Formando súbditos

Es conocida la campaña de la AFIP por una “cultura tributaria”, que es sinónimo de una cultura sumisa.

Tributar es un verbo que no ofrece dificultades semánticas:

1. tr. Dicho de un vasallo o de un súbdito: Entregar al señor en reconocimiento del señorío, o al Estado para las cargas y atenciones públicas, cierta cantidad en dinero o en especie.

2. tr. Ofrecer o manifestar veneración como prueba de agradecimiento o admiración.

Si se tratara  sólo de una campaña publicitaria no sería tan grave, esta actitud tributaria está enraizada a través del sistema educativo en las creencias más profundas de los argentinos y en la moralina de la clase media sobre todo, que es consecuencia de aquél. Si el estado es fuente de tantas cosas bellas y la solución mágica para los temores existenciales, limitarlo en su financiamiento sería una calamidad universal.

El valor en una república o en cualquier organización libre en cambio no es la obediencia, sino la legalidad. La ilegalidad no debe ser obedecida, se reconoce el derecho a resistirla. El deber más bien.

La cultura tributaria en cambio es aquella en la que pagar es el valor y no la justificación de los impuestos, su determinación por procedimientos ajustados, el cuidado de que su destino también sea legal y que no superen el límite de la confiscación. En una república el valor es controlar los impuestos.

Sumemos que en un contexto de abuso impositivo el llamado contribuyente es puesto al margen de la ley a cada paso con normas que nunca podrá cumplir y la evasión aumenta como consecuencia de querer exprimir a la gallina de los huevos de oro más allá de lo posible, no digo ya de lo aceptable. Entonces la “cultura tributaria” se transforma en la “culpa permanente”. Los ciudadanos son entonces lacayos y están listos para ser apresados cuando le poder lo elija.

En la Biblia el recaudador es un personaje objetado moralmente. Cuando aún se conservaba algo de sentido las fantasías tenían el mismo fin. El zorro por ejemplo, aparecía cuando el recaudador exprimia a la gente para restituirle sus fondos, como serían en este caso los capitalizados en las AFJP.

El adoctrinamiento comienza ahora desde la infancia. La AFIP ha creado un juego en el que los recaudadores son los buenos y los que no pagan, aunque producen los recursos que se quieren recaudar son los malos a los que hay que cazar. El zorro podría ser fusilado y reivindicado el capitán monasterio.

La “heroína” se llama Martina y se parece físicamente a la presidente que estamos padeciendo, con bastante ayuda del dibujante.

Aerolíneas no puede expropiarse

Andá a explicarles a los kirchner que hay algo que se llama derecho, a lo que deben ajustar sus deseos. Ni siquiera lo entienden más los jueces, menos ellos y menos la muchachada del Congreso. Pero nunca está de más recordar las normas y principios que nos regían cuando vivíamos dentro de una cierta legalidad.

La Constitución permite la expropiación, previa indemnización. La causa de la expropiación debe ser la “utilidad pública” calificada por ley.  ¿Pero cuál puede ser la utilidad pública, por más verso que hagan de tipo nacionalista, de quedarse con dos empresas fundidas, mal administradas, con exceso de personal y deficitarias?

Peor aún, tampoco entraría dentro del concepto de utilidad pública quedarse con esas empresas si fueran un modelo de buen negocio. El estado no necesita negocios y el público no necesita que el estado los tenga. Ocurre exactamente lo contrario.

El concepto de utilidad pública del artículo 17 de la constitución no es sentimental ni nacionalista. No abarca fetichismo hacia la bandera, ni sueños de grandeza, ni ópticas épicas sobre el estado, ni caprichos que encuentran legisladores dispuestos a votarlos. Tiene una finalidad concreta como realizar un camino o alguna obra indispensable para el “bien común” en un sentido estricto.

Tener Aerolíneas y Austral para los argentinos es completamente inútil. Ni siquiera es que falta oferta aérea y esto se comprueba con el propio comportamiento del estado restringiéndola con reservas de mercado en lugar de una política de cielos abiertos. Y siendo inútil el estado tiene ya dos compañías aéreas una de las cuales ni siquiera vuela.

Preguntas

Si no hay respeto por los fondos capitalizados, si se puede un gobierno con comportamiento de pandilla voraz quedar con todo ese dinero y usarlo en política con obras públicas llenas de coimas y la complicidad de tipos como Reutemann o el supuesto moderado Binner..

¿Por qué hay que respetar a la presidente?

¿Por qué hay que respetar a los diputados, a los senadores, a los jueces, a los impuestos?

Si no hay ley a nuestro favor, porqué habría de haberla a favor de ellos.

No somos súbditos, sino ciudadanos. La república es un ida y vuelta.

El miedo a Cobos es el miedo al Juicio Político

  La pandilla comenzó una campaña con apoyo mediático para derribar a Julio Cobos. El temor evidente es a que haya una alternativa institucional cuando la irracionalidad con la que conduce los asuntos del gobierno el gobernante de facto Néstor Kirchner lleve a otra situación de colapso de esas que son rutina en el país.

La reacción del vice presidente no podía ser genial con su idea del plebiscito, después de todo aceptó apoyar a este gobierno y formar parte de él. Cobos está lejos de ser un buen proyecto de presidente, pero ese también está lejos de ser el punto. De lo que se trata es de aplicar las reglas de juego constitucionales para salir de los problemas en lugar de dejar, como siempre se ha hecho, que la olla junte presión y reviente a la espera de un salvador que es peor.

Tampoco es un problema a quién tendría detrás como indicaron Carrió y Cavallo en el fin de semana. No es necesario simpatizar con Duhalde como creen los que hablan de “instituciones” como sinónimo de “bien contra el mal”. Este gobierno es creación de Duhalde y fue él y no Kirchner quién empezó a violar todos los mecanismos constitucionales promoviendo el asalto a la Corte Suprema, destruyendo las reglas electorales para responder a una venganza personal, y sometiendo a los medios de comunicación a su dictadura. Nunca se volvió de eso.

La cuestión en este sistema político es restablecer el estado de derecho. Que el gobierno esté sometido a las mismas leyes a las que estamos sometidos todos y cortarle las alas a la subsidiaria del gobierno de Chavez y a la oligarquía que se apodera del país con metodología patoteril, destruyendo los mecanismos de control y manejando la justicia como si fuera una célula montonera. Y la única vía para hacerlo es darle lugar al mal gobierno alternativo que surgió de  las elecciones, recurriendo al remedio del juicio político. Y después controlar a ese gobierno como no se controló al otro llevando la cuestión de la representatividad a un punto que no corresponde.

A Cobos, ese que no da muestras de ser ningún genio, ese que llegó a su cargo de la mano de esta gente, que fue cómplice del asalto a las AFJP y tembló la única vez que hizo lo que debía (y siguen los defectos) se lo debe cuidar por el papel institucional que le toca jugar, bastaría el recuerdo del desastre que dejó la deserción de otro inútil como Chacho Alvarez para entender el problema. Y si está mal rodeado será porque no se está entendiendo para qué sirve y no se le está dando el respaldo que se le debe dar cuando se intenta quitarlo del medio desde el poder. La lección es que no hacen falta buenos gobiernos sino buenos límites y un gobierno que surge de un juicio político es un gobierno que deberá cuidarse de no pasar sobre ellos.

Promover el juicio político del presidente es lo opuesto a un golpe de estado. Pero lo que si se parece mucho a un golpe de estado y nadie en la  oposición lo está percibiendo, es utilizar la maquinaria política estatal y para estatal para derribar por vías no constitucionales a un vicepresidente legítimo.

Picado de domingo

  • Me encantaría encontrar a alguien que me explique, después de leer lo que informa Morales Solá hoy sobre las actividades ilegales de la pandilla en el poder sobre la villa 31, bajo qué regla es que se considera que respetar las instituciones es asegurarles que pueden seguir haciendo todo esto hasta el 2011. Los opositores creen que es "constitucional" pasarle al gobierno el mensaje de que puede hacer lo que quiere hasta que termine su mandato; mandato que nunca incluyó los delitos que los K cometen todos los días. Grondona está cada vez más en esta línea y entendiendo lo que está en juego.
  • El gobierno opera con Clarín (que ya no miente) para asegurarse de que no haya salida institucional el año que viene. Cobos debería avivarse o ser avivado del papel que le toca y no dar pie a ningún ataque.
  • Espero ver los resultados de las elecciones en Venezuela, a ver si la "revolución bolivariana" no era más que una hipoteca subprime más, un mero producto del keynesianismo que nos iba a salvar de tantas cosas y terminó hasta fomentando la (re)vuelta de los dinosaurios de la izquierda latinoamericana.
  • Qué hacer con la justicia federal que es una extensión del frente para la victoria, el grupo político más ilegal que se haya hecho del poder en un marco "constitucional". La Cámara Federal que es una extensión de la voluntad del señor Verbitsky desde hace muchos años declaró "nula" la privatización de Aerolíneas. Es una cámara penal metiéndose en cualquier cosa, hay que ver si pasan un examen de derecho civil o administrativo. Otro juez dispuso la "intervención" de una compañía aérea porque el chiflado en jefe se enojó con Marsans. No hay procedimiento a mano para solucionar un proceso de criminalización así de la Justicia. Pero se lo debe solucionar y no se si va a haber otro remedio que echarlos a todos. Al menos no se me ocurre.
  • Sin embargo entre el kirchnerismo y las viudas del kirchnerismo, me quedo con los primeros. Tipos que han estado dispuestos a cualquier cosa, que han defendido lo indefendible y nos han hablado a todos desde arriba de un pedestal mientras saqueaban al país no pueden ser reciclados, el que ha estado dispuesto a hacer cualquier cosa, incluso como coautor que cierre el pico y se vaya a casa. Cuando se van y empiezan con sus críticas y frases idiotas como "dejamos de escuchar a la gente" ratifican su naturaleza miserable.

Seamos libres hoy

Seamos muchos. Esa suele ser la respuesta cuándo surge la pregunta de qué hacer frente a los avances del poder sobre nuestras vidas. Pero somos pocos. Desde que empezó muy fuerte el pensamiento anti liberal a predominar en occidente a principios del siglo pasado hasta hoy se ha recorrido mucha pista y la pregunta y la respuesta siguen siendo la misma. En la Argentina ni hablar, para gran parte de la población estar a favor de “las ganancias” (es decir contra las pérdidas) es ser un ultra liberal. Algo parecido a tildar de glotón a un hambriento que se quiere comer un maní.

No somos muchos, pero tengo una buena noticia. No hace falta. Los enemigos de la libertad tampoco son muchos. Todos los cambios los producen minorías.

El resultado de un experimento de ingeniería social de Sarmiento que quería convertir a la Argentina en Estados Unidos por medio de un sistema educativo público, terminó en esta matrix que propaga idioteces soviéticas ya comprobadas como un fracaso total. Hoy un matrimonio desequilibrado, un par de ideólogos sin escrúpulos y la pasividad general nos hacen ver el camino hacia el totalitarismo otra vez, como si el mundo no lo hubiera vivido. Y ni siquiera son simpáticos, ni se esfuerzan por tener mejores argumentos, ni por mostrar un comportamiento más o menos ajustado. Son impresentables y ahí están realizando todos sus caprichos.

En nuestro caso contamos con una ventaja y es que no necesitamos el poder como lo necesitan ellos. Aplaudo a quienes se esfuerzan por ganar elecciones y buscan representación en los órganos legislativos para hacer oír una voz distinta a la cantinela general. Pero permanecer libres no depende ni puede depender de eso. El propósito del liberal es “de-tener” al poder y no tenerlo. El liberal concibe a la riqueza como un concepto subjetivo individual y a la sociedad como una multiplicidad de individuos buscando su bienestar, no ve pecado en eso, no persigue a los que ganan, a los que piensan, a los que hacen todo lo contrario a lo que él haría, sólo se defiende de los criminales. Por eso el liberal no ve en el gobierno una fuente de felicidad, ni al liberalismo como un programa de gobierno. El liberalismo es más bien un programa de “des-gobierno”. Un programa de límite al poder. Cuando la entente entre el poder y quienes lo detienen es más o menos virtuosa los representantes elegidos son sostenes de esas ideas.

La clave está en que si la lucha por la libertad depende de obtener la mayoría, la causa está perdida. Destaco esto: la lucha contra la libertad jamás dependió de obtener la mayoría. La mayoría jamás entiende el significado profundo de lo que elige y la democracia nunca fue pensada para decidir postulados filosóficos.

La libertad no se dirime en elecciones, sino mucho antes. La propiedad no es el premio a una buena campaña electoral, es el resultado de la acción de quienes la defienden.

La Constitución escrita condujo a un equívoco. Para muchos es por si misma garantía. Ahí está claro que la propiedad es inviolable, entonces nos sentamos a descansar porque cualquiera sea el que gobierne la Constitución nos protege. Hasta tenemos un poder del estado designado para decirle al gobierno que se ubique.

Esa ha sido una muy mala interpretación de la Constitución. De ahí se deriva la idea de que cuando todo el sistema está fuera de control, lo que queda es ganar elecciones explicando un poco más claro la teoría subjetiva del valor o la Ley de Say. Una empresa imposible. El antiliberalismo llegó hasta dónde llegó sin que nadie, ni siquiera la tilinga que ya sabemos, haya leído ni oído jamás hablar de Hegel.

Lo que la Constitución nos dice no es que nos sentemos tranquilos a disfrutar del respeto a la individualidad que surge de sus postulados doctrinarios (surgía, pero no me obliguen a hacer más largo de lo que viene este post). Lo que hace es decir: No hace falta ser mayoría para tener derecho a reclamar, para protestar, para detener al poder. Hay que ir a los tribunales a defender lo que es nuestro, y si se pierde una vez intentarlo de nuevo, y si se pierde dos veces protestar, escribir, patear el tablero y fomentar una rebelión fiscal.

Nunca señala que ese trabajo está hecho. Sería un proyecto fracasado desde el vamos si dependiera de que el poder de las mayorías no quisiera avanzar sobre los derechos de las minorías. La idea es que no pueda, no que no quiera. La Constitución habilita a la lucha por la libertad, a la defensa de la propiedad, de la libertad de comercio, de la libertad de educar de modo plural no solo fuera de lo que señala el ministerio de educación sino aún y sobre todo contra lo que dice el ministerio de lavado de cerebros. Hay que des-educar al soberano.

La Constitución no dice: ganemos elecciones para ser libres. Dice: somos libres pero eso no es gratis. Se lo debe ganar cada vez que eso está en juego. Y se lo debe ganar del modo que siempre se lo ha ganado: desde la minoría, contra una mayoría conquistada por pasiones opuestas.

Quienes luchan por la libertad patean tachos y rompen las pelotas, no recitan poesías.

Por un 2009 libre de ladrones de jubilaciones

Los diputados y senadores tienen su oportunidad de actuar con impunidad por el momento. Como Borocotó ya están en las bancas para dedicarse a sus negocios sucios con los Kirchner, lo hecho hecho está, cada uno sabe a quién votó.

Sin embargo me parece indispensable tomar nota de cada uno de los ladrones de jubilaciones que están en el Congreso para servir a la pandilla. Y no deben ser olvidados el año que viene cuando se conformen las listas de cualquier partido. Cada uno de los que votaron por este saqueo debe ser señalado y denunciado como ladrón de jubilaciones. En carteles, en panfletos, en cartas a los diarios.

Ellos se llevaron los fondos capitalizados, hay toda una vida para cobrárselos.