Una de las noticias del día es un fallo de la Cámara Civil, Comercial y Laboral de Rafaela que dispone una indemnización para los padres adoptivos de un joven fallecido en un accidente de tránsito. Todas las crónicas destacan que se estimó el valor de su vida en 8000 pesos por su condición humilde. Así lo leyó algún cronista ignorante hasta que la noticia llegó a un titular de un diario y luego fue reproducida por todos.

Lo que el fallo establece de acuerdo la crónica es un ítem que es la pérdida de la chance de los padres adoptivos de ser eventualmente mantenidos en su vejez por el muerto. No establece una indemnización por la muerte en sí, porque es la víctima quién debería cobrar ese concepto. De manera que no está valorada la vida por la condición económica de la víctima, sino la chance en cuestión por esa condición económica, lo cual es en principio correcto. Si esta chance está bien valorada también es un punto discutible, inclusive si es indemnizable, pero muy distinto al que están presentando quienes están escandalizando a la población con algo que no existe.

Nada dice la crónica sobre el daño moral que tal vez al abogado simplemente se le pasó por alto. Lo cierto es que todos reaccionan escandalizados cual doña Rosa y nadie se pregunta si una Cámara Civil no habrá tenido algún motivo para resolver de esa manera. Nadie tiene el instinto de averiguar cuál es el verdadero sentido de la sentencia. En los diarios se tratan temas que no se conocen y ni siquiera se intenta averiguar si el asunto puede tener implicancias distintas a las que se le están dando. Algún ruido les debería hacer que si bien una vida no puede valer 8000 pesos, tampoco puede valer 57000.

No entienden del tema, no cumplen las reglas del arte periodístico si quiera y carecen de espíritu crítico. Estamos en problemas.

No sorprende que doña Lupertino salga con un discurso demagógico hablando de discriminación y pedir sanciones para los jueces. Las cámaras de televisión son su especialidad. Y estoy tratando de pensar bien de ella porque de otro modo debería creer que pasó por la facultad de derecho sin incorporar ningún concepto.

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4 Responses

  1. El comentario de José sobre el artículo de de la Nación muestra, una vez más, que en general los medios se ocupan de temas que desconocen y opinan con frivolidad y sin fundamento. También debe tenerse en cuenta que tienen terror de infringir las normas de la corrección política que es una de las grandes lacras de la sociedad occidental.
    La Lubertino ya sabemos lo que representa.

    Acabo de leer un excelente artículo del periodista paraguayo Porfirio Cristaldo Ayala del ABC de Asunción que me permito transcribir por comsiderarlo muy esclarecedor de las ideas socialistas que dominan el periodismo:

    Periodistas, socialismo y futuro

    Porfirio Cristaldo Ayala

    ¿Por qué la mayoría de los periodistas sigue alentando el socialismo pese a su rotundo fracaso en el mundo? La pregunta no es trivial, dado que las personas que comúnmente moldean nuestras opiniones sobre el gobierno, la economía y la sociedad son los periodistas, directores de medios, cronistas, columnistas y otros artistas de la palabra escrita. Sus ideas sirven de guía a gobernantes y legisladores en el análisis de las leyes y políticas públicas. Los países tienden a ser el reflejo de sus hombres de prensa.
    Una explicación del apoyo al socialismo es el resentimiento. Es sabido desde antiguo que escritores, novelistas, poetas, sociólogos, profesores y otros intelectuales defienden el socialismo debido a la profunda antipatía que sienten contra el sistema contrario, la economía de mercado, un sistema que no les reconoce méritos, ni les confiere poder y celebridad. En el socialismo, en cambio, la distribución de beneficios es definida por las elites políticas y no por la demanda de la gente común. Los intelectuales pueden ocupar así el sitio de honor que les “corresponde” en la sociedad.

    Al igual que el resto de los intelectuales, los periodistas entienden perfectamente que el socialismo y estatismo han naufragado en todas partes, sin excepción, dejando a los pueblos en el atraso y miseria. Los únicos países que han logrado traer prosperidad, libertad y justicia son los que tienen economías de mercado. Y cuanto más libres sus economías, más rápidamente han crecido y progresado. ¿Qué futuro hay entonces en seguir alentando el socialismo?

    El resentimiento es más fuerte que la razón. Los periodistas a menudo sienten rencor contra el mercado porque tiende a premiar no a los que tienen el más alto nivel intelectual, a los de mayor valor y mérito académico, como es en las universidades, sino a las personas que mejor satisfacen las necesidades y los gustos de la gente en la economía, sin importar su nivel de educación o rusticidad. Un sistema que premia con riqueza, fama y poder a empresarios, artistas, futbolistas, boxeadores, dejando de lado a intelectuales y pensadores, es por necesidad aseguran decadente e injusto.

    Por otra parte, a los periodistas, como a todos, les gusta sentirse influyentes e importantes. Por eso no se contentan con informar con imparcialidad, sino que tratan de “interpretar” la información de acuerdo a sus propias valoraciones políticas. En su afán reformista, comprenden que el socialismo o intervencionismo sería más afecto a desarrollar su agenda política que el mercado. Algunos periodistas tratan de acceder a cargos públicos o a la política buscando crear una sociedad mejor a través del intervencionismo y la redistribución, sin comprender que el mercado con sus millones de personas comunes, compradores y vendedores, es un delicado mecanismo de precisión que no es posible mejorar a golpes.

    A los intelectuales y en especial a los que desconocen la ciencia económica les resultan muy atractivos el intervencionismo y la planificación central, porque les ilusionan con llevar a la práctica sus ideas sobre reformas y utopías. Además, les resulta muy injusta y hasta aborrecible la noción de que en el mercado la simple decisión de la gente común, el proletariado, de comprar o no comprar, pueda determinar el éxito o el fracaso económico de las personas que ofrecen un servicio o emprenden un negocio, sin importar sus méritos, su moral o excelencia académica.

    Pero los periodistas, en cierta forma, también son comerciantes, “vendedores de ideas de segunda mano”, según Hayek. Y a veces “vender” significa conseguir propaganda estatal y acceder a las fuentes de información, para lo cual deben relegar su integridad y someterse al interés de los gobernantes o formar corruptas alianzas con el gobierno. Cada vez son menos los periodistas que desnudan el populismo, impugnan el socialismo, cuestionan a los gobernantes y denuncian la corrupción. Quizás por ello cada vez son más los medios que se derrumban frente a la red Internet, que se distingue por su vigorosa libertad económica y de expresión así como por su independencia del poder. No hay futuro en el socialismo.

    Fuente: abc (Asunción)

    Autor: Porfirio Cristaldo Ayala

  2. La gran mayoria de los periodistas no entienden mucho que digamos de ningun tema , todo lo tocan de oido y asi lo informan . Los peores son los de la television y los noteros .Asi esta la sociedad .

    Emilio

  3. Algunos ingredientes adicionales a la cita de Porfirio Cristaldo Ayala:
    1) Se puede ser periodista “antisistema” (en realidad, pro-sistema actual) sin por eso perder como anunciantes a firmas capitalistas, que de antemano ceden al chantaje moral. Pero a la inversa no: es muy probable que un medio “pro-capitalista” no tenga muchos auspiciantes empresarios, por miedo a represalias o al “qué dirán”.
    2) Para defender la economía libre o menos regulada, y las instituciones típicas de Occidente, hay que tener un mínimo de conocimientos económicos, históricos y jurídicos. No muchos, pero que exceden el nivel cultural e intelectual de la mayoría de los periodistas.
    3) La vieja y especiosa distinción socialista entre libertad de prensa y “libertad de empresa capitalista” (supuestamente en los países capitalistas no hay libertad de prensa, sino libertad de empresa periodística) ha prendido tanto, que muchos medios, aunque sean sociedades anónimas, parecen dirigidos por cooperativas de periodistas: cada uno de ellos escribe lo que quiere, con independencia de la línea editorial, como si el haber invertido el dinero en la empresa periodística no diera derecho a los dueños, no sólo de pronunciarse en editoriales que nadie lee, sino también opinar sobre el contenido de los artículos.
    De todos modos, esa libertad no rige cuando el medio es del Estado. Los socialistas y estatistas sí tienen bien claro, en esos casos, que sus empleados les deben subordinación, y se escribe lo que el jefe quiera.

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