¿Qué se pierde cuando se pierde la libertad de expresión?


(Exposición en el seminario del mismo nombre organizado por TV Azteca (10/2009)

 

Por José Benegas

 

 

 

La Argentina una vez más está en el centro de la escena por sus malas noticias. En este caso la llamada Ley de medios K que tantas prevenciones genera por sus similitudes el proceso de concentración del poder y ahogo de las críticas que viven Venezuela y sus países satélites. No se conocen tanto algunas circunstancias que hacen de este desesperado intento de Néstor Kirchner y su mujer, puesta en la presidencia de la nación, por controlar la realidad al mejor estilo del Ministerio de la Verdad que imaginó George Orwell en 1984.

 

Nuestra nueva ley kirchnerista es el final de un proceso que comenzó en el colapso del 2001, visto como la salvación por empresas con alto endeudamiento en dólares que vieron transformadas sus deudas a un peso devaluado, entre ellas el grupo Clarín, uno de los grandes impulsores de la devaluación. A partir de ahí se produjo una relación simbiótica entre los grandes medios y el poder. Durante el gobierno de Eduardo Duhalde se comenzó a manejar las tapas de los grandes diarios en la Jefatura de Gabinete, a controlar lo que se informaba en los noticieros y a sacar del aire a los programas políticos. No fue censura, fue negocio a cambio de publicidad oficial que creció a ritmo exponencial y fue utilizada para premiar y castigar. Primera lección. La libertad de los medios audiovisuales es directamente proporcional a cuánto dependen de sus televidentes y sus anunciantes. Es decir a cuanto de comercial tenga su actividad. Los empresarios de medios o los funcionarios no se diferencian por ser unos mejores personas que otros, sino por el sistema de incentivos al que están sometidos.

 

Al mismo tiempo se le permitió todo al gobierno, la Argentina demandaba un salvador y estas cosas no terminan bien nunca. Las empresas empezaron a ser monitoreadas desde la secretaría de comercio y la intervención del Estado en la economía se realizó de un modo informal. Simplemente emitiendo órdenes y obedeciendo los empresarios. Néstor Kirchner para ser justos lo único que hizo fue multiplicar y acelerar a fondo ese proceso. Durante todo su mandato y la primera parte del de Cristina Kirchner lo que predominó fue el silencio, se dejaban pasar cosas como el falseamiento de los índices de inflación, las presiones a empresas privatizadas anteriormente para venderles a un grupo de empresarios amigos, la utilización de fondos fiduciarios para enriquecer a esta misma gente, la extorsión abierta a gobernadores e intendentes para que se alinearan con el gobierno y otra serie de grandes escándalos. De esto no se hablaba en la televisión, todas eran “buenas noticias” en estos mismos medios que hoy están viendo como el kirchnerismo va por ellos porque les tiene miedo. Recién el año pasado cuando estalló la crisis del campo, por el agotamiento de la panacea de la devaluación del 2002 y el peso que los impuestos a la exportación estaba teniendo, la televisión simplemente mostró lo que era imposible de ocultar en las rutas y en las calles del país. Gente bombardeada con buenas noticias que estaba harta. Y Néstor Kircner se enojó, vio todo como una conspiración y declaró la guerra.

 

Hice esta introducción porque quería seguir la pregunta del título de este evento ¿Qué se pierde cuando se pierde la libertad de expresión? En nuestro caso deberíamos preguntarnos “qué se perdió antes cuando se llega a perder la libertad de expresión”. Esto probablemente les sea más útil que ver a nuestros países lamentar lo que nos está sucediendo. Se perdió la noción básica de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, se perdió el instinto de no confraternizar con un gobierno que abusa del poder, se perdió el sentido de la dignidad y en una medida muy grande, hablo de la Argentina con mucha tristeza, se perdió el sentido de la integridad y de la honestidad. No hablo de la versión más sencilla de la honestidad, la de no robar, hablo de la de no dejarse robar el alma ni por veinte ni por un millón de monedas. Porque nada es gratis. Se perdió el sentido de la propiedad privada que es lo que permite que haya muchas empresas, mucha gente que ahorre y arriesgue y que seamos independientes. Los medios en la Argentina primero fueron testigos y elogiaron al gobierno avanzando sobre las empresas en una conducción de la economía de tipo nacional socialista. Esta vez les tocó a ellos ser atacados con los mismos argumentos. Que importante es defender la libertada ajena. Segunda lección.

 

Todo ataque a la libertad está hecho en nombre de buenas intenciones. En este caso la ley 26522 tiene casi 170 artículos de deseos democratizadores, antidiscriminación, protectores de conspiraciones de monopolios. Sacando todo eso que actúa como un disfraz, los principales puntos de esta ley son los siguientes.

 

1.       Viola el principio establecido en el artículo 32 de la Constitución Nacional que prohíbe la jurisdicción federal en materia de libertad de imprenta que todos interpretan que hoy incluye el concepto a los medios audiovisuales. Es decir la regulación de medios solo puede hacerse a nivel provincial.  Algún fallo de la Corte Suprema habilita la regulación federal en el caso de las frecuencias de televisión abierta y radios en tanto estas emisiones sobrepasen los límites provinciales y las fronteras, pero esta ley va mucho más allá. Regula por ejemplo la televisión por cable que no ocupa ningún espectro y que es una relación tan directa entre cliente y proveedor que en mi opinión implica la misma violencia que la de violar correspondencia.

 

2.       Se basa en el concepto de “derecho a la información” que desgraciadamente tengo que decir que viene de los ámbitos académicos y significa no entender el problema de la libertad de expresión. La información y la opinión que se emite desde el sector privado es libre, no está sujeta a restricciones ni se admite un control sobre su calidad porque eso sería censura. Si los medios están sujetos a la obligación de suministrar alguna información, en lugar de al derecho de hacerlo entonces se convierten en órganos estatales. Es el gobierno el que está obligado a informar sobre sus actos bajo el principio republicano de la publicidad de los actos de gobierno. En el caso de la Argentina tenemos el servicio de estadísticas oficiales totalmente falsificado y una televisión pública y radio nacional que se dedican a la propaganda del matrimonio gobernante sin ninguna vergüenza.

 

3.       Viola derechos adquiridos. Las licencias vigentes fueron concedidas en la década anterior, pero fue el gobierno de Néstor Kirchner quién las prorrogó por diez años, justamente porque las tenía controladas. Ahora impone nuevas reglas como límites estrictos a la cantidad de medios que se pueden poseer y otorga un plazo de un año para adecuarse, es decir desprenderse de las licencias que superan el  límite. Todo en función de poder controlar la información en las elecciones del 2011.

 

4.       Pero así como viola los derechos adquiridos, no determina derechos de propiedad a futuro. Ningún licenciatario privado tendrá seguridad alguna sobre su permanencia en el mercado dado que la autoridad de aplicación puede imponer nuevas condiciones técnicas. Claro, en la norma se hace la aclaración de que esto deberá hacerse “respetando los derechos” de los licenciatarios. Pero imaginen lo que esto signfica si esta ley interrumpe licencias prorrogadas por diez años y consideran que eso no viola derechos. La autoridad de aplicación puede además sancionar cualquier infracción a esta farragosa ley con cualquier sanción. No tiene límites.

 

5.       Limita la participación privada a un tercio de las frecuencias. El otro tercio se lo reserva el Estado para seguir desinformando y el tercio restante se le otorga a “entidades sin fines de lucro” algo que agrada a ciertos oídos. Si no son de lucro, es decir, de conseguir televidentes y oyentes y con ellos anunciantes, cuáles son los fines de las entidades sin fines de lucro que quieren tener un medio. De los múltiples fines que todos podemos tener ¿cuál es el criterio con el cual el gobierno seleccionará los mejores fines? ¿Es esa la función de un gobierno? Lo cierto es que lo único transparente para asignar cualquier cosa por parte del gobierno es recurrir al mecanismo del mejor postor. Y estas entidades sin fines de lucro, cómo pagarán su operación si se supone que no pueden hacer negocios. Podemos dar por sentado que serán organizaciones afines al poder, financiadas por dineros públicos. En síntesis, acá se ha estatizado el 66% del espectro mediático.

 

6.       Encarece notablemente la operación, con absurdas regulaciones laborales como exigir licencias para el personal técnico. Todo lo cual redunda en concentrar el mercado y dejar afuera a los marginales incontrolables.

 

7.       La autoridad de aplicación está dominada por el oficialismo, pero el Poder Ejecutivo se reserva el derecho a otorgar las licencias en las ciudades de más de 500 mil habitantes, las que en general votaron contra los Kirchner en las últimas elecciones. Sobre este punto giró gran parte del debate, aunque no me parece el más grave. No es mejor la autoridad de la oposición que la autoridad del oficialismo para cosas en las que ninguna autoridad es legítima.

 

Esta ley fue impulsada por una razón circunstancial, el enojo de Néstor Kirchner con la realidad, pero sus consecuencias van mucho más allá imposibilitando la existencia de medios fuertes e independientes que contrasten la información oficial y le dejen saber al público lo que está ocurriendo.

 

El trámite de la ley fue irregular. No se respetó el tiempo exigido en la Cámara de diputados entre la salida de la comisión y el tratamiento en el recinto. En la cámara de senadores un senado señaló errores de tipo material en la remisión de un par de artículos del proyecto. Si se hacían las modificaciones la ley debía volver a Diputados para ser ratificada, pero el gobierno dio la orden de que saliera de ese modo y así salió. Luego se la publicó con las modificaciones que el senado había rechazado de modo expreso.

 

La ley fue discutida en foros organizados por el gobierno con amigos del poder durante seis meses. Al Congreso se le permitió discutirla durante dos semanas. Muchos diputados y senadores cambiaron sus votos a último momento.

 

Los Kirchner están en problemas porque el 70% de la gente rechaza su gestión. Pretenden que están “democratizando la opinión” y que los medios construyen una “realidad paralela”. La realidad paralela es la de la televisión pública, la de ellos manejando las estadísticas y hasta reiterando inauguraciones de obras varias veces. Mientras hacen esto no reciben periodistas ni dan conferencias de prensa. Cuando viajan al exterior sólo los peridotitas extranjeros pueden hacerles preguntas. El sueño de ellos es construir ese gran Ministerio de la Verdad orwelliano

 

Pero permítanme concluir remitiendo que se pierde cuando se pierde la libertad de expresión. Todos estamos soprendidos por los ataques a la libertad por parte de algunos gobierno que son electos en sistemas aparentemente democráticos. No se democrático actuar en nombre de la mayoría contra la minoría, porque democracia es el gobierno de todos, no el de la mayoría. Electo por la mayoría, pero con un mandato de toda la población, no le está permitido dividir, ni crear amigos y enemigos, en todo caso deja de ser un gobierno del pueblo para ser un gobierno de facción.

 

Cuando se pierde la libertad de expresión está expedito el camino hacia la dictadura en los términos más evidentes, pero la dictadura empezó antes. Nuestros países latinoamericanos se dividen en dos grupos entre aquellos que son dictaduras o van camino a serlo y aquellos cuyos gobiernos no quieren ser dictaduras. Hemos perdido el verdadero resguardo, que es la institucionalidad en la cual los gobiernos aunque quieran no puedan ser dictaduras. Ese creo que es nuestro trabajo principal.

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