Juan Desouza es un tipo aburrido de la vida. Cómo no lo iba a estar si se la pasa caminando por pasillos oscuros, abriendo y cerrando puertas, asomándose distintos umbrales y poniendo cara de foto. Nada cambia demasiado cuando viaja a Victoria Entre Ríos por trabajo. Pasa a recorrer ahora veredas solitarias, pasillos de hotel, entrar, salir, sentarse y siempre con cara de foto. El 80% de “El otro”, la película de Ariel Rotter que ganó el Oso de Plata el Festival de Berlín (gente amante de las caminatas de pasillo y las caras de nada) está dedicado a esta actividad, el resto es un cortometraje poco convincente, sin propósito claro y sin un proceso que explique lo que ocurre y sobre todo, para qué nos lo cuentan.

Se podría decir que “El otro” es la continuación de “El custodio”, un hombre que después de matar a un ministro como todo acto de interés debió, lógico, conseguir otro trabajo. Y también se podría decir que la crítica nacional – y se ve que la de Berlín también – trata a este no cine con una generosidad digna de mejores esfuerzos y sobre todo a su protagonista como si fuera un actor de culto. Tal vez lo sea, pero está muy claro que no lo demuestra en esta realización. La Nación dice, por ejemplo, que Julio Chávez es junto con Darín de los pocos actores que resisten extender un plano corto y generan atención sólo con la expresividad de su rostro. Es evidente que se ve lo que se quiere ver. El Desouza de Chávez sonríe solo tímidamente con la mitad de un labio y más que un viajante hastiado que produce un cierto brote que podamos comprender, es todo el tiempo Julio Chávez trabajando y encima sin ganas. En la única escena digna de aplauso, cuando debe asistir a una mujer mayor por haber simulado ser médico Chávez se suelta y deja escapar a un indio al que estuvo conteniendo durante el resto de la película. Pero claro, es un descanso entre tanto esfuerzo por actuar de buen actor.

“El otro” por supuesto cuenta con subsidio del Instituto del Cine y de otras instituciones. Y todos los comentarios publicados la llenan de gloria en parte porque existe un deseo de ver en el cine local grandes genialidades, en parte porque el marketing personal de Julio Chávez genera un halo de respeto en el que pareciera que no dejarse convencer por él es consecuencia de no entender su grandeza. De cualquier modo “El otro” es un bodrio aburrido que requiere un gran esfuerzo para terminar de verla pese a que ni siquiera es larga. Al finalizar, con una sala repleta de gente que habrá leído críticas muy distintas a esta, se escuchó un aplauso perdido que nadie quiso seguir.

Calificación: Una velita (nuestra contribución a la no crisis energética)

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6 Responses

  1. Jose no vi esa pelicula pero si vi “un oso rojo ” y me parecio muy buena y muy bien actuada .La viste ,que te parecio ?

  2. No hacen falta las palabras, solo las miradas protagonizan las calles que el “otro” recorre sin saber donde va, perdido entre las cuadras que son las calles y recordando a ciegas que más allá lo espera su verdadera realidad, esa que en el final el agua deja caer…
    Chávez nos arropa, nos envuelve, camina sin hablar, es el otro.

  3. Siempre hay algo en el cine. Si no son palabras son situaciones. En El otro no hay nada. Absolutamente nada. He visto tomaduras de pelo pero como esta ninguna. El rey está desnudo, “El otro” es una porquería y el trabajo de Chavez una muestra más de su narcisismo.

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