“Liberalismo” en Estonia

El primer libro de ideas políticas que leí en mi adolescencia fue “Liberalismo” de Ludwig Von Mises, que sin dudas marcó el curso de mi vida. Que el autor eligiera ese título fue crucial. Lo seleccioné de la biblioteca de mi casa porque se refería al “liberalismo”, algo que oía mencionar muy seguido en las conversaciones sobre política de los mayores sin saber de qué se trataba.

Parece ser que el Primer Ministro de Estonia don Andrus Ansip comparte mi predilección por esa obra. Habrá que mudarse.

Quiero protestar contra la protesta del mismo modo que quienes protestan ¿Se puede?

No es un trabalenguas, es el estado actual del pensamiento jurídico y una aplicación en nuestro favor digamos de los argumentos que quieren usarse en nuestra contra.


Mi amigo Roberto Gargarella, con quién ya hemos estado discutiendo en este blog, se largó con sus teorías constitucionales acerca de la privación de la libertad ambulatoria a la población en Página 12.


Vamos por partes.


No tengo ningún problema con estas afirmaciones:


1. “Cualquier restricción a un derecho constitucional requiere del mayor de los cuidados: estamos poniendo el bisturí sobre los nervios vitales de la Constitución. Por ello mismo (y esto es algo que está bien asentado en la jurisprudencia y en la doctrina más respetadas), cualquier limitación que se establezca frente a un derecho exige de una justificación extraordinaria por parte del Estado.” A lo mejor debería desmentir que esto sea lo que se expresa en la “jurisprudencia y la doctrina más respetadas” pero esto es un detalle menor.


2. “La presunción es que dichas restricciones, en principio, no son válidas, y la aclaración posterior es que en algunos casos excepcionales ellas pueden llegar a serlo”.


No concuerdo con esta limitación:


3. “Así, si se demuestra que existe lo que los tribunales extranjeros y crecientemente los nuestros llaman un compelling interest por parte del Estado, digamos, un interés fundamental que debe ser protegido de modo urgente.” No es otra cosa que la justificación de la “razón de estado” que se lleva a las patadas con lo dicho en los puntos precedentes. No existe ningún interés propio del estado que deba ser protegido contra un solo derecho de un individuo.


Vuelvo a estar de acuerdo con esta otra afirmación:


4. “La doctrina argentina, lamentablemente, tiende a acercarse a la cuestión del modo más liviano e irresponsable posible, a partir de la afirmación, peligrosamente vacua, según la cual los derechos están sujetos a las “leyes que reglamentan su ejercicio”. Todos saben que esta afirmación dice poco, y todos admiten que en ningún caso esas reglamentaciones pueden afectar al derecho, “recortando” su contenido sustancial. Sin embargo, esa frase ha servido tradicionalmente como una excelente excusa para privar de contenido a todos los derechos que no le gustaban al poder de turno. Ahora le toca al derecho a la protesta”.


Tanto concuerdo con este último punto que me valió en su momento una larga discusión en una clase de derecho constitucional. Para la doctrina el artículo 28 de la Constitución que dice que los principios, derechos y garantías constitucionales reconocidos por la constitución no pueden se alterados por las leyes que reglamentan su ejercicio, significa una autorización a las leyes positivas para “restringir de modo razonable” los derechos constitucionales. Es decir que lo interpretan de modo positivo en favor del estado y no al revés que es el verdadero propósito de la norma.


El problema del artículo de Roberto Gargarella es que coloca las cuestiones en cajas muy equivocadas y discute lo que el elige discutir pero no lo que está en juego. Le puedo dar la razón en lo dicho anteriormente, porque no tiene nada que ver con el conflicto por los cortes de calles y rutas.


Nadie pretende que los piqueteros no protesten. Ningún juez, fiscal, abogado, individuo, columnista ha pretendido que dejaran de decir, pedir, exigir lo que quieran, por más que en muchos casos sean disparates.


El problema de los piquetes no es de expresión. Eso no molesta ni afecta a nadie. Lo que hacen es violar el derecho a circular de otras personas no organizadas, sin representantes. Lo que Gargarella debe justificar entonces, si es que quiere defender la continuidad de los piquetes basado en razonamientos jurídicos, es el supuesto derecho a extorsionar. A utilizar a transeúntes y conductores anónimos como objetos e intercambiar su liberación por aquellas cosas que piden. Que dicho sea de paso cuando se les otorgan son pagadas por esas mismas víctimas.


Pero no hace eso. Le asigna al piquete el carácter de protesta y por lo tanto quienes los quieren terminar son violadores de la libertad de expresión:


“Por supuesto que las protestas que afectan al tránsito vehicular molestan y pueden llegar a dañar los derechos de otros (aunque debemos estar prevenidos para no igualar, en su justificación, a todas las protestas que recurren a la misma metodología; como corresponde no igualar a todas las afectaciones de los intereses de algunos), pero ello no es razón para socavar derechos expresivos tan básicos como el derecho a la asamblea, el derecho a organizar manifestaciones, el derecho a la protesta, o el derecho a criticar a las autoridades”
En el punto uno nos había dicho que no admitía que los derechos constitucionales sean limitados sin una gran justificación ¿Cómo puede ser que tan rápido se demuestre dispuesto a calificar los derechos de las víctimas de los piquetes de “molestias”? Se previene de igualar unas protestas y otras pero no sabemos por qué él es juez de las mayores o menores justificaciones para ejercer la libertad. Se produce un vacío en su argumentación cuando lleva todo el problema a vía muerta con una sola gran admonición: “ello no es razón para socavar derechos expresivos tan básicos”. Este es todo el argumento por el que los que padecen piquetes se la tienen que aguantar.


Este artículo es una evasión del conflicto existente con los piquetes con el ataque a la libertad de circulación. Hay una antojadiza invocación de jurisprudencia norteamericana y europea, lugares donde este fenómeno irracional no existe, que está referida a la libre expresión, no a la libre extorsión ni limitación de la libertad ambulatoria.

Tampoco está en juego la forma razonable de distribuir el espacio público. Los piqueteros no son disidentes que piensan que las avenidas no están para circular y en cambio creen que son para sentarse con carteles como pareciera inferirse de algunos párrafos del artículo. Ellos saben y concuerdan en que el fin de las calles es circular y lo estorban como una forma de presión al poder mediante la extorsión de manera deliberada.


En un salto lógico gigantesco termina Gargarella diciendo que no está en juego el derecho a la expresión sino los “derechos” a la salud, la educación y demás. No hace falta entrar en el debate sobre estas expresiones de deseos que se convierten luego en el motivo por el que la gente no tiene salud, educación ni nada de lo básico. Eso sería una discusión económica indispensable, pero no hace falta para advertir los errores de este análisis. Las víctimas de los piquetes ni siquiera son los “deudores” de esos “créditos” ciudadanos indefensos.


Por último, para este tipo de tesis hace falta un enorme agujero negro en el que olvidar las víctimas. En este caso habría que seguir el razonamiento de Gargarella para reconocerles una forma de “derecho a la protesta” adecuado. No sabemos nada de ellos, ni si tienen problemas de vivienda y salud iguales o mayores a los de los agresores. Pero a nadie le importa eso parece ser.


Digamos que si nadie los escucha, tal vez con este sentido “social”, “europeo” y “norteamericano”, habría que habilitarlos al ajusticiamiento. Dado que el Estado al que pagan para protegerlos se ha convertido en custodio de sus agresores ¿Podrán secuestrar a los piqueteros y los profesores de derecho constitucional para que se les reconozca el derecho a circular (podría llenar tomos enteros con jurisprudencia norteamericana y europea sobre el particular)?


Pero van a decir que eso no se puede. No es un problema tan importante dirán. Qué importa llegar un poco tarde. Las víctimas son soldaditos, no tienen urgencias. A eso se reduce toda la cuestión. Lo nuestro es importante, lo tuyo no.


Una última observación sobre los supuestos derechos (aspiraciones en realidad, como tales merecen respeto) violados. El estado hace de todo para atenderlos. Casi la mitad del presupuesto está dirigido a suplir las necesidades de los más pobres y la otra mitad también tienen el mismo propósito en gran medida por intermedio del sobreempleo público. Esas personas por las que Gargarella se compadece le deben su situación a ese reparto y no a la falta de él. Cuando comen, se visten, tienen salud y se educan es con aquello que el estado no ha recaudado y está presente en la economía para multiplicarse. Están protestando en realidad porque no da resultado lo que están pidiendo todo el tiempo. Y no lo dará jamás.

¿Dónde está el estado?

Cuando me encuentro con personas muy obsesionadas por no perder la omnipresencia estatal para que el mundo no se venga abajo, les pregunto por la última vez que recurrieron a él. Casi nadie responde que ese día o el anterior, ni siquiera la semana o el mes en curso. Cuando recuerdan  pasaron por lo general varios meses.

La omnipresencia estatal es en el fondo una ilusión causada por su mistificación. Cumple el papel de los espíritus, los dioses y los fantasmas. Eso en cuanto a utilidad, porque en el único momento en el que el estado está es para llevarse la mitad de la producción del país y decirle a todo el mundo lo que debe hacer. Para joder está y lo vemos todo el tiempo.

Los políticos y los líderes de opinión se la pasan haciendo apelaciones al dios estado. Calman los temores de la población haciéndoles creer que hay una red mítica que les salvará de cualquier hecatombe, en la que se sigue creyendo a pesar de haber visto. Quiero decir, la fe en el estado acá es tan fuerte que se cree en él habiendo visto sus saqueos constantes y sin haber visto su cobijo nunca. Siempre se atribuye al problema a lo que el estado todavía no ha hecho. No se vaya a creer que hace esto la gente sin educación. No, es la gente que sale de las universidades, inclusive la que se va a estudiar afuera y después vuelve.

En Estados Unidos el fenómeno es distinto pero sólo porque la retórica política no es igual. Ahí se habla de la iniciativa privada y de cómo el mercado, es decir la actuación libre de la gente común, debe carecer de interferencias. Pero las regulaciones crecen y sobre todo crece el presupuesto federal y mucho. La presencia estatal es muy fuerte, de nuevo en problemas, prohibiciones, protecciones e impuestos, nunca en soluciones. El gran salto se produjo en la Gran Guerra y la tendencia no se detuvo.

Jeffrey A. Tucker habla sobre esa presencia estatal en un artículo del Mises Institute que vale la pena leer que responde a la típica zoncera  contra “el  mercado” que se repite  en todos los medios del mundo. En este caso el New York Times. Sirve para entender cómo se produjo la actual crisis de las hipotecas y la responsabilidad de los gobiernos y sus cómplices bancarios en ella.

¿Y el costo político?

A la hora de no hacer nada la política nacional apela a una excusa única: “el costo político”. Se supone que nada se puede hacer por el bendito “costo político”. Sobre todo nada bien hecho.

Bastó que Macri hiciera lo que todos los manuales de política argentina dicen que no hay que hacer jamás que es “dejar gente en la calle” (¿qué otra cosa debería hacer un intendente que mandar a su gente a la calle, pero en fin) para que otros descubrieran que están rodeados de ñoquis heredados.

El estado está, de acuerdo a los dogmas del sindicato de políticos argentinos, para dar trabajo. Los políticos están, según esa misma agrupación, para evitar “costos políticos”

Esta creencia está a la altura de nuestros logros como país. Si las empresas estuvieran para evitar costos estaríamos en pelotas bailando el hula hula. Afortunadamente la gente se mueve para obtener beneficios, no para evitar costos. Cualquier persona racional (aquellos que están fuera de ese sindicato) lo que intenta es optimizar sus costos, incurrir en la menor cantidad posible de ellos para obtener un beneficio pero no como un fin en si mismo.

En algún aspecto dejan su “economía de costos”. Lo hacen cuando encuentran una manera de obtener beneficios para si mismos. Lo primero que debe llamarnos la atención de un político que evita los “costos políticos” es que no está buscando “beneficios políticos” sino de otro tipo. Pero al pedo en la política nadie está. Salvo los que terminan su carrera huyendo en helicóptero.

Los shoppings Hegelianos

La señora presidente ya lo dijo. “No pretendemos hacer un mundo mejor como antes pero si al menos un país mejor”.

En ese sentido el sector hegeliano está resignificando algunas cosas. Antes se decía que los shoppings centers eran una expresión de la “cultura menemista” y el neoliberalismo (¿no es impresionante lo profundos y serios que son nuestros pensadores setentistas?)

Ahora son la gran noticia del día. Un país mejor es aquel en el que se pueden hacer compras mejor.

Atención pensadores de Página 12. No nos vengan con eso de la sociedad de consumo y todas esas brillantes ideotas adquiridas leyéndose a si mismos. Este es un consumo progresista. La gente compra remeras del Ché en los shoppings.

Reciclaje de la teoría de los juguetes bélicos

Un impuesto, más una regulación impositiva pueden ser suficientes para dejar fuera del “blanco” a una persona. La métafísica fiscalista ni siquiera considera esta cuestión. El “negro” para esta metafísica es consecuencia de la mala conducta de algunos que no quieren cumplir con las obligaciones con “nuestro estado”. La solución entonces es quebrar esa resistencia, sin ninguna preocupación garantista en este caso.

Ningún avance de “nuestro estado” tiene vuelta atrás. Las regulaciones tímidas se convierten en regulacionse totales. Un Guillermo Moreno es suficiente para que cualquier arbitrariedad se convierta en dogma legal con un breve proceso de acostumbramiento. Nada es más permanente que un impuesto transitorio. Esta es la premisa dos de este post: La inercia lleva al aumento del control de la vida privada y al encarecimiento de estar dentro del sistema.

La tercera premisa es que la mayoría de las personas, llegado un punto que nosotros hemos pasado hace rato, pueden escapar del sistema de forma parcial. Alguna cuenta no la declaran, alguna regla se la pasan por algún lugar de su anatomía y todo está bien. El Banco Mundial demostró que si los argentinos pagaran todos los impuestos el 98% de sus ingresos irían a parar al estado. Algo imposible de lograr, el sistema se sostiene en la hipocresía general. Que como lo he dicho muchas veces es el único ingrediente que lo hace soportable.

La cuarta premisa es que hay gente que no tiene la capacidad siquiera de estar dentro del “blanco” de forma parcial. Eso que los socialistas atribuyen a la maldad del mercado y no es otra cosa que la consecuencia directa de la estupidez de su amado estado: Los barrios marginales, el negro fiscal y legal absoluto. El estado ni siquiera está “presente”, como ellos dicen, en esos lugares.

Después queda la quinta y enorme premisa: El estado moralista que decide controlar lo que la gente ingiere tiene la brillante idea de prohibir las drogas. Con o sin impuestos, declaradas o no declaradas, ese mercado está por decisión política, ni siquiera por le inercia mencionada, fuera del sistema. Está en el negro fiscal absoluto, igual que la gente más pobre.

Creo que la conexión es clara ¿no? Carrió cree que “el paco” es la consecuencia de la maldad de los intendentes del conurbano, pero en realidad esa maldad, en todo caso, y complicidad no es otra cosa que la consecuencia de la combinación entre el estado omnipresente y el estado moralista. A la baja rentabilidad, a ciertos niveles, de estar dentro, se le suma una alta rentabilidad de estar fuera. Señora Carrió, el paco es el hijo no reconocido de su forma de “amor a la humanidad”

Pero acá viene el gran final a toda orquesta. Los brasileros creen que la violencia en Brasil no es producto de todo esto sino de los videojuegos.

¿Qué le consultarías a Alberto Fernández?

Las oficinas de la “consultora” de Alberto Fernández, jefe de gabinete de “la mujer del compañero presidente“, fueron objeto de un asalto. O una sensación de asalto en realidad.

Don Chief of Gabinet se ocupó de aclarar que sólo le querían robar porque no habían tocado ningún papel (¿había alivio en sus palabras?). No sea que alguien piense que pueden encontrarle papeles flojos.

Lo que a todo el mundo se le escapó es preguntar es sobre la especialidad del ex cavalista.

¿Sobre qué le consultarías vos a Alberto Fernández?

Hambre de qué

La modalidad piquetera “de tercera generación” (con un poco de adorno se puede escribir cualquier ensayo) es la del corte de calles “por desafío”. La cuestión es mostrarle a Macri que él no decide por más que haya sido elegido con tantos votos porque “el pueblo” de cualquier manera son los progres. Aunque pierdan, da lo mismo.

El hambre en este caso es el de mantener el poder de extorsionar. No hay petición alguna ¿Quién escribirá la justificación de esto?

Los Sauces, Casa Patagónica. Nuestro Hotel

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La familia real kirchnerista invirtió unos millones en este bonito lugar.

Por ahí debe haber pasado Guillermo Moreno porque lanzaron unas ofertas imperdibles: 3 noches en una habitación suite a la friolera de 1349 dólares y en una “corner suite” (vendría a ser como un cuarto en la esquina pero dicho en idioma patagónico) por el mismo periodo a nada más que 1989 dólares.

Atención porque si se quedan más días pueden conseguir todavía más rebajas.

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Como dicen ahora, es un hotel argentino. Es decir, es nuestro.