El impuesto es el origen de la pobreza permanente en la Argentina, algo que no dirá tampoco Fernando Iglesias, ni ninguno de los economistas más conocidos como liberales ni menos los políticos tildados de tales y que hablan de la necesidad de terminar con la evasión.

Pero me distraje, de cualquier manera el artículo de Fernando Iglesias demuestra con números lo obvio, porque desde la revolución del 2001 el estado actúa como capturador de fontos en favor de determinados sectores y grupos en nombre del izquierdismo universal.

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6 Responses

  1. La dirigencia en todos los ambitos y los opinologos en casi su totalidad ignoran completamente el proceso economico y de donde sale la riqueza. Pocos advierten que el estado natural del hombre es la pobreza, la miseria y la brutalidad y que lo que hay que explicar no es la pobreza sino la riqueza de las sociedades que han sido capaces de crearla sostenidamente a lo largo del tiempo (incluidos nosotros hasta 1930)… Todos se quedan en el diagnostico que por demas es evidente, cada ciclo de saqueo se va depositando sobre el anterior del que nunca terminamos de salir del todo y por eso hoy tenemos un PBI per capita en terminos “nominales” igual que hace 30 años atras y con una pobreza, que si se midiera en serio el IPC rondaria el 45%…
    Si estos pseudopensadores se esforzaran un poco mas en sus cavilaciones encontrarian un factor comun en todas las barbaridades que denuncian y es el omnisciente estado saqueando a los ciudadanos para alimentar a un levitan burocratico y a su caterva de amigos, partidarios e hinchas

  2. Quiero destacar ( y agradecer) la convicciòn, coherencia e integridad moral de Jose en tratar en cada post de ir al fondo y a la naturaleza de los problemas en vez de quedarse en la anectoda

  3. Hasta que al gobierno se le ocurra hacer “desaparecer” estadísticas que puedan ser incómodas, si se consulta en el sitio web del INDEC (www.indec.gov.ar) la evolución de la pobreza entre 1988 y 2003, se puede ver un gráfico (la barra indicadora de la pobreza está en azul) que muestra cómo desde 1988, bajo el gobierno “progresista” de Alfonsín, los pobres fueron muchos más que cuando gobernaba el “neoliberalismo salvaje” (falso el calificativo, pero no viene al caso) de Menem. Igualmente, puede comprobarse que cuando se hizo trizas el “modelo” de la convertibilidad –como propugnaban los progresistas- y se hizo efectivo el tan propiciado “default”, en el año 2002, la pobreza se disparó en forma explosiva, como lo muestran sólo pálidamente los indicadores estadísticos. Hagan el ejercicio mental de acordarse cuándo comenzaron a pulular los cartoneros y los indigentes, si antes o después de Diciembre de 2001.
    Conforme a datos suministrados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, basados en la Encuesta Permanente de Hogares, la cantidad de personas situadas bajo la línea de pobreza, que se ubicaba en Octubre de 2001 en 35,4 % de la población, ascendió en Octubre de 2002 a 54,3 % (Fuente: INDEC, “Evolución de la indigencia, la pobreza y la desocupación en el GBA desde 1988 en adelante”.
    Eso no es casual. El tipo de cambio real “alto” que defiende el gobierno como lo defendió Lavagna, significa necesariamente acentuar la pobreza de los sectores de menores recursos, que gastan la mayor parte de sus ingresos en alimentos, bebidas, medicamentos y ropa, y proporcionalmente, utilizan menor cantidad de servicios (estos últimos, no comercializables internacionalmente, y cuyo precio ha subido comparativamente menos que los precios de los bienes transables).
    El argumento menos presentable –y por eso, pocas veces enunciado con sinceridad y crudeza- pero más acorde con la realidad, es que la competitividad –efímera- que se procura a través de la devaluación es mediante la reducción de los salarios reales. Eso lo tenía claro Keynes, a quien muchos invocan sin haberlo leído, quien decía que como los salarios nominales son inflexibles a la baja, la única forma de reducirlos es provocar su disminución en términos reales a través de la depreciación de la moneda (“Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero”, Fondo de Cultura Económica, México, segunda reimpresión de la segunda edición, 1971, páginas 207, 235, 237, etcétera).
    Un efecto notable de la devaluación fue la reducción de las importaciones, que se presentó como un éxito frente al modelo “antiindustrial” de la convertibilidad. En realidad, fue el resultado de la retracción de los ingresos de la gente, del salario y del consumo, que disminuyeron la demanda agregada(ANA M. MARTIRENA-MANTEL, “Economía Internacional Monetaria”. Teoría de la balanza de pagos”, Ediciones Macchi, 1978, págs. 175, 203; JUAN CARLOS DE PABLO, “Macroeconomía”, Fondo de Cultura Económica, 1991, págs. 623-625).
    En otras palabras, el superávit comercial obtenido –cuya contrapartida fue una fenomenal salida de capitales- se logró gracias a la reducción de los salarios, los ingresos y el consumo de la mayor parte de la población, asalariada o no, pero no productora de bienes o servicios transables.
    En cuanto a los impuestos: tanto los políticos populistas como los economistas pretendidamente “liberales” no dicen que su “combate a la evasión” significaría combatir a los sectores medianos y de bajos ingresos que subsisten gracias a la informalidad, pues las sociedades comerciales y las personas físicas de ingresos medianos-altos (sobre todo, si no trabajan en relación de dependencia) son, por lejos, quienes pagan más impuestos. Esos datos constan a la propia Administración Federal de Ingresos Públicos.
    Tengo la impresión de que quienes pontifican sobre la “evasión” y la “regresividad” de la estructura tributaria en Argentina, jamás presentaron declaraciones juradas de impuesto a las ganancias, de bienes personales y de IVA; y además no sufrieron nunca retenciones, y en general, no sufrieron a título propio ni compartieron las tribulaciones de contribuyentes acosados y a veces literalmente saqueados por el fisco.

  4. Lo genial es que este gobierno definio e implemento un “nuevo inidice” para medir la brecha entre ricos y pobres que muetra como esa brecha ahora se achica, mientras que con el indice tradicional con que se acusaba a los 90 la brecha esta creciendo.

    Argentina un pais en serio.

    Pedro

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