Ahora Sabsay se ha vuelto antikakista

Había decidido no escribir nada sobre la intromisión del señor K con la Cámara de Casación de tan obvio que me parecía todo lo que había para señalar. Pero ahora observo que el señor Daniel Sabsay descubre que las diatribas presidenciales contra el poder judicial son una “actitud inconstitucional” después de haberse prestado a la campaña de ablande del señor Gustavo Beliz contra la Corte Suprema con discurso presidencial en cadena incluído contra la cabeza del poder judicial, empiezo a sentir cierta inquietud.  También fue parte del armado de Pablo Lanusse, el enviado de Beliz a Santiago del Estero, que con su apoyo teórico intentó reformar una constitución provincial a través de un decreto de un interventor federal. Acto que debió ser corregido por la propia Corte kakista de tan inconstitucional que era.

Pero ahí está, con su espacio en La Nación, grande, impoluto, aprovechando el amianto que el sistema de codos y filtros otorga a los que gozan de prensa , saben callar y juegan a lo políticamente correcto en cada oportunidad, esta vez para empezar a mostrarse disconforme. Me gustaría vivir en un país en el que los que veo a mi costado no me resulten peores que los de enfrente al menos. 

En cuanto a la Cámara de Casación, eligieron el cajón para no enojar al poder que es una forma de sumisión. Qué harán ahora que el poder de manera descarada golpea la puerta para preguntar que pasa con sus intereses. Todos los que han entregado el derecho para ganar tranquilidad han pagado el mismo costo que hubieran pagado enfrentando lo que se les paga para enfrentar, solo que sin conservar la dignidad. ¿Se aprenderá esta lección alguna vez?

CQK y Radio 10

La semana pasada González Oro y Feinmannn le hicieron el reportaje al ministro en jefe de la caja nacional don Julio de Vido en el que éste tuvo oportunidad de rechazar, en lugar de discutir, los dichos del titular de Petrobrás que ya comenté. Digamos que la nota fue como una especie de ejemplo perfecto de lo que es chuparle las medias a un gobierno y colaborar para que siga la joda kakista. La única pregunta que faltó fue ¿cómo hace señor ministro para ser tan simpático? En definitiva todos sabemos que eso es Radio 10 desde hace mucho tiempo. Si había alguna esperanza de que fuera un fenómeno momentáneo ya no está. Duele porque sabemos lo que fue esa radio y que demostró que no hacía falta izquierda ni populismo para ser popular. Pero hay que aceptar que decidieron intercambiar cosas a las que les asignaban poco valor por otras a las que les asignaban más valor, para explicarlo en términos económicos.

De cualquier manera me molesta más otro fenómeno desde el otro lado, porque los nuevos oficialistas que comenté nunca han salido a vestirse de blanco para hacer discursos moralistas. Sin embargo los “rebeldes” de CQC, el programa de Cuatro Cabezas que comienza una nueva temporada la semana que viene, siguen vendiendo que son el programa que “desenmascaró parte de la hipocresía y el doble discurso” cuando apenas se puede decir de ellos que terminaron con la buena educación y lo que modernamente se llama “códigos” en la televisión, ofreciendo un espectáculo de humillación y golpes bajos para delicia de un público que disfruta viendo el mal de los que están bien.

Por el contrario el programa de Pergollini es una máscara aún más hipócrita que aquellas que dicen haber desenmascarado. Un gobierno con control absoluto del poder, de la información, con una cadena de dirigentes, empresarios, medios, diputados, senadores y gobernadores comprados, autoritario, ridículo hasta el hartazgo, que presenta libretos sin trabajar para un programa como el que dice ser CQC no recibe otra  cosa que chistesitos que parecen robados de Piluso y Coquito más que de la productora de los chicos malos de la TV. Eso en contraste con lo que hacían en la década del noventa que parecía escandalizarlos tanto. Me gustaría saber que tenía de malo esa década que esta no tuviera multiplicada por más o menos diez para que ahora se muestren tan conformes con el gobierno. Al menos deberían tener la decencia de cambiarle el título al programa porque queda fuera de época. La sugerencia más cercana a lo que significan en verdad como instrumento de la propaganda oficial sería “Caiga quien quiera K”. Digo, si queremos de verdad terminar con la hipocresía de una vez.

Por cierto entre ambas versiones de colaboradores, por decirlo así, con la ola oficial, me quedo con los primeros. Son más inofensivos, no presentan como rebeldía lo que es pura sumisión ni tienen la misma capacidad de engaño. Se asemejan si en sus pocos recursos intelectuales, aunque eso es solo un requisito para pasar los múltiples filtros que conducen a la fama en un país de raíces autoritarias profundas.

Chavez si Gabrielli no

Ayer el embajador argentino en Estados Unidos don José Octavio Bordón se vio reprendido publicamente por Nicholas Burns, el número tres del Departamento de Estado, por el acto anti Bush realizado por Chávez en Buenos Aires. La respuesta hipócrita del señor Bordón fue que el gobierno no tienía nada que ver con esa manifestación política y que era parte de la libertad de expresión del presidente Venezolano. Hasta comparó el caso con atribuirle responsabilidad al gobierno norteamericano por declaraciones de Chavez en New York durante una visita a las Naciones Unidas.

Al mismo tiempo el canciller Taiana expresaba el malestar del gobierno por las declaraciones del titular de Petrobrás quejándose con el control de precios que afecta a la empresa. Las empresas pueden venir pero calladitas y sin chistar, según la política oficial.

Dificil de congeniar la amplitud con que se considera parte de su libertad de expresión el un gobierno extranjero utilice a la Argentina para atacar a otro gobierno por parte del señor Chavez y la estrechés con que se interpreta el derecho al pataleo de una empresa radicada en el país.

Dejando de lado todos los principios olvidados en ambos casos, lo que está clarito es que las acciones oficiales de la Argentina están dirigidas a defender intereses personales kirchneristas. Hay libertad de expresar lo que le gusta a Kirchner pero no para decir algo distinto a lo que quiere oir.

 ¿Necesita el señor Burns alguna prueba más de la responsabilidad directa del señor K por el acto de Chávez?

Por favor cierren la ONU ya

Los burócratas de los organismos internacionales trabajan de alarmistas. El problema es que el mundo soporta una crisis política profunda y estas personas que antes llenaban informes absurdos para que se les pagaran los honorarios, hoy ven sus predicciones tomadas en serio. Ya no son un reservorio de ñoquis, sino los gurúes del momento.

La FAO por ejemplo, se dedica más que cualquier otra organización revolucionaria privada a promover la escasez mundial de alimentos proponiendo la reforma agraria para haya más alimentos. Los alimentos deben producirse. Por tanto alguien debe ocuparse. Hay dos formas posibles de ocuparse: de manera compulsiva (esclavitud) o voluntaria. Esta última requiere respeto al lucro, que es el principio que la mueve, respeto a la propiedad privada que significa apropiarse del beneficio de las acciones de uno. Por tanto es simple: promover la reforma agraria es una forma promover la hambruna, y si no que se lo cuenten a los rusos, a los chinos o a los cubanos.

Claro que para dar esta explicación uno cuenta con un servicio gratuito de publicación como es WordPress. En cambio para promover el socialismo esta muchachada viaja en clase ejecutiva, se reúne en hoteles cinco estrellas y cobra unos lindos sueldos en moneda fuerte. Digo, para que se entienda el éxito de tanta estupidez. Y también para que se entienda cómo los Estados Unidos, que son el principal sostén que tienen, gastan dinero en promover a sus enemigos. El otro día nos reunimos con unos amigos y salió el tema de cómo se podría ayudar a Cuba a liberarse de sus opresores. Mi respuesta fue que es difícil ponerse en contra de todo lo que hacen los Estados Unidos para que las cosas sigan igual, y puse como ejemplo el socialismo propagado por la FAO.

Ahora lo que nos dicen los muchachos de la FAO, para felicidad de quienes deben armar títulos para los diarios, es que para el año 2025 dos de cada tres personas sufrirán por escasez de agua. El problema para producir agua es el mismo que para producir trigo, por supuesto. Pero fíjense lo brutos que serán los alarmistas. Ellos creen que dos de cada tres personas estarán sometidos a escasez de agua para el 2025. Para llegar esa conclusión habrán viajado mucho (siempre en ejecutiva), hecho mediciones, contratado consultores por cientos de miles de dólares. Podrían haber agarrado los libros de economía y haberse enterado de algo más escandaloso todavía: en el año 2007, es decir ahora, 3 de cada 3 personas están sometidas a escasez de agua. Y esto es así porque toda el agua que toma la humanidad debe ser extraída de algún lado, purificada y puesta a disposición en los vasos en que la bebemos. Ahora, lo que es absurdo, es creer que la escasez nos hace morir de sed, cuando lo único que nos provoca el la necesidad de trabajar. Sed en cambio provoca, y hambre, el trabajo improductivo, que es el que se hace para solventar la felicidad y la tontería de los burócratas.

El riesgo económico de dejarse manosear

Francisco Olivera escribe hoy en La Nación sobre lo que se produjo acá en Macondo Ayer porque el titular de Petrobras José Sergio Gabrielli osó decir que los precios manejados hacían inconveniente producir nafta y gasoil. No voy a agotar el tema con este comentario, de hecho creo que da para unos cuantos tomos acerca de la argentinitis, una enfermedad mortal que no está ahogando, pero si me parece necesario apuntar ciertas cosas para que el sistema de autoengaño no esconda otra vez un elefante debajo de un pañuelo.

El título de la nota es “El riesgo económico de romper el silencio”. Se que la intención no es contribuir al deseo oficial de atemorizar a los que no “piensan” como ellos (se entiende por qué el “piensan” está encomillado ¿no?), pero desde el vamos ese es el mensaje: Ojo, hablar cuesta caro. Y en el contenido de la nota va el detalle de ese costo: Ahora les van a caer inspecciones por todos lados y “la van a pasar mal”, con el agregado de la sentencia de “sabios diplomáticos brasileros” que le endilgaron falta de habilidad política al titular de la empresa estatal brasilera por no saber que al señor Kirchner no le gusta que lo contradigan.

Es abrumador el absurdo a partir de esta crónica de todos los que hablan de este gobierno como un “defensor de los derechos humanos”. Un gobierno que extorsiona a la luz del día a quienes expresan opiniones inconvenientes y donde la diplomacia extranjera aconseja dejarse extorsionar. Una farsa difícil de superar.

Pero el punto que me interesa es que aceptar como normalidad que una empresa no pueda hablar de los problemas que le causan las políticas oficiales, no al país, el futuro, la patria y los pajaritos, sino al balance y a las posibilidades de desenvolvimiento del negocio, es una verdadera locura. Ni siquiera hablo de que sea necesario inmolarse que es la alternativa que esta crónica boicotea presentándola como única. No hace falta que alguien se plante, deje de colaborar, cierre el negocio y se mande a mudar en las narices de los parásitos encumbrados en el poder. Ni siquiera digo que ante las palabras del señor De Vido se le conteste con palabras más fuertes (sospecho que este gobierno va arrugar como nunca el día que eso le pase). Pero cómo puede ser que gente inteligente sostenga que las alternativas son inmolarse o someterse.

Ayer lo dije, si la única política es la compra de voluntades hagan al menos control de calidad. Si la idea es pagar protección, exijan la protección porque no veo nadie que se las esté dando. Sin embargo, ninguna de ambas cosas conducen a nada, porque el riesgo de sostener un negocio en la voluntad alquilada, comprada o aún en la buena voluntad política o periodística es inmedible. La voluntad cambia, se muere, es reemplazada por otra, se asusta, duda. Es un mal capital para sustentar una inversión que requiere plazo. Este es el verdadero costo de la sumisión, uno que cualquier persona medianamente instruida mediría.

No se en qué escuela de negocios se enseña a no correr riesgos o que quedarse quietito produce mayores dividendos. Es más, me asustaría pensar que en esas escuelas de negocios alguien crea que no correr riesgos es menos arriesgado que hacerlo en forma inteligente. No me pueden convencer entonces de que la actitud pasiva y suplicante del sector empresario es fruto de habilidad para obtener ganancias.

Una crisis política por esta vía los va a hacer volar por el aire con toda su “habilidad”.

¿Y qué se debe hacer? Pues se debe actuar. Y actuar no es hablar. Siempre hay gente dispuesta a hablar con la que se puede contar, pero ese no es el problema en este momento. Piensen señores, porque el costo económico de ser ovejas les aseguro que se paga y caro.

Salto de rana ya Petrobrás

El señor de la gran caja nacional y mano izquierda presidencial don Julio de Vido se ha mandado esta frase para referirse al presidente de una empresa que quiere aumentar los precios de los productos que vende:

No vamos a permitir que venga a opinar y a condicionar inversiones”

Está todo patas para arriba. Que difícil de congeniar esta frasesita peronista con los esfuerzos kakistas para disimular allá en el norte.

Lo que podría hacer el presidente de Repsol para no caer en contradicciones parecidas es reunir a sus gerentes estudiar preguntarles qué han hecho en los últimos años para impedir que un ministro crea hasta que las inversiones son obligatorias. Las empresas contribuyen a alimentar a sus falsos acreedores morales. No digo siquiera que no los combaten, les pagan para que se formen futuros de vidos.

¿Cuantos muertos necesita un montonero para ser molestado por sus responsabilidades?

Siguen las idas y venidas por el asunto del radar de Ezeiza mientras la vida de miles de pasajeros pende de un hilo, o lo que es peor, de un idiota con autoridad. Enrique Piñeyro salió a hablar fuera de su libreto original oficialista según el cual la culpa era de Menem, pero digamos que con esta línea política contribuyó a beneficiar a los más irresponsables.

Lo que le falta al aviador y director cinematográfico es terminar de romper su lealtad no se si ideológica, estética o snob con el gobierno y no solo acusarlos de hablar mucho. Hable usted señor, usted que dice ser valiente y comprometido con la seguridad de los pasajeros antes que nada. Deje de dar vueltas sobre el asunto y utilice la palabra RESPONSABILIDAD sin patearla fuera de la cancha de los vivos políticos. Y después deje de chuparle las medias al responsable número uno, el comandante de este operativo al que usted llama “el único sensato”. ¿Tiene usted noción del significado de la palabra sensatez? ¿No se da cuenta de que la señora Garré depende de él? ¿Tiene miedo o por encima de la seguirdad de los pasajeros está su camiseta política y su pertenencia a la farándula oficialista? ¿Quiere mejorar la situación de la seguridad aérea o seguir siendo mimado por CQC? Defina sus prioridades, no son compatibles.

Me cansó Piñeyro, pero él no es el que debe actuar. Es sólo un anotado, un comedido que queda a medio, tal vez un cuarto de camino. Porque lo cierto es que este escándalo del cuento de un sistema aéreo partido por un rayo, solo empieza a terminar el día que la señora Garré deba volver a ocuparse de sus registros del automotor por haber sido expulsada con un juicio politico. Y Piñeyro no es quién debe pedirlo.

Lo que es clarísimo como lección es que el peor negocio en la Argentina es que te mate por acción u omisión un progre. Si te pasa eso andá a reclamarle a Gardel porque es difícil encontrar uno vivo al que le importe.

Historia de una fallida invasión a España

Es difícil ubicar esta historia en el marco teórico de algún tipo de pensamiento político o económico. Supongo que lo más sencillo es situarla como una derivación de las ideas proteccionistas que hay detrás de todo entusiasmo aduanero por llamarlo de alguna forma. De ahí el título que en breve se entenderá del todo.

Desde chico me enseñaron en el colegio (nunca lo aprendí) que la cultura del país debía ser sostenida por el Estado para su supervivencia respecto de la “invasión” de productos culturales foráneos (la palabra deja claro que se trata de algo feo). Había en esa época mucha preocupación por el ingreso de música norteamericana e inglesa. Tanto que una de las inteligentes acciones que tomó Galtieri como represalia contra Gran Bretaña en 1982 fue imponer el rock nacional en las radios y suspender el cine de ese origen en la televisión. A propósito, nunca me enteré quién era el asesino en una película de suspenso (la típica en la que la mujer de un señor desaparece en un pueblito perdido en la ruta y cuando pregunta por ella le dicen que nadie la vio nunca y que él llegó solo al lugar) porque por la mitad la cortaron en ATC por los reclamos del público ante semejante cabecera de playa.

Lo cierto es que, como dije entre paréntesis, nunca aprendí esas lecciones y entre otras consecuencias fui expulsado cual infiel entre los talibanes cuando dije que la existencia misma de una secretaría de cultura tenía raigambre totalitaria en una mesa de evaluación de una de las etapas de la beca de la Fundación Río de la Plata. No se si sigue existiendo, en esa época te llevaban a Estados Unidos a reunirte con gente del gobierno. Tenía unos veinte años y pensaba entonces que la verdad nos hacía libres y sin duda sería premiado por mi honestidad. Después tuve oportunidad de ir perdiendo otras becas y enterarme mejor de cómo venía la mano.

Así es que mi dificultosa carrera para aprender estas cosas de la militancia político-cultural me sorprenden en los años 2000 con la tentación de dedicarme a pintar. Y después de pintar bastante para mi mismo, se me ocurrió que podía vender. Con los avances de las comunicaciones e Internet se me ocurrió inclusive vender hacia el exterior (eso que en los manuales de economía se llama “exportar” como si tuviera una naturaleza económica distinta, y no solo una categoría política distinta, que la de vender adentro de las fronteras). Si me vieran mis antiguos profesores estarían más que felices de ver mi intento de colonizar culturalmente otras tierras. Supuse que podrían ver que en caso de mandar muchos cuadros a Estados Unidos podríamos sustituir al propio Bush por algún peronista. Ya ni haría falta la beca de la Fundación Río de la Plata para hacer mi periplo político por ahí.

Me decidí y abrí mi galería virtual en un sitio español muy exitoso en el que los artistas colocan sus creaciones para venderlas. El sitio se llama Artelista.com y mi galería virtual josebenegas.artelista.com

Para mi sorpresa me empezaron a llegar buenos comentarios. A las dos semanas ya tenía un español interesado en una de mis obras que se llama Año Nuevo. Me preguntó sobre los costos de envío a España y le prometí averiguarlos pensando otra vez ser el protagonista de un movimiento de conquista cultural, en este caso de la madre patria.

En una conocida agencia de correos norteamericana me cotizaron el envío en ochenta y tantos dólares. Flor de cifra teniendo en cuenta que es casi el diez por ciento de lo que costaría enviar al propio pintor ida y vuelta. Pero en fin, todo sea por los sueños expansionistas de la Argentina. No era el único costo por desgracia. Me dijo el señor que me atendía que se trataba de una exportación (claro, no lo había pensado, eso dicen los manuales de economía) en consecuencia debía contratar a un despachante de aduana. No entendí del todo esta correlación lógica y le dije que si bien se trataba de una exportación me parecía extraño que tuviera que contratar a un señor para mandar un cuadro mío a un particular en España. Alguien debía decirme cuanto quería el Estado sacarme para permitirme comerciar como dice la Constitución que tenía derecho de hacer sin pagar nada (me arrepentí un poco de usar la palabra comerciar tratándose de arte porque también me enseñaron que eso no es de buen gusto). Además cité a mi profesor de economía de primer año de la facultad y le dije que exportar era bueno, lo malo era importar, por lo tanto debían darme beneficios por hacerlo en lugar de ponerme trabas. Al señor que me atendió no le importaron mis razones. Se ve que no sabía nada de economía y como trabajaba en una empresa norteamericana no simpatizaba con mi tentativa de conquistar culturalmente a España. Un argentino lo entenderá mejor, me dispuse a contactar a un verdadero despachante de aduana nacional (y popular hubiera sido ideal, pero no conocía a ninguno).

Lo primero que me preguntó el despachante fue si era exportador. Le respondí que intentaba serlo y creía que el hecho de exportar me convertiría en exportador. Muy ingenuo lo mío creer que uno es algo de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española. En la Argentina ser exportador no depende de exportar sino de figurar en el registro de exportadores. Ese mismo que se inauguró el año pasado para que no se nos escapen los novillos argentinos. ¿Pero eso no fue hecho para estorbar a los productores de carne para que se vean obligados a vender en el mercado interno? Si, me dijo, pero usted para mandar su cuadro también tiene que ser exportador y acá el que dice quién es exportador es el Estado. Está bien le dije, voy a hacerle caso a mis enseñanzas que decían que el Estado tenía que estar presente y no ausente (el que yo conozco en realidad llega siempre tarde),dígame cuanto cuesta inscribirme en el registro. Me preguntó mi categoría impositiva y cuando le dije que era monotributista me respondió con un rotundo “no”. ¿No qué?: “No puede señor, los monotributistas no pueden ser exportadores”. Pero señor, voy a exportar sólo un cuadro que pinté en el verano, no voy a cambiar de categoría impositiva para hacerlo como se imaginará. Lo lamento, entonces no puedo ayudarlo. ¿Y si en lugar de “exportarlo” que supone un ánimo de lucro, lo quiero regalar? Lo mismo da.

Ya a esa altura mis sueños de conquista estaban bastante debilitados. Nada más que los honorarios del señor que me obligan a contratar sumaba otros cien dólares al costo de la campaña. Pero no era todo. Me informó que para ser parte del registro de exportadores, de acuerdo a una nueva “normativa” (palabra mortal para los oídos de un artista) tenía que presentar un aval y que si el aval no era suficiente no me anotaban. ¿Aval de qué obligación? (el abogado que uno tiene adentro salta en los momentos menos oportunos). De su obligación fiscal me dijo. De nuevo me tomé un rato para explicarle lo que decía mi profe de economía de primer año de la facultad y lo que me había costado aprobar la materia por no entenderlo. Le dije que teníamos un gobierno productivista que mantenía un dolar super alto para que exportáramos y que debía haber un error. ¿No sabía acaso lo que había pasado con el Pato Donald en la década del 60 (ahora resignificado) cuando nos trataron de convertir en yankies mandandonos ese caballo de Troya cultural? No le importó nada al despachante. Menos por supuesto cuando le hablé de la libertad de comercio (dejando saltar al indio) y de que nos habíamos liberado de España por mucho menos que estos impedimentos. Imperturbable siguió hablando de requisitos. Antes tendrá que hacer tasar su obra por el Banco Nación (apuesto a que no lo hace gratis). Si el Banco Nación llegara a decir que su pintura cuesta veinte mil dólares, usted deberá pagar un impuesto por esa cifra. ¡Señor usted trabaja para la secretaría de cultura española y está tratando de detener mi conquista! Para mi asombro faltaba algo más: Tenía que intervenir la secretaría de cultura (oh las vueltas de la vida, mi desprecio se me había vuelto en contra después de tantos años) quien podía determinar que mi obra era parte del patrimonio cultural argentino (es decir, no era de mi patrimonio) y en consecuencia debía quedarse acá, junto con los bifes de chorizo.

Así fue que “Año Nuevo” se quedó en casa y lo que pudo ser el inicio de un largo pero seguro camino hacia la conquista de España quedó perdido entre las políticas proteccionistas (o anti proteccionstas no entiendo muy bien) de nuestro lindo y justo país. Y yo sin saber si tengo que ser proteccionista, mercantilista, librecambista, capitalista. ¿Dónde cornos van a considerarme un buen ciudadano bendecido por el Estado?

Año Nuevo

La lección nunca entendida: China contra la propiedad privada.

China es un país fascinante, tanto como lo debe ser la Argentina para observarla como extranjero y desde lejos (aprovecho para recomendar otra vez la lectura de “Cisnes Salvajes” de Chang Jung). Un país que es un mundo por si mismo, que conoce el totalitarismo más extremo junto con un oscurantismo que, en la comodidad de la libertad gratis que nos queda aún, tendemos a pensar que no es posible a esta altura de los acontecimientos. En medio de eso, de un partido comunista descarnado y una cultura que no fue tocada por el cristianismo como elemento moderador, se coló igual el ímpetu individualista y el deseo de progreso que hizo posible con la maravillosa y falsa (es decir, maravillosa por falsa) etiqueta de “comunismo distinto” cierto resurgir que no podía imaginarse sin un cambio del statu quo político. China es la demostración de que todo es posible.

Me aburre un poco pero voy a aclarar que está muy pero muy lejos de ser un país civilizado. Pero fue en Estados Unidos donde se inventó esa arma macabra del poder llamado impuesto a las ganancias y sin embargo seguimos encontrando motivos para admirar a ese país.

El punto que quiero destacar es que la fuerza liberadora en China es informal, es ilegal y es eso lo que la hace seria, fuerte y digna de respeto. Occidente tiene un virus plantado que lo va a hacer volar en pedazos: es un invento llamado “poder legislativo” que ha hecho pensar que es legítimo que el estado dicte leyes o que la ley es un producto de una votación y no una regla que se debe descubrir analizando las relaciones y los hechos bajo una vara objetiva de justicia. Estado de derecho quiere decir que el poder es un esclavo de la ley no un dictador de ellas. Reconocerlo creador es hacer desaparecer la libertad para hacerla depender de la bondad del gobierno (que es la quimera nunca encontrada que se busca con la democracia). Con mucha más razón si ese error se lleva al paroxismo y se le otorga al poder la facultad de votar inclusive acerca de derechos básicos.

Lo que requiere una nación civilizada es un parlamento dedicado controlar al poder ejecutivo, no a los particulares, cuya ocupación principal debe ser recortar el presupuesto y resistir la voracidad fiscal. Un país en el que la “propiedad privada” es producto de una ley que se vota y se puede derogar, moderar, moldear, modificar por parte de una organización que tiene a diario motivos para demostrar que lo necesita y en contra de la cual se concibió la mera idea de “propiedad privada” y donde no hay ninguna fuerza igualable que la contrapese es un país sin propiedad privada. Tales preceptos deben estar al menos contenidos en un estatuto con autoridad superior al poder legislativo o se convierten en lo contrario de lo que pretenden. Los legisladores chinos han sido notificados ahora de que ellos otorgan derechos de propiedad.

Es cierto que esta “ley” demuestra que dentro del partido comunista chino se están entendiendo algunas cuestiones, pero la vía elegida es la contraria al objetivo.

Alguien podrá ingenuamente decir que en la situación anterior el estado chino podía hacer lo que quisiera con las propiedades. Debe ampliarse la visión para percatase de que ahora también, con el agravante de que pequeños personajes con un voto entre miles se sienten ahora dueños de un cambio que estaba produciéndose en una inercia política que pasaba, por suerte, por encima de todas las normas y por encima de esas pequeñas almas poderosas.

La propiedad privada no se le pide al poder, se le quita. La ley es una piña en la nariz del poder, no una creación del poder.