Un impuesto, más una regulación impositiva pueden ser suficientes para dejar fuera del “blanco” a una persona. La métafísica fiscalista ni siquiera considera esta cuestión. El “negro” para esta metafísica es consecuencia de la mala conducta de algunos que no quieren cumplir con las obligaciones con “nuestro estado”. La solución entonces es quebrar esa resistencia, sin ninguna preocupación garantista en este caso.

Ningún avance de “nuestro estado” tiene vuelta atrás. Las regulaciones tímidas se convierten en regulacionse totales. Un Guillermo Moreno es suficiente para que cualquier arbitrariedad se convierta en dogma legal con un breve proceso de acostumbramiento. Nada es más permanente que un impuesto transitorio. Esta es la premisa dos de este post: La inercia lleva al aumento del control de la vida privada y al encarecimiento de estar dentro del sistema.

La tercera premisa es que la mayoría de las personas, llegado un punto que nosotros hemos pasado hace rato, pueden escapar del sistema de forma parcial. Alguna cuenta no la declaran, alguna regla se la pasan por algún lugar de su anatomía y todo está bien. El Banco Mundial demostró que si los argentinos pagaran todos los impuestos el 98% de sus ingresos irían a parar al estado. Algo imposible de lograr, el sistema se sostiene en la hipocresía general. Que como lo he dicho muchas veces es el único ingrediente que lo hace soportable.

La cuarta premisa es que hay gente que no tiene la capacidad siquiera de estar dentro del “blanco” de forma parcial. Eso que los socialistas atribuyen a la maldad del mercado y no es otra cosa que la consecuencia directa de la estupidez de su amado estado: Los barrios marginales, el negro fiscal y legal absoluto. El estado ni siquiera está “presente”, como ellos dicen, en esos lugares.

Después queda la quinta y enorme premisa: El estado moralista que decide controlar lo que la gente ingiere tiene la brillante idea de prohibir las drogas. Con o sin impuestos, declaradas o no declaradas, ese mercado está por decisión política, ni siquiera por le inercia mencionada, fuera del sistema. Está en el negro fiscal absoluto, igual que la gente más pobre.

Creo que la conexión es clara ¿no? Carrió cree que “el paco” es la consecuencia de la maldad de los intendentes del conurbano, pero en realidad esa maldad, en todo caso, y complicidad no es otra cosa que la consecuencia de la combinación entre el estado omnipresente y el estado moralista. A la baja rentabilidad, a ciertos niveles, de estar dentro, se le suma una alta rentabilidad de estar fuera. Señora Carrió, el paco es el hijo no reconocido de su forma de “amor a la humanidad”

Pero acá viene el gran final a toda orquesta. Los brasileros creen que la violencia en Brasil no es producto de todo esto sino de los videojuegos.

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152 Responses

  1. ¿Sabés que hago cuando leo tus comentarios y las opiniones que se suceden?. Pienso. Le agrego mis propias referencias y experiencias y de ahí sale mi propia idea, que no debería coincidir siempre. Eso debería ser un incentivo para alguien que maneja un sitio como éste. Despertar a la gente, ayudarla a pensar. Pero a veces, no puedo estar de acuerdo. No coincido en todo. Sería una falta de respeto a tu inteligencia que siempre respondiera: estoy de acuerdo José.
    Este tema creo que tiene demasiados componentes, hay uno al que aludís que es el hecho de sostener un sistema enorme de corruptos, que tendería a desaparecer, en gran medida. Pero por el otro lado hay otro hecho no explorado, en países marginales, de permitir comprar barato en el quiosco, como los cigarrillos, la droga ¿es así?. No tengo la seguridad de que el primer problema no pase a ser un detalle al lado del segundo.
    Por lo tanto, digamos que a la solución que proponen, le temo. Permitime dudar, nada mas.

  2. Grecia, no tengo ningún problema con tu temor. Es lógico dado que la prohibición vino acompañada de una campaña de atemorización general. Lee el libro que te recomendé, ahí vas a ver que pasaba en todos los países marginales (que eran muchos más que los de ahora) cuando las drogas se compraban en las farmacias libremente (no en lo quioscos). Lo que pasaba era nada. Yo me concentraría en temerle a la situación actual. Esto si es un problema. No son fantasmas, son cosas que están ocurriendo. Ni las FARC existirían sin prohibición.

  3. Darío Damián,

    El tema de la prostitución fue citado por vos, en un comentario donde fijaste tu posición El gran tema en todo esto, es que no se puede, según mi punto de vista, equiparar a la prostitución con cualquier otro tipo de actividad comercial, como tampoco hacerla pasar por el tamiz de las libertades individuales (la prostitución no proviene de una libertad de elección; se caracteriza por una derivación de la pobreza; son pocos, excepcionales, los casos de “libre elección”). La complejidad del tema exige otro tipo de análisis. No cabe la interpretación de la prostitución como una variable “hora/hombre” fuerza de trabajo, sino personas sumidas en el rol de “materia prima” de una industria. Y la diferencia no es sutil.

    No existen estadísticas en nuestro país, lo que convierte todo esto en algo más patético. Bien sabemos que cuando el Estado no se ocupa de cuantificar una tendencia, es porque –igual que con la inseguridad o índices de precios, entre otros- las cifras delatarían desentendimiento y/o intereses de por medio. No obstante, en el gobierno de la Ciudad ya está preocupando el tema y comenzaron a realizarse investigaciones sobre el caso, orientado hacia el “mercado infantil”, al que se lo vincula con la drogadicción (los niños se prostituyen para comprar paco).

    En lo que respecta a experiencias de países que la han legalizado, los resultados no son “alentadores”. Se ha comprobado que sólo beneficia a los explotadores del “servicio”, constituídos en empresas legalizadas. Al significar el reconocimiento y la promoción del sexo como una industria, en países como Holanda, Alemania, Suiza y Australia, entre otros, vinieron aparejadas aún más degeneraciones (permitime el término, en su significado literal, sin intenciones morales ni puristas, ya que –entiendo que en esto nos pondríamos de acuerdo- la prostitución implica humillación, esclavitud, inseguridad y violencia, amén de innumerables problemas sanitarios y otros desencadenantes).

    En dichos países, en lugar de acotarse, se expandió. Allí, donde sí existen estadísticas, revelan que la prostitución legalizada no disminuyó, sino que, por el contrario, provocó un aumento de la clandestinidad a través del “cuentapropismo” competitivo, en las calles. También generó e incrementó la demanda bajo la figura de “consumidor sexual” que, como tal, exige variedad de oferta: ya no es solo un tema de prostitutas adultas. La industrialización de la prostitución, siguiendo las leyes de la oferta y la demanda, la competencia y el marketing, ofrece materia prima cada vez más sofisticada, según edades, razas, nacionalidades, etc. “Productos” demandados, de mayor precio y rentabilidad. Ergo, tráfico internacional de niños, adolescentes y adultos, cuya mayoría no provienen de naciones ricas, sino de países de Africa, Latinoamérica y regiones asiáticas. Argentina no está afuera: además del consumo interno, “exporta” personas, adultos y niños, a los países “industrializadores” del servicio sexual legalizado. Ya sabemos que en un Estado que históricamente se desentiende de los temas de seguridad, con provincias del interior que se caracterizan por su condición social paupérrima, es factible que desaparezca un menor (se conocen casos de niños que “se los tragó la tierra”, ¿no? ). También sabemos que hacer pasar por las fronteras a un menor tampoco representa muchas dificultades. Dirás que con la legalización/despenalización, se acabaría la clandestinidad y disminuiría la cantidad. No lo creo: sería una excelente contribución para que tantos o más adultos pasaran “legalmente” por la Aduana, y continuaría (retroalimentaría) la clandestinidad del “producto sofisticado” , el de los menores. Excepto que la legalización también los incluyera (lo único que faltaría… sabríamos, entonces, cuántos niños se exportan? …qué ironía…)

    En síntesis, remarco, la industria del sexo legalizada está autorizada para aplicar “estrategias de marketing” como cualquier otra actividad, solo que hay un pequeño detalle: aquí, la materia prima, “la cosa”, es el ser humano. En la competencia y diversificación de “producto”, entran la prostitución infantil y el turismo sexual (ya la hay en Argentina; ciertos turistas que nos visitan, la demandan). Entiendo que los temas de libertad y libre competencia, cuando está en juego el ser humano (aquí, como materia prima), es INACEPTABLE y que el Estado tiene, como rol fundamental, proteger la seguridad de todos los ciudadanos. La modalidad, desde ya, no es “blanqueando”.

    Por último: la prostitución tiene como aliada a la drogadicción. Comercialmente, van de la mano y tiene, como factor común, la desintegración de la persona (el individuo). También lo cantan las estadísticas de los países como Holanda, que legalizaron ambas actividades.

    Antes de despedirme –entiendo que el tema ya está agotado-, quiero aclararte que no tuve con vos y con Roark otra intención más que resaltar el error que noto, el de anteponer la “libertad” a todo lo que se presente. Los ingredientes de la tragedia y la complejidad obligan a mirar más allá de los ideales y la ideología. La realidad llama.
    Saludos, Mercedes

  4. Parece que los ánimos están un poquito caldeados. Quisiera decir que estoy de acuerdo en parte con José Benegas y también con Grecia, (otros cantares de un) Ojo abierto y Jorge Peña. En la parte que estoy de acuerdo con José es en que estoy en contra de las prohibiciones y creo en la libertad y que cada uno debe decidir por si mismo y también en que el mercado negro es consecuencia de la intervención del estado. Pero de ahí a decir que liberando el consumo de drogas se acaba con el problema, o se mejora en algo, me parece que estamos opinando muy a la ligera. En el mundo real eso es impracticable. Ahí coincido con los demás que nombré. Alguien menciono que existen mercados negros de cigarrillos, bebidas, CDs , etc, ¿Y porque? Porque en ningún lugar del mundo existe ese paraíso liberal que nos gustaría, sin regulaciones ni restricciones. En consecuencia si simplemente despenalizamos las drogas, no me cabe ninguna duda de que el resultado seria un desastre. Posiblemente el precio bajaría, aumentaría el consumo, pero siempre habría mercado un negro mas barato como con los demás bienes. Tal vez se le arruinaría el negocio a algún narco, pero eso no solucionaría el problema real de la drogadicción. Los drogadictos son enfermos que necesitan seguir consumiendo. ¿Los que opinan que hay que liberar el consumo estarían dispuestos a subvencionar a los drogadictos que no puedan comprar, porque no pueden trabajar?¿Y pagar el tratamiento de recuperación? ¿O no? ¿Los dejamos librados a su suerte y que salgan a robar y matar para conseguir la droga que necesitan? Me parece que estamos opinando muy a la ligera sobre temas muy complejos y delicados. Te repito, en principio me opongo a las prohibiciones pero liberar el mercado de las drogas como opinan muchos (Inclusive fuera de este blog) no es la solución. Si vamos a teorizar sobre lo malo que es prohibir, estoy de acuerdo, pero me parece que mucha gente que lee estos comentarios se puede confundir. Me parece que son dos planos diferentes de discusión.

  5. Lobel, no creo que contribuya a esclarecer el tema y mucho menos a calmar los ánimos hablar de que la posición que no compartís es consecuencia de opinar a la ligera. Esa me parece una observación ligera.
    En cuanto a las preguntas, la respuesta es no. No estoy dispuesto a subvencionar a nadie. Pero creer que todos los drogadictos salen a robar para comprar drogas no tiene fundamentos. No es así ni siquiera ahora que está prohibido y hay muchos más motivos para hacerlo. A los que delinquen hay que perseguirlos por delinquir no por sus gustos.
    De cualquier manera, seguramente el estado bueno que todo lo soluciona les va a dar el mismo tratamiento que les da ahora, que es el mismo que se les da a los drogadictos de drogas permitidas como el alcohol.
    Si lees el post original hablo de que los mercados negros son consecuencia de las regulaciones e impuestos. Y las drogas entran en un ciento por ciento ahí. Si subsiste un mercado negro marginal será por los mismos motivos que los hay para otros productos. No porque las drogas tengan algo particular que de por sí las haga “negras”.
    Pero el objetivo de liberalizar no es terminar con el mercado negro. El mercado negro nunca es un problema, siempre es una solución a un problema.
    De lo que se trata es de dejar de otorgarles a los delincuentes el monopolio de la droga y su distribución y, entre otras cosas, liberar a los barrios marginales (por regulaciones e impuestos) de la presencia y las tentaciones de las mafias del narcotráfico.
    Vuelvo a sugerir enterarse de la historia de la humanidad con las drogas, larga como la presencia del ser humano en la tierra. La prohibición es lo raro, lo moderno y lo fracasado. Nadie más se va a drogar porque NADIE deja de drogarse por que esté prohibido.

  6. Lobel: Vos has dicho:

    “Pero de ahí a decir que liberando el consumo de drogas se acaba con el problema, o se mejora en algo, me parece que estamos opinando muy a la ligera.”

    Siento decirte que el que está opinando a la ligera sos vos. Yo he planteado claramente el problema y he sostenido: 1) Que los males que crea la prohibición que son las mafias la corrupción de grandes sectores del poder público son males sociales infinitamente peores que el daño que la droga hace a los adictos y 2) Que coherentemente los que sostienen la idea de la prohibición de las drogas deberían reclamar la implantación de la ley seca dado que el alcoholismo es una drogadicción similar (sino peor por varias razones que conozco bien ) y ampliamente mas difundida que la de los llamados estupefacientes. Si podes tratar estos puntos entenderé que no opinas a la ligera.

    Hay una observación que hace Leandro que creo que se le debe prestar mucha atención porque en esa idea se encuentra el origen de muchos males y, aún en muchos casos, del torpe intervencionismo de nuestra época . Esto es; la pretensión de “encontrar “LA SOLUCIÓN ” a cualquier situación que no nos gusta”. Cuando se parte con esa meta extremista en mente es cuando se perpetran grandes desaguisados y disparates por parte del poder público. Normalmente el segundo paso que sigue a esta idea es “ ¡Hay que hacer algo!” y con este pensamiento ciego se enfrenta la realidad a garrotazos originando males mayores, cuando lo prudente hubiera sido preguntarse: ¿Se puede hacer algo ?

  7. Si el objetivo es cortarle el negocio a los traficantes estoy totalmente de acuerdo con Vos, pero no creo que eso solucione el problema de la drogadicción. Ahora no entiendo que queres decir con tu ultima oración: “Nadie más se va a drogar porque NADIE deja de drogarse por que esté prohibido”. Por supuesto que nadie deja de drogarse porque este prohibido pero mis conocimientos básicos de economía me dicen que si el precio de algo baja el consumo aumenta. Asumo que esa seria la consecuencia de quitarles a los narcotraficantes el monopolio de la droga y la distribución. Por lo tanto se facilitaría el acceso a las drogas, ergo habría mas drogadictos Vos me podrás decir: “a mi que me interesa”, no creo que esa sea tu respuesta. Pero no entiendo tu punto: ¿Queres arruinarle el negocio a los narcos? o ¿Queres que haya menos drogadictos?
    Con respecto al mercado negro, lo que dije es exactamente lo que decís vos: existe por los mismos motivos que hay para otros productos, por eso seguiría existiendo en el caso de las drogas, como sigue con el juego, etc.
    Yo no dije que TODOS los drogadictos salen a robar, pero no me podes negar que muchos lo hagan y que todos compren la droga con el fruto de su trabajo honrado. Te vuelvo a decir que un drogadicto es un enfermo y en la desesperación es capaz de hacer cualquier cosa, el que tenga plata va a comprar y el que no saldrá a robar.
    Con respecto a opinar a la ligera, no me refería al post original sino a muchas opiniones que hay en general con respecto a este tema, que dicen que si se legaliza la droga dejaría de ser negocio y se acabaría por si sola. No se va a acabar, simplemente los traficantes serán señores honrados que pagarán sus impuestos como corresponde.
    Estoy en contra del estado tanto como vos, nunca dije que el estado es bueno y todo lo soluciona, pero como vos muy bien decís, el problema de los drogadictos de drogas permitidas como el alcohol no se solucionó quitando la prohibición.

  8. Luis Alberto Decis:
    “Que los males que crea la prohibición que son las mafias la corrupción de grandes sectores del poder público son males sociales infinitamente peores que el daño que la droga hace a los adictos”.
    ¿Estas seguro de esto?
    Creo que el daño a un adicto puede ser total, irrecuperable, no me imagino algo infinitamente peor.

  9. Grecia: seguís defendiéndote, sin defender una posición.

    Otros cantares: las prostitutas no son cosas; no las subestimes. La prostitución de niños es un delito bajo cualquier legislación.

  10. En conclusión, después de esta larga discusión, parece que no hay tantos liberales en este blog, como se ha dicho muchas veces. Basta decir algo políticamente incorrecto y aparecen los partidarios de la corrección política furiosos a contraatacar; o decir algo contra las convenciones religiosas y aparecen los inquisidores amenazando con la violencia física contra los que no tienen fe; o pedir la abstención del estado en la vida privada de la gente y reaccionan fingiendo ser humanitarios, porque ven amenazados sus privilegios en el estado, y no porque les preocupe el problema.

    Estos liberales argentinos son muy truchos. Son liberales para los beneficios y socialistas para las pérdidas. Eso explica porqué algunos son partidarios de las prohibiciones: para que sean los otros individuos quienes carguen con los costos producidos por ellos. Quieren ser libres para decidir pero no asumir las consecuencias de sus decisiones.

    Alcanzan los dedos de una mano para contar entre los comentaristas habituales quien son los verdaderos liberales.

    No me imagino que pasaría se hubiésemos tratado como desmantelar el “sistema de bienestar social”, o disolver todos los organismos del estado no creados por la constitución, para que el gobierno pueda desprenderse del 80% de los empleados. Me imagino que habría algunos que pedirían cabezas o acusarían de genocidas a los adversarios.

    Este fragmento de Ayn Rand se los dedico a todos que son tan “socialmente sensibles”, tan políticamente correctos y tan partidarios de la palabra “Nosotros” para referirse al estado:

    Yo soy. Yo pienso. Yo quiero.

    Mis manos… mi espíritu… mi cielo… mi bosque… esta tierra mía… ¿Qué debo añadir? Estas son las palabras. Estas son las respuestas.

    Estoy aquí de pie, en la cumbre de la montaña. Levanto mi cabeza y extiendo mis brazos. He aquí mi cuerpo y mi espíritu, he aquí el fin de la búsqueda. Deseaba conocer el sentido de las cosas. Yo soy el sentido. Deseaba encontrar un permiso para existir. No necesito permiso alguno para existir; ni que me den el visto bueno para vivir. Yo soy el permiso y el visto bueno.

    Son mis ojos los que ven, y la mirada de mis ojos confiere belleza a la tierra. Son mis oídos los que oyen, y la audición de mis oídos da su canción al mundo. Es mi mente la que piensa, y el juicio de mi mente es la única linterna que puede hallar la verdad. Es mi voluntad la que elige, y la elección de mi voluntad es el único edicto que debo respetar.

    He conocido muchas palabras, algunas resultaron sabias y otras resultaron falsas, pero sólo tres son sagradas: “¡lo deseo así!”

    Cualquiera que sea el camino que yo tome, la estrella que me guía está en mi interior; la estrella que me guía y la brújula que señala el camino señalan en una única dirección: señalan hacía mí.

    No sé si esta tierra en la que estoy es el corazón del universo o si no es más que una mota de polvo perdida en la eternidad. Ni lo sé ni me importa. Pues sé qué felicidad puedo alcanzar en esta tierra. Y mi felicidad no requiere un propósito más elevado para ser vindicada. Mi felicidad no es el medio para fin alguno. Ella es el fin. Es su propio objetivo. Es su propia razón de ser.

    Tampoco soy yo el medio para que otros lleguen a los fines que anhelan conseguir. No soy una herramienta para que me usen. No soy un sirviente de sus necesidades. No soy un vendaje para sus heridas. No soy un cordero a sacrificar en sus altares.

    Soy un hombre. Este milagro de mi ser está para que lo posea yo y lo vele yo, y lo guarde yo, y lo use yo, y sea yo quien se arrodille ante él.

    No cedo mis tesoros ni los comparto. La fortuna de mi espíritu no está para ser convertida en monedas de cobre y ser esparcida al viento cual limosna para los pobre de espíritu. Yo guardo mis tesoros: mi pensamiento, mi voluntad, mi libertad. Y el mayor de ellos es la libertad.

    Nada debo a mis hermanos, ni voy buscando que estén en deuda conmigo. A nadie le pido que viva por mí, ni me ofrezco para vivir por los demás. No anhelo el alma de ningún hombre, ni está mi alma para que la anhelen los demás.

    No soy ni amigo ni enemigo de mis hermanos, sino tan sólo lo que cada uno de ellos se merezca. Y para ganarse mi amor, mis hermanos han de hacer más que haber nacido. No otorgo mi amor sin razón alguna, ni al primero que se cruce en mi camino y me lo pida. Honro a los hombres con mi amor. Pero el honor es algo que cada cual ha de ganarse.

    Escogeré amigos entre los hombres, pero no esclavos ni amos. Y escogeré sólo a los que me satisfagan, y a ellos les amaré y respetaré, pero no les mandaré ni les obedeceré. Y uniremos nuestras manos cuando queramos, o andaremos solos cuando así nos parezca preferible. Pues en el templo de su espíritu, cada hombre está solo. Que cada hombre guarde su templo intacto e inmaculado. Y entonces, que una sus manos con otros si lo desea, pero sólo más allá de su sagrado umbral.

    Pues la palabra “Nosotros” jamás debe pronunciarse, salvo por propia elección y como segundo pensamiento. Esta palabra jamás debe ocupar el primer lugar en el alma del hombre; que sino se convierte en un monstruo, la raíz de todos los males sobre la faz de la tierra, la raíz de la tortura del hombre por parte de los hombres, y de una mentira indecible.

    La palabra “nosotros” es como cal que se vierte sobre los hombres, se va depositando y se endurece como una piedra aplastándolo todo bajo su peso. Y lo blanco y lo negro se pierden en su color grisáceo. Es la palabra con la que los depravados roban la virtud a los hombres rectos, con la que los débiles roban el poderío a los fuertes, con la que los necios roban el conocimiento a los sabios.

    ¿En qué se queda mi alegría si todas las manos, incluso las más inmundas, pueden manosearla? ¿En qué se queda mi sabiduría si hasta los necios pueden mandarme? ¿En qué se queda mi libertad, si todas las criaturas, incluso las más viles e impotentes, son mis amos? ¿En qué se queda mi vida, si he de inclinarme, aceptar y obedecer?

    Pero ya no tolero más este credo de corrupción.

    He acabado con el monstruo “Nosotros”, la palabra de la servidumbre, el saqueo, la miseria, la falsedad y la infamia.

    Y ahora veo el rostro del dios, y alzo este dios sobre la tierra, este dios que los hombres han buscado desde que existen, este dios que les dará la alegría, la paz y el orgullo.

    Este dios, esta sola palabra: “Yo”.

  11. Aparentemente acá son todos muy susceptibles. Veo que lo que más dolió fue que haya dicho que hay opiniones a la ligera. Debo reconocer que a mi tampoco me gustó ponerlo pero no pensé que se lo iban a tomar tan a pecho.
    Luis Alberto, no estoy de acuerdo con la ley seca. Desconozco tus razones al respecto pero asumo que son valederas y las respeto, pero no creo que los daños causados por el alcohol sean comparables con otras drogas. Soy conciente que el alcohol puede causar estragos, a mi me gusta el vino pero no soy borracho, opinando a la ligera te diría que si empiezo a consumir droga moderadamente me convertiría en un adicto incontrolable, pero no estoy seguro

  12. El problema , según me parece, es que se ha olvidado que la libertad y la economía debe estar al servicio del hombre y no viceversa. Creo que hay algunos participantes de la discusión que se manejan en un nivel teórico abstracto y no se dan cuenta de que repetir los dogmas , por momentos ultras, de ciertos pensadores liberales, a mi criterio no los mas profundos y elaborados, y tratar de imponerlos sin importar el resultado a nivel humano y societario es practicamente análogo a lo que los marxistas han hecho y siguen tratando de hacer: si la realidad no encaja con las teorías que leí en un libro y creo, ¡fuck reality!, no me cambien mis ideologías por la estupida realidad! Y así leemos imbecilidades como las de algunos foristas forros que al carecer de argumentos y altura para debatir, aún con cierto grado de ironía, caen en el insulto estúpido, ignorante y lleno de mierda , escudado en un seudónimo, repitiendo pelotudeces que ni siquiera se tomó el trabajo de chequear, sólo para ofender y descalificar a otras personas por sus supuestas creencias o afiliaciones religiosas, sin que nadie , ni Benegas, lo reconvenga. Seguramente si en vez de analogizar y asociar a hitler con el cristianismo, o llamar ” come ostias” a alguien,se hubiera insultado a alguien de pertenecia judía, creo que inmediatamente , varios foristas se hubieran sentido obligados a comentarlo al menos, no digamos amonestarlo, pero aqui no, silencio y nada. me parece bastante irresponsable tambien la propuesta ( desde un liberalismo teórico y abstracto pude tener algun sentido, como debate privado)de pensar que liberar la prohibición (tambien bastante teórica) sobre las drogas, va a traer algún beneficio social.Estoy convencido de que sería altamente desastroso, sobre todo con los pobrísimos niveles intelectuales, educativos y éticos que imperan en esta triste republiqueta.
    Me parecería mucho mas productivo un debate sobre la prohibición de tenencia de armas para la defensa personal y familiar, que frente al crimen rampante que nos rodea es algo imprescindible no dejar que el estado nos desarme y nos deje a merced de los pibes chorros, los narcopiqueteros y los “militantes sociales”,a men de cuanta mafia prolifera al amparo de los hipercorruptos “políticos” y “miembros de la justicia”que nos “representan” y nos garantizan ” nuestros derechos y libertad”.

  13. Roark, hace rato no me cruzaba con alguien tan imbecil como vos. Sos de libro. Un descerebrado repetidor de frases de otros y que no entendés.Das lastima.

  14. Igualmente Jorge Peña.

    El poema está dedicado especialmente para vos, y si quieres tengo otros más.Cuando me refería a inquisidores y liberales truchos esta pensando en vos.

  15. Lobel, te reitero, lo dije muchas veces, que mi objetivo no es que la gente deje de drogarse. No es mi problema y no soy quién para decirle a la gente que no drogue.

    Tampoco tengo elementos de juicio para decir que no deben drogarse.

    Para mayores aclaraciones tampoco quiero arruinarle el negocio a los narcos. Qué me importa a mi el negocio que hagan.

    Lo que quiero es terminar con la corrupción del estado, de todas las policías del mundo porque un estado puritano ha descubierto que tiene que controlar moralmente a la población y se ha encargado de llenar de temor y fantasmas a todo el mundo, en lugar de cuidar nuestros derechos. Quiero terminar con el autoritarismo de los que creen que pueden decirle a los demás como vivir y que seguro lo hacen porque no tienen idea de cómo manejar sus propias vidas.
    El estado creó a la categoría delictiva “narcotraficante”. No tiene otro valor moral que el de “evasor”

    Lo que dije respecto a que nadie deja de drogarse porque esté prohibido creo que lo entendiste perfecto. Conocés a alguien que diga que no se droga para no violar la ley?

    La gente delinque para conseguir droga porque es adictiva y está prohibida. No lo haría, de hecho NO LO HACÍA cuando no estaba prohibida. Con más razón no lo haría si fuera más barata.

    Que algunos consumidores delincan por eso no lleva a concluir que hay que prohibirlo. Los violadores violan porque les gustan las víctimas y a nadie se le ocurriría prohibir el sexo (bueno, se les ocurrió en algún momento) Otros roban poruqe quieren vivir mejor y a nadie se le ocurriría prohibir comprar autos mejores.

    Quiero decir, está lleno de motivos para delinquir, no hacen falta las drogas para hacerlo. Prohibir los motivos nos llevaría a vivir adentro de una caja.

    Lo peor que podés hacer es dejar a los adictos en manos de delincuentes. Dejo la definición sobre la enfermedad de los adictos porque abriríamos otro debate. Lo que es seguro es que ningún borracho tiene que meterse en los barrios bajos a conseguir cerveza por suerte.

    No entiendo que te asombre que moleste digas que quienes han opinado con fundamento opinan a la ligera. No se entiende que alguien se moleste por eso? Caés en lo mismo cuando encima interpretas que señalarte lo que estás haciendo es ser muy susceptible.

  16. Jorge Peña, sos tan liberal como Pol Pot, y tu amor por la gente se parece al de Hebe de Bonnaffini. Si ella es la madre espiritual de los argentinos, vos sos el padre.

    Y no tengo ningún problema en dar mi nombre, me llamo Omar Maldonado y vivo en San Juan. Puedes mandarme un matón para que vuele los sesos cuando quieras, si eso es lo que deseas, o sino espérame porque estoy planeando un viaje a Bs As muy pronto. Mi domicilio puedo enviárte sin ningún problema. Y te digo que tuve que ponerme un seudónimo porque cuando ponía mi nombre verdadero hubo gente que plagió mi identidad y escribió cosas groserias y ofensas contra los foristas de este blog, y sobre todo porque me amenazaron de muerte porque opine a favor de privatizar la educación y la medicina, y tuve que entablar una denucia en el 4º juzgado penal de San Juan.

  17. Estimados, el problema es que cuando las injurias son mutuas no se puede intervenir en favor de nadie. Lo digo por Jorge Peña que señaló que no intervine ante los insultos de Roark que no comparto para nada. Nunca me sumaría a ninguna cruzada, ni siquiera contra los cruzados y menos en nombre del liberalismo. Soy particularmente contrario a enarbolar el liberalómetro. NO me interesa.

    Pero si bien no comparto los calificativos de Roark, tampoco puedo ponerme en juez si le responden del mismo modo. No se ni cómo empezó la cadena de insultos porque cuando empezaron con los ataques personales me dejaron de interesar pero me parecen una pavada.

    Y para que quede más claro es bastante obvio que Jorge Peña no es ningún Pol Pot y es uno de los muy buenos comentaristas del blog. No me preocupa para nada que tema a la liberalización de las drogas, eso no lo pone en ninguna verdeda de enfrente. Roark tiene sus propias opiniones, es otro de los más atentos lectores y hace aportes importantísimos y nunca una persona que opina incorrectamente me puede parecer peligrosa, al contrario.

    A lo mejor tendría que haber puesto punto final antes, pero hace mucho que nos conocemos todos a través del blog y nunca pensé que se llegaría a esto, me agarraron desprevenido.

    Espero que la cosa se resuelva de manera adulta, si no me pondré a borrar todos los comentarios que contengan ataques personales.

  18. A José Benegas:

    Pese a que usted dice no estar de acuerdo conmigo, yo estoy plenamente de acuerdo en lo que dice principalmente en la respuesta a Lobel dos comentarios arriba de este.

    Lamento que el debate se haya desbordado. Si lo toman como insulto que compare a Jorge con PolPot lo he dicho sin usar palabras grotescas como lo ha hecho él. Tampoco he amenazado a nadie con romperle los dientes, ni le he dicho mierda, ni otro descalificativo. Jámás uso esos términos.

  19. Sobre el alcohol quiero decir un par de cosas. Antes aclaro que no se casi nada de medicina o de adicciones o de efectos de las sustancias pero lo que se me ocurria (tal vez erradamente) era esto

    A mi, por ejemplo me encatnta tomar, soy de tomar alcohol y se me ha ido la mano mas de 1 vez. O sea, en cristiano, me he agarrado tremendos pedos.

    Mis amigos, conocidos, compañeros de clase, etc, etc, también toman, o sea, digo, la mayoria de la gente joven toma alcohol y es obvio que no solo a mi se me ha ido la mano, creo que a la mayoria de la gente que toma alcohol regularmente se le ha ido la mano con los vasos.

    Y nunca oí (si hubiera habido me hubiese enterado) ni un solo caso de alguno que muriera por causa del alcohol o que se agarrara algun problema grave de salud por una noche de exceso de alcohol, o sea, no han habido casos de paros cardiacos o respiratorios o cosas por el estilo por tomar alcohol.

    Pero yo creo que si ahora todos los que tomamos alcohol lo suplantaramos por merca, estoy seguro que 2 x 3 caería alguno con alguna sobredosis que le podría traer problemas realmente graves.

    No sé, es algo que se me ocurrio…

  20. De acuerdo. Otra cosa que se me olvidó señalar (volviendo al tema drogas), he tenido la oportunidad de presenciar personalmente lo que pasa en algunos de los países europeos donde el consumo de drogas está mas altamente liberalizado ( España, Italia, Holanda, en Alemania bastante menos)y te puedo asegurar que es tremendo. Para citar algunos casos , nada mas, te cuento que por ejemplo en pleno centro de Madrid (Puerta del Sol)a partir de las 7 de la noche todas o casi todas las cabinas de telefonía pública están ocupadas por junkies que se están picando heroína ( le llaman caballo), en Barcelona te cansás de ver gente picandose a plena luz del día y gente completamente quemada rebotando por las paredes, recuerdo que a la vuelta del apart donde me alojaba era una parada de travestis y era cotidiano verlos picandose a las 2,3 de la tarde, adentro de un autito que tenían para tal fin, en Milan, similar panorama, etc. Imaginate que si siendo carísima como es la droga en esos países, se ha llegado a tales extremos, lo que veríamos con la droga digamos “democratizada”, cortada con cualquier merda. Me dirán, bueno si se drogan que se mueran y se jodan, pero yo pienso, como creo que dij o Otros cantares, que hay que pensar desde el punto de vista humano, puede ser tu hermano, tu hija esa persona que está enferma de adicción, que perdidos por la falopa se pueden pegar el sida, embarazarse y transmitirselo a sus hijos, generando un drama y una tragedia que si ya está pasando no te imagines lo que puede ser si encima lo despenalizan y por ende , de algun modo lo dignifican como una inocente “libertad en la diversidad” o algo por el estilo.Bueno, nada, es lo que pienso.

  21. Rodrigo: no te imaginás la cantidad de gente que necesita frula para funcionar, es mucha más de la que te imaginás, de hecho debés conocer a varios que se drogan pero que obviamente no te lo dicen, (para muestra basta un botón: hace poco detuvieron a un importante “dealer” que laburaba en el Congreso vendiendole merca a los empleados, fijate que no hay un muerto por sobredosis cada dos días en el Congreso como la propaganda prohibicionista nos quiere hacer creer) no digo ni que este bién ni que esté mal, simplemente no me interesa, y hay muchísimos más muertos por el alcohol que por las otras drogas sea por que se matan en accidentes de autos o por que se mueren de cirrosis o por un coma alcohólico (y eso le puede pasar incluso a los que toman por primera vez), y ni hablar del cigarrillo. Y te lo dice alguien que también se ha agarrado algún que otro pedo importante.

  22. Roark en lo que no estoy de acuerdo es en las calificaciones, tampoco en las que recibiste. En el fondo de este asunto estamos de acuerdo.

    Jorge, pensá en tu hijo o tu hermano cayendo en la droga y asociándose a cualquier delincuente hoy. La prohibición no los protege.

  23. Rodrigo, las drogas vienen mezcladas con cualquier cosa y esas muertes se producen en plena prohibición. El paco famoso se elabora con vidrio molido. No está prohibido consumir vidrio molido pero por más que se prohibiera no serviría da nada.

  24. José Benegas, me tomaré unos días sin opinar. No abandono el blog para siempre porque amo este foro que es el mejor que he conocido, pero me he visto obligado por las circunstancias a decir mi nombre real y por ende a dejar sin valor el seudónimo que he usado por mucho tiempo por razones que expliqué más arriba.
    Jamás pensé que sería amenazado aquí por un matón intolerante.

  25. Si, Jose, por eso dije, no soy un experto en la materia drogas y capaz que si en lugar de tomar whisky y vodka los fines de semanas me la diera con cocaina de primera, sería lo mismo pero yo que se si las muertes por sobredosis que se dan, son por el vidrio molido o por el aceleramiento que te produce la droga en si (y tampoco se si ese aceleramiento es por la mala calidad de la droga o no)

    Martín: Conozco gente que se fuma sus fasos. Merca no sé, pero sospecho, o sea, sabemos en al ambiente quienes pueden andar con drogas que no sean simplemente marihuana y lo que si sé es que son un grupo chico en comparacion a los que no se drogan y por esto (porque son un numero reducido de personas) creo que no se puede extrapolar que entonces las drogas tampoco hacen mal.

    Los accidentes de auto tambien pueden pasar por las drogas, no solo por alcohol (aunque en mi opinion el alcohol es el chivo expiatorio favorito de las autoridades a la hora de buscar causas de la cantidad de accidentes) y la cirrosis no te la agarras por agarrarte un pedo. O sea, lo que queria decir es que si te agarras tremendo pero tremendo pedo tenes menos chances de morirte o de quedar jodido que si te agarras tremenda pero tremenda sobredosis de merca.

  26. Roark: Quedate, el que se despide soy yo. No te he amenazado, como pollerudamente acusás. Respondí de manera quizás excesiva a tus faltas de respeto y odio expresados, no sólo hacia mi, sino hacia mucha otra gente. Sos un pobre soberbio, bastante ignorante y lleno de resentimiento. Tu única amenaza sos vos. Me despido del blog y les deseo que consigan muchos Roark mas, para darle un poco de profundidad al debate. Mucha suerte.

  27. Es que sí te morís por un pedo Rodrigo, por eso te puse el ejemplo del coma alcohólico, es todo una cuestión de los límites de cada uno tanto con las drogas como con el alcohol uno tiene un límite y sabe cuando lo pasa o está cerca de hacerlo y ahí no hay ni ley ni prohibición que valga, yo también me he agarrado tremendo pero tremendísimos pedos y por suerte nunca caí en un coma y eso que pasé mi límite, ahora si algún día me lo agarro me jodo por pelotudo, lo mismo pasa con las drogas.

  28. Ok, por eso los 2 nos hemos agarrado saladisimos pedos ya veo y tambien conocemos gente que se re contra ha pasado con el alcohol pero nadie que haya caido en coma etilico, nadie que haya muerto. Mi impresión es que con el alcohol es mucho mas dificil morirte que con la cocaina o drogas similares. Como que el alcohol te da mucho mas colchon que las drogas a la hora de pasarse.

  29. Rodrigo: visitá cualquier hospital y vas a encontrar la respuesta a tu ocurrencia. Alcoholizarse puede matar de muchas maneras, y a pesar de ser el alcohol una de las drogas más tóxicas, una gran mayoría lo ha sabido asimilar sin graves consecuencias.

    Cualquier fármaco puede ser mal utilizado, pero la prohibición añade serios problemas tanto a los usuarios medidos como a los que tienen ya una tendencia autodestructiva (e incluso a los no usuarios). Más arriba estan bien detallados en varios comentarios.

    Algunos ejemplos pueden aclarar este punto:
    -Aspirina: tiene un estrecho margen de seguridad, es decir que tomar un poco más de lo indicado puede matarte. Sin embargo, es de venta libre y la publicidad es tan confusa, mentirosa y abrumadora como suele serlo en general.
    -Heroína: paradigma de droga “dura” o maléfica, comprada en una farmacia y usada en dosis adecuadas no traería más efectos secundarios que constipación (siempre y cuando se repitan múltiples dosis diarias, sino ni siquiera eso). Para evitar la vía endovenosa pueden utilizarse las más seguras vía oral, intranasal o subcutánea; también puede fumarse, no sin peligro para los pulmones. La sobredosis es propia de suicidas, o de infelices que desconocen la composición y la dosis de lo que se administran.
    -Marihuana: (autocitamos) “puede considerarse una de las drogas más seguras que existen, si por seguridad entendemos mínimos efectos adversos (salvo fumada, en cuyo caso el daño pulmonar no es ocasionado por principios activos) y nulo riesgo de sobredosificación. Además, es indiscutible su rol como alternativa o primera elección en el tratamiento de diversos padecimientos (glaucoma,anorexia, síntomas de la esclerosis múltiple y náuseas provocadas por quimioterapia, entro otros).”
    -Alcohol:
    Toxicidades y riesgos en agudo (borrachera): deterioro de las funciones del sistema nervioso (trastornos motrices, del equilibrio, de la deglución, de la conciencia y otros), disminución de la temperatura corporal, disminución de glucosa en sangre. Vale decir: riesgo de traumatismos, convulsiones, aspiración del vómito, coma alcohólico o hipoglucémico, hipotermia, entre otros.
    El consumo crónico puede afectar en forma progresiva -y en general irreversible- múltiples órganos y sistemas: trastornos cognitivos (memoria, orientación, concentración, aprendizaje), de conducta, sensitivos, de la coordinación y el equilibrio; toxicidad hepática que evoluciona a la cirrosis (frecuente causa de muerte); feminización; impotencia; hemorragia digestiva; trastornos de la coagulación y un largísimo etcétera.
    El síndrome de abstinencia del alcohol (llamado delirium tremens cuando es severo) conlleva una alta tasa de mortalidad, a diferencia del síndrome de abstinencia inducido por la interrupción del consumo de heroína u otros opioides.

  30. hola Mariana y Marcelo,

    entonces estoy errado si digo que la cocaina (por poner un ejemplo) no es más dañina que el alcohol , solo que el alcohol desde que somos chicos lo vemos como algo que no tiene nada de malo y a la cocaina lo vemos como algo malo. Esto hace (entre otras cosas) que aprendamos por nuestros padres y por la sociedad en general a como “usar” el alcohol o incluso como llevarlo al limite mientras que la cocaina al ser algo “malo” nunca la vemos entonces si hoy por primera vez me dan cocaina no voy a saber como usarla y si en cambio hubiese crecido acostumbrado a ella no le tendría temor y hasta tal vez la sabria usar de la misma manera que el alcohol

    Tiene algo de lógica ese razonamiento?

  31. Rodrigo: si el alcohol estuviera prohibido correrías el riesgo de quedar ciego tomando alcohol metílico, y pagarías una botella de vino unas 50 veces el precio de mercado libre.
    Complicado, ¿no?

  32. Tiene lógica: de hecho, la cocaína solía venderse libremente antes de la prohibición. Los problemas policiales y sanitarios llegaron después.

  33. Los padres de la prohibición jamás alegaron razones sanitarias. Inicialmente, los castigos impuestos a usuarios de opio estaban restringidos a los chinos que vivían en USA (muchos de ellos inmigrantes demasiado laboriosos, como los de acá).

  34. Rodrigo, qué es más peligroso es un asunto médico. Qué es más peligroso para qué es un asunto de sentido común. Y sobre todo qué es peligroso en qué dosis.
    Por otra parte fijate que la discusión médica no tiene sentido hoy. No vale la pena que te hagas asesorar, porque las drogas de las que hablamos están prohibidas por una decisión política.
    Creo que si te tomás una docena de aspirinas es altamente probable pasar para el otro lado. Se ha pensado en controlar el alcohol pero nunca las aspirinas. Lo importante es dilucidar qué cosa debe ser prohibida y me parece que está claro que la peligrosidad no es un criterio. Más peligroso es manejar. Y más peligroso tomar nafta, pero nadie la prohibió.
    Fijate que todos los interrogantes que tenés en cuanto a las consecuencias podrían resolverse con buena información, que no es precisamente lo que da el estado ni los que están programados por el estado. Lo que hacen es infundir temor. Creo que los más jóvenes perciben eso, ven la sobre argumentación y se tientan.

  35. Siento no poder opinar sobre el tema mas alla de lo que he expuesto mas arriba,

    veo que el debate se lleva el récord de posteos,

    inclusive noto que se pusieron “calentitos los panchos”.

    Comparto con Leandro y Luis Alberto lo de la compulsión a “encontrarle una solución”,

    me suena como los que proponer corregir las “fallas del mercado”.

  36. A Mariana y Marcelo le/les debo una respuesta: me reclamaban mas arriba que “me sigo defendiendo sin defender una posición”: debo ser una suerte de no-alineada. Pero aquí hay mas de un aspecto. Algunos son mas seguros, otros como yo, no tanto. ¿Estar seguro es tener la posesión de la verdad? No se trata de ponerse en un bando determinado, sino de profundizar en una discusión que me pareció muy buena hasta cierto punto. Esto no es matemática y las variables que se juegan en este tema son muchísimas, ni siquiera las percibimos a todas porque estamos hablando de un escenario nuevo: droga libre en un país sin respeto a las ley, sin educación y con pobreza creciente. No hay registros, creo. Bueno, tal vez Haití…
    Cuando José alude a la libertad de consumo que había hace muchísimos años, sin que las cosas se salieran de lo normal, no existe una real comparación. La cultura, las comunicaciones que marcan la sociedad actual, el ritmo vertiginoso, la necesidad de experimentarlo todo para no quedarse afuera, el consumismo, la interrelación de los pueblos, la información, nos ubican en un lugar diferente. No es la época del opio.
    La enumeración de sustancias y sus efectos, es informativa, pero la realidad manda otra cosa. Las drogas provocan efectos diferentes al alcohol y la clase de delitos terribles que ya nos estamos acostumbrando a mirar por TV, indican una cabeza exaltada por esas sustancias. No le quito méritos al alcohol, desde ya. Creo, como Lobel, que es un tema con mas de un aspecto a analizar.

  37. Estimado José: había pensado terminar el tema con mi último post. Mas, al leer a Mariana y Marcelo y a algunos liberales demasiado asépticos, pensaba que, como siempre, la medicina, la psiquiatría, la religión, el sistema judicial y penitenciario, la sociedad “bienpensante” (puajjjjjj) en resumen, no entienden ni por ahora entenderán el problema de los adictos a las drogas. Y algunos médicos “especialistas en adicciones” directamente son criminales. Muchos de los opinadores ponen el acento en las sustancias. Se refieren a ellas buscando diferencias, grados de daño, si son Hard, Light, si el síndrome de abstinencia es mayor o menor en una u otra. Como auténticos legos, porque SON legos, el exceso de harina les impide ver los tallarines. Una cosa es tomar drogas, y otra muy distinta, ser adicto a ellas. No conozco adicto a las drogas que sea feliz. La mayoría termina en cárceles, hospitales, o en una bolsa con un ticket en el pulgar del pie. A esto, un liberal ultramontano (yo soy liberal razonable, no ultra), diría con razón que ese es su problema. Lo malo es que un adicto a las drogas le caga la vida a su familia, a su entorno y encima su adicción generalmente termina produciendo un daño a la sociedad, a veces tremendo. Esto es indiscutible.
    Entonces, que hay que hacer? Tirarlos por la roca Tarpeya? Eliminarlos eugenésicamente? Encerrarlos en manicomios, ponerles chalecos químicos o físicos o dejarlos tirados para que entre la medicación forzada y la locura, mueran?
    Yo dije antes que lo ideal, sería la legalización. Pero la realidad es que por ahora, las drogas son ilegales. Y el Sistema, sobre todo en Sudamérica, participa de ese tráfico y cobra su peaje, cuando no directamente es cómplice o factotum. Por lo tanto, seguiremos discutiendo el sexo de los ángeles mientras en este mismo momento, hay gente que muere a causa de ello.
    Abrazos

  38. Grecia:

    “¿Estar seguro es tener la posesión de la verdad?”
    Claro que no, pero estar inseguro no es garantía de honestidad intelectual.

    “No se trata de ponerse en un bando determinado, sino de profundizar en una discusión” (…)
    Dudar de todo sin atender a los argumentos esgrimidos no es profundizar en una discusión, sino evadirla.

    “estamos hablando de un escenario nuevo: droga libre en un país sin respeto a las ley, sin educación y con pobreza creciente.”

    ¿En qué sentido es nuevo?; ¿quién decide cuál es el escenario correcto para exigir el respeto de las libertades individuales?

    “Cuando José alude a la libertad de consumo que había hace muchísimos años, sin que las cosas se salieran de lo normal, no existe una real comparación”

    Hace muchísimos o poquísimos años, el patrón es el mismo: la prohibición genera inseguridad, desborda cárceles, destruye familias, socava el respeto por otras leyes, estanca el sistema judicial, corrompe a las autoridades, impulsa un colosal derroche de recursos, fomenta el crimen organizado, desprotege al consumidor, erosiona las libertades básicas, se ensaña en la práctica con los más débiles, promueve la ignorancia y la hipocresía. ¿Es así?; ¿no es así?; ¿no sabe, no contesta? (en cualquier caso, quieras o no, adoptás una posición).

    “Las drogas provocan efectos diferentes al alcohol”

    Una prueba más de que no prestás atención a los comentarios: el alcohol es una droga, y de las más peligrosas. Dudá si te hace sentir bien, pero eso no es materia opinable.

    “la clase de delitos terribles que ya nos estamos acostumbrando a mirar por TV, indican una cabeza exaltada por esas sustancias”

    Interesante: siempre juzgando las infinitas y complejísimas dimensiones de un problema, y sin embargo te parece obvio que esos terribles delitos tan solo pueden ser causados por “esas sustancias”. Contra el puro prejuicio, basado en pura propaganda, no hay razón que valga.
    Considerá simplemente, Grecia, los atenuantes que benefician a los criminales que se declaran adictos -en otros tiempos al café; hoy a la cocaína- (exaltados pero no boludos).

    “es un tema con mas de un aspecto a analizar.”

    Los aspectos que interesan, en función del post, son las supuestas legitimidad y eficacia de la prohibición. Pero si optás por mantenerte dudando en tu limbo sagrado, repitiendo que todo este asunto es muy complejo, de nada sirve seguir debatiendo.

  39. Evelynmunda: muchos adictos terminan en la cárcel por las mismas razones que otrora muchas “brujas” terminaban en la hoguera.

  40. Hubo 500 chicos detenidos en enero y todos tienen problemas con drogas
    La jueza Musa dijo que no hay centros para atender los problemas de drogas.
    Por Hernán Lascano / La Capital

    Para la jueza de Menores Nº 1, María del Carmen Musa, el problema básico de los contingentes de chicos que llegan a su juzgado por conflictos con la ley no es primordialmente de índole penal. Es de salud. Más específicamente, dice la jueza, de deterioro general de la salud psíquica. El ejemplo que ofrece es dramático. Hace menos de 60 días que asumió como magistrada y desde entonces, según afirma, de la totalidad de chicos con legajos abiertos por delitos en el tribunal a su cargo, los que tienen problemas por adicción o consumo de drogas representan el cien por ciento.
       En el turno de enero que termina hoy en este juzgado ingresaron 500 chicos acusados por delitos. Lo que plantea la jueza Musa es que los 500 tienen problemas con drogas. De esos 500, calcula Musa, 300 chicos entraron por primera vez al sistema judicial. Y el tribunal no dispone de ninguna instancia pública para tratar adicciones: ni para los que estrenan una ficha prontuarial ni para los que arriban como reincidentes. “Hoy ponemos a los chicos presos porque no tenemos centros para atender sus problemas con drogas”, dice la jueza.

    Un serio aprieto. La circunstancia desnuda una profunda crisis. La provincia de Santa Fe no dispone de lugares para que esos 300 chicos nuevos que entran al sistema penal reciban tratamiento adecuado que abarca desde seguimiento y control hasta internación en casos de adicciones profundas. Muchos de esos jóvenes, dice la jueza, recurrirán al delito para comprar drogas. Y la legislación señala que los adolescentes sólo pueden estar bajo encierro como último recurso por lo cual hay un impedimento concreto para dejarlos presos.
       ¿Qué significa esto? Que los chicos con problemas de drogas, que son todos los que inscribió tribunales por causas delictivas en Rosario en lo que va de 2008, tienen negado un tratamiento elemental de salud sin el cual, se da por sentado, seguirán delinquiendo. Por esa razón la jueza Musa requiere que la provincia atienda el imperativo de crear instituciones públicas para consumidores y adictos.
       Este planteo se lo elevó de modo informal el viernes pasado a la secretaria de Promoción Para la Ciudadanía, Patricia Giuricich.”Encontramos una recepción muy estimulante al problema. Se trata de que podamos trabajar juntos para resolver una crisis muy grave”, dijo la jueza a La Capital.
    El agujero. En la actualidad hay dos entidades privadas que tienen convenio con la provincia para tratar adicciones: los institutos Nazareth y Esperanza de Vida. Pero ambas entidades, además de disponer de una capacidad de atención muy restringida para el aluvión de chicos que la precisan, solamente aceptan adolescentes según determinados perfiles y la voluntad del paciente a recibir tratamiento. No hay hospitales ni centros de salud que atiendan esta demanda.
       ¿Qué tipo de escenario deja en pie esta carencia? La jueza lo grafica con elocuencia.
       u “El cien por ciento de los chicos con problemas de drogas minimizan la marihuana. Admiten que consumen «merca». ¿A qué le llaman «merca»? A la cocaína y a las mezclas de fármacos. Toman Rivotril con bebidas energizantes o mezclan Rivotril con Bronquisedan en cápsulas. Cuentan que estas pastillas las pagan un peso por unidad en quioscos o a proveedores particulares. En este estado de euforia delinquen y se olvidan de lo que les pasa. Y a veces delinquen para comprar más droga”.
       u “El cien por ciento de los chicos acusados por delinquir en los casi 60 días que llevo de jueza son, todos ellos, consumidores o adictos a drogas”.
       u “Para la mayoría de los 300 chicos nuevos que en el mes de enero demandaron intervención el delito es un síntoma: hacen oír su problema de salud con un acto violento. Por eso llegan acá. Para atenderlos hay que conseguirles una beca en un instituto privado. La mayoría queda sin atención porque no hay donde derivarlos”.
       u “Estos 300 chicos nuevos están fuera del sistema de salud. Sólo el 0,5%, en un cálculo generoso, tiene obra social. Mientras el juzgado espera conseguir tratamiento los chicos que no tienen contención están detenidos. Pero la ley nos exige que evitemos la detención. Esto nos coloca en una enorme tensión: la pauta legal internacional dice que tienen que estar afuera pero el problema que los trajo al tribunal, la droga, no está ni en miras de ser abordado”.
       u “A veces tenemos que esperar tres meses para conseguir una plaza en un instituto privado. Para alguien que precisa respuesta inmediata es una eternidad. Entre tanto, estando detenido, el chico puede tener una crisis de abstinencia o gravísimos problemas psíquicos, sobre los cuales el Estado tendrá responsabilidad. Y mandarlo a la calle sin vías de atención lo coloca en la chance segura de reincidencia”.
       u “El consumo de drogas es un problema masivo pero sólo es visible en los sectores marginales. Los chicos que van a colegios privados no tienen necesidad de producir un acto violento para conseguir atención. El que se va de mambo pero goza de recursos tendrá acceso a una clínica con tratamiento de desintoxicación con terapeutas médicos y psiquiatras a disposición. El que no tiene esa posibilidad va al Irar”.
       u “Se da la cruel paradoja de que al chico sin recursos con problemas de drogas le conviene delinquir. Es la única forma de tener una chance de que el sistema legal lo registre y lo asista. Nadie ve que en un sillón en la plaza Libertad a la vista de todos vive en estado de abandono un grupo de personas con una criatura. Si la madre, que es una chica, roba una cartera, tendrá una chance de asistencia social. De otro modo es posible que siga allí sin ayuda”.

    Entrar y salir. La jueza repara en las distorsiones sobre visiones de menores en conflicto. “Si un chico acusado de delinquir, que no es lo mismo que declarado responsable por eso, no está en un instituto de menores no significa que no esté controlado por el juzgado. El juzgado no le abre las puertas a la calle insensatamente. La prioridad es que el chico esté bajo resguardo de los padres, si estos están en condiciones de contenerlo, porque así lo señala la ley. Pero un equipo de diagnóstico y orientación de la Dirección del Menor en Conflicto con la Ley aconseja y el juzgado con sus áreas de especialistas definen qué hacer en cada caso. No se libera a un chico irracionalmente”.

    Sancionar, sí. El régimen penal de la minoridad esta fijado por una ley nacional de la dictadura. La jueza Musa sostiene que es imprescindible que se sancione una ley nueva y superadora “para que se defina un marco de responsabilidades penal y de sanciones a menores. Si se prueba que un chico delinquió ese chico necesita sanción. Lo que pasa es que la sanción no debe ser, como actualmente, encierro permanente o nada. Hay un abanico de alternativas en el medio de esas opciones rígidas de las que hoy no disponemos”.

  41. Ciudades

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    Mató a su hijo tras discusión por drogas
    Disparo. Fue a buscar el arma, dijo que estaba harto

    XIMENA AGUIAR

    Un hombre que mató a su hijo conmocionó al barrio Jardines del Hipódromo. Ambos habían tomado y discutido en un cumpleaños y el padre fue a buscar un revólver. Dijo que lo hizo porque estaba harto de que le robara para consumir pasta base.

    En una panadería del barrio comentan lo que pasó. “¿Por qué fue?”, “Parece que por la pasta base”. “¿Pero no había dejado?”, “Yo qué sé”. Lo que se sabe es que el miércoles, cerca de la medianoche, W.N. mató a su hijo, de 22 años, de un tiro en el pecho, a media cuadra de allí.

    Un sereno, que hacía su recorrido por la zona, vio el cuerpo tirado del joven y llamó a la Policía. Cuando llegó el patrullero de la Seccional 16, el hombre no opuso resistencia. Entregó su arma -un revólver calibre 32-, y se hizo responsable del homicidio, según fuentes policiales.

    Afirmó que se había hartado de que su hijo le robara para fumar pasta base, que habían forcejeado y que el arma se le había disparado, impactando en el pecho de su hijo, que falleció poco después, según los testimonios recabados.

    El joven vivía con su pareja, que está embarazada, y su hijo pequeño, de unos dos años, en el fondo de una casa pintada de blanco y con rejas azules, en el barrio Jardines del Hipódromo. En la casa del frente vivía su hermana con su familia, desde hacía unos meses.

    Ayer de mañana los vecinos comenzaron a enterarse de lo que había sucedido. Algunos oyeron la detonación, y escucharon llegar al patrullero, otros estaban concentrados en el partido Nacional-Saprissa por la Copa Ricard. La cuadra estaba silenciosa, y las cortinas de la casa en la que había sucedido el homicidio estaban cerradas. De vez en cuando se encontraban dos o tres vecinos y comentaban los sucesos en voz baja.

    Tragedia familiar. Hacía tiempo que el joven consumía pasta base, y a veces se traía cosas de la casa del padre, que tenía un cambalache (venta de objetos usados) cerca de allí, comentó uno de los vecinos, Luis Machado, de 53 años.

    La noche del miércoles la familia se habí juntado para celebrar un cumpleaños. Según los primeros testimonios recabados por la Policía, en un momento padre e hijo empezaron a pelearse. Los dos alcoholizados, se habrían tomado a golpes de puño y tirado piedras, llegando a romper los vidrios de la casa en la que estaban.

    El joven se fue para su casa, mientras que el padre pasó por su cambalache, agarró un arma y fue para lo de su hijo. Cuando llegó a la casa empezaron a discutir, forcejearon, y el arma se disparó. El hijo quedó tirado en el terreno de la casa, y el sereno lo vio poco después.

    Sentado en un banquito en la vereda, Machado, que trabaja como casero en frente de donde vivía el joven fallecido, dijo ayer que solía hablar bastante con éste.

    El joven cruzaba, le pedía un tabaco y le contaba de lo que tenía para hacer, o si había conseguido algún trabajo cortando el pasto. Últimamente el tema principal era que se había propuesto dejar la droga, pensando en su situación familiar.

    Por un tiempo lo había logrado, y se lo veía mejor. Hace diez días dijo que iba a dejar definitivamente, pero un par de días más tarde se escucharon discusiones en su casa. A la tarde siguiente, cuando cruzó a charlar con él, le confesó que había consumido, contó Machado.

    “No era un mal chico, era alegre, pero tenía sus problemas, claro”, opinó el vecino. “Pero ésta no era manera de solucionarlos”, agregó.

    Hacía poco el joven había cortado el pasto frente de su casa. Hacía poco se había cortado el pelo.

    Mientras Machado lo recordaba, pasó un vecino en bicicleta. Se acababa de enterar, dijo que no oyó nada, quizás confundiendo los ruidos con los cohetes del partido. Otros vecinos se apartaron de la conversación. No quisieron hablar, para no “quedar implicados”, al fin y al cabo lo que ocurrió es un asesinato. “Quien mata a su hijo puede matar a cualquiera”, opinó uno de ellos.

    En la pasada jornada, la jueza Anabella Damasco, que está cargo del caso, estuvo tomando testimonio a los implicados y testigos en el Juzgado penal de 14° Turno.

    Las indagaciones continuarán en el día de hoy.

    Otras mezclas que estallaron

    En el día de ayer sucedió otro hecho violento, esta vez entre vecinos, a raíz de una discusión por pasta base. En el barrio Cuarenta Semanas, una mujer hirió a un vecino que estaba peleándose con el hijo de ella, aparentemente por temas relacionados con su consumo de drogas. El hombre fue ingresado en el sanatorio Casa de Galicia con una cuchillada en el abdomen, y se están realizando las indagaciones para aclarar el caso.

    En junio de 2006 otro padre mató a su hijo de un disparo, en el barrio Casavalle. El hombre declaró que estaba cansado de que su hijo le robara para consumir pasta base y de la vida que llevaba. Fue procesado por homicidio especialmente agravado; el parentesco familiar es considerado un agravante.

  42. ¿a que punto querés llegar Jorge? todo eso que mencionás pasa en plena prohibición y lo que estamos discutiendo es si la prohibición solucuiona o no el problema de las drogas, como verás evidentemente no.

  43. Los vicios no son crímenes (gracias Roark te lo robé de tu blog)

    Por Lysander Spooner

    I

    Vicios son aquellos actos por los que un hombre se daña a sí mismo o a su propiedad.

    Delitos o crímenes son aquellos actos por los que un hombre daña la persona o propiedad de otro.

    Los vicios son simplemente los errores que un hombre comete en la búsqueda de su propia felicidad. Al contrario que los delitos, no implican malicia hacia otros, ni interferencia con sus personas o propiedades.

    En los vicios falta la verdadera esencia del delito (esto es, la intención de lesionar la persona o propiedad de otro).

    En un principio legal que no puede haber delito sin voluntad criminal; esto es, sin la voluntad de invadir la persona o propiedad de otro. Pero nunca nadie practica un vicio con esa voluntad criminosa. Practica su vicio solamente por su propia satisfacción y no por malicia alguna hacia otros.

    En tanto no se haga y reconozca legalmente esta clara distinción entre vicios y delitos, no puede haber en la tierra cosas como el derecho individual, la libertad o la propiedad; cosas como el derecho de un hombre a controlar su propia persona y propiedad y los correspondientes derechos de otro hombre a controlar su propia persona y propiedad.

    Para un gobierno, declarar un vicio como delito y penalizarlo como tal, es un intento de falsificar la verdadera naturaleza de las cosas. Es tan absurdo como sería declarar lo verdadero, falso o lo falso, verdadero.

    II.
    Cada acto voluntario de la vida de un hombre es virtuoso o vicioso. Quiere decirse que está de acuerdo o en conflicto con las leyes naturales de la materia y el pensamiento, de las que depende su salud y bienestar físico, mental y emocional. En otras palabras, todo acto de su vida tiende, en general o bien a su satisfacción o a su insatisfacción. Ningún acto de su existencia resulta indiferente.

    Más aún, cada ser humano difiere de los demás seres humanos en su constitución física, mental y emocional y también en las circunstancias que le rodean. Por tanto, muchos actos que resultan virtuosos y tienden a la satisfacción, en el caso de una persona, son viciosos y tienden a la insatisfacción, en el caso de otra.
    También muchos actos que son virtuosos y tienden a la satisfacción en el caso de un hombre en un momento dado y bajo ciertas circunstancias, resultan ser viciosos y tender a la insatisfacción en el caso de la misma persona en otro momento y bajo otras circunstancias.

    III.
    Saber qué acciones son virtuosas y cuáles viciosas (en otras palabras, saber qué acciones tienden, en general, a la satisfacción y cuáles a la insatisfacción) en el caso de cada hombre, en todas y cada una de las condiciones en las que pueda encontrarse es el estudio más profundo y complejo al que nunca se haya dedicado o pueda nunca dedicarse la mejor mente humana. Sin embargo, es un estudio constante que cada hombre (tanto el más pobre como el más grande en intelecto) debe necesariamente realizar a partir de los deseos y necesidades de su propia existencia. También es un estudio en que cada persona, de su cuna a su tumba, debe formar sus propias conclusiones, porque nadie sabe o siente, o puede saber o sentir, como él mismo sabe y siente los deseos y necesidades, las esperanzas y los temores y los impulsos de su propia naturaleza o la presión de sus propias circunstancias.

    IV.
    A menudo no es posible decir de aquellos actos denominados vicios que lo sean realmente, excepto a partir de cierto grado. Es decir, es difícil decir de cualquier acción o actividad, que se denomine vicio, que realmente hubiera sido vicio si se hubiera detenido antes de determinado punto. La cuestión de la virtud o el vicio, por tanto, en todos esos casos es una cuestión de cantidad y grado y no del carácter intrínseco de cualquier acto aislado por sí mismo. A este hecho se añade la dificultad, por no decir la imposibilidad, de que alguien (excepto cada individuo por sí mismo) trace la línea adecuada o algo que se le parezca; es decir, indicar dónde termina la virtud y empieza el vicio. Y ésta es otra razón por la que toda la cuestión de la virtud y el vicio debería dejarse a cada persona para que la resuelva por sí misma.

    V.
    Los vicios son normalmente placenteros, al menos por un tiempo y a menudo no se descubren como vicios, por sus efectos, hasta después de que se han practicado durante años, quizás una vida entera. Muchos, quizá la mayoría, de los que los practican, no los descubren como vicios en toda su vida. Las virtudes, por otro lado, a menudo parecen tan duras y severas, requieren al menos el sacrificio de tanta satisfacción inmediata y los resultados, que son los que prueban que son virtudes, son a menudo de hecho tan distantes y oscuros, tan absolutamente invisibles en la mente de muchos, especialmente de los jóvenes, que, por su propia naturaleza, no puede ser de conocimiento universal, ni siquiera general, que son virtudes. En realidad, los estudios de profundos filósofos se han dedicado (si no totalmente en vano, sin duda con escasos resultados) a esforzarse en trazar los límites entre las virtudes y los vicios.

    Si, por tanto, resulta tan difícil, casi imposible en la mayoría de los casos, determinar qué es vicio y qué no, o en concreto si es tan difícil, en casi todos los casos, determinar dónde termina la virtud y empieza el vicio, y si estas cuestiones, que nadie puede real y verdaderamente determinar para nadie salvo para sí mismo, no se dejan libres y abiertas para que todos las experimenten, cada persona se ve privada del principal de todos sus derechos como ser humano, es decir: su derecho a inquirir, investigar, razonar, intentar experimentos, juzgar y establecer por sí mismo qué es, para él, virtud y qué es, para él, vicio; en otras palabras, qué es lo que, en general, le produce satisfacción y qué es lo que, en general, le produce insatisfacción. Si este importante derecho no se deja libre y abierto para todos, entonces se deniega el derecho de cada hombre, como ser humano racional, a la “libertad y la búsqueda de la felicidad”.

    VI.
    Todos venimos al mundo ignorando todo lo que se refiere a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Por una ley fundamental de nuestra naturaleza todos nos vemos impulsados por el deseo de felicidad y el miedo al dolor. Pero tenemos que aprender todo respecto de qué nos produce satisfacción o felicidad y nos evita el dolor. Ninguno de nosotros es completamente parecido, física, mental o emocionalmente o, en consecuencia, en nuestros requisitos físicos, mentales o emocionales para obtener satisfacción y evitar la insatisfacción. Por tanto, nadie puede aprender de otro esta lección indispensable de la satisfacción y la insatisfacción, de la virtud y el vicio. Cada uno debe aprender por sí mismo. Para aprender, debe tener libertad para experimentar lo que considere pertinente para formarse un juicio. Algunos de estos experimentos tienen éxito y, como lo tienen, se les denomina virtudes; otros fracasan y, precisamente por fracasar, se les denomina vicios. Se obtiene tanta sabiduría de los fracasos como de los éxitos, de los llamados vicios como de las llamadas virtudes. Ambos son necesarios para la adquisición de ese conocimiento (de nuestra propia naturaleza y del mundo que nos rodea y de nuestras adaptaciones o inadaptaciones a cada uno), que nos mostrará cómo se adquiere felicidad y se evita el dolor. Y, salvo que se permita intentar satisfactoriamente esta experimentación, se nos restringiría la adquisición de conocimiento y consecuentemente buscar el gran propósito y tarea de nuestra vida.

    VII.
    Un hombre no está obligado a aceptar la palabra de otro, o someterse a la autoridad de alguien en un asunto tan vital para él y sobre el que nadie más tiene, o puede tener, un interés como el que él mismo tiene. No puede, aunque quisiera, confiar con seguridad en las opiniones de otros hombres, porque encontrará que las opiniones de otros hombres no son coincidentes. Ciertas acciones, o secuencias de acciones, han sido realizadas por muchos millones de hombres, a través de sucesivas generaciones, y han sido por ellos consideradas, en general, como conducentes a la satisfacción, y por tanto virtuosas. Otros hombres, en otras épocas o países, o bajo otras condiciones, han considerado, como consecuencia de su experiencia y observación, que esas acciones tienden, en general, a la insatisfacción, y son por tanto viciosas. La cuestión de la virtud y el vicio, como ya se ha indicado en la sección previa, también se ha considerado, para la mayoría de los pensadores, como una cuestión de grado, esto es, de hasta qué nivel deben realizarse ciertas acciones, y no del carácter intrínseco de un acto aislado por sí mismo. Las cuestiones acerca de la virtud y el vicio por tanto han sido tan variadas y, de hecho, tan infinitas, como las variedades de mentes, cuerpos y condiciones de los diferentes individuos que habitan el mundo. Y la experiencia de siglos ha dejado sin resolver un número infinito de estas cuestiones. De hecho, difícilmente puede decirse que se haya resuelto alguna.

    VIII.
    En medio de esta inacabable variedad de opiniones, ¿qué hombre o grupo de hombres tiene derecho a decir, respecto de cualquier acción o series de acciones “Hemos intentado este experimento y determinado todas las cuestiones relacionadas con él. Lo hemos determinado no sólo para nosotros, sino para todos los demás. Y respecto de todos los que son más débiles que nosotros, les obligaremos a actuar de acuerdo con nuestras conclusiones. No puede haber más experimentos posibles sobre ello por parte de nadie y por tanto, no puede haber más conocimientos por parte de nadie”?

    ¿Quiénes son los hombres que tienen derecho a decir esto? Sin duda, ninguno. Los hombres que de verdad lo han dicho o bien son descarados impostores y tiranos, que detendrían el progreso del conocimiento y usurparían un control absoluto sobre las mentes y cuerpos de sus semejantes, a los que debemos resistirnos instantáneamente y hasta el final; o bien son demasiado ignorantes de su propia debilidad y de sus relaciones reales con otros hombres como para merecer otra consideración que la simple piedad o el desdén.

    Sabemos sin embargo que hay hombres así en el mundo. Algunos intentan ejercitar su poder sólo en una esfera pequeña, por ejemplo, sobre sus hijos, vecinos, conciudadanos y compatriotas. Otros intentan ejercitarlo a un nivel mayor. Por ejemplo, un anciano en Roma, ayudado por unos pocos subordinados, intenta decidir acerca de todas las cuestiones de la virtud y el vicio, es decir, de la verdad y la mentira, especialmente en asuntos de religión. Afirma conocer y enseñar qué ideas y prácticas religiosas son beneficiosas o perjudiciales para la felicidad del hombre, no sólo en este mundo, sino en el venidero. Afirma estar milagrosamente inspirado para realizar su trabajo y así virtualmente conocer, como hombre sensible, que nada menos que esa inspiración milagrosa le cualifica para ello. Sin embargo esa inspiración milagrosa no le ha resultado suficiente para permitirle responder más que unas pocas cuestiones. La más importante que los comunes mortales pueden conocer ¡es una creencia implícita en su infalibilidad (del papa)! y en segundo lugar que los peores vicios de los que podemos ser culpables son ¡creer y declarar que sólo es un hombre como el resto!

    Hicieron falta entre quince y dieciocho siglos para permitirle llegar a conclusiones definitivas acerca de estos dos puntos vitales. Y aún parece que el primero debe ser previo a resolver cualquier otra cuestión, porque hasta que no se determinó su propia infalibilidad, no tenía autoridad para decidir otra cosa. Sin embargo, hasta ese momento, intentó o pretendió establecer unas pocas más. Y quizás pueda intentar establecer unas pocas más en el futuro, si continuara encontrando quien le escuche. Pero sin duda su éxito no apoya, hasta ahora, la creencia de que será capaz de resolver todas las cuestiones acerca de la virtud y el vicio, incluso en su peculiar área religiosa, a tiempo para satisfacer las necesidades de la humanidad. Él, o sus sucesores, sin duda, se verán obligados, en poco tiempo, a reconocer que ha asumido una tarea para la cual toda su inspiración milagrosa resultaba inadecuada y que, necesariamente, debe dejarse a cada ser humano que resuelva todas las cuestiones de este tipo por sí mismo. Y es razonable esperar que los demás papas, en otras áreas menores, tengan en algún momento motivos para llegar a la misma conclusión. Sin duda, nadie, sin afirmar una inspiración sobrenatural, debería asumir una tarea para la que obviamente es necesaria una inspiración de ese tipo. Y, sin duda, nadie someterá su propio juicio a las enseñanzas de otros, antes de convencerse de que éstos tienen algo más que un conocimiento humano ordinario sobre esta materia.
    Si esas personas, que se muestran a sí mismos como adornadas tanto por el poder como por el derecho a definir y castigar los vicios de otros hombres dirigieran sus pensamientos hacia sí mismos, probablemente descubrirían que tienen mucho trabajo a realizar en casa, y que, cuando éste se completara, estarían poco dispuestos a hacer más con el fin de corregir los vicios de otros que sencillamente comunicar los resultados de su experiencia y observaciones. En este ámbito sus trabajos podrían posiblemente ser útiles, pero en el campo de la infalibilidad y la coerción, probablemente, por razones bien conocidas, se encontrarían con incluso menos éxito en el futuro que el que hubieran tenido en el pasado.

    IX.
    Por las razones dadas, ahora resulta obvio que el gobierno sería completamente impracticable si tuviera que ocuparse de los vicios y castigarlos como delitos. Cada ser humano tiene sus vicios. Casi todos los hombres tienen multitud. Y son de todo tipo: fisiológicos, mentales, emocionales, religiosos, sociales, comerciales, industriales, económicos, etc., etc. Si el gobierno tuviera que ocuparse de cualquiera de esos vicios y castigarlos como delitos, entonces, para ser coherente, debe ocuparse de todos ellos y castigar a todos imparcialmente. La consecuencia sería que todo el mundo estaría en prisión por sus vicios. No quedaría nadie fuera para cerrarles las puertas. De hecho no podrían constituirse suficientes tribunales para procesar a los delincuentes, ni construirse suficientes prisiones para internarlos. Toda la industria humana de la adquisición de conocimiento e incluso de obtener medios de subsistencia debería frenarse, ya que todos deberíamos ser siendo juzgados constantemente o en prisión por nuestros vicios. Pero aunque fuera posible poner en prisión a todos los viciosos, nuestro conocimiento de la naturaleza humana nos dice que, como norma general, habría, con mucho, más gente en prisión por sus vicios que fuera de ella.

    X.
    Un gobierno que castigara imparcialmente todos los vicios es una imposibilidad tan obvia que no hay ni habrá nunca nadie lo suficientemente loco como para proponerlo. Lo más que algunos proponen es que el gobierno castigue algunos, o como mucho unos pocos, de los que estime peores. Pero esta discriminación es completamente absurda, ilógica y tiránica. ¿Es correcto que algún hombre afirme: “Castigaremos los vicios de otros, pero nadie castigará los nuestros. Restringiremos a los otros su búsqueda de la felicidad de acuerdo con sus propias ideas, pero nadie nos restringirá la búsqueda de nuestra propia felicidad de acuerdo con nuestras ideas. Evitaremos que otros hombres adquieran conocimiento por experiencia acerca de lo que es bueno o necesario para su propia felicidad, pero nadie evitará que nosotros adquiramos conocimiento por experiencia acerca de lo que es bueno y necesario para nuestra propia felicidad”?

    Nadie ha pensado nunca, excepto truhanes o idiotas, hacer suposiciones tan absurdas como éstas. Y aún así, evidentemente, sólo es bajo esas suposiciones que algunos afirman el derecho a penalizar los vicios de otros, al tiempo que piden que se les evite ser penalizados a su vez.

    XI.
    Nunca se hubiera pensado en algo como un gobierno, formado por asociación voluntaria, si el fin propuesto hubiera sido castigar imparcialmente todos los vicios, ya que nadie hubiera querido una institución así o se hubiera sometido voluntariamente a ella. Pero un gobierno, formado por asociación voluntaria, para el castigo de todos los delitos, es algo razonable, ya que todo el mundo quiere para sí mismo protección frente a todos los delitos de otros e igualmente acepta la justicia de su propio castigo si comete un delito.

    XII.
    Es una imposibilidad natural que un gobierno tenga derecho a penalizar a los hombres por sus vicios, porque es imposible que un gobierno tenga derecho alguno excepto los que tuvieran previamente, como individuos, los mismos individuos que lo compongan. No podrían delegar en un gobierno derechos que no posean por sí mismos. No podrían contribuir al gobierno con ningún derecho, excepto con los que ya poseen como individuos. Ahora bien, nadie, excepto un individuo o un impostor, puede pretender que, como individuo tenga derecho a castigar a otros hombres por sus vicios. Pero todos y cada uno tienen un derecho natural, como individuos, a castigar a otros hombres por sus delitos, puesto que todo el mundo tiene un derecho natural no sólo a defender su persona y propiedades frente a agresores, sino también a ayudar y defender a todos los demás cuya persona o propiedad se vean asaltadas. El derecho natural de cada individuo a defender su propia persona y propiedad frente a un agresor y ayudar y defender a cualquier otro cuya persona o propiedad se vea asaltada, es un derecho sin el cual los hombres no podrían existir en la tierra. Y el gobierno no tiene existencia legítima, excepto en tanto en cuanto abarque y se vea limitado por este derecho natural de los individuos. Pero la idea de que cada hombre tiene un derecho natural a decidir qué son virtudes y qué son vicios (es decir, qué contribuye a la felicidad de sus vecinos y qué no) y a castigarlos por todo lo que no contribuya a ello, es algo que nunca nadie ha tenido la imprudencia de afirmar. Son sólo aquéllos que afirman que el gobierno tiene algún poder legítimo, que ningún individuo o individuos les ha delegado o podido delegar, los que afirman que el gobierno tenga algún poder legítimo para castigar los vicios.

    Valdría para un papa o un rey (que afirman haber recibido su autoridad directamente del Cielo para gobernar sobre sus semejantes) afirmar ese derecho como vicarios de Dios, el de castigar a la gente por sus vicios, pero resulta un total y absoluto absurdo que cualquier gobierno que afirme que su poder proviene íntegramente de la autorización de los gobernados, afirmar poder alguno de este tipo, porque todos saben que los gobernantes nunca lo autorizarían. Para ellos autorizarlo sería un absurdo, porque sería renunciar a su propio derecho a buscar su felicidad, puesto que renunciar a su derecho a juzgar qué contribuye a su felicidad es renunciar a su derecho a buscar su propia felicidad.

    XIII.
    Ahora podemos ver qué simple, fácil y razonable resulta que sea asunto del gobierno castigar los delitos, comparado con castigar los vicios. Los delitos son pocos y fácilmente distinguibles de los demás actos y la humanidad generalmente está de acuerdo acerca de qué actos son delitos. Por el contrario, los vicios son innumerables y no hay dos personas que se pongan de acuerdo, excepto en relativamente pocos casos, acerca de cuáles son. Más aún, todos desean ser protegidos, en su persona y propiedades, contra las agresiones de otros hombres. Pero nadie desea ser protegido, en su persona o propiedades, contra sí mismo, porque resulta contrario a las leyes fundamentales de la propia naturaleza humana que alguien desee dañarse a sí mismo. Uno sólo desea promover su propia satisfacción y ser su propio juez acerca de lo que promoverá y promueve su propia satisfacción. Es lo que todos quieren y a lo que tienen derecho como seres humanos. Y aunque todos cometemos muchos errores y necesariamente debemos cometerlos, dada la imperfección de nuestro conocimiento, esos errores no llegan a ser un argumento contra el derecho, porque todos tienden a darnos el verdadero conocimiento que necesitamos y perseguimos y no podemos obtener de otra forma.

    El objetivo que se persigue, por tanto, al castigar los delitos, no sólo tiene una forma completamente diferente, sino que se opone directamente al que se persigue al castigar los vicios.

    El objetivo que se persigue al castigar los delitos es asegurar a todos y cada uno de los hombre por igual, la mayor libertad que pueda conseguirse (consecuentemente con los mismos derechos de otros) para buscar su propia felicidad, con la ayuda del propio criterio y mediante el uso de su propiedad. Por otro lado, el objetivo perseguido por el castigo de los vicios es privar a cada hombre de su derecho y libertad natural a buscar su propia felicidad, con la ayuda del propio criterio y mediante el uso de su propiedad.

    Por tanto, ambos objetivos se oponen directamente entre sí. Se oponen directamente entre sí como la luz y la oscuridad, o la verdad y la mentira, o la libertad y la esclavitud. Son completamente incompatibles entre sí y suponer que ambos pueden contemplarse en un solo gobierno es absurdo, imposible. Sería suponer que los objetivos de un gobierno serían cometer crímenes y prevenirlos, destruir la libertad individual y garantizarla.

    XIV.
    Por fin, acerca de este punto de la libertad individual: cada hombre debe necesariamente juzgar y determinar por sí mismo qué le es necesario y le produce bienestar y qué lo destruye, porque si deja de realizar esta actividad por sí mismo, nadie puede hacerlo en su lugar. Y nadie intentará si quiera realizarla en su lugar, salvo en unos pocos casos. Papas, sacerdotes y reyes asumirán hacerlo en su lugar, en ciertos casos, si se lo permiten. Pero, en general, sólo lo harán en tanto en cuanto puedan administrar sus propios vicios y delitos al hacerlo. En general, sólo lo harán cuando puedan hacer de él su bufón y su esclavo. Los padres, sin duda con más motivo que otros, intentan hacer lo mismo demasiado a menudo. Pero en tanto practican la coerción o protegen a un niño de algo que no sea real y seriamente dañino, le perjudican más que benefician. Es una ley de la naturaleza que para obtener conocimiento e incorporarlo a su ser, cada individuo debe ganarlo por sí mismo. Nadie, ni siquiera sus padres, puede indicarles la naturaleza del fuego de forma que la conozcan de verdad. Debe experimentarla él mismo y quemarse, antes de conocerla.

    La naturaleza conoce, mil veces mejor que cualquier padre, para qué está designado cada individuo, qué conocimiento necesita y cómo debe obtenerlo. Sabe que sus propios procesos para comunicar ese conocimiento no sólo son los mejores, sino los únicos que resultan efectivos.

    Los intentos de los padres por hacer a sus hijos virtuosos generalmente son poco más que intentos de mantenerlos en la ignorancia de los vicios. Son poco más que intentos de enseñar a sus hijos a conocer y preferir la verdad, manteniéndolos en la ignorancia de la falsedad. Son poco más que intentos de enseñar a sus hijos a buscar y apreciar la salud, manteniéndolos en la ignorancia de la enfermedad y de todo lo que la causa. Son poco más que intentos de enseñar a sus hijos a amar la luz, manteniéndolos en la ignorancia de la oscuridad. En resumen, son poco más que intentos de hacer felices a sus hijos, manteniéndolos en la ignorancia de de todo lo que les cause infelicidad.

    Que los padres puedan ayudar a sus hijos en definitiva en su búsqueda de la felicidad, dándoles sencillamente los resultados de su propia (de los padres) razón y experiencia, está muy bien y es un deber natural y adecuado. Pero practicar la coerción en asuntos en lo que los hijos son razonablemente competentes para juzgar por sí mismos es sólo un intento de mantenerlos en la ignorancia. Y esto se parece mucho a una tiranía y a una violación del derecho del hijo a adquirir por sí mismo y como desee los conocimientos, igual que si la misma coerción se ejerciera sobre personas adultas. Esa coerción ejercida contra los hijos es una negación de su derecho a desarrollar las facultades que la naturaleza les ha dado y a que sean como la naturaleza las diseñó. Es una negación de su derecho a sí mismos y al uso de sus propias capacidades. Es una negación del derecho a adquirir el conocimiento más valioso, es decir, el conocimiento que la naturaleza, la gran maestra, está dispuesta a impartirles.

    Los resultados de esa coerción nos son hacer a los hijos sabios o virtuosos, sino hacerlos ignorantes y por tanto débiles y viciosos, y perpetuar a través de ellos, de edad en edad, la ignorancia, la superstición, los vicios y los crímenes de los padres. Lo prueba cada página de la historia del mundo.

    Quienes mantienen opiniones opuestas son aquéllos cuyas teologías falsas y viciosas o cuyas ideas generales viciosas, les han enseñado que la raza humana tiende naturalmente hacia la maldad, en lugar de hacia la bondad, hacia lo falso, en lugar de hacia lo verdadero, que la humanidad no dirige naturalmente sus ojos hacia la luz, que ama la oscuridad en lugar de la luz y que sólo encuentra su felicidad en las cosas que les llevan a la miseria.

    XV.
    Pero estos hombres, que afirman que el gobierno debería usar su poder para prevenir el vicio, dicen o suelen decir: “Estamos de acuerdo con el derecho de un individuo a buscar a su manera su propia satisfacción y consecuentemente a ser vicioso si le place, sólo decimos que el gobierno debería prohibir que se les vendieran los artículos que alimentan su vicio”.

    La respuesta a esto es que la simple venta de cualquier artículo (independientemente del uso que se vaya a hacer de él) es legalmente un acto perfectamente inocente. La cualidad del acto de la venta depende totalmente de la cualidad del empleo que se haga de la cosa vendida. Si el uso de algo es virtuoso y legal, entonces su venta para ese uso es virtuosa y legal. Si el uso es vicioso, entonces la venta para ese uso es viciosa. Si el uso es criminal, entonces la venta para ese uso es criminal. El vendedor es, como mucho, sólo un cómplice del uso que se haga del artículo vendido, sea virtuoso, vicioso o criminal. Cuando el uso es criminal, el vendedor es cómplice del crimen y se le puede castigar como tal. Pero cuando el uso sea sólo vicioso, el vendedor sería sólo un cómplice del vicio y no se le puede castigar.

    XVI.
    Pero nos preguntaremos: “¿No existe un derecho por parte del gobierno de evitar que continúe un proceso que conduce a la autodestrucción?”

    La respuesta es que el gobierno no tiene derecho en modo alguno, mientras los calificados como viciosos permanezcan cuerdos (compos mentis), capaces de ejercitar un juicio y autocontrol razonables, porque mientras se mantengan cuerdos debe permitírseles juzgar y decidir por sí mismos si los llamados vicios son de verdad vicios, si realmente les conducen a la destrucción y si, en suma, se dirigirán a ella o no. Cuando pierdan la cordura (non compos mentis) y sean incapaces de un juicio o autocontrol razonables, sus amigos o vecinos o el gobierno deben ocuparse de ellos y protegerles de daños, tanto a ellos como a personas a las que pudieran dañar, igual que si la locura hubiera acaecido por cualquier otra causa distinta de su supuestos vicios.

    Pero del hecho de que los vecinos de un hombre supongan que se dirige a la autodestrucción por culpa de sus vicios, no se deduce, por tanto, que no esté cuerdo (non compos mentis) y sea incapaz de un juicio o autocontrol razonables, entendidos dentro del ámbito legal de estos términos. Hombres y mujeres pueden ser adictos a a muchos y muy deleznables vicios (como la glotonería, la embriaguez, la prostitución, el juego, las peleas callejeras, mascar tabaco, fumar y esnifar, tomar opio, llevar corsé, la pereza, la prodigalidad, la avaricia, la hipocresía, etc., etc.) y aún así seguir estando cuerdos (compos mentis), capaces de un juicio y autocontrol razonables, tal como significan en la ley. Mientras sean cuerdos debe permitírseles controlarse a sí mismos y a su propiedad y ser sus propios jueces y estimar a dónde les llevan sus vicios. Los espectadores pueden esperar que, en cada caso individual, la persona viciosa vea el fin hacia el que se dirige y eso le induzca a rectificar. Pero si elige seguir adelante hacia lo que otros hombres llaman destrucción, debe permitírsele hacerlo. Y todo lo que puede decirse, en lo que se refiere a su vida, es que ha cometido un grave error en su búsqueda de la felicidad y que otros harán bien en advertir su destino. Acerca de cuál puede ser su situación en la otra vida, es una cuestión teológica de la que la ley en este mundo no tiene más que decir que sobre cualquier otra cuestión teológica que afecte a la situación de hombre en una vida futura.

    ¿Se puede saber cómo se puede determinar la cordura o locura de un hombre vicioso? La respuesta es que tiene que determinarse con el mismo tipo de evidencia que la cordura o locura de aquéllos que se consideren virtuosos y no otra. Esto es, por las mismas evidencias con las que los tribunales legales determinan si un hombre debe ser enviado a un manicomio o si es competente para hacer testamente o disponer de otra forma de su propiedad. Cualquier duda debe resolverse a favor de su cordura, como en cualquier otro caso, y no de su locura.

    Si una persona realmente pierde la cordura (non compos mentis), y es incapaz de un juicio o autocontrol razonables, resulta un crimen por parte de otros hombres darle o venderle medios de autolesión[1]. No hay crímenes más fácilmente punibles ni casos en los que los jurados estén más dispuestos a condenar que aquéllos en que una persona cuerda vende o da a un loco un artículo con el cual este último pueda dañarse a sí mismo.

    XVII.
    Pero puede decirse que algunos hombres, por culpa de sus vicios, se vuelven peligrosos para otras personas: que por ejemplo, un borracho, a veces resulta pendenciero y peligroso para su familia y otros. Y cabe preguntarse: “¿No tiene la ley nada que decir en este caso?”

    La respuesta es que si, por la ebriedad o cualquier otra causa, un hombre se vuelve realmente peligroso, con todo derecho no solamente su familia u otros, no sólo él mismo, pueden moderarlo hasta el punto que requiera la seguridad de otras personas, sino que a cualquier otra persona (que sepa o tenga base suficiente para creer que es peligroso) se le puede prohibir vender o dar cualquier cosa que haya razones para suponer que le hará peligroso.

    Pero del hecho de que un hombre se vuelva pendenciero y peligroso después de beber alcohol y de que sea un delito darle o venderle licor a ese hombre, no se sigue que sea un delito vender licores a los cientos y miles de otras personas que no se vuelven pendencieros y peligrosos al beberlos. Antes de condenar a un hombre por el delito de vender licor a un hombre peligroso, debe demostrarse que ese hombre en particular al que se le vendió el licor era peligroso y también que el vendedor sabía, o tenía base suficiente para suponer, que el hombre se volvería peligroso al beberlo.

    La presunción legal de ley sería, en todo caso, que la venta es inocente y la carga de la prueba del delito, en cualquier caso particular, reside en el gobierno. Y ese caso particular debe probarse como criminal, independientemente de todos los demás.
    A partir de estos principios, no hay dificultad en condenar y castigar a los hombres por la venta o regalo de cualquier artículo a un hombre que se vuelve peligroso para otros al usarlo.

    XVIII.
    Pero a menudo se dice que algunos vicios generan molestias (públicas o privadas) y que esas molestias pueden atajarse y penarse.
    Es verdad que cualquier cosa que sea real y legalmente una molestia (sea pública o privada) puede atajarse y penarse. Pero no es cierto que los meros vicios privados de un hombre sean, en cualquier sentido legal, molestos para otro hombre o el público.

    Ningún acto de una persona puede ser una molestia para otro, salvo que obstruya o interfiera de alguna forma con la seguridad y el uso pacífico o disfrute de lo que posee el otro con todo derecho.

    Todo lo que obstruya una vía pública es una molestia y puede atajarse y penarse. Pero un hotel o tienda o taberna que vendan licores no obstruyen la vía pública más que una tienda de telas, una joyería o una carnicería.

    Todo lo que envenene el aire o lo haga desagradable o insalubre es una molestia. Pero ni un hotel, ni una tienda, ni una taberna que vendan licores envenenan el aire o lo hacen desagradable o insalubre a otras personas.

    Todo lo que tape la luz a la cual un hombre tenga derecho en una molestia. Pero ni un hotel, ni una tienda, ni una taberna que vendan licores tapan la luz de nadie, salvo en casos en que una iglesia, un colegio o una vivienda la taparían igualmente. Desde este punto de vista, por tanto, los primeros no son ni más ni menos molestos que los últimos.

    Algunas personas habitualmente dicen que una tienda de licores es peligrosa, de la misma forma que una fábrica de pólvora. Pero no hay analogía entre ambos casos. La pólvora puede explotar accidentalmente y especialmente en esos fuegos que tan a menudo se dan en las ciudades. Por esa razón resulta peligrosa para personas y propiedades en su cercanía inmediata. Pero los licores no pueden explotar así y por tanto no son molestias peligrosas en el sentido que lo son las fábricas de pólvora en las ciudades.

    Pero también se dice que los lugares donde se consume alcohol están frecuentemente concurridos por hombres ruidosos y bulliciosos, que alteran la tranquilidad del barrio y el sueño del resto de los vecinos.

    Esto puede ser ocasionalmente cierto, pero no muy frecuentemente. En todo caso, cuando esto ocurra, la molestia puede atajarse mediante el castigo al propietario y sus clientes y, si es necesario, cerrando el local. Pero un grupo de bebedores ruidosos no es una molestia mayor que cualquier otro grupo de gente ruidosa. Un bebedor alegre y divertido altera la tranquilidad de barrio exactamente en la misma medida que un fanático religioso que grita. Un grupo ruidoso de bebedores es una molestia exactamente en la misma medida que un grupo de fanáticos religiosos que grita. Ambos son molestias cuando alteran el descanso y el sueño o la tranquilidad de los vecinos. Incluso un perro que suele ladrar, alterando el sueño o la tranquilidad del vecindario, es una molestia.

    XIX.
    Pero se dice que el hecho de que una persona incite a otro al vicio es un crimen.
    Es ridículo. Si cualquier acto particular es simplemente un vicio, entonces quien incita a otro a cometerlo, es simplemente cómplice en el vicio. Evidentemente, no comete ningún crimen, pues sin duda un cómplice no puede cometer una infracción superior al autor.

    Cualquier persona cuerda (compos mentis), capaz de un juicio y autocontrol razonables, se presume que resulta mentalmente competente para juzgar por sí mismo todos los argumentos, a favor y en contra, que se le dirijan para persuadirle de hacer cualquier acto en particular, siempre que no se emplee fraude para engañarle. Y si se le persuade o induce a realizar la acción, ésta se convierte en propia e incluso aunque resulte dañina para sí mismo, no puede alegar que la persuasión o los argumentos a los que dio su consentimiento, sean delitos contra sí mismo.
    Por supuesto, cuando hay fraude el caso es distinto. Si por ejemplo, ofrezco veneno a un hombre asegurándole que es una bebida sana e inocua y lo bebe confiando en mi afirmación, mi acción es un delito.

    Volenti non fit injuria es una máxima legal. Con consentimiento, no hay daño. Es decir, legalmente no hay error. Y cualquier persona cuerda (compos mentis) capaz de un juicio razonable para determinar la verdad o falsedad de las razones y argumentos a los que da su consentimiento, esta “consintiendo”, desde el punto de visita legal, y asume por sí mismo toda responsabilidad por sus actos, siempre y cuando no haya sufrido un fraude intencionado.

    Este principio, con consentimiento, no hay daño, no tiene límites, excepto en el caso de fraudes o de personas que no tengan capacidad de juzgar en ese caso particular. Si una persona que posee uso de razón y a la que no se engaña mediante fraude consiente en practicar el vicio más deleznable y por tanto se inflige los mayores sufrimientos o pérdidas morales, físicas o pecuniarias, no puede alegar error legal. Para ilustrar este principio, tomemos el caso de la violación. Tener conocimiento carnal de una mujer, sin su consentimiento, es el mayor delito, después del asesinato, que puede cometerse contra ella. Pero tener conocimiento carnal, con su consentimiento, no es delito, sino, en el peor de los casos, un vicio. Y a menudo se sostiene que una niña de nada más que diez años de edad tiene uso de razón de forma que su consentimiento, aunque se procure mediante recompensa o promesa de recompensa, es suficiente para convertir el acto, que de otra forma sería un grave delito, simplemente en un acto de vicio[2].

    Vemos el mismo principio en los boxeadores profesionales. Si yo pongo un solo dedo sobre la persona de otro, contra su consentimiento, no importa lo suave que sea ni lo pequeño que sea el daño en la práctica, esa acción es un delito. Pero si dos personas acuerdan salir y golpear la cara del otro hasta hacerla papilla, no es delito, sino sólo un vicio.

    Incluso los duelos no han sido generalmente considerados como delitos, porque la vida de cada hombre es suya y ambas partes acuerdan que cada una puede acabar con la vida del otro, si puede, mediante el uso de las armas acordadas y de conformidad con ciertas reglas que han aceptado mutuamente.
    Y esta es una opinión correcta, salvo que se pueda decir (posiblemente no) que “la ira es locura” hasta el punto de que priva a los hombres de su razón hasta el punto de impedirles razonar.

    El juego es otro ejemplo del principio de que con consentimiento no hay daño. Si me llevo un solo céntimo de la propiedad de un hombre, sin su consentimiento, el acto es un delito. Pero si dos hombres, que se encuentran compos mentis, poseen capacidad razonable de juzgar la naturaleza y posibles consecuencias de sus actos, se reúnen y cada uno voluntariamente apuesta su dinero contra el del otro al resultado de un tirada de dados y uno de ellos pierde todas sus propiedades (sean lo grandes que sean), no es un delito, sino sólo un vicio.

    Ni siquiera sería un crimen ayudar a una persona a suicidarse, si éste posee uso de razón.

    Es una idea algo común que el suicido es en sí mismo un evidencia concluyente de locura. Pero, aunque normalmente puede ser una fuerte evidencia de locura, no es concluyente en todos los casos. Muchas personas, con indudable uso de razón han cometido suicidio para escapar de la vergüenza del descubrimiento público de sus crímenes o para evitar alguna otra gran calamidad. El suicidio, en estos casos puede no haber sido la respuesta más sensata, pero sin duda no era una prueba de falta alguna de capacidad de razonar[3]. Y si estaba dentro de los límites de lo razonable, no era un crimen que otras personas le ayudaran, proporcionándole los instrumentos o de otra forma. Y si, en esos casos, no sería un crimen ayudar al suicido, ¿no sería absurdo decir que es un crimen ayudar a alguien en algún acto que sea realmente placentero y que una gran parte de la humanidad ha creído útil?

    XX.
    Sin embargo, algunas personas suelen decir que el abuso de las bebidas alcohólicas es el principal motivo de los delitos, que “llena nuestras prisiones de criminales” y que esta razón es suficiente para prohibir su venta.
    Quienes dicen eso, si hablan seriamente, hablan a tontas y a locas. Evidentemente quieren decir que un gran porcentaje de los delitos los cometen personas cuyas pasiones criminales se ven excitadas, en ese momento, por el abuso del alcohol y como consecuencia de ese abuso.

    Esta idea es completamente descabellada.
    En primer lugar, los peores delitos que se cometen en el mundo los provocan principalmente la avaricia y la ambición.

    Los peores crímenes son las guerras que llevan a cabo los gobiernos para someter, esclavizar y destruir la humanidad.

    Los delitos que se cometen en el mundo que quedan en segundo lugar también los provocan la avaricia y la ambición: y no se cometen por súbitas pasiones, sino por hombres calculadores, que mantienen la cabeza fría y serena y no tienen intención alguna de ir a prisión por ellos. Se cometen, no tanto por personas que violan la ley, sino por hombres que, por sí mismos o mediante sus instrumentos, hacen las leyes, por hombres que se han asociado para usurpar un poder arbitrario y mantenerlo por medio de la fuerza y el fraude y cuyo propósito al usurparlo y mantenerlo es asegurarse a sí mismos, mediante esa legislación injusta y desigual, esas ventajas y monopolios que les permiten controlar y extorsionar el trabajo y propiedades de otros, empobreciéndoles así, con el fin de satisfacer su propia riqueza y engrandecimiento[4]. Los robos e injusticias así cometidos por estos hombres, de conformidad con las leyes (es decir, sus propias leyes), son como montañas frente a colinillas, comparados con los delitos cometidos por otros criminales al violar las leyes.

    Pero, en tercer lugar, hay un gran número de fraudes de distintos tipos cometidos en transacciones de comercio, cuyos autores, con su frialdad y sagacidad, evitan que operen las leyes. Y sólo sus mentes frías y calculadoras les permiten hacerlo. Los hombres bajo el influjo de bebidas intoxicantes están poco dispuestos y son completamente incapaces para practicar con éxito estos fraudes. Son los más incautos, los menos exitosos, los menos eficientes y los que menos debemos temer de todos los criminales de los que las leyes deben ocuparse.

    Cuarto. Los ladrones, atracadores, rateros, falsificadores y estafadores profesionales, que atentan contra la sociedad son cualquier cosa menos bebedores imprudentes. Su negocio es de un carácter demasiado peligroso para admitir esos riesgos en los que incurrirían.

    Quinto. Los delitos que pueden considerarse como cometidos bajo la influencia de bebidas alcohólicas son principalmente agresiones y reyertas, no muy numerosas y generalmente no muy graves. Algunos otros pequeños delitos, como hurtos y otros pequeños ataques a la propiedad, se cometen a veces bajo la influencia de la bebida por parte de personas poco inteligentes, generalmente delincuentes no habituales. Las personas que cometen estos dos tipos de delitos no son más que unas pocas. No puede decirse que “llenen nuestras prisiones” y si lo hacen, deberíamos congratularnos de que necesitemos para internarlos tan pocas prisiones o tan pequeñas.

    Por ejemplo, el Estado de Massachussets tiene un millón y medio de habitantes. ¿Cuántos están actualmente el prisión por delitos (no por el vicio de la bebida, sino por delitos) cometidos contra personas o propiedades bajo el influjo de bebidas alcohólicas? Dudo que sea uno de cada diez mil, es decir, unos ciento cincuenta en total y los crímenes por los que están en prisión son en su mayoría de muy poca importancia.

    Y pienso que debe estimarse que estos pocos hombres son mucho más dignos de compasión que de castigo, porque fue su pobreza y miseria, más que su adicción al alcohol o tendencia al crimen, lo que les llevó a beber y les impulsó a cometer los delitos bajo la influencia del alcohol.

    La dogmática acusación de que la bebida “llena nuestra prisiones” sólo la hacen, creo, aquellos hombres que no saben más que llamar criminal a un borracho y que no tienen mejor justificación para su acusación que el vergonzoso hecho de somos una gente tan brutal e insensible que condenamos y castigamos como si fueran criminales a personas tan débiles y desafortunadas como los borrachos.

    Los legisladores que autorizan y los jueces que ejecutan atrocidades como éstas son intrínsecamente criminales, salvo que su ignorancia sea tal que les excuse (lo que probablemente no ocurre). Y habría más motivo en su conducta para que se les castigara como criminales.

    Un juez de orden público en Boston me contó una vez que estaba acostumbrado a juzgar a borrachos (enviándoles a prisión durante treinta días –creo que era la sentencia tipo–) ¡a un ritmo de uno cada tres minutos! y a veces incluso más rápido, condenándoles así como delincuentes y enviándoles a la cárcel, sin piedad y sin averiguar las circunstancias, por una debilidad que debería hacerles dignos de compasión y protección, y no de castigo. Los verdaderos criminales en estos casos no eran los hombres que fueron a prisión, sino el juez y los que estaban detrás de él y
    le pusieron allí.

    Recomiendo a esas personas a las que tanto les perturba el miedo a que las prisiones de Massachussets se llenen de criminales que empleen al menos una parte de su filantropía en prevenir que nuestras prisiones se llenen de gente que no son criminales. No recuerdo haber oído que nunca sus simpatías se hayan ejercido activamente en ese sentido. Por el contrario, perecen tener tal pasión por castigar criminales que no les preocupa averiguar particularmente si un candidato a castigo es realmente un criminal. Déjenme asegurarles que esa pasión es mucho más peligrosa y mucho menos caritativa, tanto moral como legalmente, que la pasión por la bebida.
    Parece mucho más consecuente con el carácter despiadado de estos hombres enviar a un pobre hombre a prisión por embriaguez y así aplastarle, degradarle, desanimarle y arruinarle de por vida, que sacarle de la pobreza y miseria que ha hecho de él un borracho.

    Sólo aquellas personas que tienen poca capacidad o disposición a iluminar, fomentar o ayudar a la humanidad, poseen esa violenta pasión por gobernarlos, dominarlos y castigarlos. Si en lugar de mantenerse al margen y consentir y sancionar todas las leyes por las que el hombre débil es en el primer lugar sometido, oprimido y desalentado y después castigado como un criminal, se dedicaran a la tarea de defender su derechos y mejorar su condición y así fortalecerle y permitirle sostenerse por sus propios medios y resistir las tentaciones que le rodean, tendrían, creo, poca necesidad de hablar sobre leyes y prisiones tanto para vendedores como para consumidores de alcohol e incluso para cualquier otra clase de criminales ordinarios. Si, en resumen, estos hombres, que tienen tantas ganas de suprimir los delitos, suspendieran, por un momento, sus reclamaciones al gobierno de ayuda para suprimir los delitos de individuos y se dirigieran a la gente para pedir ayuda para suprimir los delitos del gobierno, demostrarían su sinceridad y sentido común más claramente que ahora. Cuando todas las leyes sean tan justas y equitativas que hagan posible que todos los hombres y mujeres vivan honrada y virtuosamente y les hagan sentirse cómodos y felices, habrá muchas menos ocasiones que ahora para acusarles de vivir deshonesta y viciosamente.

    XXI.
    Pero también se dice que el consumo de bebidas alcohólicas lleva a la pobreza y por tanto hace a los hombres mendigos y grava a los contribuyentes, y que esto es razón suficiente para que deba prohibirse su venta.

    Hay varias respuestas a este argumento.

    1. Una respuesta es que si el consumo del alcohol lleva a la pobreza y la mendicidad es una razón suficiente para prohibir su venta, igualmente es una razón suficiente para prohibir su consumo, ya que es el consumo y no la venta, lo que lleva a la pobreza. El vendedor, como mucho, sería simplemente un cómplice del bebedor. Y es una norma legal, y también de la razón, que si el principal actor no puede ser castigado, tampoco puede serlo el cómplice.

    2. Una segunda respuesta al argumento sería que si el gobierno tiene derecho y se ve obligado a prohibir cualquier acto (que no sea criminal) simplemente porque se supone que lleva a la pobreza, siguiendo al misma lógica, tiene derecho y se ve obligado a prohibir cualquier otro acto (aunque no sea criminal) que, en opinión del gobierno, lleve a la pobreza. Y bajo este principio, el gobierno no sólo tendría el derecho, sino que se vería obligado, a revisar los asuntos privados de cada hombre y sus gastos personales y determinar si cada uno de ellos lleva o no a la pobreza y a prohibir y castigar todos los de la primera clase. Un hombre no tendría derecho a gastar un céntimo de su propiedad de acuerdo con sus gustos o criterios, salvo que el legislador sea de la opinión de que ese gasto no le lleva a la pobreza.

    3. Una tercera respuesta al mismo argumento sería que si un hombre se entrega a la pobreza e incluso a la mendicidad (sea por sus vicios o sus virtudes), el gobierno no tiene obligación de ocuparse de él, salvo que quiera hacerlo. Puede dejarle perecer en la calle o hacerle depender a la caridad privada, si quiere. Puede cumplir su libre deseo y discreción en este asunto, porque en este caso estaría fuera de toda responsabilidad. No es, necesariamente, obligación del gobierno ocuparse de los pobres. Un gobierno (esto es, un gobierno legítimo) es simplemente una asociación voluntaria de individuos, que se une para los propósitos que les parezcan y sólo para esos propósitos. Si ocuparse de los pobres (sean éstos virtuosos o viciosos) no es uno de esos propósitos, el gobierno como tal no tiene más derecho ni se ve más obligado a hacerlo que un banco o una compañía de ferrocarriles.

    Sea cual sea la moralidad que tengan las reclamaciones de un hombre pobre (sea éste virtuoso o vicioso) acerca de la caridad de sus conciudadanos, no puede reclamar legalmente contra ellos. Puede depender totalmente de su caridad, si se dejan. No puede demandar, como un derecho legal, que deben alimentarle y vestirle. No tiene más derechos morales o legales frente a un gobierno (que no es sino una asociación de individuos) que los que pueda tener sobre cualquier otro individuo respecto de su capacidad privada.

    Por tanto, de la misma forma que un pobre (sea virtuoso o vicioso) no tiene más capacidad de reclamar, legal o moralmente al gobierno comida o vestido que la que tiene frente a personas privadas, un gobierno no tiene más derecho que una persona privada a controlar o prohibir los gastos o las acciones de un individuo justificándolas en que le llevan a la pobreza.

    El señor A, como individuo, claramente no tiene derecho a prohibir las acciones o gastos del señor Z, aunque tema que esas acciones o gastos puedan llevarle (a Z) a la pobreza y que Z puede, por tanto, en un futuro indeterminado, pedirle afligido (a A) algo de caridad. Y si A no tiene, como individuo, ese derecho a prohibir cualquier acción o gasto de Z, el gobierno, que no es más que una asociación de individuos, no puede tener ese derecho.

    Sin duda, ningún hombre compos mentis mantendría que su derecho a disponer y disfrutar de su propiedad fuera una posesión de tan poco valor que autorizara a algunos o todos sus vecinos (se hagan llamar a sí mismos gobierno o no) a intervenir y prohibirle cualquier gasto excepto aquéllos que piensen que no le llevarán a la pobreza y no le conviertan en alguien que les reclame caridad.

    Si un hombre compos mentis llega a la pobreza por sus virtudes o sus vicios, nadie puede tener derecho alguno a intervenir basándose en puede apelar en el futuro a su compasión, porque si se apelara a ella, tendría perfecta libertad para actuar de acuerdo con su gusto y criterio respecto de atender sus solicitudes.

    El derecho a rechazar dar caridad a los pobres (sean éstos virtuosos o viciosos) es un derecho sobre el que los gobiernos siempre actúan. Ningún gobierno hace más provisiones para los pobres que las que quiere. En consecuencia, los pobres quedan, en su mayor parte, dependiendo de la caridad privada. De hecho, a menudo se les deja sufrir enfermedades e incluso morir porque ni la caridad pública ni la privada acuden en su ayuda. Qué absurdo es, por tanto, decir que el gobierno tiene derecho a controlar el uso de la propiedad de la gente, por miedo a que en el futuro lleguen a ser pobres y pidan caridad.

    4. Incluso una cuarta respuesta al argumento sería que el principal y único incentivo por el que cada individuo tiene que trabajar y crear riqueza es que puede disponer de ella de acuerdo con su gusto y criterio y para su propia satisfacción y la de quienes ame[5].

    Aunque a menudo puede que un hombre, por inexperiencia o mal juicio, gaste parte de los productos de su trabajo de forma poco juiciosa y por tanto no consiga el máximo bienestar, adquiere sabiduría en ello, como en todo, a través de la experiencia, por sus errores tanto como por sus éxitos. Y esta es la única manera de la que puede adquirir sabiduría. Cuando se convenza de que ha hecho un gasto absurdo, al tiempo aprenderá a no volver a hacer algo parecido. Y debe permitírsele hacer sus propios experimentos a su satisfacción, es ésta como en otras materias, ya que de otra forma no tendría motivo para trabajar o crear riqueza en absoluto.

    Todo hombre que sea hombre, debería mejor ser un salvaje y ser libre para crear o procurar sólo esa pequeña riqueza que pueda controlar y consumir diariamente, que ser un hombre civilizado que sepa cómo crear y acumular riqueza indefinidamente y al que no se la permita disfrutar o disponer de ella, salvo bajo la supervisión, dirección y dictado de una serie de idiotas y tiranos entrometidos y sobrevalorados, quienes, sin más conocimiento que el de sí mismos y quizás ni la mitad de eso, asumirían su control bajo la justificación de que no tiene el derecho o la capacidad de determinar por sí mismo qué debería hacer con los resultados de su propio trabajo.
    5. Una quinta respuesta al argumento sería que si fuera tarea del gobierno vigilar los gastos de cualquier persona (compos mentis y que no sea criminal) para ver cuáles llevan a la pobreza y cuáles no y prohibir y castigar los primeros, entonces, siguiendo esta regla, se ve obligado a vigilar los gastos de todas las demás personas y prohibir y castigar todo lo que, en su criterio, lleve a la pobreza.

    Si ese principio se llevara a efecto imparcialmente, la consecuencia sería que toda la humanidad estaría tan ocupada en vigilar los gastos de los demás y en testificar, acusar y castigar aquéllos que lleven a la pobreza, que no quedaría en absoluto tiempo para crear riqueza. Todo el mundo capaz de trabajo productivo o bien estaría en la cárcel o actuaría como juez, jurado, testigo o carcelero. Sería imposible crear suficientes tribunales para juzgar o construir suficientes prisiones para contener a los delincuentes. Cesaría toda labor productiva y los idiotas que estuvieran tan atentos a prevenir la pobreza, no sólo serían pobres, prisioneros y famélicos, sino que harían que los demás fueran asimismo pobres, prisioneros y famélicos.

    6. Si lo que se quiere decir es que un hombre puede al menos verse obligado con todo derecho a apoyar a su familia y, en consecuencia, a abstenerse de todo gasto que, en opinión del gobierno, le lleve a impedirle realizar esta labor, pueden darse varias respuestas. Pero con sólo esta es suficiente: ningún hombre, salvo un loco o un esclavo, aceptaría que sea su familia, si esa aceptación fuera a ser una excusa del gobierno para privarle de su libertad personal o del control de su propiedad.

    Cuando se otorga a un hombre su libertad natural y el control de su propiedad, normalmente, casi siempre, su familia es su principal objeto de orgullo y cariño y querrá, no sólo voluntariamente, sino con la máxima dedicación, emplear sus mejores capacidades de cuerpo y mente, no sólo para proveerles las necesidades y placeres de la vida ordinarios, sino a prodigarles todos los lujos y elegancias que su trabajo pueda obtener.

    Un hombre no entabla una obligación legal ni moral con su esposa o hijos para hacer algo por ellos, excepto cuando puede hacerlo de acuerdo con su libertad personal y su derecho natural a controlar su propiedad a su discreción.

    Si un gobierno puede interponerse y decir a un hombre (que esté compos mentis y cumple con su familia como cree que debe cumplir y de acuerdo con su juicio, por muy imperfecto que éste sea): “Nosotros (el gobierno) sospechamos que no estás empleando tu trabajo de la mejor forma para tu familia, sospechamos que tus gastos y tus disposiciones sobre tu propiedad no son tan juiciosos como deberían ser en interés de tu familia y por tanto te pondremos, a ti y a tu propiedad, bajo vigilancia especial y te indicaremos lo puedes hacer o no contigo y con tu propiedad y de ahora en adelante tu familia nos tendrá a nosotros (el gobierno) y no a ti, como apoyo”. Si un gobierno pudiera hacer esto, quedarían aplastados todo orgullo, ambición y cariño que un hombre pueda sentir por su familia, hasta donde es posible que una tiranía pueda aplastarlos, y o bien no tendrá nunca una familia (que pueda reconocer públicamente como suya) o arriesgará su propiedad y su vida para derrocar una tiranía tan insultante, despiadada e insufrible. Y cualquier mujer que quiera que su marido (siendo éste compos mentis) se someta a un insulto y prohibición tan antinatural, no merece en absoluto su cariño ni ninguna otra cosa que no sea su disgusto y desprecio. Y probablemente en seguida él le hará entender que, si escoge confiar en el gobierno como su apoyo y el de sus hijos, en lugar de en él, sólo podrá confiar en el gobierno.

    XXII.
    Otra respuesta completa al argumento de que el abuso del alcohol lleva a la pobreza es que, por regla general, pone el efecto por delante de la causa. Supone que es el abuso del alcohol el que causa la pobreza, en lugar de que la pobreza es la que causa el abuso del alcohol.

    La pobreza es la madre natural de prácticamente toda ignorancia, vicio, crimen y miseria en el mundo[6]. ¿Por qué es tan grande el porcentaje de trabajadores en Inglaterra que se dan a la bebida y el vicio? Sin duda, no porque sean por naturaleza peores que otros. Sino porque su pobreza extrema y desesperada les mantiene en la ignorancia y el servilismo, destruye su coraje y su autoestima, les somete a tan constantes insultos y prohibiciones, a tan incesantes amargas miserias de todo tipo y por fin les lleva a tal grado de desesperación que el pequeño desahogo que pueden permitirse con la bebida u otros vicios es, en ese momento, un alivio. Ésta es la causa principal de la ebriedad y otros vicios que prevalecen entre los trabajadores de Inglaterra.

    Si esos trabajadores ingleses que ahora son borrachos y viciosos, hubieran tenido las mismas oportunidades y entorno vital que las clases más afortunadas; si se hubieran criado en hogares confortables, felices y virtuosos, en lugar de escuálidos, horribles y viciosos; si hubieran tenido oportunidades para adquirir conocimientos y propiedades y hacerse inteligentes, acomodados, alegres, independientes y respetados y asegurarse todos los placeres intelectuales, sociales y domésticos con los que puede honrada y justamente remunerarles la industria; si pudieran tener todo esto, en lugar de haber nacido a una vida de desesperanza, de duro trabajo sin recompensa, con la seguridad de morir en la fábrica, se hubieran visto tan libres de sus vicios y debilidades presentes como aquéllos que ahora se los reprochan.

    No tiene sentido decir que la ebriedad o cualquier otro vicio sólo se añade a sus miserias, porque está en la naturaleza humana (en la debilidad de la naturaleza humana, si lo prefieren), que el hombre puede soportar hasta cierto punto la miseria antes de perder la esperanza y el coraje y rendirse a cualquier cosa que les prometa un alivio y mitigación de su presente, aunque el coste sea mayor miseria para el futuro. Predicar moralidad y templanza a esos desdichados, en lugar de aliviar sus sufrimientos o mejorar sus condiciones, es simplemente burlarse de sus desdichas.
    ¿Querrían esos que suelen atribuir a los vicios la pobreza de los hombres, en lugar a la pobreza sus vicios (como si todos los pobres, o casi todos, fueran especialmente viciosos), decirnos si toda la pobreza que ha aparecido tan de repente en último año y medio[7] (como si dijéramos, en un momento) para veinte de millones de personas de Estados Unidos, les parece una consecuencia natural de su ebriedad o de otros vicios? ¿Fue su ebriedad u otros vicios los que paralizaron, como si hubiera caído un rayo, todas las industrias de las que vivían y que, hace pocos días, funcionaban prósperamente? ¿Fueron los vicios que afectaron a la parte adulta de esos veinte millones de vagabundos sin empleo los que les llevaron a consumir sus pocos ahorros, si es que los tenían, y así convertirse en mendigos (mendigando trabajo y, si no lo encuentran, mendigando pan)? ¿Fueron sus vicios los que sin previo aviso llenaron las casas de tantos de necesidad, miseria, enfermedad y muerte? No. Sin duda no fue la ebriedad ni otros vicios de estos trabajadores los que les llevó a esa ruina y desdicha. Y si no lo fue, ¿qué fue?
    Ese es el problema que debe resolverse, porque se viene repitiendo constantemente y no puede dejarse de lado.

    De hecho, la pobreza de una gran parte de la humanidad, de todo el mundo, es el gran problema de la humanidad. El que esa pobreza extrema y casi universal exista en todo el mundo y haya existido en todas las generaciones pasadas prueba que se origina en causas que la naturaleza humana común de quienes la sufren no ha sido hasta ahora suficiente fuerte como para superarlas. Pero quienes la sufren al menos están empezando a ver las causas y se están decidiendo a eliminarlas a toda costa. Y quienes imaginen que no tienen nada que hacer salvo seguir atribuyendo esa pobreza a sus vicios y predicando contra ellos por esos mismos vicios, pronto despertarán para descubrir que eso ya es pasado. Y entonces la cuestión será no cuáles son los vicios de los hombres, sino cuáles son sus derechos.

    ________________________________________
    [1] Dar a un loco un puñal u otra arma o cosa con la que pueda autolesionarse, es un crimen.
    [2] La ley de Massachussets indica los diez años como la edad a la que una niña se supone que tiene discernimiento suficiente para disponer de su virtud. ¡Pero la misma ley establece que ninguna persona, hombre o mujer, de ninguna edad ni grado de sabiduría o experiencia tiene discernimiento suficiente para beber un vaso de alcohol bajo su propio criterio! ¡Qué ejemplo de la sabiduría legislativa de Massachussets!
    [3] Catón se suicidó para evitar caer en las manos de César. ¿Quién hubiera sospechado que estuviera loco? Bruto hizo lo mismo. Colt se suicidó sólo aproximadamente una hora antes de ser ahorcado. Lo hizo para evitar traer a su nombre y a su familia la desgracia de que se dijera que le habían ahorcado. Esto, sea o no sensato, fue claramente un acto dentro de lo razonable. ¿Supone alguien que la persona que le dio el instrumento necesario era un criminal?
    [4] Un ejemplo de este hecho se encuentra en Inglaterra, cuyo gobierno durante más de mil años no ha sido más que una banda de ladrones que ha conspirado para monopolizar la tierra y, en la medida de lo posible, el resto de la riqueza. Esos conspiradores, haciéndose llamar reyes, nobles y terratenientes han detentado, por la fuerza o el fraude, el poder civil y militar; se han mantenido en el poder únicamente por la fuerza y el fraude y el uso corrupto de su riqueza y sólo han empleado su poder para robar y esclavizar a la mayor parte de su gente y someter y esclavizar a otros. Y el mundo ha estado y está lleno de ejemplos sustancialmente similares. Y, como podemos imaginar, el gobierno de nuestro propio país no difiere mucho de otros en este aspecto.
    [5] Por este solo incentivo estamos en deuda por toda la riqueza creada a través del trabajo humano y acumulada en beneficio de la humanidad.
    [6] Excepto aquellos grandes crímenes que unos pocos, autodenominándose gobiernos, practican contra la mayoría, mediante una extorsión y tiranía sistemáticas y organizadas. Y sólo la pobreza, ignorancia y consecuente debilidad de la mayoría, les permite adquirir y mantener sobre ellos un poder tan arbitrario.
    [7] Esto es, del 1 de septiembre de 1873 al 1 de marzo de 1875

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