lo trata como cosa sin voluntad, sin discernimiento y que actúa como una hoja movida por el viento de otros poderosos, cuyo único recurso es ser soplados por los protectores. El pobre violento ejerce una violencia que el protector aprueba, pero el cuerpo lo pone el primero.
Los autodenominados garantistas y el kirchnerismo utilizan la misma metodología, por eso se fusionan. Las alternativas que las personas comunes tienen frente a ellos son : El padecimiento silencioso frente a las condiciones que ellos crean, la incorporación a la banda o la estigmatización y el repudio. El denominado “pobre” está para comportarse como una víctima que depende de ellos, un súbdito dócil de su buenismo. El disidente, el disconforme, son enemigos y malos como de cuentos para niños.
El análisis meramente racional de sus expresiones sólo muestra contradicciones y disparates. El juego político sin embargo es perversamente coherente. Si fuera por los argumentos el estudio que encargó Perfil que muestra que el 63% de los que aprueban los linchamientos son jóvenes de ingresos bajos haría caer todo el edificio pseudo moral del autodenominado garantismo. Pero ningún relato manipulador está interesado en la realidad.