Archives for February 2013

22F Es y debe ser un acto político

“Atraviesa el corazón” dice la movilera del único canal de noticias que queda en la Argentina sobre los carteles de los familiares de los muertos de once, mientras remarca que la protesta tiene por fin pedir justicia y no se permiten las consignas políticas.

Es el acto, y el móvil, que el gobierno permite un poco, apenas ignorándolo, dándole instrucciones a sus cadenas de desinformación para que no digan nada. Pero el acto es en la Plaza de Mayo, no en Tribunales y se espera que si hay mucha gente eso signifique un llamado de atención para la señora.

Una despolitización voluntaria o si se prefiere una autocensura, en la que se expone el sentimiento lleno de melodrama para que no se note el sentido, porque eso hiere al poder y nadie se anima. Como un seductor diciéndole a una vedette exuberante en ropa interior sobre su cama que lo que más le importa de ella es su alma.

¿Cirigliano no es y ha sido de entrada socio de los Kirchner? ¿No ocurrió este accidente en el centro del poder, en la mesa sucia de su afano? ¿Es o no cierto que se expone la vida de todos los que viajan todos los días porque un supuesto servicio de ferrocarril, que obtiene un supuesto subsidio para un supuesto mantenimiento en lugar de dejar que exista un sistema de precios, está armado para que la banda gobernante se enriquezca?

¿Por qué hay que esconder todo el tiempo ser opositor al gobierno? ¿Por qué hay que hacerlo cuando algo es “importante”? ¿Cómo puede un familiar, amigo, allegado, simpatizante, del asesinato de esas 51 personas protestar en la Plaza de Mayo sin hacer responsable a Cristina Kirchner de lo ocurrido?

No puedo dejar de ver a este acto, como a toda la “despolitización” de todo lo que implique una responsabilidad kirchnerista, como una forma de autocensura. Una simulación de no oposición culposa, cuando los delincuentes son los que están del otro lado de la valla y los que deberían tapar lo que hacen. Al contrario, ellos muestran como ignoran el acto y están esperando que el número de participantes no llegue a cantidades importantes.

Liberarse de la corona española en el siglo XIX era política, y política partidaria. Sacarse tiranos y ladrones de encima lo es, hacerle pagar a un gobierno la sangre que tiene entre los dedos es política y también partidaria ¿Por qué avergonzarse ante los sinvergüenzas?

La Plaza de Mayo no es el lugar del dolor o el desgarramiento del dolor, que por supuesto lo hay, sino de la acción. El sentimiento es una obviedad, esto se trata de hacer algo que va mucho más allá de eso. Es la acción política contra los responsables o no tiene ningún sentido.

Si estos no son los temas de la agenda de la lucha política ¿cuáles son?

Todo me recuerda a los años sin política, donde el que tenía algo que pedir debía dejar aclarado que bajo ningún concepto lo que hacía podía servir para discutirle al poder el poder. Como si los que lo ocupaban, como ahora, fueran los dueños y pensar en disputárselo fuera ilegítimo. O tuviera que estar desligado de los motivos “buenos” de protesta y solo reservado a lo “bajo”, a lo que hay que negar, como el seductor con pretensiones de espiritualista.

Cómodo el gobierno ante la apatía política, ante las palabras no dichas, ante los lugares no ocupados y las facturas impagas.

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Los buenos no tienen tiempo para mirar su parabrisas

Son buenos, como gritaban los seguidores de la gobernadora de facto de Jujuy Milagro Sala, pero no se auto flagelan o son desprendidos y generosos. Lo son porque todos los demás somos malos. Ser bueno para el oficialismo, es una posición ganada a los tortazos, encontrando malos que estructuren un contraste. La bondad es la única conclusión posible al hecho de que en cada uno de sus movimientos, decisiones y conductas hay una explicación evidente que si no es vista y admitida por los demás es nada más que por su mala leche, sus relaciones con Clarín o con el imperio o con el neoliberalismo o con Mirta Legrand.

Jamás se equivocaron ni se equivocarán, como Stalin, Hitler, Pol Pot, Chavez, los Castro, Gorriarán Merlo. Si alguien dice lo contrario es un miserable, “come mierda”, contrarrevolucionario, pertenece a una raza maligna, es de derecha, no quiere al país o a los pobres, es partidario de la colonia o gorila. No tienen un solo contendiente, no conciben que haya un pensamiento diferente al de ellos que no sea una conspiración. Nunca han cometido un error, todo puede explicarse por la acción de sus malvados enemigos. Por eso son buenos y cada vez que tienen un espacio en blanco, una cámara o un micrófono, nos informan que el mundo se divide entre un montón de hijos de puta por un lado y los Kirchner, Barone, los Montoneros, Ricardo Jaime, Cristobal López y Spolsky (y siguen las firmas) por otro.

Son buenos pero no por acción, sino por definición.

Por supuesto, ellos definen, no lo vamos a hacer nosotros que ya sabemos la clase de personas que somos.

Su bondad es en general, doctrinaria y en abstracto. Aman a los árboles, a la humanidad, a los pobres, a los idealistas. Pero a la hora de concretar, de ser buenos en particular, tienen serias dificultades. Entonces las víctimas de Once tienen que ser olvidadas porque hay responsabilidad política de los propios, el ciclista del hijo de Aliverti porque la víctima es él, Yoani Sanchez porque bloguea en contra de los buenos, Julio López porque le hace el juego a la derecha (el partido de los malos) mencionarlo, los periodistas que echan de C5N porque ellos son propietarios que hacen lo que quieren con su plata, como Aníbal Fernandez (a diferencia de nosotros) o Julio Nudler porque dice cosas feas de los buenos. La bondad en concreto no hace falta y los que la necesitan están fuera del foco, no existen, no son.

No hay tiempo para parar por un señor muerto en un parabrisas, ni para contarlo en el momento. Hay que redactar un comunicado varios días después declarando solidaridad con la víctima, pero en público en lugar de a la familia, porque lo relevante es hablar al mundo de ese sentimiento que confirma la bondad y no tanto a los interesados que son gente ordinaria del montón. Nadie tan importante además como para distraer la vista del bueno sobre si mismo, para despertarlo de su fascinación, de su excitación con su espejo a medida. El problema en primer plano es cómo se lo ve a Aliverti, no cómo es o lo que pasó.

Cuando se trata de poner atención a la gente en particular la cosa no es tan fácil, no hay tiempo para ser héroe en el relato y buena persona en el trato. Se puede dejar a un tipo sin trabajo por no aportar a los fondos revolucionarios o difamar sin piedad al adversario. Se puede ignorar a los muertos, a los secuestrados, a lo asaltados (porque además hablar de ellos es, nos explican, la verdadera causa de la inseguridad) y al mismo tiempo aplastar al que le dice a otro petiso o gordo y abrazarse a un árbol de la 9 de Julio.

Pero no son los buenos el único problema que tenemos los malos. Hay otros malos que quieren ser buenos y el camino de entrada para esa posición en la vida es la bendición de parte de quienes ya la han alcanzado. Es la corrección política, esa actitud tan poco digna en una situación normal y tan cómplice cuando los buenos machacan con el garrote y van por todo.

Es curioso que en pleno bicentenario de la inauguración de la Asamblea del Año XIII, hayan vuelto los fueros personales, los ámbitos de impunidad y los dobles estándares. Aceptados por beneficiarios y víctimas como en la plenitud del oscurantismo o de cualquier lacra que haya padecido y provocado la humanidad. La ley formal es la igualdad ante la ley, la ley real de los supuestos partidarios de la igualdad ante la vida que han construido este castillo moral en el que viven, el primitivo juego maniqueo de los buenos y los malos, es que lo que vale para ellos no vale para nosotros y viceversa.

¿Se puede vivir bajo estos parámetros y tener éxito? La respuesta es simple: no. Por que la ética no es un mecanismo para llegar a un cielo, ni al religioso, ni al socialista, ni al narciso-socialista-autoritario de esa bondad perversa. Es un medio par vivir mejor, siendo el término mejor no cuantificable, ni generalizable, ni macro. Un asunto de la tierra donde valen los actos, no las imposturas.

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Yoani Sanchez en libertad

En el primer comentario desde su salida de Cuba el domingo en el blog Generación Y, Yoani Sanchez dijo disfrutar de una “sensación mental y física de descomprensión. Como si hubiera estado sumergida demasiado tiempo sin poder respirar y lograra tomar ahora una bocanada de aire”. En esa frase se explica una vida y la naturaleza de un sistema.

Nos ocupamos de las implicancias filosóficas y éticas de esa aberración stalinista que es la Cuba actual, transportada hasta el siglo XXI en un debate que está agotado. Lo saben sus protagonistas, es inimaginable que los hermanos Castro y todo el aparato totalitario, así como sus apologistas cómodos de afuera que no los padecen no sean unos completos sínicos. Manteniendo su infierno en la tierra en nombre de un paraíso que siempre fue una gran estupidez y ahora nada más que una burda mentira. El comunismo es hoy solo un negocio político que no promete nada, incapaz de ser otra cosa que una abrumadora catarata de falsedades acompañadas por la amenaza al que no las acepta. Pero creyentes ya no puede haber.

Es una ex religión, qué más se puede decir.

Pero Yoani Sanchez saliendo de esa isla geográfica y conceptual, es más que eso, el correlato individual, el verdadero costo humano de la maldad humana. Que tenga que sentir por primera vez la liberación de un peso como un viajero del espacio que deja de soportar la gravedad es lamentable al infinito. Eso que queda del comunismo que es el estatismo, la amenaza, el golpe, la cárcel por primera vez en su vida no está cargado a su espalda.

Multipliquemos esto por cada cubano que no es cómplice del aparato, tal vez hasta podríamos incluirlos a los que son parte y que fuera de ahí habrían tenido la oportunidad de ser personas normales en lugar de perversos. Esa es la cuantificación del horror al lado de la naturaleza de todos los que hacen romanticismo con el sufrimiento ajeno.

El individuo es más que la masa. El objetivo de que se libere Cuba es menor a la libertad de Yoani, porque sin libertad de Yoani no hay libertad de Cuba.

Por eso que es mucho más que el acto político de esta disidente que consigue cruzar la frontera después de mucho esfuerzo y si eso habla bien o mal del comunismo. Fuera del colectivismo, fuera de la visión totalizadora y agobiante no hay una gran causa liberalizadora con himnos para los libros de historia, hay innumerables individuos buscando su felicidad. Y eso es sólo metafóricamente una gran causa.

Es una dimensión en la que nuestra alegría va mucho más lejos que la realización de nuestros ideales hasta el punto en el que cobran sentido como tales porque nos proyecta como personas. Si no nos gustara, tendríamos un problema.

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Pesojas, una especulación de domingo

Hay todo un debate en el sector agropecuario acerca de qué hacer con la cosecha de la soja. Si exportarla y regalarle al gobierno su botín o conservarla, teniendo además en cuenta que el acceso al dólar está restringido, por lo tanto encarecido. Bien, va esta idea sólo para especular. Los productores podrían vender la soja en el mercado interno como reserva de valor para todo el público que quiere adquirir dólares y no tiene más remedio que hacerlo en el mercado negro, a través de certificados de venta que podrían circular. Incluso podrían usarlos para hacer sus pagos, sería una moneda fuerte, mucho mejor que recibir pesos de libre impresión del Banco Central que se desvalorizan a un ritmo vertiginoso.

¿No preferirías que te paguen en Pesojas más que en pesos K?

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La Rebelión de Atlas versión audio

Si te da fiaca leerlo ¡escuchalo!

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Recuperar la democracia antes de las elecciones

El paradigma democrático de alguna manera ha deformado la visión sobre el problema del poder. Metidos en su burbuja podemos confundir popularidad con poder y hasta simpatía del público con voluntad electoral.

Pero la política pone en juego el poder. En un extremo la política es guerra y en el otro es democracia. Si el contexto es bélico el poder no se gana con una campaña de márketing y si es democrático no se consigue exhibiendo armas.

Las elecciones libres suponen un estado como tal neutro en la competencia; uso sin interferencias del derecho electoral pasivo, a ser candidatos, y activo, a elegir; libertad absoluta de opinar, debatir y oponerse a las acciones de gobierno, además de otras condiciones menos entendidas como la propiedad privada que asegura independencia individual de los ciudadanos.

Entre la democracia que supone paz entre los ciudadanos que son todos iguales ante la ley, y la guerra que dirime el poder por la fuerza, hay infinita cantidad de puntos intermedios.

El populismo está tal vez más cerca de la guerra que de la democracia. Su motor es la lucha interna contra sectores reales o imaginarios y la pretendida defensa de las mayorías. El populismo justifica la pérdida de neutralidad del estado, el uso de los recursos y los medios estatales para la propaganda del régimen, el permiso para delinquir a los aliados, el reemplazo de la legalidad por la voluntad del poder, la existencia de una masa de individuos sometidos mediante la dádiva, la persecución directa o indirecta de la opinión y de la acción de la oposición, la amenaza permanente y la instalación del miedo.

El poder en el populismo no se dirime como en la guerra, pero tampoco como en la paz democrática. Por lo tanto política no es en el populismo ni uso directo de las armas, al menos no de modo sistemático, ni sonrisas a las cámaras, encuestas y lindas propuestas.

Simular que se vive en una democracia bajo reglas populistas sirve a los que no quieren actuar o de algún modo disfrutan del sistema o están a resguardo de los problemas en sus puestos públicos. Que son más de los que se puede sospechar a primera vista, el populismo tiene enemigos y cómplices. De los últimos no todos son explícitos.

Uno puede leer en las encuestas que circulan una pérdida brutal de popularidad de la señora Kirchner, un humor social en caísa, datos que en general nos permitirían presagiar, en Suiza, que el gobierno se termina en las próximas elecciones de medio tiempo y que después comienza la transición. Pero no estamos en Suiza, no porque nuestros gobiernos sean distintos, sino porque la nuestra es una sociedad cortoplacista dispuesta a apoyar cualquier cosa con tal de librarse del miedo del momento. Es decir, al populismo nos trajo la democracia, no somos víctimas de ningún complot.

Sin embargo no se percibe una pérdida de poder acorde a la pérdida de popularidad. El gobierno es capaz de pactar con el único enemigo que ha tenido el país desde el año 82, autor del atentado a la AMIA de acuerdo a la investigación judicial y a las palabras de este mismo gobierno antes del acuerdo, puede poner contra las cuerdas al Poder Judicial entero para derribar a un enemigo elegido como el grupo Clarín, intervenir la Procuración General, eliminar a varios jueces, imponer un cepo cambiario y unos cuantos etcéteras de igual magnitud, aún cuando desde el punto de vista de la aceptación del público esté en su peor momento. No pierde en ningún momento su carácter de poder absoluto.

La explicación es la del comienzo, no se puede confundir a la democracia con la política, la democracia es sólo una forma de la política que requiere condiciones muy estrictas que están ausentes en la Argentina.

La Carta Democrática de la OEA establece que “Son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”.

Esta es apenas una fórmula diplomática que se queda corta. Un poder omnímodo implica una sociedad sometida cuya opinión es menos relevante en una proporción inversa con la magnitud de ese poder. Quienes esperan que la opinión de la gente resuelva por si misma el problema, se equivocan.

Lo primero que podemos pensar de un poder que puede hacer cualquier cosa sin debilitarse, y aprobar un acuerdo con Irán es el paroxismo de la cualquier cosa, también está listo para el fraude,  para esconder el fraude y para asegurarse de que nadie proteste por el fraude. Hasta para conseguir que la oposición convalide cualquier cosa sin chistar. Sin contar con el hecho de que una parte importante de la población se encuentra en una situación de servidumbre respecto del oficialismo.

La conclusión es que para que lo que dicen las encuestas produzca un cambio político acorde es necesario que el gobierno se debilite de aquí a las elecciones al punto de estar sometido a la ley. No hablo de una debilidad institucional, al contrario, me refiero al fortalecimiento de las instituciones que debe llegar desde la actividad política, la acción tendiente a resistir los abusos y minar la base irregular de poder del gobierno (la caja, los privilegios, la complicidad judicial, la imagen externa). Tampoco que el abuso contrapese al abuso, es decir la violencia no puede terminar con la violencia del estado porque ni siquiera la puede igualar, pero si la inteligencia y la creatividad. No fue la fuerza la que depuso al virrey Cisneros.

Menos aún quiero decir que esto sea fácil, pero sentarse a esperar que un populismo produzca un ouput democrático sólo porque se vota es cuanto menos ingenuo.

Lo que veo en cambio es en la oposición una masa de empleados públicos viviendo con un nivel de vida que no alcanzarían trabajando, un chamberlanismo calamitoso frente al autoritarismo y una opinión publicada embarcada en el apaciguamiento de cualquier rebeldía en nombre de una buena educación desentendida del contexto.

 

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Señores productores de granos, No paguen la soga con la que los ahorcarán

(Texto de la solicitada de Carlos Maslatón que el diario La Nación se negó a publicar, reproducido acá sin cargo con mi adhesión)

Mensaje para todos los productores de granos de la República Argentina. Hoy, como nunca antes en la historia nacional, es legítima la evasión tributaria, aunque el gobierno la repute como criminal. Cada peso que se le pague a la dictadura kirchnerista será malversado y puesto al servicio de la consolidación del régimen. Cada peso y cada dólar que ustedes conserven, será salvado del desastre y podrá ser invertido eficientemente en el momento de la redención republicana, que está más cerca que lejos. Las siguientes actividades convienen a los intereses objetivos de la Patria: 1) Acaparar granos en silos-bolsa; 2) Realizar contrabando sin pasar por la confiscatoria Aduana Argentina, eludiendo retenciones y cualquier otro impuesto; 3) Subfacturar exportaciones; 4) Retener divisas en el extranjero sin liquidárselas a tipo de cambio miserable a la tiranía; 5) Mantener cuentas bancarias o efectivo en el extranjero resultante de sus actividades productivas fuera del conocimiento de la organización hitleriana AFIP. Promoveré personalmente amnistías para todo productor que desarrolle cualquier conducta descripta, si acaso el actual aparato represivo del estado instruyera acciones penales o civiles en contra de quienes con su esfuerzo generan gran parte del producto nacional bruto y son esquilmados para subsidiar a empresarios ladrones que fabrican basura a precios carísimos y que, de remate, necesitan protección aduanera para seguir robándonos cada día del año. Firmado: Carlos Maslatón; CUIT 20-13131163-0.

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Sopa de falacias detrás del “pobre Kicillof”

Se le llama falacia de secundum quid a recurrir las reglas relativas ignorando las excepciones. No se debe matar parece la regla más absoluta, pero solo si nos descuidamos. En realidad sugiere por si misma sus excepciones. Se la sostiene porque se sabe que hay gente que mata, entonces cabe defenderse para sostener la regla en sí, no para violarla. Hay circunstancias en las que matar es legítimo aún en nombre del no matarás.
La falacia se da cuando se esgrime que no se le puede robar el arma al asaltante para no convertirse en asaltante, que no se le debe mentir ni aún al estado en un interrogatorio para perseguir disidentes, que no se debe entrar en tratos con un guardia deshonesto que acepta un soborno para liberarnos del campo de concentración.
Mientras provee a su autor una pátina de principismo, el secunum quid es tan enemigo de la regla como su violación directa o aún más.
Puede ir acompañada de otra falacia, la del falso dilema. El ejemplo del arma robada al ladrón, no hay conflicto alguno real de valores, se trata de un arma con la que se nos amenaza quitada a quién nos amenaza. No es el caso de quitarle la bicicleta a un tercero para escapar del asaltante. Cualquiera sea la forma en que lo resolvamos, en este segundo caso hay un dilema, en el primero no lo hay.
Estos dos defectos del razonamiento están presentes en cada arrebato censor contra la expresión libre de la gente que se harta de la agresión del estado kirchnerista y se expresa como puede, cuando puede. Es la gente que decreta empate entre un estado autoritario y los ciudadanos que insultan a sus agentes.
Digo yo ¿era Hitler un hijo de puta? ¿Lo era Stalin? ¿Lo es Fidel Castro? ¿Lo es Moreno, la señora Kirchner, el señor Kicillof? Y si lo fueran ¿por qué no hay que decírselos? ¿Por qué no hay que reconocer la realidad?
El insulto, lo se, es un mal recurso porque es poco informativo por si mismo. El que insulta a otro nos habla de sus emociones o razones, pero no las comparte, evita el fundamento que es elemento que nos permitiría acordar o no con la calificación. En el caso que tantos censores despertó estamos todos bien informados de los motivos del repudio.
Pero muchas personas insultando a un funcionario es un indicativo de un malestar que no se puede tapar hablando de las reglas de urbanidad. La tercera falacia del argumento censor es por eso la del accidente, que consiste en dejar pasar el problema principal y destacar alguna cuestión accesoria que lo tape. Cepo cambiario y su autor viajando al extranjero, la gente se enoja ¿Nos ponemos a hablar de la gente que grita corrupto? Vale la pena pensar en los hijos de Kicillof que como todos los hijos tienen que padecer que otras personas detesten a sus padres con buenas o malas razones, pero esta no es la cuestión principal. Encima se lo pone en primer plano apelando al sentimentalismo de telenovela que se ha apoderado de la Argentina lo cual es una falacia más, la falacia ad populum o, que casualidad, sofisma populista. Un sentimentalismo redentor, tenemos nombres de notorios ladrones en las calles solo porque han muerto.
La falacia del accidente se presenta también al dejar de lado que la protesta es una forma de libertad de expresión ante el poder. No ante un señor que escribió un libro que no nos gusta o de otro que tiene un programa de radio que critica al gobierno que creemos salvador (caso de Nelson Castro), sino ante quién abusando de la autoridad altera nuestra vida. Ni siquiera es un referee que decretó un penal y nos arruinó el resultado, es uno que toma la pelota con la mano y amenaza a nuestro arquero, lo investiga y lo “escracha”.
Y también cuando se omite el dato fundamental que explica lo sucedido, el ahogamiento de la opinión disidente, la construcción y acción de un aparato de propaganda y difamación que utiliza el mismo funcionario insultado. Un marxista con sueños burgueses como la casita en Colonia.
Hay un pedestal mal ganado y opresivo que es el perfecto complemento del oficialismo. Es su última vanguardia, se ocupa en nombre de la oposición al gobierno de estigmatizar a los ciudadanos que hacen a veces, cuando es obvio, el ejercicio de responderle al poder lo que piensan, como no lo hacen los “educados” que les quieren explicar cómo conducirse en la vida mientras recurren a todo tipo de argucias para posicionarse como guías morales de la nación. De esos debemos cuidarnos tanto como del asaltante. Del tipo que nos dice que no respondamos a la agresión, pero no para cuidarnos como sería de desear, sino para cuidar al agresor en nombre de un deber sin excepciones (secundum quid) que solo tendremos nosotros con él.
Es cierto que comerse al caníbal implica convertirse en caníbal ¿Pero acaso la gente del barco le aplicó a Kicillof el cepo, lo expropió, le mandó a a la AFIP? Eso sería en este caso comerse al caníbal. La gente no puede abusar de la autoridad con la autoridad. Este recurso metafórico es otra argucia llamada precisamente falacia de analogía.
Una república se construye con ciudadanos vigilantes y resistentes dispuestos a encarecer el ejercicio abusivo del poder. Una ética tramposa y sensiblera es la mejor aliada de los tiranos.

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Precios o garrotes

Si los políticos tuvieran claro qué es un precio, la mayoría se encontraría sin destino y se tirarían por la ventana. Y si la gente tuviera conciencia de lo que se les quita con la expansión monetaria que este gobierno se ha tomado como la panacea populista por excelencia el país estallaría.
El precio es lo que conocemos, la tasa, de una transacción o un cúmulo de intercambios ocurridos sin violencia, en eso que llamamos mercado que es la abstracción del intercambio social realizado de forma pacífica.
Para atacar al mercado lo más común es desconocer que exista siquiera como posibilidad. Entre los seres humanos sólo hay conflictos de intereses y ganar significa someter a alguien que debe perder ¿Qué necesitamos entonces? ¿Productores? No, defensores y vindicadores, es decir, políticos. Porque ese mundo en el que la gente intercambia lo que tiene por lo que quiere no existe.
Es la explicación perfecta de la propia agresividad, que los otros empezaron primero.
La realidad no es esa. Cuando una transacción ocurre sin violencia y por voluntad de las partes, la tasa del intercambio es un precio. Ninguna otra cosa lo es. Las mercaderías llegan a las góndolas por una sucesión de precios. La gente ha trabajado e intercambiado sin conocerse, siguiendo muchos pasos desde la siembra en el campo, la cosecha, la elaboración del pan, el traslado, la conservación. Y de todos los productos y maquinarias necesarias para auxiliar esa producción. Todos hicieron sus análisis de costo/beneficio y el resultado fue que la lata de arvejas está ahí en la góndola a un precio ofrecida, que el consumidor convalidará en su caso al comprarla o no lo hará, obligando a reconsiderar las decisiones de riesgo tomadas por toda la cadena. Cuando hay precio tenemos la seguridad de conseguir la mercadería a esa tasa porque llega a nuestras manos como consecuencia de que a todos los aportaron algo para que ocurra les convino hacerlo, no fueron obligados. De manera que tenemos buenas perspectivas de saber que seguirá pasando en el futuro si la violencia sigue ausente.
La inflación altera todas las tasas, lleva a cometer equivocaciones y a calcular mal las relaciones de costos y beneficios. El gobierno imprime billetes, aumenta su oferta y por tanto la moneda que actuaba como referencia vale menos para adquirir productos. El señor que aportó el camión para transportar la harina cobró una cantidad que ya no le rinde de la misma manera para adquirir los insumos necesarios para su labor. Debe recalcular y pedir más billetes para obtener el mismo valor. Una vez que lo hace el daño de la inflación se ha detenido. La inflación no es el aumento de precios sino la causa monetaria de ese aumento que viene a ponerle fin en realidad.
Si la expansión monetaria llegara a todas las personas al mismo tiempo, los cambios de precios ocurrirían igual pero sin otro efecto que la pérdida de tiempo de cambiar los números. En valores todos estaríamos igual. El daño económico no está en el cambio de precio sino en todo el proceso hasta que todos los precios cambian, incluidos los salarios.
Para ganar más con la estafa inflacionaria el gobierno necesita retrasar la adaptación de los precios. Tiene que sacar ventaja de comprar con la moneda fresca a precios anteriores a su emisión.
Los precios sin inflación se modifican por otros motivos. Cuestiones estacionales, avances tecnológicos, circunstancias personales que hacen que las personas varíen sus cálculos de costo/beneficio para realizar transacciones.
Con o sin inflación alterar los precios significa ir en contra de la voluntad de las personas que hacen los intercambios. En el caso de la inflación, se impide al mercado asumir el problema causado por la emisión. Sin inflación, se altera la evaluación que había realizado la gente de sus costos y beneficios y por lo tanto también se alteran sus comportamientos futuros. En los dos casos el que estaba dispuesto a vender el aceite ya no lo está. En un contexto inflacionario la gente pierde la noción de si está ganando o perdiendo y se resguarda para evitar quebrantos.
Entonces aquella cadena de decisiones que llevó a las arvejas a estar ofrecidas en la góndola se ven violentadas en el final del camino. El dueño del supermercado está ahora amenazado por el estado, pero no lo está el transportista, al que aquel le comunicará que ya no puede pagar lo mismo por el producto. El estado entonces tendrá que amenazar también al transportista, y después de él al que le provee el combustible, a su mecánico, después al que sembró y al que fumigó, en una sucesión infinita de garrotazos.
Una vez que se ingresa en el campo de la violencia, no tiene fin. Es el Camino de Servidumbre que explicaba Hayek.
Pero por más que para los que se sienten amenazados por la libertad de los demás la violencia es una maravilla, es cara, es imposible poner un policía al lado de cada persona. Por lo tanto aparecen los mercados paralelos y por más amenazas que se realicen en un punto dejan de surtir efecto.
Precios o garrotes, alternativa no hay.
La historia de los controles de precios muy bien contada en 4000 años de Controles de Precios y Salarios de Robert Lindsay Schuettinger y Eamonn Butler, es la de las amenazas, la cárcel, las guillotinas y el linchamiento. Pero jamás dieron resultado, porque se pone a la gente ante alternativas imposibles a un costo político sideral.
Esa es la razón por la que el señor Moreno se encuentra que después de extorsionar a los supermercadistas va a tener que aplicar los mismos métodos con sus proveedores, y después descubrirá que no es suficiente. El gobierno se encamina al suicidio, el problema del país es todo el daño que hará en el camino y lo que costará remontar semejante destrucción.
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Los gritos de arriba, generan los gritos de abajo

No se pueden entender los repudios que están sufriendo los representantes del oficialismo sin la acción sostenida y diaria de vituperio hacia cualquier sector o persona que no defienda los intereses del gobierno o cuestione cualquier medida. Los dedos levantados y las diatribas son el modo de comunicación y atropello político diario del oficialismo y son actos de violencia verbal y gestual contra toda la población y en particular contra quienes los molesten o contradigan. Dicho sea de paso, los “escraches” en la Argentina fueron inventados por los supuestos defensores de los derechos humanos que acompañan al gobierno.
El repudio a Kicillof, injusto para su familia, los abucheos a Boudou, son un ida y vuelta que comienza en el poder. El caso del vicepresidente es más claro ¿Acaso no es más violento utilizar un cargo y un atril oficial en la conmemoración de una fiesta patria para hacer proselitismo mesiánico de su facción que silbar en respuesta? El problema es que no se encontró con soldados o militontos de los que aplauden sin oír y la gente es libre de expresar lo que el discurso les provoca.
Es un poco extraño que el kirchnerismo juegue la victimización con la violencia que provocan, ese ir y venir entre la actitud de matones y llorones, frente a las cuales pareciera que no hay conducta legítima posible. La gente se tiene que sentir siempre en falta, cuando le gritan por lo que le gritan y cuando responde por responder.
Es feo el espectáculo de una señora gritándole corrupto al señor Kicillof frente a sus hijos, pero menos grave que ver a otra señora que preside un país hacer eso con cada disidente, con un actor, con un agente inmobiliario o con el dueño de un medio, frente a sus aplaudidores para glorificar un momento miserable. O cualquier funcionario siempre listos con sus deditos parados retándonos como si fuéramos hijos maltratados. Se supone que nos habían dicho, que la violencia es mucho más condenable cuando la ejerce el poder.
La cantinela políticamente correcta de los que no quieren quedar mal parados frente a las luces del poder patotero/llorón me aburre, me hace bostezar y no resuelve nada más que la posición elegante frente a las cámaras de quienes tienen ese gusto por sentenciar. Más pensamiento y menos poses es lo que necesitamos.
¿Será mucho decirle violencia al poder que insulta? Pues veamos como define violencia contra la mujer la ley 26.485: “Definición. Se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes”
Si eso es la violencia contra la mujer, pues la violencia en general solo requiere quitar el vocablo “mujer” o cambiarlo por “población” para poder entenderla. Es nuestro ambiente kirchnerista desde el 25 de Mayo de 2003.
Los repudios contra los funcionarios los puede terminar hoy la presidente de la nación, ella tiene la llave. Se llama respeto. En la Constitución dice como se comporta un presidente para ser tratado como tal.

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