Siento asco por el 100% de los argentinos

Maquiavélicos, bandidos y ricos, hay que admitir que la comandancia del “modelo” es eficiente como las cámaras de gas en la persecución de sus objetivos deleznables. Néstor Kirchner se adelantó a Clarín, no esperó a que el cambio de humor social le permitiera al “gran diario”, modelo periodístico post peronista, se acomodara y comenzara a informar lo que había tapado durante los primeros años de construcción del aparato nacional socialista. Al adelantarse acusando, Clarín quedó descolocado en su clásica movida y cuando salió a realizar su juego, tirado a menos y vergonzante, ya estaba descalificado.

En Julio llegó la golpiza electoral que el partido light le dio en la Ciudad de Buenos Aires y salió a sorprender Fito Paez con su asco por la mitad de la Ciudad que según él había votado por el demonio. Al otro día, rápido como pocos, en lugar destacado del boletín oficial Página 12. Todos le cayeron encima por usar la palabra “asco” y los propios lo defendieron en nombre del “asco”. Cuando el problema no era el estómago del cantante sino la ausencia de contenido del artículo, la imposibilidad de refutarlo por ser un puro exabrupto. Entonces llegó el 50% de la señora reina de la milanesa, imposible de votar para cualquier persona respetable. Pero no le quedaban palabras a la oposición o a los críticos, ya se habían despachado por los términos y los sentimientos de Fito, el problema había sido se suponía su “falta de respeto por la mayoría” y no el insulto sin fundamento. Biolcatti tendría que abstenerse, dicen muchos, de decir lo obvio. Los kirchneristas ni se tienen que ocupar de él. El trabajo lo hacen sus “amigos” censurándolo por parecerse a Paez. Esteban Bullrich, ministro de educación del partido light, escribió un elogio anti-fitista (que resulta ser PRO-kirchnerista) por el resultado del 14 de Agosto para no ser igual a lo que su sector había criticado. Ellos se canibalizan entre ellos con la liviandad de su ética. Los kirchneristas no los comen, ellos se auto fagocitan.

Ya pienso que lo de Fito Paez no fue ni un exabrupto, ni una salida espontánea, sino la descalificación anticipada del sentimiento inevitable que tenía que surgir después de un 14 de Agosto en que la mitad del país dijo que quería votar a una señora que dijo cosas como esta “Yo y el líder de la nación libia hemos sido militantes políticos, desde muy jóvenes, hemos abrazado ideas y convicciones muy fuertes y con un sesgo fuertemente cuestionador del status quo que siempre se quiere imponer para que nada cambie y nada pueda transformarse”. Y que hizo y hace cosas mucho peores. Poco espacio quedaba después para expresar asco, lo menos que merecen la mitad de nuestros vecinos.

Por eso no voy a decir que siento asco por el 50% de los argentinos, porque sería un error de cálculo. Mi asco es, redondeo mediante, por el cien por ciento de los argentinos. Los que votaron por los Kirchner, los que los alimentaron, los que no les opusieron ningún principio y los que creen que tienen razón pero no se animan a sumarse o ni siquiera han sido invitados. Claro que dejo afuera a mis amigos, a la gente que se atiene a la realidad y ha sido honesta con su pensamiento, a los que no simulan adherir a determinado línea crítica mientras boludean en la vida con una frivolidad despreciable ni simulan amplitud de espíritu mientras practican la tibieza con el modelo nazi ¿Pero cuántos son? Serán el 0,001% en tren de seguir con el redondeo. Creo que conozco de manera directa o indirecta a todos los que no me dan asco, ninguno está en una posición de poder o prestigio. Cien por ciento es una cifra ajustada hoy por hoy.

Y no soy Fito, pero no por duplicarlo en sus cálculos, sino porque tengo todo este blog y todos estos años de actuación en medios para fundamentar por qué es moralmente inaceptable haber votado a esa mujer o tratarla como una noble triunfadora; mientras él tiene apenas los caros espectáculos que le pagamos con impuestos.

Voces ultra conservadoras contra el Tea Party

Las voces del mainstream suenan escandalizadas con el Tea Party ¿Quiénes son estos? sostienen desde Paul Krugman al diario El País y por supuesto todos los diarios argentinos. Los llaman los “ultraconservadores” y se sienten tan amenazados que ni consideran los distintos matices que hay dentro de ese movimiento heterogéneo en el que conviven desde la derecha religiosa norteamericana a libertarios cansados del Estado Federal. En realidad todos coinciden en el cansancio con el Estado Federal.

El problema para las voces indignadas es que el Tea Party cuestiona el modo en que han vivido, el statu quo del hiper endeudamiento y el festival de deuda mundial con todas sus comisiones. El mundo tal cual lo conocen, lo aprovechan o lo informan. Si no llega a ser cierto que se puede vivir de prestado y que los problemas de excederse del gasto público se solucionan con más gasto público y elevando el límite de deuda qué será de ellos.  O si el secreto de vivir en paz fuera una fórmula tan sencilla como mandar a muchos políticos y funcionarios a casa para que la gente productiva se aproveche de lo que hace y no los parásitos. Si fuera verdad que lo que está empobreciendo es el “gasto social; sus vidas quedarían vacías, sus credos con los que se han subido a todas las lomas a explicarles a los demás en qué consisten los secretos de la vida y con los que se han reído de la gente responsable, caen en desuso. Esos que vienen, que nadie los conoce, que no forman parte de los acuerdos generales que siempre han primado en Washington, esos que tocan el mundo al que no pertenecen, son vistos como una molestia intolerable, gente que delira. Sienten que están por matar a Keynes en su propio palacio (un homicidio que muchos esperamos que ocurra de una buena vez).

¿Quiénes son entonces los ultra conservadores? El argumento de los loquitos que vienen a alterar las reglas de juego que no entienden nada no podría ser más cerrado. Hasta han pasado del pacifismo antiyanqui a poner el grito en el cielo por la reducción de los gastos de defensa de los Estados Unidos.

Pareciera que hay que compartir todo lo que dicen los miembros del heterogéneo Tea Party en lugar de darles razón en varios de los puntos más importantes, porque si no la Corte del Sistema va señalando a los herejes.

Ahora viene China a repetir las mismas cosas que esos advenedizos: basta de deuda y de gasto social, Estados Unidos vuelvan al capitalismo y aten de manos a su sector público. ¡A dónde iremos a parar!

Manzana podrida en la Corte de Cristina

Un juez de la Corte no puede ser dueño de prostíbulos. Un juez de la Corte que alquila departamentos para prostíbulos sea porque adora el negocio o porque fue engañado como un pelotudo por la inmobiliaria, por desidia, por imbécil o por casualidad, debe dejar su cargo. Eso está claro para cualquier ser racional en cualquier lugar del mundo cualquiera sea su edad, salvo en el país malsano de sátrapas y tibios que nos deja el kirchnerismo como última etapa de la degradación nacional.

No tengo nada contra los prostíbulos ni contra proveedores ni contra clientes, es un negocio mucho más honesto que el de la política desde el momento en que no se sustenta con impuestos sino en convenios privados. Pero o se es empresario de la prostitución (o un incauto al que todos lo engañan), o se es juez de la Corte Suprema. Nada hay que argumentar acá, salvo para el señor Hermes Binner  que cree que a Zaffaroni lo alcanza una aureola especial por su condición de izquierdista, y una tal asociación de abogados de derecho penal que manifiestan sin vergüenza la falta total de responsabilidad del juez por ser una persona genial, es decir por un fuero personal que lo alcanza y lo hace libre de todo pecado. Ninguna prostituta esgrime una falacia de ese calibre. Ya no se les puede pedir otra cosa a los protagonistas de esta Argentina más que sean dignos de aparecer en el rubro 59.

Por cierto las apariciones públicas de Zaffaroni para explicar, sin explicar, su situación en los programas kirchneristas de Víctor Hugo Morales y en Radio Nacional no hacen más que demostrar que tiene cosas para esconder y que requiere para su defensa del aparato propagandístico nazi del oficialismo.

En este país (si, no digo “mi país”, lo desconozco) todo se pudre mientras las mayorías y la mayor parte de las minorías miran, no entienden, no hablan jamás claro, dejan todo en la indefinición y se dejan convencer por las estupideces más inverosímiles.