Tal vez los “intelectuales” de Carta abierta nos puedan explicar como es que es de buen zurdo combatir al yuyito llamado soja, aumentar el monotributo, tapar la epidemia del dengue poniendo en peligro a la población, perseguir a la economía informal, mientras se convierte a la timba en el negocio más floreciente. Bonafini tendrá algo que decir sobre las putas que trabajan dando vueltas por las másquinas tragamonedas.

Este ejército de chupamedias al gobierno más corrupto, mentiroso, sínico e hipócrita jamás visto, siguen caminando con Página 12 bajo el brazo, comiéndose las mediaslunas, cobrando alguna cosita, mirándose al espejo a la mañana preguntándose “¿soy un buen zurdo, pero zurdo, zurdo de verdad?” y contestándose “seeee”; el que hable de los casinos es un torturador de la dictadura o una puta que se acostaba con militares. “En cambio yo”, dice nuestro intelectual, “soy bien zurdo, y hablo mal del menemismo y de la gente del campo. Oligarcas”.

Si fueras hijo de un “intelectual” de Carta Abierta ¿Qué pensarías de tu papito?

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16 Responses

  1. El negocio del juego es especialmente apropiado para eludir los controles.

    Por eso es una de las fuentes de fondos del Kierchnerismo

    El jugador no recibe por el monto de su apuesta recibo ni constancia alguna, pero, si gana, ahí sí aparece el vampiro fiscal reteniéndole una gran mordida de su premio.

    • Pablito, el juego es bueno para lavar plata. Entran con plata sucia y salen con plata limpia (cuando ganan).

  2. Pregunta capsciosa, José: si fuera hijo de un intelectual, pondría en duda todo incluso lo que diga papi. Si fuera hijo de un zurdo re-capo, aceptaría toda la mierda como hechos, más que verdades.

  3. Estimado José:
    esto mandé hoy a Perfil al artículo de Horacio González, “abogado” de Carta Abierta.
    _____________________________________________

    Seis indigestos párrafos para concluir con una obviedad: el artículo de NOTICIAS es un INFUNDIO, entre otras cosas horribles para mentes bienpensantes. El resto, bla bla bla.

    Que Editorial Perfil practica el amarillismo es como decir que Chiche Gelblung es idem. Una obviedad. Ahora bien, los “chikos” de CA saltan cuando el amarillismo les toca a ellos. Por qué no hablan entonces, por ejemplo, de los profusos afiches que empapelan Buenos Aires con las tapas, ya no amarillas, sino asquerosamente difamatorias y falaces del amigo Spolsky? Ah claro, me olvidaba, Spolsky es kizner.

    En realidad, el artículo antes citado yerra fiero porque evita hablar del fondo de la cuestión. Cúal es el tipo de política que CA defiende, impulsa, aplaude o sugiere. Por supuesto, para CA lo mejor es el intervencionismo económico, el autoritarismo demokrátiko y la cultura gramsciana. O sea, viven en otro país, en otra época y por lo que los leo, le hablan a lelos.

    Señores de CA: de onda,VÁYANSE AL CARAJO.

  4. Guardo cuidadosamente todos los nombres de los mas de 750 “intelectuales” de las “Cartas Abiertas” y sus textos.

    Mas uno de estos reptiles funcionales al poder (a cambio de alguna mordidita) querrá reciclarse cuando sobrevenga el ocaso de las alimañas K.

    Alli es cuando funcionará nuestra buena memoria

  5. Aqui van algunos con los que comienza la lista.

    Horacio Verbitsky, Nicolás Casullo, Ricardo Forster y Jaime Sorín, David Viñas, Norberto Galasso, Noé Jitrik, Eduardo Grüner, Horacio González y José Pablo Feinmann,

  6. La listita completa,

    A ver si conocen a alguno:

    Mónica Abella Gustavo Abrevaya Nilda Actis Goretta Leonor Acuña Sergio Leandro Agoff Nelson Agostini Horacio Mario Aguilar Silvia Agulleiro Norberto Alayón Andrés Aldao Carlos J. Aldazábal Julio Alemán Jorge Alemán Fernando Alfón Jorge Aliaga David Aljanati Héctor Jorge Alvaro Ana Amado Ana Amorosini Federico Andahazi Leandro Andrini Eduardo Anguita Nora Aquín Javier Araujo Alejandro Archain Gloria Arcuschin Ricardo Arias Nicolás Arispe Diego Baccarelli María Bagnat Alejandro Balazote María Eugenia Ball Lima Carlos Barbarito Domingo Andres Barrado Ricardo Bartís Cristina Bartolucci Alcira Bas Roberto Baschetti Domingo Basile Vicente Battista Horacio Walter Bauer Tristán Bauer María Cristina Bazerque Martín Becerra Cristina Béjar Marta Bellardi Rodolfo J. Beltramini Luis Benítez Silvia Berajá Ana Berezin Adolfo Bergerot Olga Beriachetto Carlos Berman Jorge Bernetti Emilio Bernini Marta Bertolino Marcelo Bertuccio Graciela Biagini Augusto Bianco Gabriel M. Bilmes Hugo Biondi Fernando Birri Rafael Blanco David Blaustein Jorge Boccanera Vilma Bonetto Jorge Booth Enrique Borcel Gabriela Borgna Ruben Borre María Victoria Bourdieu Carlos Boyle Rodolfo Braceli Andrea Bragas Nora Britos Matías Bruera Mario Burgos Mario Burkun Roberto O. Bustos Elena Cabrejas Cecilia Calandria Sergio Caletti Rubén M. Calmels Pilar Calveiro Edith Cámpora María Elia Capella Darío Capelli Julio Carabelli Pablo Esteban Carabelli Diego Caramés Alfredo Juan Manuel Carballeda Teresa Caretti Joaquín Caretti Ríos Jorge Carpio Ricardo Carrena Carlos Carrique Ana Castaño Cristina Castello Leopoldo “Teuco” Castilla Mariana Casullo Nicolás Casullo Gisela Catanzaro Ana Cauerhff Aníbal Cedrón Susana Cella Matías Cerezo Elda Cerrato Susana Checa SIlvia Chejter Alejandro Cherep Magdalena Chiara María Cristina Chillida Leandro Chulak Noemí Ciollaro Gerardo Codina Javier Cófreces Patricio Contreras Ivonne Copetti Roberto Tito Cossa Ricardo Costa Américo Cristófalo Diana Cruces Fernando Cukierman Cristina Curuchelar Claudia Dagostino Rodrigo Daskal Emiliano De Bin Hugo De Cristóforis Carlos De Feo Carlos De Lorenzo Diego De Menech María De Pauli Oscar A. De Sanctis Sergio Del Piero Vicente Di Cione Oscar Díaz Gabriel D’Iorio Jorge Dobal Cristina Domenech Nora Dominguez Jorge Dubatti Victor Ducrot Sonia E Durand Carlos Eroles Marcelo Adrián Eschoyez Ximena Espeche Patricia Esper Daniel Ezcurra Adrian Faigon Ana M. Falcòn Matías Farias Cristina Feijóo José Pablo Feinmann Hugo Arturo Feraud Julio Fernández Zulema Fernández Pablo Fernández Julio Fernández Gerardo Fernández Julio Fernández Baraibar Isabel Fernandez Blanco Maximiliano Fernández De Lorenzo Javier Fernández Míguez Claudio Ferrari León Ferrari Lilia Ferreyra Corina Fiorillo Cecilia Flachsland Jorge Flores Marita Foix Jorge Fontanals Juan Forn Alejandro Forster Ricardo Forster Eduardo Foulkes Cristina Fraire Daniel Freidemberg Marcelo Frías Marcelo “Nono” Frondizi Laura Fumagalli Patricia Funes Juan Furlino Jorge Gaggero Oscar Galante Norberto Galasso Lily Galeano Luisa Irma Galli Susana Gamba Eduardo Garavaglia Soledad García Susana García Iglesias Liliana García Nudelman Soledad García Quiroga Gilou García Reinoso Mariano Juan Garreta María Laura Garrido Eduardo Garriga Luis Gasloli Miguel Gaya Marisa Germain Octavio Gettino Luz Gibert Carlos Girotti Eduardo Giuria José Glusman Norma Goicoechea Martha Goldin Jorge M. Goldszmidt Florencia Gómez Norma Gómez Tomasi Ana I. González Carmen González Carmen Sara González Jonio González Leopoldo González Héctor González Horacio González Ana González Eladio González Mario José Grabivker Graciela Graham María Inés Grimoldi Ezequiel Grimson Claudio Guevara Jorge Gugliotta Graciela Guilis Leonardo Gutman Rodolfo Hamawi Olga Hammar Liliana Heer Liliana Herrero Cecilia Hopen Benjamín Hopenhayn Gabriel Huarte Santiago Hynes Lido Iacomini Gabriel Impaglione Cecilia Incarnato Maria Iribarne Silvina Irrasabal Jorge Isaias Inés Izaguirre Eduardo Jozami Nemesio Juarez Tamara Kamentzain Alejandro Kaufman Norma Kisel Sergio Kisielewsky Mora Kleiman Maggie de Koenigsberg Alejandra Kohon Luis Kon Guillermo Korn Laura I Lacreu Alicia Lamas Héctor Laurencena Andrés Lazzarini María Ledesma María Rosa León Matías Leoni Eugenia Levin Héctor Levy Roberto Leydet María Pia López Ana Inés López Accotto Alejandro López Accotto Roberto Pedro Lopresti Federico Lorenz Félix Lorenzo Martina Lorenzutti Damian Loreti Liliana Lukin Jorge Ariel Madrazo Ariel Magirena Carlos Maida Mabel Maidana Brenda Maier Fortunato Mallimaci Alejandro Manrique Inés Manzano Diana Margulis Elisa Marino Guillermo Martínez Romina Mateos Liliana N. Mayoral Roberto Mazzuca María Cristina Melano Andrés Méndez Carolina Mera Teresa Merediz Rolando Mermet Marina Moguillansky Daniel Mojica Oscar M. Molek Emilce Moler Eduardo Molina y Vedia Eduardo Molinari Héctor Molinari Maximiliano A Molocznik Laura Mombello Federico Monczor Patricia Monsalve Alejandro Montalbán Eduardo Montebello Ángela Montero Neira Jorge E. Moreira Alfredo Moreno Oscar Moreno Liliana Morsella Mariana Moyano Eduardo Müller Micaela Muñoz Mariana Muraca Daniel Muxica Alicia S. Muzio Ricardo Nacht Alberto Nadra Alejandra Naftal Jack Nahmías Eduardo Narvaez Aurelio Narvaja Ricardo Natch Esteban Nicotra Javier Nobile Aldo Luis Novelli José A. Olabe Silvia Ontivero Walter Operto Julio Ordano Celeste Orozco Norma Osnajanski Magalí Rud Otheguy María Otheguy Santiago Carlos Oves Salomón Paio Melul Diana Paladino Ariel Paladino José María Pallaoro Delia Pardo Alberto Parisí Salo Pasik Delia Pasini Lila Pastoriza Carlos Patiño Nora Patrich Licha Paulucci Eduardo “Tato” Pavlovsky Juan Carlos Pavoni Manuel Enrique Pedreira Eduardo Peduto Juan Pelitti Viviana F. Pelle Claudio Pena Ana Paula Penchaszadeh Víctor Penchaszadeh Federico Pensado Sara Isabel Pérez Cristina Perez Darriba Carlos Pérez Rasetti Irene Rosa Perpiñal Ivanna Petz María Lidia Piotti Santiago Coco Plaza Héctor Poggiese Juan Polaco León Pomer Liliana Ponce Daniel Ponzo Nicolás Pregi Cecilia Propato Sergio A. Pujol Aída Quintar Pablo Quintero Lorenzo Quinteros Juan Carlos Radovich Liliana Raggio Elena Raimondi Ana María Ramb Pablo Ramos Rogelio Ramos Signes Héctor F. Ranea Sandoval Gabriel Reches María Elena Redín Graciela E. Rendon Miguel Rep Jorge Miguel Reyes Eduardo Rinesi Maria del Carmen Rivas Adriana Robles Julia Rocha Javier Rodriguez Alejandro Rofman Mario M. Roitter Hilda Romano Susana Romano Sued Julia Rosemberg Violeta Rosemberg Lucas Rozenmacher Carlos Rozensztroch Daniel Rubinsztein Guillermo Saavedra Lucas Sablich Guillermo Saccomanno Cecilio Manuel Salguero Emiliano Pedro Salguero Manuel Enrique Salguero Juan Salinas Homero Rodolfo Saltalamacchia Juan Carlos Sánchez Silvina Sánchez Sebastian Sanchez Ocampo Silvia Sànchez Urite Pedro Sanllorenti Mariana Santángelo Carlos Schroëder Ruben Schrott Federico Schuster Juan Scolarici Liliana Secchi Marcelo Lira Segovia Silvina Segundo Susana Sel Graciela Sessa Margarita Sgro Silvia Sigal Paula Siganevich Daniel Silber Cristina Siscar Sonia Skabala Carlos Skliar Alberto Sladogna José Slimobich Alejandro Socolovsky Yamile Socolovsky Sarah Eva Solzi María Sonderéguer Jaime Sorin Luis Sotomayor Isabel Steinberg Eduardo Stupia Alberto Szpunberg Pablo Sztulwark Mónica Szurmuk Susana Szwarc Beatriz Taber Alfredo Tagle Miguel Talento Anú Talvari Susana Tambutti Diego Tatián Enrique Tenenbaum Carlos Terribili Jorge Testero Carlos Tobal Mario Toer Javier Trímboli Hugo Trinchero Jésica Tritten Sergio Tucci Fernando Ulibarri Angelina Uzín Olleros Silvia Valdés Adolfo Valerga Sobel Valeria Osvaldo Raúl Valli Gustavo Varela Omar David Varela Marta Vasallo Hector Vazquez Miguel Vedda Ignacio Vélez Ana Velia Druker Susana Velleggia Horacio Verbitsky Norberto Vilar Alejandro Villa Juan Diego Villa Florencia Villafañe Juano Villafañe Susana Villavicencio Alicia Villoldo-Botana Paulina Vinderman David Viñas Daniel Viola Silvia Vladimivsky Leticia Walther Dennis Weisbrot Guillermo Wierzba Matías Wiszniewer Silvia Woods Ana Wortman Silvia Yuri Oscar Zabala Berdaguer Marta Zabaleta Beatriz Zaidenknop Graciela Zolezzi Faure Enrique Felix Eduardo Zothner Ana María Zubieta María Zuker Cristina Zuker Jorge Zuviría

  7. Estos sinvergüenzas de Carta Abierta han avalado con su firma varios delitos de las alimañas K entre ellas el fraude estadístico del Indec, un organismo pagado por los contribuyentes para información fidedigna de variables de la economía.

    Son cómplices y encubridores de estos delitos.

  8. En su “Anatomía del estado” Rothbard nos explica con bastante claridad como opera la alianza de los gobiernos con los intelectuales:

    “Como se preserva el Estado a sí mismo”

    Una vez que el Estado ha sido establecido, el problema del grupo o casta dominante es cómo mantener su dominio7. Mientras que la fuerza es su modus operandi, su problema básico y de largo plazo es ideológico. Pues para continuar a cargo, cualquier gobierno (no solamente uno democrático) debe tener el apoyo de la mayoría de sus súbditos. Este apoyo, se debe hacer notar, no necesariamente debe ser entusiasmo activo, muy bien puede ser resignación pasiva, como ante una inevitable ley de la naturaleza. Mas apoyo debe haber, en el sentido de aceptación de algún tipo; de otra manera la minoría de gobernantes del Estado eventualmente sería abrumada por la activa resistencia de la mayoría del público. Debido a que la depredación debe ser mantenida a partir de los excedentes de la producción, es necesariamente cierto que la clase constituyente del Estado -la burocracia permanente y la nobleza- debe ser una minoría bastante pequeña del país, aunque puede, desde luego, comprar aliados entre los grupos importantes de la población. Por lo tanto, la principal tarea de los gobernantes es siempre asegurar la aceptación activa o resignada de la mayoría de los ciudadanos8,9.
    Por supuesto, uno de los métodos para asegurarse apoyo es la creación de privilegios. Por lo tanto, el rey solo no puede gobernar, debe tener un grupo considerable de seguidores quienes disfrutan de las prerrogativas del dominio, por ejemplo, los miembros del aparato estatal, tales como la burocracia permanente o la nobleza consolidada10. Pero este método garantiza solamente una minoría de seguidores ávidos y, hasta la fundamental compra de apoyos a través de subsidios y el otorgamiento de privilegios no es capaz de lograr el consentimiento de la mayoría. Para lograr tal consentimiento la mayoría debe ser convencida por medio de la ideología de que su gobierno es bueno, sabio, al menos inevitable y ciertamente mejor que las alternativas concebibles. La tarea social fundamental de los “intelectuales” es promover dicha ideología entre la gente. Pues las masas de hombres no cran sus propias ideas, es más, ni siquiera piensan a través de ellas independientemente, sino que siguen pasivamente las ideas adoptadas y diseminadas por el cuerpo de intelectuales. Los intelectuales son, por lo tanto, los “formadores de opinión” en la sociedad. Y ya que precisamente lo que el Estado necesita desesperadamente es el moldeamiento de la opinión pública, la base de la antigua alianza entre el Estado y los intelectuales se hace clara.
    Es evidente que el Estado necesita a los intelectuales; no es tan evidente por qué los intelectuales necesitan al Estado. En pocas palabras, podemos afirmar que el sustento de los intelectuales es un mercado libre nunca está demasiado seguro, pues estos deben depender de los valores y elecciones de las masas de sus compatriotas y es precisamente característico de las masas que generalmente están desinteresadas en los asuntos intelectuales. El Estado, por otro lado, está dispuesto a ofrecerle a los intelectuales una posición permanente dentro del aparato estatal y, por lo tanto, renta segura y la panoplia del prestigio. Pues el intelectual será recompensado generosamente por la importante función que desempeña para los gobernantes, grupo del cual ahora pasa a formar parte.11
    La alianza entre el Estado y los intelectuales fue simbolizada por el deseo ansioso de profesores de la Universidad de Berlín durante el siglo XIX de formar la “guardia intelectual de la Casa de Hohenzollern”. En la actualidad, debemos notar el comentario revelador de un eminente académico marxista en relación al estudio crítico del profesor Wittfogel sobre el antiguo despotismo oriental: La civilización que el profesor Wittfogel está atacando tan amargamente era una que podía convertir poetas y académicos en funcionarios.12 De innumerables ejemplos, podemos citar el desarrollo reciente de la “ciencia” de la estrategia, al servicio del brazo más violento del gobierno, el militar.13 Además, una institución venerable, es la del historiador oficial o de la “corte”, dedicada a proporcionar la visión del gobernante sobre sus propias acciones y las de sus predecesores.14
    Muchos y variados han sido los argumentos mediante los cuales el Estado y sus intelectuales han inducido a sus súbditos a apoyar su hegemonía. Básicamente la cade na del argumento puede ser resumida así: (a) los gobernantes estatales son hombres grandiosos y sabios (gobiernan por “gracia divina”, son la “aristocracia” de los hombres, son los “expertos científicos”), mucho más grandiosos y sabios que los buenos pero bastante simplones súbditos y (b) la hegemonía del gobierno es inevitable, absolutamente necesaria y muchísimo mejor que los indescriptibles males que surgirían después de su caída. La unión de la iglesia y el estado fue una de las más antiguas y exitosas de estos instrumentos ideológicos. El gobernante o era bendecido por Dios o, en el caso de muchos despotismo orientales, él mismo era Dios; por lo tanto, cualquier resistencia a su dominio sería blasfemia. Los sacerdotes estatales realizaban la labor intelectual básica de obtener el apoyo popular e incluso la adoración de los gobernantes.

  9. ¿Qué dirán todos estos intelectuales acerca de la burocracia sindical y feudal del conurbano y sus prácticas mafiosas y clientelísticas?
    ¿O mejor no dirán nada para recibir calladitos el favor monetario del poder?

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