La etapa revolucionaria de la dictadura del proletariado pasó. Nadie cree en eso, se vieron los resultados y cómo cayó a pedazos. Pero no solo eso, también cuánto totalitarismo necesitó, el control policial político que debió ejercerse sobre las consciencias, las persecuciones, el hambre y la corrupción. Cómo permitió encumbrar a una pequeña élite que parasitaba al resto de las sociedad.
El chavismo, el kirchnerismo, el orteguismo, el correísmo, el evismo, no son una continuidad sino instrumental de aquél proceso. No tienen un contenido ideológico, Evo Morales no sabe siquiera que los romanos no llegaron a América, Cristina Kirchner piensa que la fórmula del agua es H2 cero. Este neo-socialismo no va detrás de un proyecto ideológico sino únicamente de su mal resultado. Al contrario que los socialistas ingenuos, ellos han descubierto en la izquierda y el socialismo un instrumento para construir una dictadura en la que encumbrarse y formar a su alrededor una oligarquía. No son fanáticos que chocan contra la pared, sino bandidos que promueven el fanatismo para hacer su agosto. Lo que en el socialismo romántico era la consecuencia no querida, el fracaso, en ellos es el objetivo, el éxito.
Por eso que es inútil una discusión de ideas (digo ideológica en el sentido en el que se usa la palabra en el lenguaje diario). Se trata de un problema político, la simulación de la democracia para robarse la legitimidad, y la simulación del socialismo para robarse el botín.
En Argentina se inicia el proyecto de destruir la constitución, un documento como aval del poder absoluto desnaturalizando por completo lo que una constitución es para legitimar las agresiones de una parte de la sociedad a otra que será parasitada. La legitimación de la guerra interna como procedimiento civil. Y este movimiento tiene su apoyo tal vez mayoritario porque la división de la sociedad que en realidad deslegitima el proyecto, ya ha ocurrido. Las brujas han sido creadas y ahora es la etapa de cazarlas en nombre de la continuidad del sistema.
Entonces ¿qué hacemos? Pues a una fuerza política se le opone otra fuerza política. Y la lucha requiere una composición de lugar. No siempre se le ofrece al enemigo la batalla en el campo que propone. Este, creo, tiene que ser el caso.
El kirchnerismo busca la captura de un poder nacional unitario. Un estado central dueño de todo y ellos dueños del estado central. Eso lo hace incompatible con el federalismo.
Si vemos la utilidad que el gobierno nacional le presta al país es sólo una carga. La situación es bien distinta a la de 1853 donde había que pensar cómo contrapesar el poder de los caudillos con un gobierno nacional civilizador. La ecuación es inversa hoy. Pero por un gobierno nacional solamente, sino por un estado nacional parasitario y un gobierno nacional que ha descubierto cómo explotarlo.
Las provincias han cedido el poder de recaudación. Los municipios son un adorno en la Constitución. Sin embargo los recursos políticos, el botín fiscal, proviene de las provincias y municipios. Es claro que si la recaudación fuera municipal y la coparticipación fuera inversa, la pirámide del poder también sería inversa y el gobierno nacional podría ser un simple representante exterior de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Nombre que debería tener el nuevo proyecto.
Con eso, el kircherismo no es posible.
Por supuesto que hay provincias con vocación sólo parasitaria. No hay por qué contar con ellas. Ni siquiera es cierto que no puedan vivir sin ser criadas como gallinas. Lo que no es posible es que sobrevivan si son bolsas de trabajo, juntaderos de vagos. Pero ni siquiera importa. Que no estén los que no quieran estar.

Comments

comments