Se cumple un año de la desaparición de Julio López. Los noticieros, como todos los días, trabajan para el gobierno sembrando la hipótesis idiota y encima no probada ni por indicios, de que detrás del hecho se encuentran ex policías o militares cercanos a Etchecolatz. Idiota porque atenta contra el sentido común semejante esfuerzo contra un testigo en particular de entre tantos testigos y juicios. Idiota porque es lo que el gobierno quiso difundir para probar que es necesario luchar contra los fantasmas del pasado. Idiota porque ahí tienen al caso Gerez para saber de sobra que el lugar dónde debe indagarse que le pasó a López es Balcarce 50. Pero como digo, los noticieros están ahí repitiendo que las “únicas pistas apuntan a militares y policías”. Eso no es una pista pedazos de ignorantes, es nada más que la teoría conspirativa de propaganda que difunden los que deberían dar respuestas.

Nadie le pregunta a Hebe de Bonafini por qué se se ocupó tan rápido de minimizar el aporte de López a la causa contra Etchecolatz y a descalificarlo como persona y como “militante” ¿Qué sabe la señora? ¿Por qué nadie le pregunta?

Los elefantes pasan, pero nadie investiga. Este es el paraíso post noventista, la Argentina en serio.

Volviendo a la Hebe, Pilar Rahola se ocupó de ella en El país de España. Pero no sólo de ella, sino también de manera elegante del país en el que es intocable y todos le temen.

“Lacra de toda Latinoamérica y no sólo de Argentina, la actitud de una parte del espectro social, que minimiza, justifica e incluso avala el terrorismo, es un penoso síntoma del relativismo ético que practican muchos líderes de izquierdas, hasta el punto de no conmoverse ni con la muerte masiva. Ahí está, para vergüenza de Argentina y para vergüenza de la humanidad, el brindis que Hebe de Bonafini -la antigua presidenta de las madres de Mayo- hizo, celebrando el atentado del 11-S. Un total de 4.000 muertos, 4.000 personas con sus vidas, sus esperanzas, sus ilusiones, convertidas en humo en manos del terror, y la risa de Bonafini bendiciendo la matanza. Y su famoso ¡Viva ETA! En la España que la había invitado y aún lloraba la muerte de Ernest Lluch. Hebe representa el paradigma de una izquierda violenta, revanchista hasta la locura, inequívocamente reaccionaria. Sin embargo, ¿es ella lo alarmante? Al fin y al cabo, personajes como Hebe o como otros que pululan por el continente, con el delirante Chávez a la cabeza, no son nuevos en el mercado del populismo demagógico. No. Lo alarmante es que el día después del brindis de muerte, las Hebes continúen teniendo micrófonos, vida social activa, miles de pesos de ayuda pública y hasta el aval institucional. “Todos somos hijos de Hebe”, me aseguran que dijo Néstor Kirchner. Sobran palabras… Eso es el relativismo ético, ésa es la quiebra de valores que, con angustiosa naturalidad, se puede respirar en la Argentina que avala determinado progresismo. En esa Argentina, y en alguna de las Españas… Como dijo el sabio, “habrá que defenderse de una derecha muy diestra, y de una izquierda muy siniestra”.

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