Los hechos de Mayo de 1810 marcaron el rumbo político de los territorios del virreinato del Río de la Plata. El mito patriótico ubica ésta fecha 197 años atrás como el de una revolución que da inicio a través de la formación de un gobierno local al camino hacia la independencia de la Argentina.

¿Pero contra qué fue la Revolución de Mayo? ¿Contra Fernando VII bajo un lenguaje hipócrita? ¿Contra el sometimiento económico y las restricciones al comercio? ¿Contra el Supremo Consejo de Regencia que pretendía ejercer los derechos del monarca sobre las colonias? ¿Contra el virrey Cisneros? ¿Contra Napoleón Bonaparte o su hermano José?

Todas estas preguntas hacen a los sucesos de mayo mucho más interesantes que la historieta construida por el Ministerio Educación y que se va adaptando a medida que los vaivenes políticos requieren reinterpretaciones. Cualquiera fuera la causa o la combinación de causas que provocaron la revolución y el quebrantamiento del principio de legitimidad que ya había quedado herido con la invasión napoleónica a España, ¿está de verdad tan claro que la solución alcanzada de mantener a Cisneros al frente del nuevo órgano de gobierno que decidió el Cabildo el 24 (contra la cual se alzaron los rebeles el 25) no era la más inteligente? La necesidad de construir un mito fundante fue más fuerte que la curiosidad. Las circunstancias políticas, los enfrentamientos y la anarquía que siguieron serían suficiente motivo para mantener abierta la duda.

Durante las décadas siguientes el país se sumergió en interminables por quién gobierna. Y la libertad se concebía como diría Alberdi como un deseo de independencia que seis años después se reflejaría en la declaración de lo inevitable el 9 de Julio de 1816. Esto no significa restarle importancia a la fecha, sino reconocer que los acontecimientos sirven extraer enseñanzas al estudiarlos  tal cuales son y no para enseñar construyéndolos como un cuento de héroes.

Ese país que se fue gestando en aquellas batallas por definir quién gobierna no encontró paz y progreso hasta que comenzó a hacerse las preguntas más importantes: ¿Para qué está el gobierno? y ¿Hasta dónde debe llegar el gobierno? cuyas respuestas llegaron recién con la Constitución de 1853.  Respuestas que llevaron a los criollos a liberarse a la vez de Fernando, los Bonaparte, del virrey, de las restricciones económicas y algo más que pudieron aprender que era tanto o más peligroso por su cercanía que todas aquellas amenazas: los tiranos internos.

Pero este acierto duró poco. De nuevo en el siglo XX tomó protagonismo la pregunta sobre quién gobierna y hasta dónde podía llegar se convirtió en un asunto instrumental. Dirían los dirigentes políticos que se creen más modernos, en un asunto “ideológico” y no práctico. ASí es que ciento noventa y siete años seguimos necesitando aprender que el único problema político serio es hasta dónde debe llegar el gobierno.

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6 Responses

  1. En mi opinion, desde que el tiempo es tiempo, la historia argentina siempre fue contada segun el color del cristal del poder politico de turno.
    Asi, surgieron muchisimos historiadores desde Bartolome Mitre y Ravignani hasta Pigna y Lanata, pasando por los Vicente Fidel Lopez, Rosas, Luna, Astolfi, Ibañez y un largo etc.
    No he encontrado en mis cincuenta años de edad alguien que realmente me convenza.
    En el fondo siempre pense que la mejor manera de estudiar historia era leer el “Resumen Leru” y agregarle la sanata que le resultara agradable al oido del tipo que la tenia que escuchar y listo. Que piensa?

  2. No hay nada más manejable que la historia tal vez. El secreto para sacar algo de ella es evitar convertirla en un cuento de buenos y malos. Eso es lo que la hace más real en mi opinión.

  3. Esa visiòn maniquea de hèroes y villanos, de buenos y malos, creo que nunca se viò mejor plasmada que en el gobierno que tenemos y su discurso. Se suma a èsto la sociedad cerebrolavada y embrutecida que no tiene idea de los mecanismos constitucionales, los derechos individuales. Sigue esperando un estado protector, un mesìas salvador que le grite verdades y fabrique enemigos a quienes culpar.
    Se perdiò la educaciòn. Me refiero a esa educaciòn – quizàs màs simple que lo que se cree – de que el individuo debe defenderse del estado desde sus derechos, sostener la ley, producir.
    La independencia real es esa. Menos estado, màs individuo.
    Vamos en camino inverso.

  4. Me temo que la Organización Nacional y la constitución del 1853 no nacieron de un poceso profundo de reflexión sobre los límites al poder, (excepto en Alberdi y algún otro).

    Creo que nos copiamos de lo que había resultado exitoso en USA sin analizarlo profundamente,

    y fundamentalmente sin reconocer el largo y debatido camino que los llevó a la prosperidad y al celoso resguardo de las libertades y los derechos individuales.

  5. BRILLANTE y oportuna reflexión…las preguntas fundamentales que todos obvian hacerse, tal como decìs, son ¿para que un gobierno? y ¿hasta dònde debe entrometerse en las relaciones de entre los individuos?…salvo los 60 gloriosos años (de 1853 a 1910) cuando las respuestas estaban mas o menos claras, el resto de neustra histira ha sido una pelea por el quien , dado sobreentendido que el gobierno debe existir, (ergo los individuos tienen OBLIGACION de mantenerlo) y que este es soberano para decidir hasta donde entrometerse … solo cuando podamos como sociedad volver a interrogarnos sinceramene sobre estas dos cuestiones y pogamos en duda los dos dogmas que signaron nuestro destino desde 1910 en adelante comnezaremos a transitar nuevamente el camino de la libertad (limitaciòn al poder) y la proesperidad (capitalismo en serio)

  6. Lo que no se quiere reconocer es que el 25 de mayo de 1810 se produjo un golpe de estado contra Baltasar Hidalgo de Cisneros. (¡Qué paradoja! Tenemos dos feriados inamovibles que festejan golpes de estado: El 25 de mayo de 1810 y el 24 de marzo de 1976).
    El Cabildo ya se había expedido haciendo cesar a Cisneros como virrey y el 24 fue designado presidente de una nueva Junta. Al día siguiente, una suerte de “piquete” de vecinos le exigió que se fuera. Fue a buscar apoyo en Saavedra, que era el que tenía “los fierros”, en su condición de jefe del Regimiento de Patricios y éste se lo negó.
    Allí Cisneros nos lanzó una maldición que, hoy por hoy, nos sigue marcando: “Puesto que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, HAGAN USTEDES LO QUE QUIERAN”. Sospecho que, esté donde esté, hoy debe estar riéndose con ganas respecto de lo que nos ha deparado el futuro.

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