Viudita pobrecita en el país de la gente buena. Ningún personaje de Jacinta Pichimahuida osaría criticar a la viuda que llora. En las telenovelas lloran los buenos. Aunque ELLA se parezca a Cruella de Vil simulando, nuestros opositores, comentaristas y “gente capaz” son malos actores, o no entienden las líneas que les asignan los titiriteros. Ellos quieren hacer de buenos, incluso con Jack el Destripador. Es decir malos, pero son sutilezas, ellos ven nada más que la letra en mayúsculas, el trazo grueso al nivel de Majul, columnista del Diario La Nación.

A ver. La señora, ELLA, no es una pobrecita, y si lo fuera debería renunciar. O es pobrecita o es presidente de la nación, que lo elija ¿El que lo dice es malo? El que no lo dice es un pelotudo.

Tiene poca importancia si su personaje es auténtico, si cada vez que habla en público nombrarlo a EL le provoca el llanto de verdad o está haciendo una parodia mercantil de un sentimiento inexistente, convirtiendo a su ex marido en objeto de especulación política de la peor estofa. Porque ese también es un asunto para Jacinta Pichimahuida. A quién pitos le importa si ella lo quería mucho, poquito o nada. El asunto que nos interesa es sólo este: Ella es presidente de la nación, se ha hecho responsable con su juramento de la administración del estado y de las acciones que cometen sus subordinados. ELLA es Moreno, Kunkel, Twitterman, Garré, García el papá de Camilo, el presidente de la Biblioteca Nacional, y toda la comparsa. Su situación sentimental o emocional es sólo pertinente en tanto ponga en duda si puede asumir esa responsabilidad. Si no lo puede hacer nada la exculpa de las estupideces y delitos que cometen sus ministros, secretarios y lúmpenes mediáticos y de calle.

¿Queda feo criticarla? En una telenovela tal vez, pero la oposición tiene que enterarse de lo siguiente: esto no es una telenovela, es un país a punto de caer en las garras de un poder totalizador, neo-nazi y bandido, con altísima inflación, con una corrupción gigantesca. Y si no se dan cuenta de eso, o no tienen el ánimo, o se emocionan con una lágrima presidencial, les queda la misma solución que a la señora: irse a casa.

Mientras tanto estamos funcionando con el peor momento de amenaza a la libertad y políticos mirando una telenovela que hace a la responsable directa beneficiarse sin costo de las ilegítimas acciones políticas y económicas que lleva adelante su gobierno. Y la gente mira, aunque no se pueda explicar con claridad su insatisfacción, se la ve. Sólo no la ven los estúpidos.

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5 Responses

  1. Es verdad, en mi trabajo nadie me pregunta si tengo un problema familair. Sólo tengo que trabajar. Su trabajo, y bien que se lo ganó, es ser presidentA. No me importa que le pasa, quiero que solucione MIS problemas. Y la verdad, no lo hace.

  2. Todos los presidentes llegan haciendo campaña con fondos ilegales. Luego gobiernan en la ilegalidad. Usted es abogado ¿no prevee la constitución el reemplazo de esta mujer?

  3. Es simplemente una manipulación mas.
    Mejor que llore menos y se ocupe un poco mas de las tropelías que hacen sus “amigos”sindicalistas(secuaces no se puede decir,¿no?),o la inflación que se come día a día el pan de los hijos de la gente,la misma que pretende comprar con un par de lágrimas.
    Y si está tan triste que no puede dominar sus sentimientos,no es la persona indicada para ocupar un cargo como el que ocupa y pretende continuar ocupando,aunque quiera hacernos creer que aún no lo tiene decidido.

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