La señora se fue a probar un autito

La señora presidente se dedica a las inauguraciones y a los estrenos. Está presente cuando se anuncia una obra, cuando se firma el contrato, cuando se pone la primera piedra, cuando se coloca la anteúltima y, a veces, también cuando se finaliza. En una nueva etapa de su entusiasmo inaugurador, se fue a probar un nuevo modelo de Citroen, pero dejó sin estacionamiento a estos empleados de Peugeot.

Anestesia

La estatización y el tratamiento de Aerolíneas Argentinas es un escándalo de proporciones. El señor Mata lanzó acusaciones muy duras contra Ricardo Jaime, pero la cosa queda ahí. Cómo es posible que la comisión del senado no cite a éste señor de inmediato. La oposición sigue dormida y no se da cuenta de que debieron escuchar con más atención lo que Marsans tenía para decir sobre el proceso vivido por la empresa aún cuando se sospeche de un posible vaciamiento para defraudar a los acreedores.

Ese es sólo el tema uno, pero no el más importante. Cada vez se sabe más de las vinculaciones entre el kirchnerismo y una red de laboratorios involucrados en actividades ilegales, con el estado y con vínculos con el narcotráfico. Ni hablar del caso Antonini Wilson cuyas audiencias están por comenzar o Skanska o las fortunas de los testaferros de los kirchner o los fondos de Santa Cruz. Ocurrió lo del campo pero si Clarín no titula sobre estas cosas la oposición está apagada, inerme e impotente. Así la cosa no va.

El sistema kirchnerista produjo un efecto anestesia que no termina de disiparse a pesar de la crisis del campo. En los años de Menem, sobre todo en los últimos cuando estaba enfrentado por Clarín, donde con títulos catástrofe armados de cualquier cosa se manipulaba a la oposición y a la prensa, había una hiperactividad periodística y opositora. Cuando la consigna es apagar las alarmas nadie ve siquiera los incendios. Y la televisión ha sido y sigue siendo eso para el kirchnerismo, desde los más mercenarios hasta los más idiotas. Los monigotes mediáticos son como repartidores de sustancias excitantes o adormecedoras.

Despierten muchachos, no hagan eficientismo. Háganse cargo del gobierno que tienen que controlar, de la prensa cómplice con la que se informan y del nivel intelectual de sus propios dirigentes. Algún adulto debe haber entre todos ustedes.

Un sector del partido comunista cubano pide cambios

Distintos diarios del mundo reproducen un documento atribuido a sectores internos del partido comunista cubano.Se habla ahí de apertura democrática, de nuevas formas de propiedad y de dejar de invocar el embargo como una excusa para no respetar la libertad de los cubanos.

Como en casi todos los grupos reformistas surgidos de los sistemas totalitarios se habla de la preservación del socialismo como meta (en la Revolución de Mayo se invocaba al pobre Fernando VII), de cualquier forma quitando el lenguaje “obligatorio” pro revolucionario algunas de las medidas significan salir del comunismo y flexibilizar el sistema hasta un punto de no retorno.

La pobreza populista sigue intacta

A Néstor Kirchner le importa un comino que lo sorprendan criticando algo que él mismo hace y tal vez ni siquiera haga aquel que es objeto de su crítica. Es su actividad diaria, su actitud ante la vida y su llave para conservar la impunidad. Lo normal es que la gente no acepte que todo sea mentira y él se maneja con el “miente miente que algo quedará”.

La Nación le señala algunas de las cosas que decía don Néstor de los “planes sociales”.

El ex presidente dijo otras cosas más explícitas:

Quieren que todos seamos jefas y jefes de familia para tenernos marcados, para hacernos votar lo que ellos quieren y perpetuarse en el poder… Tenemos que volver a reconstruir el trabajo, porque es la única garantía de dignidad, y la forma de superar estos planes sociales que nos condenan a la miseria“.

Néstor Kirchner
Presidente de la Nación
27.7.2002

No hay novedad en el frente. Esta frase la vengo citando desde el 2003, cuando Majul viajaba como invitado casi exclusivo en el avión presidencial con acceso sólo para grandes chupamedias.

Y ¿de quién hablaba mister K? Pues de su antecesor y futuro padrino Don Eduardo Duhalde, que también ha dicho sus cositas al respecto.

“La historia del clientelismo es la historia de los hijos de puta… Siempre dije que el que mancilla la dignidad humana porque tiene una ayuda del gobierno es un hijo de puta”

Eduardo Duhalde
Ex presidente de la Nación

¿Mienten? Ya lo sabemos. Ahora falta dar el paso siguiente que es saber que los sinvergüenzas son la consecuencia y no la causa de estos problemas. El origen está en el estado de malestar creado por la idea del estado de bienestar. En esta segunda etapa no se necesitan “eficientistas centristas” sino gente que tenga en claro el problema del poder y su relación con el individuo y la vida privada.

Si el propio diario La Nación entendiera esto, no hubiera sido parte de un engaño enorme del que nadie habla como la famosa campaña contra “el hambre más urgente“.

Sobre esta cuestión escribí en Julio del 2003. Estamos igual.

Los derechos mas urgentes
Por Jose Benegas

A veces lo que sorprende en la Argentina es la falta de sorpresa ante algunos acontecimientos. Así pasa por ejemplo con el discurso presidencial respecto de la ley sancionada con el propósito de combatir “el hambre más urgente”, ahora reinaugurada (¿?) en un discurso emocional y desafiante.

El presidente Kirchner se quejó de no haber oído a “esos sectores del establishment y las empresas privatizadas” hablar de “el hambre más urgente o de la tremenda pobreza que tienen muchos argentinos” y de que reclamen en vez un plan económico que fije un rumbo y establezca reglas de juego. Pero no tuvo respuesta.

La Argentina parece a veces esa mujer golpeada de un viejo aviso de campaña política. Nadie le dice al poder, que mientras los políticos hablan y sancionan leyes voluntaristas, la actividad privada produce. Y que de las reglas de juego y la seguridad que el Estado pueda proporcionar para que se multipliquen las transacciones privadas, depende que comamos todos los argentinos; hasta los que se dedican a la política.

Unas ocho décadas de práctica del nirvana del Estado de Bienestar, con la mitad del presupuesto dedicada a combatir desde el Estado las necesidades acuciantes de buena parte de la población ¿y todavía estamos en remediar la parte más urgente del hambre? Al menos es bastante curioso que se endilgue a los empresarios no haber hecho nada contra el hambre, cuando son las empresas las que producen la riqueza, hasta para que los políticos la repartan demagógicamente. Varias generaciones de argentinos fueron educadas en la creencia de que el Estado es quién debe amparar a los menos agraciados, para que al final de todo ese proceso sea el Estado quien pregunte retóricamente a las empresas qué es lo que han hecho ellas con la pobreza. Acá hay algo que no cierra.

Mientras el Estado malgasta recursos, se comporta arbitrariamente y no cumple de manera satisfactoria ni una de las misiones que la Constitución le asigna, las empresas y todos los que colaboran con ellas, luchan denodadamente contra la pobreza, sobreviven al terrorismo jurídico oficial, a los altos impuestos y a los criminales amparados por una infantil visión revolucionaria del delito que prevalece entre los vagos de comité. Los discursos no dan trabajo, las inversiones si.

No fueron las empresas privadas las que hicieron crecer el nivel de gasto público a cifras inmanejables, ni quienes produjeron el default, ni el corralito, ni el corralón, ni los patacones y la hiperdevaluación. Ninguna otra entidad hizo tanto para aumentar el hambre en la Argentina como el Estado.

La iniciativa llamada de manera pretenciosa del “hambre más urgente” elaborada por Horacio Rodriguez Larreta y otros ciudadanos y que ahora el oficialismo hace suya, constituyó una gran burla a la buena fe de dos millones de personas que prestaron su firma para que se convirtiera en ley. Todo indica que tampoco logró solucionar lo más urgente del hambre en el año que lleva de sancionada.

Aún así, también hubo empresas detrás de la promoción de la llamada “ley del hambre más urgente”, y de los programas mediáticos que la fomentaron derramando lágrimas de cocodrilo. Convencidas estas empresas de estar haciendo una buena obra o creyendo pagar así una especie de impuesto a la culpa inmerecida o como una forma de “contraprestación” para no ser atacadas por los enemigos de la libre empresa (pago que como se ve no sirvió de mucho), estas empresas fueron las únicas que pusieron algo propio en el proyecto.

La ley fue algo así como un intento absurdo de prohibir el hambre que las políticas (y no la actividad privada) de los últimos años provocaron. No incluyó una colecta, ni un aporte de trabajo personal. Solo un acto de poder, expresado en una ley salida del Congreso.

Claro que el Estado podría hacer cosas para combatir la pobreza. Sobre todo podría bajar impuestos de manera drástica y respetar y hacer respetar los derechos de propiedad para que la economía crezca. Ni siquiera necesitaría enseñar a pescar. Bastaría con que no prohibiera la pesca o dejara de hacerla imposible con impuestos. Pero la sensibilidad de los políticos nunca va en ese camino, porque ahí su poder se reduce a casi nada; es decir, a lo que la Constitución manda.

Un año después de la ley que prometía milagros sigue acuciando el hambre y la pobreza a un número muy alto de argentinos. ¿Cuántos sueldos han pagado “el establishment y sectores de las empresas privatizadas” en el ínterin? ¿cuántos insumos han adquirido? ¿cuántos servicios han prestado? ¿cuántos impuestos han pagado?

Pero la falta de reacción y de respuesta de la sociedad a este tipo de discurso es lo que más alarma, porque entonces el problema no es ya un Estado que esquilma al país, sino el reemplazo del sistema de valores basado en el trabajo, el ahorro y la inversión, por el de la demagogia, la envidia y el despilfarro. Y una sociedad con esos valores sólo produce desencantos y miseria.

Alta en el cielo

Les agitás la banderita y se ponen a cantar un tango. Lloran y se abrazan con el que tienen al lado aunque lo detesten. Y los dirigentes políticos llegaron ahí porque se identificaron con las figuras míticas con las que arruinaron su cabeza en la tierna infancia. Cómo no van a sentirse convocados a defender a la “linea de bandera” y a la entidad que la representa, según les han enseñado, que es el Estado. El Estado es como la vieja, como el mate.

El que esté en contra de la “línea de bandera” está en contra de la selección nacional. Así es de primitivo esto. Así quedaron los argentinos después del sueño de “educarlos” (se supone) gratis de dinero, muy caro en preparación para la vida.

No queremos una política de cielos abiertos porque queremos una línea de bandera” decía Rossi, presidente de la bancada oficialista en la cámara de diputados. Algo que ni siquiera es incompatible, pero quién se banca otras líneas aéreas que puedan dañar a la que tiene la banderita. La hacemos jugar y la hacemos ganar por decreto carajo. Y lo aplaudían desde los empleados de Aerolíneas y Austral hasta sus compañeros de bloque. El Congreso no se equivoca nunca, cada vez que aplauden es porque se han mandado algo indefendible.

Olé, olé, olé, vamos Argentina. Es un sentimiento, no puedo parar” cantaban todos juntos, igual que en la cancha ¿Acaso hay alguna diferencia? El que no canta es un inglés, el que no canta no quiere a Maradona.

Monitos decidiendo. No hay que gastarse convenciendo a nadie, hay que comprar mucho maní.

Moyano, hablando de primates, decía ayer en la Plaza de los Dos Congresos en un acto destinado a festejar este reviente “que no puede parar” mientras la inflación destruye los ingresos de sus representados: “estamos recuperando el patrimonio nacional“, pero, pequeño detalle, el proyecto que nos estaban aprobando en el recinto nos hacía adquirir una empresa con balances imposibles de creer, una deuda de 900 millones de dólares, una cantidad de empleados que sirven para llenar una acto kirchnerista, un déficit operativo de casi cincuenta millones de dólares al mes, sin un plan de negocios. El patrimonio nacional está por cierto mucho peor después de esta estatización que antes. Así piensan quienes viven del patrimonio nacional.

Pero los números no importan. A los niños les agitamos la banderita y bailan. Hasta los que se quedan con los vueltos de este escáncalo derraman lágrimas de cocodrilo. De cocodrilo rico.

“Alta en el cielo el águila guerrera”. Un tanto deshilachada el águila, pero esos son argumentos para adultos. No interrumpamos la fiesta.