Caer en desgracia en cualquier sistema cerrado y violento es algo que puede ocurrir por las razones más misteriosas. Lo importante es que el degradado acepte humillarse, porque el todo estatal, como el Gran Hermano a Smith, lo quiere antes que muerto, suicidado.

En ese contexto a Carlos Lage y Felipe Pérez Roque les llegó la hora de humillarse ante quienes los humillaron. Piden perdón sin identificar por qué, porque en cualquier organización perversa lo importantes no son ni los errores ni su solución sino la culpa. Si el caído no tiene culpa, es una amenaza al “perfecto orden” que todo lo tiene previsto.

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4 Responses

  1. Efectivamente, como dice José la inoculacion de la culpa es el instrumento preferido para el sometimiento en los regimenes totalitarios,

    especialmente a través de tipificaciones difusas de delitos y transgresiones “contra el estado” o “contrarrevolucionarias” como fue el caso cubano de Gorki Aguila acusado de “conductas predelictuales”, o en la Rusia sovietica el delito de “actividades antisoviéticas”.

    El libro de Kafka “El proceso” contaba la historia de un hombre en un régimen opresivo sometido a un largo y penoso proceso judicial en el que no podía saber de que se lo acusaba.

  2. El sometimiento por la culpa también persigue que el individuo nunca se sienta seguro sobre si su conducta ha sido lesiva para el estado a través de la fórmula:

    “todo lo que no está expresamente permitido, está prohibido”

    al revés de la sociedades libres donde se permite todo lo que no esté expresamente prohibido.

  3. La inoculación de la culpa en los individuos en los regímenes opresivos trae como consecuencia la instalación del miedo en la sociedad sojuzgada, que a su vez lleva a la parálisis reactiva frente a los atropellos del poder.

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