Tenemos un problema. Parece que lo único que da vergüenza en la Argentina es no ser kirchnerista. Así de enorme es ese problema.

Hasta ahora teníamos una facción agresora que se adueña de todos los recursos y de todas las instituciones descalificando y deslegitimando a quienes están afuera. Su contraparte era el amplio espectro del partido de la buena onda, que abarca a distintas etiquetas (PRO, Radicalismo, FAP, etc). Unidos por cosas como “el futuro”, “la gestión”, “el rol del estado” y “el reparto de la riqueza”.

¿Estaban en contra de la agresión oficial? No, para nada, ellos no están llenos de odio. Todo lógico, si te quejás de estar a disposición de los caprichos del poder ¿qué es lo que te pasa? Tenés odio, casi que deberían internarte. Por suerte estaba toda esa gente sana que no era como vos, un obsesivo anti K.

El oficialismo también criaba algunos especímenes del partido de la buena onda. El gobernador Scioli se ha caracterizado por recibir con sonrisas y gestos de sometimiento cada una de las operaciones para destruirlo. Como si un gobernador fuera una especie de cristo, nos estuvo convenciendo de que su obediencia era una especie de sacrificio por los habitantes de la provincia de Buenos Aires ¿Se estaba agachando? ¡No! Era un acto heróico.

Tenemos la suerte de que el kirchnerismo está en pleno suicidio. Es tal la falta de límites que ha encontrado la locura que saltar al precipicio es la  única audacia que les queda por exhibir. Es entonces que el propio gobierno crea una oposición entre los que no eran opositores, dado que entre estos nadie quería el lugar de contrincante salvo cuando recibían algún golpe ellos mismos. Nunca en defensa de la gente. Eso los hubiera mostrado con odio, que como hemos visto es el problema principal que tenemos: los malos sentimientos y no la causa evidente de ellos.

Así llega al escenario don Sergio Massa con el partido que está a favor pero no es oficialista y está en contra pero no es opositor. Que está en el medio entre la facción agresora y los que no son anti; es decir en el medio entre el gobierno y el medio.

Ya aclararon que no quieren ser tan extremistas como De Narváez.

Afuera del país se preguntarán sobre el fanatismo anti K del “colorado”. Les aclaramos, no se trata de un líder guerrillero trosko, no pone bombas, ni siquiera pide la renuncia de la presidente. Tampoco está en contra de las estatizaciones, ni del intervencionismo económico. Es decir no es un loco neoliberal que cree como la Constitución que la guita de la gente es de la gente y no de Moreno. Es nada más que un aliado del gurú de la buena onda Daniel Scioli. Lo que pasa es que dijo en un aviso algo muy pero muy fuerte. Es más, no se si repetirlo, me da miedo que la CIA que espía todo lo que hacemos pida mi extradición. Pero en fin, voy a repetir las expresiones extremistas de De Narváez: dijo “ella o vos”.  Si, perdonen por la crudeza. Cuando Massa vio ese aviso se tuvo que ir un fin de semana a un SPA.

Impresionante de fuerte ¿no? Felipe Solá no quiere ser tan extremista. El inclusive tuvo una epifanía oficialista al otro día de las elecciones del 2011. Se le pasó un poco ya. Por eso nos cuenta el exitosísimo ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires que Massa rechazó al terrorista pelirrojo cuando quiso entrar a su lista.

Lo que complica nuestra geometría es que el aliado del terrorista, Scioli, ya aclaró que él (que no estaba en el medio antes, lugar del partido oficial de la buena onda), tampoco está en el medio entre los del medio y el oficialismo (lugar de Massa), sino en el medio entre los que están en el medio entre los del medio y el oficialismo.

Ahora aguardamos a los que se colocarán en el medio entre Scioli y el kirchnerismo, unos más moderados todavía, cuya descripción requerirá una larguísima oración.

Entonces cuando uno repasa todo esto y recorre los análisis de los bienpensantes, que siempre hacen gala de estar en el medio de todo y de mostrarse impasibles ante cualquier horror o se entera de que todas estas posturas son consecuencia, se supone, del cálculo científico de los consejeros políticos que cobran fortunas, la conclusión es obvia. Este país se ha vuelto completamente pelotudo.