¿Gerez y el Indec de Yrigoyen no son suficientes?

Los escándalos mayúsculos del gobierno de Verbitsky no parecen producir efectos políticos porque el gobierno se encuentra con muchos improvisados en frente, el peronismo demostró que más que una fuerza política temible es una bolsa de trabajo y la dirigencia argentina, empresarios incluidos, son lo más parecido al denostado señor de la Rúa que puede haber.

En enero solamente tuvimos los bochornos de Gerez y el Indec. Imaginen a un zapato como Zapatero haciendo alguna de estas dos cosas o un Lula, o un Tony Blair. Sin embargo todos siguen acá a la defensiva con el gobierno.

El fenómeno que estamos viviendo es de verdad curioso. Me gustaría escuchar a los “estrategas” de campaña, a los publicistas políticos de los candidatos. Sospecho que todos tienen ideas de marketing y no están viendo a los elefantes pasar. Son los protagonistas. La política se ha convertido en una actividad consistente fundamentalmente en ganar elecciones. Elecciones que no se ganan. El país es peronista, pero también es radical.

El kirchnerismo debe servirnos para enterarnos del nivel del pensamiento y comportamiento de una población educada mal, muy mal, como la nuestra.

La única vez que creí que K tenía razón, me equivoqué


Como señala Pablito en un comentario al post anterior, La Nación da una versión distinta de los motivos presidenciales para hacerse el guapo con el embajador de Estados Unidos. Basada en fuentes oficiales la crónica muestra que se trataría de una puesta en escena para esconder la visita de funcionarios norteamericanos que vienen a darle un par de chirlos al señor malo. En fin, no lo defiendo más a este señor.

Observen la diferencia entre el titular enorme de la edición de La Nación de hoy (en la foto) y el título de la nota dentro del diario. En el primer caso pareciera que el señor K estuviera por invadir Estados Unidos si se atreven a contradecirlo. En el segundo, mucho más cercano a la realidad y menos indulgente con el presidente habla de un mero rechazo de la gestión de Wayne. Curioso ¿no?

Milagro: un berrinche que parece justificado

Después de casi cuatro años de gobierno del señor Kirchner, para mi asombro logré encontrar un berrinche de su parte que aparenta estar justificado. Se trata de su reacción a la injerencia del embajador norteamericano Earl Wayne en el proceso de aprobación de la venta de la mayoría del paquete accionario de Transener a una subsidiaria de la norteamericana Eton Park.

No es que crea que el estado debe aprobar ventas para defendernos de monopolios (menos de monopolios creados desde el estado mismo) o en el sistema por el cual el poder político se apodera de un sector productivo como la energía y luego lo “concede” y controla. Tampoco el embajador norteamericano parece haberse quejado de estos aspectos. Sólo intervino en defensa de un oferente que es objetado por no reunir antecedentes ni solvencia en la materia. Si la objeción no está justificada el camino es otro, no el llamado de un embajador. Si existen imputaciones de corrupción en el proceso, deben hacerse, como se hicieron en el caso Swift. Pero la recomendación del comisario es una solución un tanto particular. Por mucho menos que eso funcionarios argentinos fueron tachados de la lista de simpatías del Departamento de Estado.

Escritores bajo el filtro ideológico en La Habana

Que homenaje al libro tan particular que se hace en la Feria del Libro de la Habana. ¿No sería méjor llamarla Feria de algunos libros?

Allí están como un “homenaje a la literatura argentina” los representantes de “alguna literatura argentina” ligada a los intereses políticos del gobierno cubano: Bayer, Bonasso y Viñas, como si solo los marxistas supieran escribir

A mi, más que un homenaje a la literatura argentina, me suena a burla a la literatura universal y una exaltación de la amenaza del poder a la libertad intelectual.

La señora y la selección

El negocio político de colgarse de la popularidad de los ídolos deportivos es típicamente bananero y peronista. Perdón por la tautología. Forma parte del folclore del culto a la personalidad de parte de la población, cuando no del cholulaje de tener contacto con el poder.

El problema es que un país no se sostiene con ciudadanos neutros frente a la ilegalidad del poder. Rendir pleitesía a un dictador, no es lo mismo que aceptar una visita protocolar a un presidente con el que se puede estar en desacuerdo. Participar del banquete de la ilegalidad transforma al participante en cómplice y aliado propagandístico.

La selección argentina de fútbol jugó ese juego. Un amigo me dijo “bueno, es la mujer del presidente” ¿Cuál es la obligación de un equipo de fútbol de reunirse con la mujer del presidente? ¿Es un cargo oficial estar casado con un presidente? La señora Kirchner se encuentra en Francia en una visita ilegal, como representante ilegítima del Poder Ejecutivo, algo prohibido por la Constitución Nacional, utilizando fondos, recursos y tiempos de funcionarios públicos en función de una campaña electoral propia. En esas circunstancias la selección nacional eligió reunirse con esa señora. No creo que solo ella deba ser criticada o ser deudora de explicaciones por su conducta.

El acto de propaganda tuvo dos partes. Por un lado ella haciendo una visita relámpago para que no se notara que no tenía un huevo que hacer en París y por el otro los cholulos que creen que no tienen responsabilidades de ciudadanos por ser jugadores de fútbol. Gente con mucho más mundo, posibilidades de usar la cabeza y responsabilidades de ciudadanos que la mayoría de los argentinos. ¿O acaso de quién es en una república la responsabilidad de que las cosas estén en su lugar?

Ayer hablaba de la ley de gravedad. El señor Ayala y compañía también la perciben. Han cometido un acto de sumisión al poder desatado y desvergonzado del kirchnerismo ¿Alguien además de este blog se los reprochará?

La ley de gravedad

El kakismo castiga cualquier resquicio de crítica y cualquier muestra de indisciplina de los medios hacia ellos. Esta es su metodología de control.

Actúan como si tuvieran derecho a que se mienta por ellos, se escondan los hechos con ellos y se tome la psicosis oficial como dogma fundamentalista.

Parece bastante bobo el procedimiento, porque acusar de mafiosos a los del Indec por no tener ganas de ser obligados a mentir los hace quedar muy mal. El operativo no parecería ser eficaz, pero lo es. El gobierno no hace propaganda, hace política. No se le debe contestar con propaganda, sino con política.

El gobierno está hacieno jugar a su favor la ley de gravedad. Por más que sean idiotas los ataques del gobierno son incansables. Aparecen cada vez que alguien se les opone convirtiendose en tortuosos. La gente se cansa, pesa la comodidad o el miedo y todos terminan comportándose del modo que les resulta más barato. Es gratis ser propagandista de estos esperpentos. No hay costo alguno por decir estupideces kakistas.

Este es el verdadero problema de la oposición y los verdaderos motivos de la payasada oficial. El lamento opositor, que es todo lo que oigo en las últimas semanas no creo que logre resolver mucho.

La conquista del honor, de Clint Eastwood


La guerra es una empresa de valores colectivos. Esto es suficiente para sospechar de ella. Como ficción épica requiere mitos y símbolos, “verdades consensuadas” o, lo que es lo mismo, mentiras trascendentes que lleven implícita una cierta forma de divinidad humana. Para que bajo ese anzuelo traccionen ambiciones más pedestres, que de estar confesadas bajo su real miseria no provocarían ni una adhesión. Es ahí donde esa épica y las formas religiosas muestran su naturaleza de envoltorio y moño.

El autor de “La conquista del honor” descubre que los héroes no existen, que los fabricamos porque los necesitamos. Falto decir que los necesitamos en la medida en que hemos caído en el engaño de esos valores colectivos que esconden en verdad pequeñeces privadas de algún gran vendedor. La película que dirige Clint Easwood muestra las dos caras de la guerra: la propaganda y la mitología que permiten sostener lo insostenible y el campo de batalla dónde lo irreal no ayuda a nadie a sobrevivir, sino la conservación de la propia vida y la de los amigos. El “honor” lleva a los soldados a la guerra. El “egoísmo” los ayuda a evitar la muerte.

El ser humano sigue pensando que ese honor es mejor que ese egoísmo y por eso se sigue matando.

La película tiene una estética impecable, es muy eficaz en el relato de lo que intenta contar. Me recordó a otra vieja película bélica que golpeaba sobre las mismas contracciones llamada Gallipoli. Solo que en aquel caso el engaño era de “otros”. Clint Eastwood demuestra ser un gran director y entre las actuaciones la de Adam Beach resulta sobresaliente. Un Oscar no le quedaría grande.

El 13 de febrero se estrena la segunda parte “Cartas desde Iwo Jima” sobre la misma batalla contada desde el lado Japonés.

Mi calificación: 4 velitas y un encendedor.

Nestor sufre pensando en el resumen de la tarjeta

La señora se pasea oronda por Chams Elyseés munida del bando imperial que le concede la representación argentina con fundamento en un acta de matrimonio. Mientras firma idioteces para hacer prensa aquí, juega a la presidenciable (justamente porque todos los presidentes firman estupideces) y lleva encima cerca de cincuenta mil dólares (cálculos femeninos hechos, por supuesto, con cierta maldad), ocupa la mayor parte de su tiempo en la actividad que más le gusta que es la de hacer compras.

Consciente ella de que toda revolución empieza por si misma, hace ejercicios para mantener gorditos sus nuevos labios y ordena que nadie sepa detalles de su agenda. Primero porque no sabe bien todavía quién le dará un poco de bola (en los diarios franceses no figura ni en la página de los chistes) y segundo porque no quedaría bien tanto hueco rellenado con primeras marcas.