En tanto nadie cree en el Congreso nacional que exista una actividad productiva que sea privada, es decir que esté exenta de la autoridad pública, toda la oferta electoral en la Argentina es de extrema izquierda. Ni un solo diputado o senador admite ya que el terreno de la economía, es decir de la producción y distribución de bienes, aunque sea en principio, en una gran parte o en una pequeña parte al menos está fuera del alcance del poder estatal. Somos esclavos en consecuencia.

Veamos cómo se explica la supuesta “centro derecha” de la Argentina el motivo por el que hay que “regular” la actividad de las empresas de medicina prepaga “No creemos mal que haya empresas privadas que presten sus servicios, pero creemos que el Estado tiene que regular por tratarse de la salud”. Así lo definió Gabriela Michetti diputada del PRO. Es decir la situación parece ser de “tolerancia” con las empresas privadas que proveen la salud (la misma posición respecto de la prostitución) que de acuerdo al paraíso oficial del bienestar no sería necesaria porque tenemos hospitales públicos y obras sociales que funcionan bajo un régimen de fuerza promovido por el estado. El PRO apenas está dispuesto a aceptar que existan, pero define que la salud debe ser manejada por el gobierno ¿Por qué? ¿Será por lo acostumbrados que están a ver al estado haciéndolo todo maravillosamente que no se pueden quitar esa idea de la cabeza? ¿Para qué habrán reeditado las obras de Alberdi en el ministerio de cultura de la ciudad, para adornar las bibliotecas?

Buscamos en la Constitución y nada dice sobre ese ámbito de reserva al estado para dotarnos de salud. Apenas promete en sus últimas versiones bastante distorsionadas que el estado nos mantendrá sanos (y aunque no lo haga, no lo haya hecho nunca y no lo vaya a hacer nunca, seguirán creyendo en eso todos nuestros políticos), que nos proveerá servicios de salud, lo cual está muy distante del punto de vista de la hasta hoy precandidata a jefa de gobierno de la Ciudad. Ni siquiera han imaginado que sería de sus maltrechos hospitales si además se sumara la demanda “liberada!” por la medicina prepaga. No les importa, ningún movilero pelotudo los va a correr con semejante cosa.

En cambio la Constitución dice que existe el derecho a ejercer cualquier industria lícita. Los curanderos no están regulados, y no es que quiera dar ideas a semejantes representantes, pero de acuerdo a nuestra nueva legislación tenemos más libertades para proveer curanderismo y contratarlos a ellos que a los servicios de medicina prepaga. El orden axiológico de la Constitución ha desaparecido para dar lugar a un estado tutor en el que creen, repito, todos los políticos argentinos. No estoy pidiendo el cierre del Banco Central, apenas hablo de conservar el derecho a hacer lo que se nos cante en materia de contratación de salud, sin preguntarle a ningún imbécil que por el hecho de tener una banca cree que nos debe manejar. Eso para nuestros políticos es demasiado liberal.

La constitución dice también, y ya creo que al citarla estoy hablando como un lírico, que “los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio”. No lo deben siquiera saber, pero aunque lo supieran (alguna vez se habrán preguntado a qué principios se refería) ya hace mucho que ese artículo 28 fue destruido por las interpretaciones. El Congreso sólo está autorizado a “reglamentar” los derechos, es decir a adoptar medidas para FACILITAR las libertades. Se puede circular, te pueden decir que los que van para el norte lo hagan por la calle tal y hacia el sur por la otra, con el fin de que SE PUEDA circular mejor. La Constitución jamás autoriza al Congreso a REGULAR NADA. Porque regular implica cerrar o abrir la canilla de la libertad y eso es JUSTAMENTE lo que la Constitución sabiamente prohíbe en ese artículo.

El viraje axiológico en el que estamos es mucho más grave que el deterioro o desaparición que ocurrirá de lo que queda de la medicina privada que ya se encontraba recontra REGULADA (con la complacencia, inoperancia e ignorancia de los propios empresarios del sector que siempre eligen un poco más de dunga dunga mientras financian a la izquierda mediática más troglodita). De hecho el PRO ni siquiera apoyó, se abstuvo. Lo trágico es que todos creen ahora que lo “importante” debe estar regulado y ese es el pensamiento de un proyecto totalitario. Cómo vamos a esperar que sean de verdad una barrera de contención contra una banda neo-nazi como la que tenemos al frente del gobierno.