Siguiendo con la dictadura venezolana Vargas LLosa llama hoy cobardes a los parlamentos latinoamericanos que no se pronunciaron sobre el cierre de RCTV televisión. Y uno de los primeros a los que debe tener en mente es al nuestro.

Es un tanto indulgente esa visión. Ningún diputado o senador argentino tiene motivos para temer al payaso de malas artes en cuestión. Se trata de cómplices y mercenarios que es el componente más común de la política luego de que un conjunto de ONGs (la más importante de las cuales llamada Alianza llegó al poder y todo) y la corporación periodística empezaran a atacar las reformas liberales de la década anterior por su “falta de transparencia” y la ausencia de “calidad institucional” cuando el problema era que les disgutaban como tales esas reformas. A ver si puedo ser un poco más claro. La miseria política llevada al extremo es hija del falso pulcrismo con el que se vistió el ancestral anticapitalismo nacional y la mejor prueba es que todos aquellos falsos puritanos frente al prostíbulo kakista están enmudecidos, cuando no haciendo unos mangos.

La salida retórica a esta evidencia es señalar los defectos de esa década que los hubo y muchos. Se teme reconocer a veces como se hizo el juego a los aspirantes a borocotó para que reestablecieran toda la basura que se había acumulado durante setenta años de estupidez argentina. De defectos estaba lleno aquel proceso, pero el ataque era contra las virtudes. Y los motivos eran corrupciones que sólo se sostuvieron en la descalificación, en el juego del demonio que la izquierda local juega tan bien después de haber aprendido a convertir a los militares que respondieron a un ataque terrorista en dictadores locos que mataban hippies. Así como la sociedad argentina fue cómplice de ese lavado de la historia reciente también lo fue del lavado de la década del noventa a la que había que superar no destruir.

Y en esto esa vieja idea de “la nueva forma de hacer política” jugó un rol de colaboración fundamental. Al ver como ignorantes que eran, y siguen siendo en gran medida, a la política como el lugar al que tenían que llegar determinados ángeles salvadores, y no tipos comunes y corrientes que quieren lo mejor para ellos mismos y a los que al darles poder hay que controlarlos, contribuyeron a la demonización de marras al encontrar lo que van a encontrar en cualquier político en cualquier lugar del mundo. Así terminaron creando el espacio para que otros tipos comunes y corrientes pero que venían a restablecer un sistema en el que sólo el estado es fuente de enriquecimiento pudieran salir de la madriguera y convertirse en los viejos ladrones de siempre pero vestidos de restauradores de la moral pública.

Vargas Llosa fue uno de los que cayó en eso debo decir, mal informado por muchos argentinos no precisamente estatistas, que estaban más preocupados por con quién se los identificaba o temerosos de quedar pegados a algo que comprometidos con sus ideas. Es acá donde el diagnóstico de la revista Veja al que ser refiere el escritor peruano es superficial pues se basa en una decepción que solo puede ser la perfecta consecuencia de una ilusión absurda. Encontrar que los jerarcas del régimen venezolano la pasan bomba no es una “traición” al “socialismo del siglo xxi sino el único y verdadero motivo por el que lo sostuvieron siempre y su única posible consecuencia. Algo parecido ocurrió cuando en lugar de liberar precios y competencia en las privatizaciones de los noventa se suplía el control del consumidor con “organismos de control” que después decepcionaban a ONGs, pulcristas y anotados varios porque no cumplían ningún rol y terminaban siendo colaboradores de las empresas. La solución que veían al problema encima era fortalecerlos. Nadie representó ésta visión crítica en la década pasada porque el negocio era otro.

Es ahí donde sería bueno profundizar el análisis para ver que ese “socialismo del siglo xxi” es hijo del paradigma de jardín de infantes llamado “nueva forma de hacer política” y de una disociación propia de ignorantes absolutos que fue la de creer que la liberalización de los mercados, poca o mucha, mejor o peor encarada, la des-estatización de la economía era algo distinto al restablecimiento institucional. Y la contracara de esta tontería que era pensar que lo institucional era en realidad la buena conducta y no las reglas de juego. Las cosas son precisamente al revés. No hay instituciones políticas republicanas sin estado puesto en su lugar y sin fortaleza y libertad del sector privado y la política no requiere ni supone ángeles sino gente bastante elemental que haga dos o tres cosas sin mucha oportunidad para hacer estupideces. Estatismo y república son incompatibles.

En definitiva la moraleja, y la paradoja, es hora de avivarse de esto, es que el socialismo del siglo xxi y toda la basura política y económica que la rodea no es fruto de si mismo, sino en gran medida de las acciones y omisiones de la derecha del continente. Y perdonen que los llame derecha, se que gente con tantas preocupaciones institucionales que tienen que ver con el qué dirán no disfrutan que se les llame así.

5 Responses

  1. Las privatizaciones de los años 90 no eran vender el país como se decía entonces.Incluso regalarlas era negocio. Las empresas estatales como lo es el estado en sí mismo, son un tumor canceroso, algo maligno y podrido que extiende el robo y la corrupción. El estado y sus empresas prostituyen todo lo que tocan, sólo a los ladrones que se benefician de éstas les interesa el estatismo. El nacionalismo barato que despotricaba contra las privatizaciones era la excusa elegante del ladronismo, unido al falso puritanismo de la prensa y de los políticos oportunistas; pues la privatización de las empresas implicaba el fin de muchos negociados, les quitaba la teta a muchos mantenidos por los contribuyentes de impuestos.

    El Congreso argentino no representa nada, yo en particular no me siento representado en absoluto por ellos, ni les autorizo a hablar en mi nombre. Ellos se representan a si mismos. No han hecho nada bueno, nada que valga la pena, nada que justifique los abusivamente altos salarios que se han impuesto a si mismos y de los privilegios que gozan. Son unos buenos nadas. Estaría el pueblo mejor si ellos. No se necesitan. Su principal papel de defender y representar la ciudadanía no lo cumplen, más bien diría que son un peligro para el ciudadano; pero han permitido que el gobierno gaste como le venga en gana, no se preocupan por auditar las cuentas públicas ni investigar la corrupción, ni el saqueo a los bolsillos y ahorros de sus representados, tampoco les importan las violaciones de derechos permanentemente, el abuso contra la propiedad privada, la corrupción en las áreas del gobierno, el atropello contra el poder judicial y las extorsiones o amenazas contra los jueces, el incumplimiento de los contratos y obligaciones, el atropello contra las leyes y la constitución. Aprueban todo lo que el demagogo hace, no se oponen a nada, asi que pues no es de extrañar que de este prostíbulo, llamado “Honorable Congreso de la Nación”, no salga una declaración condenatorioa contra Hugo Chávez. No lo condenarán porque son la misma lacra del verdugo venezolano.
    Propongo a los lectores del blog que desde ahora en adelante voten en blanco para diputados, hasta que sea derogado el sistema de lista y reeplazado por uno de distritos, donde cada elector vote solamente por una persona. Lo que debe suceder para que el Congreso pierda poder es una proporción muy alta de abstenciones.

  2. Por desgracia, los votos en blanco no cuentan y los diputados pueden aducir nuestra representación. Una alternativa que mejoraría la bendita “calidad institucional” sería reconocer al voto en blanco su representación proporcional, quedando las bancas que le correspondan … vacías.

  3. Ciertamente los votos en blanco no cuentan para distribuir escaños, pero la abstención alta le quita representatividad al congreso aunque todas los escaños sean cubiertos.

  4. Otra nota para ponerla en un cuadro.

    La unica manera de poner en su lugar a ese mal necesario que es el estado, es reducirlo a su mínima expresión.

    Lamentablemente, las fuerzas que impulsan su crecimiento, son poderosas, engañosas y sutiles y a veces son ayudadas por quienes se creen sus enemigos.

    Y por último: Las razones para hacer crecer al estado, suenan siempre mucho mas atractivas que aquellas que proponen limitarlo.

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